El mayo francés, La Galga y la diabetes
Se cuenta que en el mayo francés del 68, cuando obreros y estudiantes ocuparon las calles de París reclamando cambios, un miembro del partido comunista llegó corriendo a casa del secretario general George Marchais y le gritó: “Camarada, la revolución está en la calle”, a lo que Marchais le respondió: “La revolución soy yo y estoy afeitándome”, lo cual puede ser un error estratégico, pero también una afirmación de identidad. Lo digo porque me encontré a una pareja de turistas extranjeros perdidos víctimas del GPS en La Galga y me preguntaron quién era yo o algo así y les dije que mi identidad era La Palma, aunque no hubiera nacido aquí. Bueno, les corregí el GPS y los encaminé al Cubo, no sin que ellos hicieran abundantes elogios a la belleza de la isla, ahorrándome a mí el bregoso chovinismo de alabar mi identidad principal, es decir, La Palma, lo cual hubiese sido una especie de autobombo, aunque me preguntaron qué árboles eran esos tan frondosos y diferentes y ahí ya no pude contenerme, aunque nunca estoy seguro si ese es un til o un viñátigo, un mogán o un madroño, un loro o lo que sea, pues después de todo, un árbol es un árbol y ya merece toda mi admiración y respeto sin importarme su nombre y apellidos, si nació aquí o si lleva mucho agarrado de esta tierra, como yo mismo y contribuye a la inquebrantable e insobornable belleza del bosque y cuando la pareja agarró por el sendero del cubo pensé que si se abrían al baño de bosque, a ese alarde de verdor y frondosidad, durante unos minutos también el bosque sería suyo y ellos se sentirían parte de ese organismo vivo que es la isla. Pero volviendo al mayo francés, la mayor huelga general de la historia de Francia, quedaron algunos cambios políticos, digamos chapa y pintura, mejoras salariales y un montón de grafitis en las paredes. El mejor, “Se prohíbe prohibir”, que para mí quiere decir: “Prohíbele a los niños el azúcar y estarás criando futuros diabéticos”. En fin.
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