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Los peligros de obsesionarse por volver al vientre plano tras dar a luz: por qué no equivale a estar recuperada

Un estudio científico sobre el contenido divulgado en Instagram respecto a la diástasis y el ejercicio reveló que el 60,7% de las publicaciones ofrecía recomendaciones sin fundamento médico.

Juanjo Villalba

7 de septiembre de 2026 22:30 h

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“¡Cómo está!”. “Parece mentira que haya sido madre hace nada”. “¿Cómo lo ha hecho?”. Apuesto a que han oído muchas veces estas y otras expresiones de asombro y aprobación referidas a una mujer que acaba de ser madre.

El posparto exprés, el volver a tener un vientre plano tras un embarazo parece haberse convertido en un requisito ineludible del proceso de tener un bebé y las redes sociales se ocupan de fomentar esta creencia. Mediante likes y comentarios, se premia la velocidad con la que una mujer reaparece en el gimnasio, recupera el contorno de su cintura o se muestra en bikini sin huellas evidentes de su reciente gestación. Pero esta fascinación por la recuperación inmediata genera un espejismo peligroso para la salud de las mujeres.

Estética no equivale a salud

La ciencia cuestiona abiertamente este foco en la recuperación del buen aspecto físico como el objetivo principal tras un embarazo. Como señalan los expertos, tener un vientre plano no equivale a estar verdaderamente recuperada por dentro.

Durante la gestación, los rectos abdominales, las dos bandas musculares verticales del abdomen, se separan para dar espacio al bebé, distendiendo la banda de tejido conectivo que los une por el centro (la llamada línea alba). Cuando tras el parto esa separación persiste y el tejido no recupera su tensión decimos que esa persona sufre de diástasis de rectos abdominales.

Tener diástasis no supone un simple inconveniente estético, sino que implica perder la ‘faja natural’ del cuerpo en esa zona. Para una mujer, esto se traduce en secuelas funcionales muy concretas: dolor lumbar recurrente, sensación de fragilidad o ‘vacío’ al cargar peso, abombamientos de la zona al toser o levantarse de la cama, e incluso problemas relacionados con el suelo pélvico como incontinencia o pesadez. En los casos más severos o persistentes, esta falta de contención puede llegar a comprometer la estructura hasta requerir reparación quirúrgica.

El problema, tal y como explica Rafael Vicetto Martínez, responsable de la Unidad de Fisioterapia de la Agrupación Española de Diástasis Abdominal (AEDA), es que una mujer puede mostrar una pared abdominal visualmente plana y continuar padeciendo estas alteraciones biomecánicas o una separación estructural importante. Y, por el contrario, otra mujer puede mantener un contorno redondeado durante meses tras el parto y haber restaurado plenamente la fuerza, la contención y el control dinámico necesarios para desenvolverse con total seguridad en su día a día.

En palabras del especialista, “la diástasis no se mide solo en centímetros. Hay que valorar también la calidad de la línea alba, su capacidad para transmitir tensión y cómo responde durante el movimiento”.

El peligro de las promesas virales de 21 días

En el ecosistema digital abundan los desafíos del tipo “los hipopresivos que te harán recuperar tu cintura” o “vuelve a tu físico habitual en tan solo 21 días”. Estas supuestas soluciones hacen que se extienda la falsa creencia de que existe un calendario estandarizado para la recuperación física tras el parto.

Pero Vicetto señala que esto no es así, y que reiniciar prematuramente entrenamientos exigentes o rutinas de gimnasio sin una evaluación individual previa genera riesgos importantes para la integridad muscular.

El peligro principal radica, según el experto, en la aplicación indiscriminada de pautas universales para todas las personas. “Tratan a todas las pacientes como si partieran de la misma situación”, apunta. “Pero no existen ejercicios vetados de forma universal, como tampoco ejercicios adecuados para todas. Un abdominal clásico, una plancha, correr, levantar peso o hacer hipopresivos puede ser perfectamente tolerable para una mujer y resultar excesivo para otra”.

Estas supuestas soluciones hacen que se extienda la falsa creencia de que existe un calendario estandarizado para la recuperación física tras el parto

Sin embargo, en estructuras abdominales debilitadas algunos movimientos pueden empeorar la deformidad del tejido. Por este motivo, la recuperación debe responder al control funcional de cada paciente en lugar de someterse a retos de internet o fechas límite preestablecidas.

Desinformación en redes y distorsión psicológica

No obstante, este enorme volumen de contenidos en redes sociales carentes de respaldo científico agrava la vulnerabilidad psicológica de las mujeres en el periodo posparto.

Un estudio científico publicado en 2025 en BMC Women’s Health sobre el contenido divulgado en Instagram respecto a la diástasis y el ejercicio físico reveló datos alarmantes: “El 60,7% de las publicaciones analizadas ofrecía recomendaciones del todo desprovistas de fundamento en la literatura médica. Tan solo un 7,1% citaba alguna fuente verificable. Las participantes encuestadas en dicha investigación refirieron haber experimentado confusión, sufrieron mensajes contradictorios e incluso temor a realizar movimiento alguno”, comenta el experto.

A esta marejada de consejos no verificados se suma la proliferación de fotografías comparativas de “antes y después” que también abundan en las redes. Estos contenidos con frecuencia están manipulados mediante posturas forzadas, prendas moldeadoras, ángulos fotográficos favorables o directamente, retocados digitalmente.

Como advierte Vicetto, la viralización de estas imágenes proyecta unos márgenes de recuperación irrealizables que añaden un nivel angustioso de exigencia. Al compararse con fotografías falsas, muchas mujeres concluyen erróneamente que sus cuerpos fallan.

En palabras del fisioterapeuta, en esa brecha entre la ficción de las redes y la realidad corporal “es donde la presión estética puede transformarse en frustración y en una percepción negativa de su propio proceso de recuperación”.

No existen ejercicios vetados de forma universal, como tampoco ejercicios adecuados para todas. Un abdominal clásico, una plancha, correr, levantar peso o hacer hipopresivos puede ser perfectamente tolerable para una mujer y resultar excesivo para otra

Rafael Vicetto responsable de la Unidad de Fisioterapia de la AEDA

Las señales de alarma para acudir al especialista

Determinar el momento idóneo para reiniciar la actividad deportiva requiere estar muy atento a las señales del propio cuerpo. “Hay varios signos que aconsejan realizar una valoración antes de retomar determinadas actividades con normalidad”, asegura Vicetto.

Entre las red flags más alarmantes, el especialista destaca la aparición de un abombamiento marcado en el eje central del abdomen al toser, levantarse o entrenar y también la persistencia de una sensación de fragilidad interna, de vacío o de falta de sujeción en el tronco.

“La presencia de dolores pélvicos, abdominales o lumbares es otra de las señales”, continúa. “También la manifestación de disfunciones del suelo pélvico, tales como incontinencia urinaria, pesadez o sensación de presión y, finalmente, la aparición de bultos similares a una hernia, especialmente si se acompaña de dolor intenso, náuseas o vómitos”.

Frente a la presencia de estas manifestaciones clínicas, Rafael Vicetto aclara que la aparición de estos síntomas “no significa necesariamente que exista una complicación grave”, apunta. “Pero sí que merece la pena realizar una valoración especializada para saber cómo está respondiendo la pared abdominal y orientar correctamente el tratamiento o la vuelta al ejercicio”.

Biológicamente, resulta imposible establecer unos tiempos “normales” para recuperarse de un parto. “Los tiempos dependen de numerosas variables”, apunta. Como “el tipo de parto, si ha sido vaginal o por cesárea, la existencia de desgarros o dolor, la cicatrización, el estado del suelo pélvico, la presencia de diástasis o hernias previas, el control abdominal, la capacidad para gestionar las presiones, el estado físico previo y las circunstancias personales de cada mujer”.

Fisioterapia y cirugía: una alianza complementaria

Fisioterapia y cirugía son tratamientos que se complementan a la hora de tratar de solucionar la diástasis. En palabras del cirujano Guillermo Pou Santonja, también miembro de AEDA, “la cirugía no es una consecuencia automática de tener diástasis ni la fisioterapia es una alternativa que ha ‘fracasado’ necesariamente cuando se acaba indicando una intervención. Son herramientas que responden a necesidades diferentes y que, en determinados casos, forman parte del mismo proceso”.

La cirugía se reserva para las diástasis más persistentes y que tienen una repercusión funcional relevante, presencia de hernias o cuando el abordaje conservador no ha conseguido una mejoría suficiente. “Las guías europeas recomiendan valorar inicialmente el tratamiento conservador y diferenciar el abordaje en función de si existe o no una hernia asociada”, apunta Pou.

No es un retoque estético

A pesar de que la cirugía de reconstrucción de la pared abdominal se ha beneficiado del desarrollo de técnicas no invasivas y nuevas tecnologías, no se debe identificar este tipo de intervenciones como una solución rápida o un atajo de orden puramente cosmético, ya que esto desvirtuaría su verdadero propósito médico.

En este sentido, el Dr. Pou subraya el fin estrictamente reparador de la cirugía de la pared abdominal. Como afirma tajantemente el cirujano, “la cirugía no debería plantearse como un atajo para ‘recuperar la figura’”, sino como una reparación profunda destinada a devolver la funcionalidad anatómica.

La cirugía no debería plantearse como un atajo para ‘recuperar la figura’, sino como una reparación profunda destinada a devolver la funcionalidad anatómica

Guillermo Pou Santonja cirujano

Por su parte, Rafael Vicetto recuerda que el paso por quirófano tampoco exime del trabajo activo, destacando que una intervención debe contar con preparación prequirúrgica y rehabilitación posterior para evitar que se convierta en un mero “parche” y garantizar una sanación estructural completa.

Hacia un acompañamiento integral y multidisciplinar

En definitiva, la garantía de una recuperación estable a largo plazo reside en la colaboración coordinada entre cirujanos y fisioterapeutas. Este modelo de trabajo integrado exige, según el doctor Pou, evaluaciones funcionales exhaustivas antes del procedimiento, analizando la mecánica respiratoria, la contención pélvica y el patrón de movimiento, además de una pauta postoperatoria orientada a la ganancia gradual de fuerza y movilidad.

En sintonía con este enfoque, Vicetto destaca que la recuperación médica se prolonga más allá del cierre de la incisión quirúrgica. “El objetivo es recuperar progresivamente fuerza, movilidad, control de cargas y capacidad funcional, adaptando el proceso a la evolución de cada paciente”, apunta.

Por tanto, aunque no nos lo pongan fácil, deberíamos apartar el foco de las redes sociales y poner nuestra atención en lo que dicen los auténticos profesionales de la salud.

La recuperación del posparto no se mide en semanas, no cabe en un reel de Instagram ni se arregla con retoques fotográficos o desafíos exprés de 21 días. Prescindir de los atajos mágicos implica asumir que cada cuerpo maneja sus propios tiempos biológicos y que la diástasis no es un defecto visual que esconder, sino una alteración de salud que hay que tratar.

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