De casa a un polideportivo, expulsados por el fuego de Aldea del Fresno: “No he dormido un minuto”
Las cuestiones más inmediatas se mezclan con el indeciso trasiego de información de lo que de verdad importa. “Está la cosa mal. Me han dicho que van a desalojar más pueblos”, comenta una mujer mientras hace cola y espera turno para comer. En el menú, purés, macarrones, caldo, lasaña e incluso paella: lo que han ido acercando vecinos y dueños de bares y restaurantes de la zona. Pero la principal preocupación es otra.
En el polideportivo de La Chopera, en el municipio madrileño de Villamanta, al suroeste de la capital, cientos de personas se mantienen en una angustiosa espera, mientras tratan de averiguar la última hora de la razón que los obliga a permanecer en el lugar, que no es otra que una tormenta perfecta de incendios que, tras extenderse por Ávila y Madrid, ha obligado a desalojar de sus casas a más 20.000 personas. Tras recibir un Es-Alert en la tarde de ayer, miles de ellas, oriundas de localidades cercanas, como Aldea del Fresno, fueron a parar a un recinto que en la madrugada del jueves al viernes se las vio y se las deseó para albergar tanta gente, tantas historias y tantas necesidades.
A eso de las 14.00 del viernes, sin embargo, la historia ya era otra. Los familiares de algunos de los vecinos más vulnerables han acudido a por ellas, y muchos de los que quedan han optado por pasar el día en el pueblo o en la cercana piscina. El resultado es que, al menos durante la tarde, los profesionales están dando abasto. Las literas que la Unidad Militar de Emergencias (UME) ha montado en el centro del polideportivo ejercen de recordatorio de que no siempre ha sido así.
En la noche, muchos tuvieron que dormir en colchonetas, en sus coches o en parques del pueblo. Fue el caso de Francisco Sánchez, un carpintero jubilado de 75 años de Aldea del Fresno: “No he dormido un minuto”, cuenta a elDiario.es. Su casa, explica mientras consulta en los grupos de Facebook del pueblo las últimas novedades, está cerca del safari de Madrid, que en la tarde del jueves llegó a tener el fuego a escasos 15 metros.
Francisco recibió un Es-Alert a eso de las cinco de la tarde. Primero lo trasladaron al polideportivo de Aldea del Fresno, pero este, al igual que el resto del pueblo, tuvo que ser desalojado cuando cayó la noche. Desde entonces, tan angustiado como todos los demás por las horas de espera, Sánchez espera noticias en el polideportivo de Villamanta. Mientras, a su alrededor los niños corretean ajenos al desastre que puede sobrevenir y algunos de los acogidos toman posesión de una litera en previsión de otra larga noche. Nunca se sabe.
Guillermo Celeiro, concejal de Aldea del Fresno, aporta las últimas novedades. En efecto, explica, el pueblo deberá permanecer desalojado al menos durante la noche del viernes al sábado. Además del fuego, a las autoridades les preocupa el humo: “Aunque el río Alberche hace de cortafuegos natural, el humo puede llegar a ser verdaderamente peligroso”. Relata que el pueblo de Villamanta ha acogido sin problemas a sus vecinos de Aldea del Fresno, que muchos se conocen y que, dentro de las dificultades, le tranquiliza que muchos se hayan podido trasladar a las localidades de Móstoles, Leganés y que, incluso, más de uno se haya podido ir con su familia a Madrid.
Con todo, la preocupación es una constante: terreno abonado, por tanto, para la expansión de bulos. Uno de los que ha gozado de más predicamento en el polideportivo habla de que los vecinos de Aldea del Fresno tendrán que pasar en el recinto todo el fin de semana. La realidad, explican fuentes oficiales, es que todavía no se sabe lo que ocurrirá porque todo depende del viento y de la evolución de los fuegos.
Trata de aportar algo de calma Fernando Madrid, un trabajador de Protección Civil de 55 años que resume su labor: “Más que nada, en este momento de lo que se trata es de tranquilizar a la gente”. El profesional ayuda en sus tareas a la UME, se coordina con el 112 para recibir las últimas noticias y trata de atender necesidades especiales como pañales para adultos, leche materna o el hielo que sirve para mantener el agua fría: el calor asedia a pesar de que media docena de grandes ventiladores trabajan a todas horas a plena potencia.
Se han vuelto su mano derecha mujeres como Gema Torres, una administrativa de 48 años que forma parte de un grupo de voluntarios que se formó en Villamanta después de que una dana inundara la localidad en 2023. La experiencia adquirida en la anterior catástrofe les ha permitido ahora organizarse en cuestión de horas. “La gente está triste y desanimada. Hay que pensar que hay mucha gente mayor y suelen ser reacios a dormir en sitios distintos del que suelen”, explica Torres, mientras sus compañeras de voluntariado ultiman los preparativos del reparto de comida.
También ha acudido voluntario a ayudar Maxi Fernández, un guardia civil de 58 años que, entre turno y turno de trabajo, acude al polideportivo para ayudar en lo que puede: reparte agua, guarda fría y a buen recaudo la insulina que pueden llegar a necesitar los diabéticos y, sobre todo, mantiene alto el ánimo: “Lo que más noto es que vamos todos a una. Los chicos jóvenes nos han ayudado mucho. Ayer estuvieron ayudando con todo. Para que luego digan de la juventud”.
Tampoco es capaz de contar las horas que lleva trabajando Charo Lillo, una antigua archivera que, a sus 82 años, dirige el Centro Ocupacional Amam, un recurso que, enclavado en Aldea del Fresno, atiende a unas 125 personas en situación de dependencia. Descontando aquellos que han sido recogidos ya por sus familias, quedan unos 80 en el polideportivo.
Lillo, con 40 años de experiencia trabajando con personas dependientes, observa que los usuarios del centro están afrontando la situación con entereza: “Ellos lo llevan bien. Se les ha explicado todo. Les hemos dicho que en nuestro centro hay un fuego y que hemos tenido que salir para no quemarnos. Lo entienden, saben que nos teníamos que ir”.
A eso de las 17.00, sin embargo, su espera acaba: la UME viene a recogerlos para llevarlos al Centro Integral de Rehabilitación Neurorreahibilitadora que el Grupo 5 gestiona en el número ocho de la calle Miguel Fleta, en la capital. En el polideportivo, sin embargo, se preparan para otra noche de espera y desasosiego.
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