La hermosa vida que amo ‘revisited’

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Soy fans ‘number one’ de los hermanos Marx, en especial de Groucho, aunque el otro Marx , Carlos, también tenía su punto, por mucho que se diga. Decía Groucho, que no Karl, que la felicidad consistía en una serie de pequeñas cosas, una pequeña mansión, un pequeño yate, una pequeña fortuna, o algo así, lo que importa es el argumento. Se puede decir que Groucho añade a todas esas cosas pequeñas una enorme retranca e incluso un gran cinismo, tal vez por no discutir con gente que ama tanto sus ideales que los guarda en una caja fuerte. He heredado de mis antepasados gallegos y palmeros una suerte de humanismo cristiano, de mi generación sesentera las nuevas espiritualidades llamadas genéricamente new age, no exentas de parafernalia yóguica, budista, sufí y universalismo ecológico, etc. Pero creo que aún así, no hay incienso celestial que me llegue al alma tan profundamente como ese 60% del IRPF que acaban de prolongar y que me ha permitido este verano ser generoso en el gasto y no tanto en el ahorro, aunque ya se sabe que el ahorro de hoy es el gasto de mañana. Una buena noticia para variar, por fin, porque el mundo y sus circunstancias no paran de acojonarnos, que si el radón, que si la bolsa de magma, que si Trump e Irán no paran de deshojar la margarita de Ormuz, que si las penurias de Ceuta, que si la final del mundial de fútbol y un etcétera infinito de calamidades y no me sirven de consuelo los rayos gamma ni todas esas obras viarias, incluida La Zamora El Remo, que van hacer que La Palma se nos haga cada vez más chiquita y apresurada contrariando el lema ancestral de nuestra isla, el “tú tranquilo”, que un amigo llama “ el Taoísmo palmero”, una especie de ética natural, de sentido común cotidiano que para mí es el fundamento esencial de “la hermosa vida que amo”.

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