Hallan en Europa un tesoro de la Edad del Hierro con material suficiente para fabricar 500 espadas

La gravera de Deinham. Buzos arqueólogos investigan el lugar del hallazgo con la excavadora de cangilones al fondo.

Ada Sanuy

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Un extraordinario conjunto de al menos 500 barras de hierro de la Edad del Hierro, con un peso original estimado de 1.035 kilos, se ha convertido en el mayor hallazgo de este tipo conocido hasta ahora en Europa. Las piezas aparecieron en Deinham, en la Alta Austria, junto a un antiguo brazo del Danubio, y los investigadores consideran muy probable que formaran parte de un cargamento que se perdió mientras era transportado por el río. La magnitud resulta especialmente significativa: según un estudio publicado en la revista científica Antiquity y firmado por Peter Trebsche, de la Universidad de Innsbruck, y Marion Berranger, investigadora del CNRS francés, esa cantidad de metal habría permitido fabricar aproximadamente 500 espadas de entre 1,5 y 2 kilos, incluso teniendo en cuenta las pérdidas de material durante el proceso de forja.

El descubrimiento se produjo en la primavera de 2019 durante unos trabajos de extracción de grava en Deinham, perteneciente al municipio de Hartkirchen an der Donau. Los trabajadores observaron que la excavadora estaba sacando numerosos objetos de hierro terminados en punta y avisaron a la Oficina Federal de Monumentos de Austria. Después se revisaron manualmente los montones de grava y se recuperaron 540 fragmentos, cuyo análisis ha permitido establecer que pertenecían a un mínimo de 500 barras. En 2023, los materiales fueron donados a la institución cultural regional de Alta Austria, en Linz, donde permanecen depositados.

Las piezas no eran objetos terminados, sino semiproductos de hierro forjado con una característica forma bipiramidal o de doble punta, preparados para transformarse posteriormente en otros objetos. De las 193 barras conservadas completas, la longitud media es de 28,5 centímetros y el peso medio de las piezas sin grava adherida ronda los 2,07 kilos. Los investigadores calculan que el conjunto completo contenía originalmente unos 1.035 kilos de hierro, aunque los fragmentos recuperados, junto con los sedimentos adheridos, alcanzan actualmente los 1.065 kilos.

Arriba) una barra de hierro de Deinham con grava adherida; centro e inferior) otras dos barras que fueron «limpiadas» por la trituradora de grava (ilustración de Peter Trebsche).

Un cargamento que probablemente acabó en el fondo del Danubio

La ubicación del depósito constituye una de las principales claves para explicar cómo llegó allí semejante cantidad de metal. El punto del hallazgo se encuentra en la margen derecha del Danubio, a la entrada de la cuenca de Eferding, en una zona donde antiguamente existían canales fluviales que terminaron colmatándose. Aunque no se ha encontrado ningún resto de una embarcación asociada a las barras, algo que los autores consideran que no resulta inesperado porque las piezas fueron recuperadas con una excavadora, la localización y la concentración del conjunto hacen muy probable que estuviera siendo transportado por el río cuando se perdió. Los investigadores señalan que los cursos fluviales eran la vía preferente para mover mercancías pesadas y que durante el periodo de La Tène existió probablemente un tráfico regular y organizado por los grandes ríos centroeuropeos.

Un hallazgo que cambia la cronología de estas barras de hierro

La datación también ha permitido revisar lo que se sabía sobre este tipo de materiales. Las barras bipiramidales europeas se habían relacionado generalmente con la primera Edad del Hierro, entre los siglos VIII y V a.C., pero las de Deinham presentan características diferentes. Los análisis por radiocarbono realizados sobre tres ejemplares ofrecen intervalos compatibles con la Edad del Hierro tardía y dos concentraciones de probabilidad, una en la segunda mitad del siglo IV a.C. y otra entre finales del III y el II a.C. Los autores consideran esta última la más coherente con otros hallazgos arqueológicos comparables y apuntan a que el cargamento probablemente corresponde al siglo II a.C.

La importancia del descubrimiento va más allá de su antigüedad. Ningún otro conjunto europeo conocido de barras de hierro de este periodo alcanza unas dimensiones semejantes. El depósito de Durrenentzen, en Francia, por ejemplo, contenía 51 semiproductos bipiramidales con un peso total de 308,5 kilos, mientras que otros conjuntos documentados reúnen aproximadamente entre 40 y 60 piezas. Para los investigadores, la tonelada de metal encontrada en Deinham constituye una prueba directa de la capacidad productiva alcanzada durante las fases media y tardía de La Tène, cuando la producción de hierro creció durante los siglos III y II a.C.

Hierro para 500 espadas y un origen todavía por resolver

El equivalente de 500 espadas sirve precisamente para dimensionar el valor potencial de aquel cargamento. Los autores calculan también que con la misma cantidad de hierro podrían haberse fabricado hasta 8.000 clavos de 125 gramos, suficientes para fijar la estructura de madera de casi la mitad de los aproximadamente siete kilómetros de la muralla defensiva de Manching. Su volumen plantea además interrogantes sobre cómo podía pagarse una operación comercial semejante: el estudio contempla como posibilidades contraprestaciones inmateriales, bienes móviles como ganado o caballos, o metales de mucho mayor valor como el oro y la plata. La aparición de la moneda celta en la región bávara y altoaustríaca del Danubio durante este periodo habría facilitado igualmente transacciones de gran escala.

Todavía queda por determinar de dónde procedía exactamente el hierro y cuál era el destino del cargamento. Los investigadores consideran más plausible que las barras fueran forjadas en la región situada río arriba entre Manching, Kelheim y el Alto Palatinado, donde existen evidencias de producción siderúrgica durante el periodo de La Tène y se han localizado piezas similares. Los análisis de elementos traza y los estudios metalográficos actualmente en marcha deberán precisar tanto el origen del metal como si las barras salieron de un mismo taller o respondían a una tradición de producción estandarizada. Más de dos milenios después de acabar bajo las aguas del Danubio, el conjunto ofrece así una ventana excepcional a la escala que habían alcanzado la producción, el transporte y el intercambio de hierro en la Europa central de los siglos III y II a.C.

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