Es duro ser un ayuser
Nada es eterno. La felicidad que hasta ahora proporcionaba proclamarse un ayuser y constatar que ella podía salir de todo con mucho desparpajo, algo de brutalismo dialéctico y un chorreo constante de millones para garantizarse el apoyo aéreo en la conversación pública también se acaba. Ser ayuser ofrecía un chollo casi tan bueno como el alquiler del ático en pleno Chamberí. Ahora se ha convertido en un suplicio que no cesa.
Lejos de aliviar tanto martirio, la publicación del supuesto expediente de la compra del ático del fin del mundo ha sido como seguir un rastro de miguitas de pan que fuera dejando Hansel y Gretel, o sea, el consejero y la presidenta. El rastro no puede resultar más obvio; solo hay que unir los puntos.
Alguien se entera de que está en el mercado un ático superideal, muy bien situado y con todos los gadgets. A alguien se le ocurre que puede ser un sitio superideal para que la autoridad competente pueda descansar de tanto estrés y responsabilidad. Como se trataba de comprar este chollo y no otro, se firma un acuerdo de confidencialidad y se usa Planifica Madrid para ahorrarse tener que abrir un proceso de compra con publicidad y concurrencia competitiva.
Se adquiere como si hubieran ido un día al súper a por pan y huevos y hubieran vuelto con un ático con terraza. Ni memoria, ni acuerdo del consejo de administración, ni orden de compra. El ático se compró solo.
Con la vivienda soñada ya en la buchaca, se arma un expediente de arrendamiento para hacer parecer que comprar un ático gastando 6.3 millones de euros de dinero público de la comunidad de Madrid supone en realidad una ganga porque se va a alquilar por tres mil euros también de dinero público de la Comunidad de Madrid; todo secreto y confidencial hasta después de las elecciones autonómicas.
La cosa resulta tan burda que la interventora firma el clásico informe lleno de esos “por si acaso” que tanto gustan a nuestros burócratas: la operación se autoriza, pero, “por si acaso”, se hace constar que falta información, que no se justifica la necesidad del alquiler ni la finalidad, tampoco la elección de la oferta ni el procedimiento; si hay problemas, la interventora ya lo avisó. Si no los hay, todos contentos.
Tanto “por si acaso” no podía acabar bien. Al día siguiente de saltar por los aires tanta confidencialidad, la orden de alquiler se anulaba con las mismas irregularidades que viciaban la orden que lo autorizaba y se ponía a la venta el ático en un proceso aún más opaco y chusquero que ha terminado en un “procedimiento abierto de adjudicación”: si usted o quiere, diga una cifra y a ver si arreglamos; otra innovación más en una España siempre a la cabeza de la innovación jurídica y administrativa.
Ha llegado la hora de la verdad, amigas y amigos. Ahora se verá quienes son los verdaderos ayusers y quienes estaban aquí únicamente por la pitanza y el famoserío. Hay que profesar una fe verdaderamente inquebrantable para continuar defendiendo semejante escarnio sin que se congestionen las tragaderas; únicamente con más desparpajo, más brutalismo y más pasta no va a dar para salir de esta; al menos de momento. Es la hora de los verdaderos creyentes.
8