La muerte (y resurrección) de un homenaje
Algunos homenajes son tan sutiles que pueden desvanecerse con un soplo de aire. Porque el viento, durante meses, parecía invencible contra el recuerdo de Francisco Ventura. Borró de San Nicolás su escultura no una, sino dos veces. Y el homenaje a alguien a quien todo el barrio de Las Manchas quería voló en dos ocasiones por los aires.
La segunda fue hace unas semanas y no quise escribir nada entonces. Preferí esperar. Preferí dar una oportunidad a las autoridades, confiando en una solución definitiva que ya habían prometido. No quise parecer el típico molestoso, ese que está solo pendiente de llamar la atención. Porque créanme, no escribo nunca nada con ese objetivo.
0