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Análisis

La ultraderechista AfD se radicaliza (aún más) con un congreso que juguetea con el legado nazi

El líder de AfD en Turingia, Bjoern Hoecke, durante el congreso del partido en Erfurt.
6 de julio de 2026 21:57 h

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Alternativa para Alemania (AfD) se encuentra en su mejor momento histórico. Las encuestas otorgan a la formación ultra el primer lugar no solo en varias regiones del este del país, donde supera el 40%, sino a nivel federal. La ultraderecha nunca estuvo más cerca que hoy de volver a gobernar, más de 80 años después del fin del nacionalsocialismo. En ese contexto, su decisión estratégica es radicalizarse. De hecho, la elección de celebrar el congreso del partido el pasado fin de semana en Turingia es prueba de ello, pues la fecha coincide justamente con el centenario del cónclave del partido nazi, cuando Adolf Hitler diera la primera señal pública de su camino a la toma del poder.

“Fuera de este salón están los perdedores de la historia. Aquí dentro están reunidos los vencedores”. La frase pertenece al anfitrión de este fin de semana, el líder de AfD en Turingia y el referente más importante del ala radical del partido, Björn Höcke. Los delegados recibieron con aplausos su mensaje. Representaba fielmente el clima de euforia que vive un partido que ya no oculta su conexión ideológica con el pasado antidemocrático de Alemania.

El escenario es el mensaje

El 4 de julio de 1926, el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) celebraba el primer congreso tras su refundación después de haber sido prohibido por el golpe fallido de Múnich tres años antes. Hitler había optado por Turingia debido a las restricciones que todavía estaban vigentes en Baviera y otras regiones del país. Aquel día surgieron ciertos elementos fundamentales para la liturgia del nazismo: se oficializaron las juventudes hitlerianas, se entregó la bandera manchada de sangre (blutfahne), reliquia nazi que se utilizaba para consagrar las banderas de las SA y las SS; y se mostró por primera vez de forma masiva y espectacularizada el saludo hitleriano con el brazo derecho levantado.

Cuatro años más tarde, el partido de Hitler llegó al poder en esa misma región y la transformó en una suerte de laboratorio político para los nazis. Utilizando vías institucionales y legales, el representante del NSDAP purgó la policía, quitando a todo simpatizante de la República, creó la cátedra de “investigación racial” en la Universidad de Jena y hasta introdujo mensajes doctrinarios en las escuelas sobre la ideología nacionalsocialista. Fue el primer paso de la normalización de un partido extremista que poco tiempo después tomaría el poder a nivel federal.

Björn Höcke es profesor de Historia. Sabe perfectamente que la elección de la fecha será leída como una provocación, de hecho, esa es su intención. El líder de AfD en Turingia nunca ha abandonado su objetivo de reivindicar el pasado del país. Detesta lo que él define como “el culto de la culpa”, un concepto que considera vergonzante y antinacionalista. Alemania no tendría por qué avergonzarse: al contrario, debería estar orgullosa de su identidad. Esa vergüenza histórica es atribuida a la “gigantesca catástrofe educativa” que ha vivido el país, según evalúa Höcke. Tanto es así que en el congreso expresó: “No les han permitido desarrollar una identidad saludable. Son los heridos del alma […] y esa es nuestra tarea en AfD: restablecer la normalidad, sanarlos. En el fondo, somos los psicólogos”.

La cohesión social no existe en el diccionario de AfD. Lo que sí es importante, en cambio, es fomentar el miedo al diferente. En consonancia con su ideología de derecha radical, este partido sostiene que una sociedad sana es una sociedad homogénea

La retórica de Höcke siempre se ha caracterizado por sus aires refundacionales y revisionistas. Ese es el andamiaje ideológico que sostiene sus intervenciones públicas. En su discurso de apertura del congreso expresó varias de sus propuestas para “curar” a la nación. Acusó a los partidos tradicionales de financiar con millones de euros iniciativas y proyectos que promueven una sociedad “colorida”, pero cuyo resultado ha sido la erosión de la identidad alemana. Desde su punto de vista, el Estado debería ser neutral en términos ideológicos, ni de izquierdas ni de derechas, lo que deriva en su promesa más importante: “Desconectar el enchufe fiscal”.

Alice Weidel, reelegida como jefa del partido, anunció lo mismo, pero incorporando la narrativa trumpista: “Secaremos el pantano de las ONG y eliminaremos todos los gastos para proyectos absurdos”. Ambos se refieren a los mismos actores: organizaciones de protección de la Constitución, fundaciones democráticas, proyectos interculturales, iniciativas ambientales, cualquier espacio que trabaje con sectores vulnerables o defienda el Estado de derecho. Su estrategia es demonizarlos y convertirlos en enemigos de la patria, en nombre de un país que, en su propia definición, es solo para los “nativos”.

Sin embargo, la cohesión social no existe en el diccionario de AfD. Lo que sí es importante, en cambio, es fomentar el miedo al diferente. En consonancia con su ideología de derecha radical, este partido sostiene que una sociedad sana es una sociedad homogénea. De allí derivan las ideas xenófobas que circulan a gran velocidad y con un enorme poder de penetración. Narrativas como la teoría conspirativa del 'gran reemplazo' han jugado un rol fundamental. El propio Höcke, en el congreso del fin de semana, subrayó: “Un aspecto central de la dignidad humana inalienable es el derecho a la patria, y la patria se pierde no solo por la huida y la expulsión, sino también al convertirse en una minoría en el propio país”.

El proceso radicalizante

El devenir del congreso fue acorde con el tono y el contenido de los discursos de sus principales oradores. En el orden del día aparecía un punto que llamó la atención: retirar la lista de incompatibilidades para ser miembro del partido. Se trata de un límite que AfD ha introducido para evitar que afiliados a ciertas organizaciones puedan ser admitidos. En un principio fue una frontera formal de exclusión para evitar la llegada de simpatizantes de la extrema derecha o incluso neonazis. En la actualidad, esa lista se ha convertido en un mecanismo incómodo para los más radicales, ya que sus aliados naturales pertenecen a ese sector.

Pese a todo, Weidel logró evitar que el tema se discutiese al prometer que el partido se ocupará de elaborar una nueva lista actualizada que no obedezca los cánones de la Oficina Federal de Protección de la Ley Fundamental. Este organismo se ocupa de identificar, investigar, vigilar y advertir sobre cualquier amenaza contra el orden democrático en Alemania. En efecto, AfD es objeto de observación a causa de las mencionadas conexiones y algunas de sus reivindicaciones que ponen en cuestión artículos de la Carta Magna como por ejemplo el primero: “La dignidad humana es intocable”.

Höcke es el nuevo jefe en las sombras y con ello perece el sector burgués y neoliberal de los miembros del oeste del país. El centro de gravedad del partido se ha desplazado definitivamente a los territorios de la vieja RDA

Las deportaciones masivas de “no nativos” (incluso de forma retroactiva, como llegó a plantear Höcke recientemente en un pódcast) representan uno de los ejes fundamentales de la agenda ultraderechista. De hecho, uno de los oradores lo expresó sin rodeos: “La remigración no es negociable”. Otro la presentó como una política pública que supuestamente aliviaría la escasez de vivienda, una maniobra discursiva recurrente de la derecha radical: blanquear una consigna xenófoba y radical apelando a un problema doméstico sin evidencia alguna.

A lo anterior se le suma una resolución llamada “quedarse en lugar de irse”, que apunta a incentivar el regreso de alemanes que emigraron, según interpretaron los delegados de AfD. Resulta interesante que para evitar cualquier connotación positiva de la palabra inmigración se votó un cambio en el nombre de la propuesta que pasó de hablar de “Alemania como país de inmigración para emigrados alemanes” a “Alemania, un país para el retorno”.

Los aliados de Höcke, en puestos clave

Los congresos de AfD han estado históricamente marcados por haberse convertido en una arena de disputa por el poder interno. Sus facciones no han dudado en enfrentarse, exponiendo al contrincante e iniciando procesos sancionadores y hasta de expulsión. Varios exjefes del partido pueden dar fe de haber vivido la inescrupulosa ira de sus correligionarios.

En julio de 2026, por el contrario, las peleas han brillado por su ausencia. Todo ha funcionado de forma más armónica y los cambios, que no han sido menores, han fluido sin desorden. Si bien el dúo que lidera el partido, formado por Alice Weidel y Tino Chrupalla, ha sido reelegido sin contracandidaturas, el resto de la cúpula del partido ha visto modificada su fisonomía. Los aliados más cercanos y fieles a la línea radical de Björn Höcke ocupan ahora puestos clave, como el de vicepresidente o el de tesorero, además de otras sillas de la mesa directiva. Höcke es el nuevo jefe en las sombras y con ello perece el sector burgués y neoliberal de los miembros del oeste del país. El centro de gravedad del partido se ha desplazado definitivamente a los territorios de la vieja RDA. Allí donde AfD es el partido más fuerte con distancia.

Un grupo de manifestantes protestan ante la celebración del congreso de AfD en Erfurt (Alemania) el 4 de julio.

Es posible que el clima pacífico se haya visto reforzado por la narrativa que fue un denominador común durante las jornadas: el victimismo. Las protestas fuera del salón en el que se celebró el congreso fueron multitudinarias. Estuvieron marcadas por la presencia de dos corrientes: Zusammenstehen (permanecer unidos) y Widersetzen (resistir). Mientras que la primera promovía la movilización ciudadana masiva, incluyendo a los partidos, las iglesias y los sindicatos, enfocada en festivales democráticos; la segunda giraba en torno al bloqueo activo para impedir la realización del congreso en sí. Esta última se compone del sector de acción antifascista propiamente dicho.

La motivación de los manifestantes era única: hay que hacer algo antes de que AfD llegue al poder. Sin embargo, los sondeos son contundentes: es una cuestión de tiempo. ¿O acaso es una tendencia reversible?

¿AfD al poder?

Si mañana hubiese elecciones en Sajonia-Anhalt, AfD estaría a tres escaños de la mayoría absoluta. En otras regiones del este necesitaría entre cinco y ocho para conseguirlo. La intención de voto supera ampliamente el tercio del electorado y en algunos casos ha roto la barrera del 40%. En otras palabras, la posibilidad de un gobierno ultraderechista en Alemania no es imposible en absoluto.

Sus oportunidades de llegar al poder no se agotan allí. Por el contrario, en los últimos meses han crecido, incluso más que la intención de voto: otro partido ha decidido aflojar el cordón sanitario, o como se lo conoce en Alemania, brandmauer.

La intención de voto supera ampliamente el tercio del electorado y en algunos casos ha roto la barrera del 40%. En otras palabras, la posibilidad de un gobierno ultraderechista en Alemania no es imposible en absoluto

En junio de 2026, Sahra Wagenknecht, líder del partido BSW, declaró que se abstendría en las votaciones sobre candidatos de la AfD y la CDU. De hecho, su partido ha comunicado que en votaciones puntuales podría darse una cooperación, según el tema de la agenda, con la ultraderecha. Este partido es una escisión de Die Linke, la izquierda poscomunista, que ha incorporado un discurso ultraconservador y antiinmigración muy cercano al de la derecha radical, mientras que mantiene su visión de izquierdas más clásica en temas como el rol intervencionista del Estado y la defensa de la clase trabajadora.

Cuál de las dos lecturas terminará por imponerse, la abstención como rampa hacia el poder o como trampa para vaciarlo de votos, es todavía una incógnita, incluso de puertas adentro de AfD. Lo que no admite ambigüedad es la aritmética: en Sajonia-Anhalt le faltan apenas tres escaños para la mayoría absoluta y las encuestas siguen subiendo. Con BSW como aliado o como obstáculo, en septiembre Alemania puede tener, por primera vez desde 1945, un gobierno regional liderado por la ultraderecha.

Cuando eso ocurra, alguien va a recordar la frase de Höcke en Erfurt: los vencedores, dentro del salón; los perdedores, en la calle. Cien años después de aquel congreso en Turingia, el laboratorio vuelve a estar abierto.

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