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Hasta las narices de izquierdas y derechas

Y de derechas y de izquierdas, e indignado porque quieren politizar y etiquetar la vida de las personas, adoctrinando desde un lado y desde otro, de tal modo que si coincides con algo que dicen los partidarios de Podemos, unos que dicen ser de derechas, te etiquetan de bolivariano, y si coincides con algo que dicen los de Vox, los que se dicen de izquierdas, te llaman franquista. Por otra parte, nos encontramos con la siguiente estupidez: Si criticas las declaraciones de una persona de Podemos, te dicen mejor eso, que escuchar a Santiago Abascal, y si criticas lo que dice una persona de Vox, te dicen mejor eso, que escuchar a Pablo Iglesias, de tal modo que unos y otros se escudan en un arbitrario “Y tú más” sin razonamientos ni demostraciones científicas, que expliquen  porque unos son mejores que los otros, cuando habiendo gobernado unos que se dicen de izquierdas y otros que se dicen de derechas, las injusticias en este país siguen siendo evidentes.  

¿Alguien es capaz de demostrar como parando el avance de la derecha o parando el avance de la izquierda se resuelven los problemas de los ciudadanos?, o acaso es un invento que muchas masacres en el mundo han sido cometidas tanto por unos que se dicen de izquierda como por otros que se dicen de derecha. Así por ejemplo, en España se han llevado a cabo latrocinios, probados judicialmente, tanto por partidarios de la derecha como  partidarios de la izquierda, por tanto el “tú más” debería de ser eliminado de nuestro vocabulario.  

Me podrán llamar iluso, por no tener en cuenta que las ideas como derechas e izquierdas han ayudado en la lucha contra las dictaduras, porque han sido estas la motivación principal de las personas para luchar contra regímenes totalitarios, sin embargo ideas como el amor al prójimo hubieran sido más que suficiente para luchar por la democracia, y si alguna de las tendencias mencionadas a los largo de este texto, no desea lo mejor para los demás, es que son malas personas, no es que sean de izquierdas o de derechas.  

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Andrés de las Casas, ‘El Genio’, maestro de la sátira y el cachondeo

Andrés de las Casas Herrera.

Andrés de las Casas Herrera.

Andrés de las Casas Herrera nació en Santa Cruz de La Palma el 20 de septiembre de 1921. Estudió Perito Mercantil y fue profesor de la Academia Pérez Galdós de la capital de la isla. A decir de los que lo trataban a menudo, era una persona algo extravagante que le encantaba llamar la atención.

Buen conversador, amante de parrandas y tertulias, se convertía enseguida en el centro de atención, pues una vez entonado comenzaba a exponer ideas pintorescas, argumentar imposibles y satirizar lo ridículo.

Es característico de esta tierra el que de vez en cuando surjan personajes como Andrés de las Casas, anónimos, singulares, con una invectiva y socarronería especial, o con una forma de actuar que perdura en la memoria de los que le conocieron con un sorprendente talante anecdótico. Así la impotencia, el atropello, la necesidad de dejar constancia de una forma de pensar distinta a lo habitual, el derecho a la protesta ha utilizado medios inmediatos y rudimentarios: el papel y el lápiz, por lo que algunas de estas celebridades además de actuar, recogieron en forma escrita sus ocurrencias que circularon como octavillas autógrafas o impresas – medio de difusión especialmente implantado y querido en La Palma desde los primeros tiempos- o fotocopiadas y, después de pasar de mano en mano, acababan finalmente publicadas para regocijo general.

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Los 100 días de gobierno

Hemos comenzado el año con un ejecutivo que –pese a las diferentes posturas internas y las subsiguientes tensiones entre las fuerzas que lo constituyen- ha de funcionar porque hay demasiados asuntos pendientes. Gobernar va a ser más difícil que nunca, pero no hay tiempo que perder. Dada la fragmentación del voto y la proliferación de fuerzas políticas, con el alza de la ultraderecha, la oposición tiene prisa por hacerse notar y por ello sus líderes anuncian que van a ser contundentes desde el primer día. Eso han venido anunciando y por ello no se va a respetar aquella antigua norma parlamentaria de permitir que el nuevo gobierno haga su trabajo durante los primeros 100 días. ¿De dónde viene esta costumbre de los cien días de respeto? Parece que del presidente norteamericano Roosevelt cuando llegó al poder en 1933, tras el hundimiento económico del crack de 1929, y prometió actuar con audacia y decisión en esos primeros cien días. Lo cierto es que durante este periodo lo habitual es que las fuerzas del Gobierno intenten acometer las propuestas más importantes comprometidas en su programa electoral y la oposición haga gala de cierta cortesía a la hora de afrontar su labor. Pero los tiempos han cambiado, el mundo ahora se guía por la prisa, los gobernantes gobiernan a golpe de twitter y a menudo la gente los imita y quiere guiarse por las ocurrencias. Ya casi nada es estable sino que todo es líquido, deslizante, variable. Y el nivel de crispación se incrementa semana tras semana, porque en la bancada de la oposición existe poca predisposición a hacer concesiones.

Roosevelt tenía en su mente plasmar una serie de medidas drásticas que combatieran la terrible crisis que afectaba a su país. Había que actuar con determinación y con prisa, y en esos cien días consiguió aprobar 15 leyes de suma importancia y puso en marcha el proyecto New Deal (Nuevo Trato, en español). Las soluciones que Roosevelt proponía eran justo las contrarias que se han aplicado en la Unión Europea para solventar la crisis económica que todavía estamos padeciendo, pues frente a la idea de austeridad el New Deal inyectó dinero en grandes cantidades en la economía para construir infraestructuras, generar millones de puestos de trabajo y, en definitiva, incentivar el consumo. Que el dinero corriera cuanto más mejor: justo lo contrario de lo que ha hecho la Troika y los gobiernos europeos para afrontar la recesión que todavía padecemos, y que es el preámbulo de la anunciada nueva crisis que se avecina, con efectos potencialmente graves en Canarias debido al monocultivo turístico. El asunto del Brexit, la quiebra de importantes operadores turísticos, la menor afluencia de visitantes, la recuperación de países rivales con mejores precios –Túnez, Egipto, Turquía- hacen que asome una cierta preocupación, aunque lo cierto es que, pese a que hay descensos en las cifras de turistas extranjeros, se recuperan los nacionales y en general los visitantes gastan más, con lo cual decrece algo el efecto de esa anunciada crisis. El efecto positivo sería estabilizar un turismo de mayor calidad que el que nos ha venido visitando las últimas décadas.

En cuanto a la gobernabilidad insular, se espera que haya nuevos modos tras el largo reinado de Coalición Canaria. La etapa de clientelismo político de CC pasa a la historia con este gobierno cuatripartito. De entrada, son impopulares las subidas generalizadas de los precios decididas por el nuevo equipo debido al aumento del IGIC, que grava productos como la telefonía y la luz además de otros servicios de consumo como los restaurantes, las peluquerías y los gimnasios, al pasar del 6,5 al 7 por ciento.

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Sobran pines y etiquetas

Desde la Guerra Fría de mediados del pasado siglo, muchos sociólogos vaticinaban que el futuro del mundo estaría frustrado por el choque de civilizaciones, que representaría el deseo de luchar por diferenciarnos en la cultura y en la religión. 

Y en este país, desde una época en que por suerte no recuerdo, lo hemos llevado al extremo de diferenciarnos, no sólo dentro de una misma civilización, sino dentro de un mismo territorio, que si bien ahora es más plural y más multicultural que entonces, se caracteriza por ser un territorio homogéneo y que cumple estrictamente con la primera acepción de la RAE, y con la segunda, del término nación. Unos en un extremo y otros en otro han sido cooperadores necesarios en que sigamos en el territorio de los bandos. 

Es verdad que la Historia tuvo un momento grato, y !menos mal!, representado en la España del consenso donde vio la luz la Constitución y donde se estableció primero, en el apartado segundo del artículo 27, el objeto de la educación: “Siendo el desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales”, y en el apartado 3: “Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones. 

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‘Los versos del varadero’, Loli Moreno Hernández

Inclinados 23, 44º

Mi destemplanza no está hecha para pasear pieles.

Derretida por entero,

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Jaime Pérez García, investigador histórico de extensa y fructífera labor

Jaime Pérez García.

Jaime Pérez García.

Jaime Pérez García nació el 13 de abril de 1930 en Santa Cruz de La Palma. Aunque no terminó sus estudios secundarios debido a una grave enfermedad, lograría más tarde formarse en el Conservatorio Superior de Música de Santa Cruz de Tenerife, donde cursó la carrera de piano.

Funcionario de la Administración del Estado, y debido a su larga trayectoria profesional, recibió en el año 2000 la Cruz de la Orden del Mérito Civil.

No obstante, y de forma autodidacta, empezaría una extensa y fructífera labor como investigador histórico, bien en el campo de la genealogía como  en el pasado insular, principalmente  sobre la historia de su capital: Santa Cruz de La Palma.

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José Luis Rodríguez (Pepón, para los amigos)

¡Cuántos balones fuera! ¡Cuántos boliches perdidos por ese camino de piedras que baja de El Planto hasta La Encarnación y luego sigue al barranco y desemboca en el mar! ¡Cuántas peticiones sin respuesta! ¡Cuánta tristeza por no poder entender! ¡Y qué poco entendimos cuando de él se trataba! Porque José Luis era distinto y todos lo sabíamos. Ideaba embrollos surrealistas, inventaba pasajes imposibles, se sabía de memoria todos los ríos y montañas de España y no había equipo de fútbol que no tuviera cabida en su cabeza llena de pájaros extraordinarios. Era fuerte y valiente y nunca dudó a la hora de espantarnos ratones y telarañas que salieran a nuestro paso por esos canteros de plátanos. Resistente a las burlas, se construyó su propio laberinto para cruzar por él de parte a parte la ciudad narrando historias que imaginaba o había vivido de alguna forma dentro de su cabeza; recogiendo anécdotas, echando piropos a las muchachas que le gustaban, declarándose, incluso, a las que más le conmovían; devolviendo sonrisas a cambio de bromas y comentarios que no alcanzaba a reconocer como heridas. 

Me imagino que paseará por el cielo contando chismes a los ángeles que a estas horas andarán medio aturdidos por los besos y las risas que sigue repartiendo allá arriba. Me lo imagino manchado con la savia de las plataneras; las mismas manchas que adornaban la camisa y los pantalones de su padre y de su abuelo; las mismas que adornaban su ropa de diario con las que iba y venía de los canteros a la madre y de la madre a la plaza, a la ermita y al medio mundo que recorría a diario con su imaginación y su poder para volar. Me imagino que a estas alturas habrá puesto la cabeza como un bombo a toda la corte divina y habrá invitado a Dios y a los apóstoles a partidos de fútbol en el Estadio “Virgen de Las Nieves”, que él era del Tenisca a muerte, cosa que ya están hartos de escuchar los distintos miembros del coro celestial. En resumen, me imagino que nos estará mirando desde ese paraíso que inventaron los hombres para el descanso eterno de las almas inocentes, mientras planea cualquier clase de travesura para hacernos reír una vez más. 

Y, mientras tanto, nosotros, aquí abajo, seguiremos soñando con un mundo imposible lleno de personas como él, incapaces de hacer el menor daño; un mundo distinto al que habitamos poblado de seres humanos que inventan, juegan, pierden y ganan a diario las numerosas partidas que la sociedad propone para hacernos creer que sólo merecen permanecer en ella aquellos que la naturaleza dotó de mayor fuerza, mayor inteligencia y mejores condiciones para sobrevivir en la selva en que nos hemos convertido. Nosotros, que fuimos parte de su corazón y que aún seguimos vinculados a esa plaza, a esa ermita y a esas piedras que se deslizan cuesta abajo formando un universo que fue suyo un día, continuaremos soñando incansables en su felicidad y en la nuestra. 

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‘Aquel lejano lugar’ o el paraíso de Mátrix

Portada del libro 'Aquel lejano lugar'.

Portada del libro 'Aquel lejano lugar'.

Llega a mis manos este nuevo poemario de Pablo Sergio Alemán Falcón, Aquel lejano lugar, publicado por CartoneraIsland, colección31. CartoneraIsland es una iniciativa sin ánimo de lucro que quiere intervenir en su espacio social y cultural proponiendo la publicación de textos principalmente de poesía mediante libros producidos de forma manual y artesana a partir de cartón proveniente de los procesos de reciclaje y reutilización. Es decir, se trata de una alternativa muy digna al creciente mundo editorial que no solo supone la comercialización global de la literatura, sino la superproducción de obras la mayoría de poca relevancia para la literatura.

De Pablo Alemán ya dije en mi artículo «Singladura de Islas. Cartografía de Islas al sur»(referente a su anterior entrega Madera y Metal) que, según Eugenio Padorno, su poesía linda con el hermetismo italiano de Quasimodo. Sin embargo, nuestro poeta no se oculta entre silogismos ante una realidad adversa y diversa. Su poesía oscila entre la madera, que para él simboliza todo lo positivo y germinante (por natural) de la humanidad, y el metal (artificial) que de alguna manera lo lleva  a la maquinaria destructiva del mundo: armas, cañones, calentamiento global, alteración y muerte del ecosistema y, por ende, del ser humano y del poema mismo. Ese metal se manifiesta por la modernidad a través del fusil y el cañón, pero también por lo primitivo, que es la espada. El poema, entonces busca esa inocencia primigenia (la madera) y desde ahí dialoga y denuncia el sujeto poético. Poeta que deja la piel en el poema y, de paso, va fundando el territorio de su voz genuina.

Entrando en Aquel lejano lugar, el poeta se decanta por el simbolismo del metal, quedando la madera en aquel cercano lugar del corazón al que aspira un sujeto lírico y, por tanto, los lectores. La plaquette, poemario cerrado en sí mismo, pero con esa sombra de aspiración o religión (relegere-religare) en el envés de su hoja escrita, busca desde el principio la apoyatura de dos grandes poetas: el Dámaso Alonso  de Hijos de la ira y el José Hierro de Cuaderno de Nueva York. O sea, desde el principio, ya se nos orienta con sendos epígrafes de que el presente poemario oscila entre ese súbito dolor del poema «Dolor» y el «Ahora sé que la nada lo era todo, /y todo era ceniza de la nada» del poema «Vida» de Hierro. Pero esta apoyatura no viene por una inclinación simplemente intelectual, sino por esa religión antedicha y esa comunión con los poetas mencionados.

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La policía de La Palma

Yo vivo en una ciudad pequeña, de calles pequeñas y empedradas. La ciudad se llama Santa Cruz de La Palma. La ciudad tiene casas de colores, plazas, una iglesia grande, un muelle con barcos también muy grandes, quizá demasiado grandes, un puerto con barcas de pesca, pescadores y mucha más gente que va y viene del mar a las calles y de las calles al mar. Así de sencillo. Al final de la ciudad hay un barranco y poco antes de llegar a él hay una alameda sin álamos, una tienda de dulces y más abajo una comisaría con las ventanas pintadas de rojo. Hace pocos días fui a poner una denuncia. La gravedad del asunto me hacía sentir mal, apesadumbrada y triste. Siempre esa tristeza mía que a nadie cuento y arrastro por dentro. Pues bien, llegué a la comisaría y entré. Me senté en un sillón y esperé. No había nadie en el pasillo, sólo unos carteles sobre violencia de género, paneles informativos delante de las distintas puertas y un silencio raro, ese que uno teme cuando entra en un hospital, un ministerio y cualquier otro lugar donde los ciudadanos de a pie se sobrecogen y piensan que nada bueno puede ocurrirles detrás de sus muros.

Me dicen que pase. Entro en una sala rectangular. Un policía entorna las contraventanas para evitar el sol que entra a raudales. Luego se sienta y me sonríe. Me sonríen los dos. El más joven y otro que está de pie, alto y corpulento. Me siento en una silla delante del policía parapetado detrás de un ordenador y comienzo a declarar. El policía muy rubio, muy serio y muy joven comienza a escribir en su ordenador. El otro policía de paisano va y viene de una mesa a otra escuchando mis palabras. Escucha lo que digo y aclara al más joven la situación por la que estoy allí. Parece que lo sabe. Me mira y vuelve a sonreír. De pronto, noto algo. Sé que me están ayudando. Sé que me oyen de verdad, que por primera vez en treinta y siete años alguien me escucha de verdad; que aquello no es un trámite más. Reconozco en sus tonos de voz el interés y la preocupación. El más joven me mira de vez en cuando como si me pidiera excusas por el interrogatorio; como si algo le conmoviera por dentro; como si tuviera el temor de herirme al hacerme algunas preguntas. Y una, educada a fuerza de prejuicios, informaciones o experiencias negativas con la policía en general, siente que se le derrumban los esquemas.

La brutalidad, la desconsideración, la agresividad que hemos juzgado durante años se ha ido por aquellas ventanas entreabiertas por donde entra el sol a pedazos sobre expedientes y cuartillas que están esparcidas por las distintas mesas de una pequeña sala de la comisaría de una ciudad pequeña de una isla misteriosa situada más al oeste que cualquier otra isla del mundo y que en ese momento navega solitaria mar adentro. En esa sala hay una mujer sentada delante de dos policías hablando del dolor y la desesperanza con el alma abierta de par en par. Y ellos la escuchan con respeto, con la paciencia y el afecto que el dolor necesita. Tres veces he declarado en una comisaría. Una en Madrid, año 1958. Puerta del Sol. Cuando acabaron de interrogarme me invitaron a café con leche y unos churros. Siempre lo he contado como si yo fuera una heroína salvada de las garras feroces de la injusticia por algún ángel benefactor. La segunda vez fue en Chamartín, Madrid de nuevo, año 1983. No me hicieron caso; no tomaron nota y me trataron con cierta displicencia y mucha incredulidad. Vomité al llegar a casa y juré no volver a decir nada sobre el tema y menos en una comisaría. Esta ha sido la tercera. Día 5 de enero, víspera de Reyes, en la isla de La Palma. Y al terminar el interrogatorio salí a la calle con la sensación de haber sido atendida con mimo y cuidado.

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Don Santiago El Practicante, un profesional de una labor encomiable y fructífera

Santiago García Cejas.

Santiago García Cejas.

Santiago García Cejas nace en Valverde de El Hierro el 19 de abril de 1920. A partir de 1940 se traslada a la isla de La Palma, desarrollando una dilatada y fructífera carrera profesional en el campo de la sanidad, conociéndose por toda la Isla, en poco tiempo y con una actitud casi reverencial, como Don Santiago El Practicante.

Desarrolló su labor encomiable tanto en el Hospital General como en el de Dolores, teniendo a su vez, una consulta profesional en la Cuesta Matías de Santa Cruz de La Palma, atendiendo a todos los que por allí se acercaban de manera totalmente altruista en muchos casos, por no decir que en todos, no teniendo reparo alguno en visitarlos y atenderlos en sus propias casas si así era requerido.

En otra etapa de su vida lo encontramos como un hombre dedicado, conjuntamente con la profesional, con una extensa actividad política en el Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, llegando a ser incluso su alcalde-presidente en el periodo 1976-1979.

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