Las batallas de aura no son nuevas: la moda viral que iniciaron las mujeres trans en los márgenes de Nueva York

Fotograma de la serie 'Pose'.

Natalia G. Vargas

4 de septiembre de 2026 21:45 h (Hora canaria)

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Decenas de jóvenes forman un círculo. En el medio, algunos de ellos participan en una batalla y replican pasos y movimientos virales en Internet. Es la nueva moda nacida en las redes sociales y que ya ha saltado a las calles de todo el mundo, incluida Canarias. Se conoce como farmear aura y el objetivo es ganar reputación. El término '''farmear'' procede del verbo en inglés farm (cosechar) y en el mundo de los videojuegos significa acumular puntos o experiencia para subir de nivel. En este contexto, el aura se traduce como el carisma. Aunque la irrupción de estos encuentros multitudinarios ha sorprendido a todas las generaciones, los elementos que los forman no son nuevos.

Algunos de los movimientos que los jóvenes reproducen en estas batallas recuerdan al voguing, un estilo de baile que nació en los años 80 dentro de la subcultura urbana del Ballroom, un movimiento artístico creado en esencia por personas afroamericanas y latinas de la comunidad LGTBI en Nueva York. Esta danza, que tiene sus raíces en el barrio de Harlem, tiene un carácter dinámico y performativo y sus pasos se inspiran en las poses de las modelos de la revista Vogue.

“Para personas disidentes, entrar a un lugar heteronormativo era prácticamente imposible”, cuenta Edu Medina, bailarín, coreógrafo e impulsor de los estilos voguing y whacking en Canarias. Por eso, “el colectivo creó sus propios espacios, movimientos, normas etiquetas y dinámicas sociales”, añade.

Parece que solo son válidos los elementos culturales y digitales de cuando nosotras éramos jóvenes, pero ahora también tienen derecho a tener sus propios códigos y a crear su propia comunidad

Meritxell Salazar Coordinadora de la Asociación LGBTIQA* Diversas Canarias

Entre estos lugares seguros destacan los balls, encuentros de expresión artística donde personas del colectivo, marginadas socialmente y expulsadas de sus casas, creaban comunidad. “Especialmente es un fenómeno que iniciaron las mujeres trans negras”, cuenta Meritxell Salazar, coordinadora de la Asociación LGBTIQA* Diversas Canarias y graduada en Pedagogía.

De manera similar a lo que ocurre en las batallas de aura, las concursantes de los balls defendían en la pista la reputación de las casas a las que pertenecían. Estas estaban lideradas por personas bautizadas como “padres” o “madres”, que ofrecían una familia a las personas que eran rechazadas en las suyas. “Al final, son tu familia elegida, porque tú no tenías familia propia porque te habían expulsado de tu hogar por ser una persona trans”, añade Salazar.

En una batalla de aura, Edu Medina lo que ve es “una batalla de baile, una obra teatral, o incluso esa sensación que tiene uno al ver un ball: personas que compiten entre sí para conseguir un estatus a través de movimientos”. “Es algo que se ha hecho, como quien dice, toda la vida, pero claro, volvemos al momento en el que, si está fuera de la comunidad LGTBI, se hace viral, mientras que cuando ha estado desde siempre dentro de ella, no se le ha hecho apenas caso”, añade.

“¿Podemos hablar de apropiación cultural? No creo en este caso. Tiene similitudes en cuanto a crear ese estatus social a través de la performance, pero no en cuanto a movimiento o formas y normativas, al menos que yo sepa”, matiza el bailarín. Sin embargo, subraya la importancia de que los jóvenes que practican este farmeo sepan cuáles fueron sus predecesores. “Como se suele decir en el mundillo artístico: está todo inventado. Solo hace falta informarse y darle valor a lo que ya había antes, pertenezca a un colectivo o a otro”, apunta.

Para Salazar, una de las principales diferencias entre los ball y las batallas de aura pasa por el espacio en el que se desarrollan. En Canarias, los encuentros de farmeo se han celebrado en diferentes plazas públicas de Tenerife y Gran Canaria, extrapolando la cultura digital a la realidad. Mientras tanto, los balls se llevaban a cabo en la clandestinidad de Nueva York, precisamente porque las personas que participaban en ellas eran perseguidas y expulsadas de sus hogares. “El objetivo era poder sobrevivir y hacer comunidad”, apostilla la coordinadora de Diversas.

La llegada del voguing en Canarias

El voguing como danza llegó a Canarias entre 2008 y 2010, en concreto a Gran Canaria. Este estilo, junto al whacking, aterrizó en las islas gracias a diferentes bailarines y profesores de danza urbana que viajaron por el mundo para traer la formación al Archipiélago y crear comunidades propias.

Medina forma parte de ellos. El ''poco interés'' que había entre los bailarines por conocer la raíz de estos estilos, así como la curiosidad que él tenía, lo llevaron a querer indagar un poco más. ''Me formé y entablé relaciones con la comunidad Ballroom y del whacking que sí existía ya en Europa y América“, recuerda. A partir de ahí, y sin pretenderlo, fue creando su propia comunidad. ”Mi familia elegida“, matiza.

El bailarín y coreógrafo Edu Medina en un 'ball' en Zaragoza en 2021.

El voguing en Canarias se ha mantenido de generación en generación “con mucho amor y respeto”. “Son culturas que no son nuestras, ni las hemos vivido tal cual la vivieron sus creadores ni las hemos desarrollado con sus mismas dificultades. Podemos sentirnos identificados en ciertos aspectos de exclusión social, pero hay que tenerle mucho respeto a algo que se nos ha dado con mucho sacrificio anterior”, asevera el bailarín.

Es algo que se ha hecho toda la vida, pero volvemos al momento en el que, si está fuera de la comunidad LGTBI, se hace viral

Edu Medina Bailarín y coreógrafo

Aun así, la esencia de este estilo también se conserva en las islas, donde también se organizan balls. “Esa esencia de reivindicación del colectivo sigue estando actualmente”, afirma Medina, quien recuerda que las personas LGTBI aún tienen dificultades para acceder a determinados trabajos. “Incluso se nos sigue juzgando por la calle con la única excusa de que no seguimos unas ideas anteriores”, asevera.

Tomar las calles

Como cada vez que irrumpe en las calles una nueva tendencia entre los jóvenes, las batallas de aura también han sido objeto de críticas y burlas. Meritxell Salazar denuncia el edadismo y el clasismo cultural que existe con respecto a la juventud. “Parece que solo son válidos los elementos culturales y digitales de cuando nosotras éramos jóvenes, pero ahora también tienen derecho a tener sus propios códigos y es legítimo que creen su propia comunidad”, defiende.

Además, insiste en que estas burlas también tienen que ver con la ridiculización sistemática de todo lo que tenga que ver con el colectivo LGTBI. “Que el farmeo del aura esté vacío y no tenga un valor cultural como sí lo tiene el Ballroom no significa que no se construya comunidad y que la juventud no pueda tener sus lenguajes propios que les permitan relacionarse”, insiste.

“Al fin y al cabo, me alegra verles”, coincide el coreógrafo Edu Medina. Como “alguien que se crio jugando en la plaza del barrio”, ve positivo que “se vuelvan a tomar las calles”. “Que disfruten de sus grupos de amigos y de volver a tener una imaginación y un movimiento improvisado sin tener que recurrir a la ”tecnolog-IA“ para crear algo. Volver a lo humano, al arte”, defiende el bailarín.

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