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Ascensión Mendieta

Ascensión Mendieta tenía trece años cuando abrió la puerta de su hogar a unos guardias que preguntaban por su padre. ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

Ascensión lo vio irse para no volver.

El delito de su padre era ser ugetista.

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Ya no somos viajeros sino turistas atropellados

Aunque todavía hay mucha gente que no se ha subido a un avión, cada vez que uno emprende un viaje –aunque sea a la isla de al lado, aunque sea a un lugar de Extremo Oriente- tenemos la sensación de que toda la humanidad se ha convertido en viajero impenitente, pues, vayan donde vayan, los barcos y los aviones van llenos a reventar. Y eso que los aviones ofrecen cada vez menos espacio para ajustar las rodillas, y eso que esta humanidad viajera de manera masiva le ha quitado misterio a la propia idea del viaje, antes limitada a las clases más pudientes del mundo.

Nos convertimos en turistas tal vez siguiendo una compulsión que consiste en el deseo urgente de salirse de lo cotidiano, escapar de los límites de la vida que tenemos, convencidos quizá de que en otra parte vamos a encontrar algún viejo paraíso perdido, en el que no vamos a tener los problemas que tenemos sino que vamos a renacer.

Viajar se ha convertido en una actividad de muchos, y los operadores, las agencias, las aerolíneas se han dado cuenta de la dimensión del negocio. Dicen las estadísticas que en 1950 circulaban unos 25 millones de viajeros al año mientras que en 2018 hubo 1.400 millones, lo que equivale a decir que viajaron 1 de cada 7 habitantes del planeta, la séptima parte de la humanidad. Y esta actividad mueve 1,4 billones de euros al año, y no se detiene sino que va en aumento constante. Viajes de larga distancia, cruceros, viajes también en ferrocarril o en coche: lo importante es moverse. Muchas veces el estímulo de viajar es consecuencia de oportunidades de última hora, rebajas importantes en las tarifas, ofertas irresistibles para conocer países remotos o para ir a playas atractivas o incluso para escalar las más altas cimas del Himalaya. Hace poco se hizo famosa una foto que contemplaba una escalada multitudinaria en el Everest, había tal cantidad de escaladores que parecía imposible moverse. De hecho algunos fallecieron por caídas y tropiezos que parecían inevitables en medio de tal marasmo.

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Centenario del ‘Valbanera’

Los archipiélagos de Cuba y Canarias en ese constante intercambio de emigración puede verse como una misma erupción de islas y cayos separados por el brazo azul del Atlántico. 

Entre el 9 y el 12 de septiembre actual, se cumplen cien años, siete después del famoso Titanic, de una de las mayores catástrofes de la marina mercante española, el naufragio del Valbanera en los cayos de Florida envuelto en un potente huracán, con casi quinientos emigrantes españoles a bordo. 

El Valbanera fue un vapor mixto de carga y pasaje, un trasatlántico dedicado principalmente al transporte de emigrantes entre España y Cuba. 

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Bienvenidos al Reino de la incertidumbre

El día en que, estando de viaje, contemplé por la televisión el destrozo físico y anímico de aquellas llamas gigantescas y devastadoras que con tanta saña devoraban memoria y paisaje pensé que estamos marcados por una evidente impotencia ante el futuro, esa edad que les espera a las nuevas generaciones, bendecidas por la robótica, el progreso de las tecnologías, la completa globalización y ojalá que la estabilización de la economía universal, la supresión del hambre, la conquista de otros planetas para cuando la Tierra ya sea inhabitable. Pero no cabe hacer predicciones a tan largo tiempo, ya que dentro de 30 o 50 años el mundo se parecerá poco a lo que ahora contemplamos.

Esta ruina tan repetida de los montes equivale a un ejercicio de plena impotencia. Bien sea la acción de uno de esos desalmados que están dispuestos a sembrar fuego cuando viene una ola de calor, bien sea la generación de chispas por el tendido eléctrico, bien sea una acción imprudente de alguien que maneja un soplete cerca de la masa forestal, bien sea porque alguien tiró una colilla o porque un cristal generó el efecto lupa sobre la pinocha en días de ardiente sol, el resultado es el mismo y lo peor es que se repite y se vuelve a repetir con excesiva frecuencia, sin que podamos hacer otra cosa que contemplar los noticiarios y ver las consecuencias para el entorno. Eso sí: resulta muy complicado identificar y detener a los que siembran fuego con el deseo de hacer daño. Se repiten los episodios en las mismas zonas, verano tras verano golpean con alevosía, pero parece como si a los presuntos autores los envolvieran las sombras.

Como todas las tierras, nuestro archipiélago ha conocido devastaciones, hambrunas, epidemias, volcanes, ataques piráticos, emigraciones forzadas pero también hemos recogido el fruto de estar en el camino del océano que ha generado un sentimiento de cosmopolitismo, de tolerancia, de mentes abiertas. Nuestros pinos han ardido cientos de veces y, de esta forma, saben sobrevivir. Pocas especies tan resistentes como el sagrado pino de la tierra insular, cuyo corazón ha aprendido a seguir adelante luego de los episodios más adversos. Pero este enorme incendio, que nos recordó tantos otros, deja nuevamente preguntas sobre la gestión de nuestro patrimonio forestal: montes repletos de material combustible, áreas agrícolas abandonadas, poco eficiente trabajo con las medidas preventivas, insuficientes dotaciones humanas y técnicas… Los hidroaviones tardan dos días en llegar, y sin embargo todos intuimos que a los incendios hay que pararlos en los primeros momentos.

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La senda de los orantes del Barranco del Atajo (Garafía)

Vamos a presentar y dar a conocer uno de los espacios de perfil sagrado (en este caso de simbología antropomorfa) más importante de la Historia Antigua de Canarias, localizado en la isla de La Palma, en el Barranco del Atajo (Garafía). Supone una fuente de información excepcional, una aportación estratégica y un extraordinario instrumento para el conocimiento.  

En este territorio insular estamos muy acostumbrados y adiestrados a enfatizar los grabados rupestres de tipología geométrica (espirales, círculos, meandros… y un sinfín de combinaciones), sin reparar en otro tipo de motivos, cada vez más visibles.

Un nuevo descubrimiento incrementa el conocimiento, aunque también produce miedo y puede hacer tambalear aquel dogmatismo que pretende ir contra todo cambio, intentando detener la historia. Adquirir conocimiento alivia las complejidades del miedo porque las hace inteligible ¿Estamos preparados, investigadores y amantes de la Historia Antigua de Canarias, para interiorizar las nuevas nomenclaturas simbólicas de figuras antropomorfas? No queda más remedio que aceptar otras imágenes como formas de inteligencia, pues la revelación iconográfica de este tipo de manifestaciones es incuestionable.

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La Orquesta Clásica de Cámara de la Asociación Academia de Instrumentos Musicales Cajacanarias o cómo comenzar a hacer realidad un sueño

Fue un hermoso concierto. Un concierto especial con una orquesta especial en un lugar especial. Eso fue, sencillamente, lo que ocurrió el viernes 30 de agosto en la Parroquia Matriz de El Salvador de Santa Cruz de La Palma. El concierto lo ofrecía una joven orquesta de cámara que inauguraba así su nueva andadura por los territorios de la música: La Orquesta Clásica de Cámara de la Asociación Academia de Instrumentos Musicales Cajacanarias. La academia fue creada en 1978. Era necesario cubrir un vacío en una isla musical por excelencia y ese vacío decidió llenarlo de contenido Julio Hernández Gómez. De entonces a acá han sido muchos los sinsabores y las dificultades a las que ha tenido que sobrevivir esta academia. Pero el viernes ocurrió ese pequeño milagro que surge de la voluntad de una serie de personas y de instituciones dispuestas a hacer lo que parecía imposible. La academia, que en la actualidad se encuentra bajo la dirección de Juan José Méndez Rodríguez, dio un pequeño salto y voló muy alto. La música se abrió camino por los pasillos de la iglesia, inundó los altares, las hornacinas, los fanales y las lágrimas de cristal de los altos techos de la Iglesia de El Salvador. 

Fue lo que yo vi y lo que escuché. Un pequeño grupo de música de cámara con cinco violines, dos violonchelos y un contrabajo interpretando una serie de piezas con tal maestría y tan buena afinación que nos hicieron vibrar en los bancos. La iglesia a rebosar, los jóvenes músicos llenos de fuerza y entusiasmo, los organizadores y padres del proyecto asistiendo con temor y alegría al parto de una nueva criatura que ha venido para llenar un hueco que necesitaba llenarse. La música en La Palma tiene un nuevo desafío. Y por eso creo que el viernes fue un día diferente para todos los que estábamos allí. Y lo creo por muchas razones: estábamos reunidos para celebrar el comienzo de una gran aventura cultural; el comienzo de una orquesta que ha nacido en nuestra isla y que será una muestra más del espíritu sensible que nos caracteriza. Esta es una isla de larga tradición musical. Ser representada como tal con una orquesta de cámara propia que defina esa condición, es una prueba de cómo renacer y construirse en medio de tanta desolación. 

Cuando miramos alrededor y vemos lo que el mundo está destruyendo, cómo la humanidad en su soberbia arrasa, quema, y aniquila sin compasión lo que otros seres humanos construyeron un día y se borran del mapa pueblos y culturas enteras por la voluntad ciega de unos hombres ambiciosos y crueles, el que en un rincón del planeta alguien quiera construir y levantar un pequeño reducto de armonía y progreso, es digno de alabanza. Porque eso fue lo que presenciamos. No era solo un concierto, era algo más. Esta orquesta de cámara es un reto cultural que nos hará soñar en el futuro musical de nuestros hijos; que nos hará sentir orgullosos de haberla creado y mantenido viva y que, en definitiva, nos hará ser mejores. Una orquesta de cámara que esperamos crezca y se haga grande y fuerte. Una orquesta pequeña en apariencia, pero repleta de energía, con unos jóvenes dispuestos a luchar por un sueño. Dispuestos a sacrificar horas, días y años por amor a la música y a quienes desean escucharla y vivirla con ellos. 

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Estamos enfermos por tantas cosas innecesarias (Alejandro Croissier, psicólogo)

Alejandro Croissier, psicólogo.

Alejandro Croissier, psicólogo.

Alejandro Croissier es psicólogo, trata de ayudar a resolver los conflictos humanos y también hace programas de radio. Su programa se llama Sentirse bien, en Radio Las Palmas FM, los lunes y martes desde las 19.30 a las 22 horas. Dos horas y media de entrevistas y debates sobre temas de actualidad, los problemas de la identidad personal, las técnicas psicológicas, el papel de las ONGs que intentan resolver asuntos como la pobreza o la inmigración, el colectivo LGTBI, etcétera. Dos horas y media en radio son un mundo, y ha ido consiguiendo una audiencia. También acuden a esta ventana gente de la cultura y, en general, personas que tienen algo que decir y aportar. ¿Para qué sirve la psicología en el mundo actual?, le pregunto. Mi profesión la practico básicamente para escuchar y tratar de comprender a las personas, afirma. Y parto de una base: quienes se acercan a la consulta vienen a contarme su problema y, por tanto, también llevan consigo la solución. Algunos psicólogos y psiquiatras entendemos que el síntoma forma parte de la solución, que el sujeto ha creado –casi siempre de forma inconsciente- para sobrellevar la situación que está padeciendo.

Esto puede parecer un tanto sorprendente. Pero Croissier estima que no se coge una depresión o un trastorno de pánico porque sí, sino que desarrollamos síntomas que cumplen su función. Las depresiones o los ataques de pánico o determinadas fobias hacen que nuestro país mantenga un elevado consumo de lo que se denomina psicofármacos, es decir toda la gama de medicamentos que actúan sobre el cerebro y que, en general, producen efectos psicológicos. Se utilizan para el tratamiento de trastornos de salud mental, y pueden ser sedantes que sirven para calmar ciertos trastornos psicóticos, ataques de pánico, el insomnio y otras circunstancias similares. También están los antidepresivos, que se usan para el tratamiento de la depresión y otros problemas (ansiedad, comportamiento obsesivo-compulsivo, trastornos de la alimentación…) y que producen efectos en personas deprimidas y con otras patologías. Asimismo están los estabilizadores del ánimo: sales de litio, que se utilizan en el trastorno obsesivo compulsivo. Los especialistas advierten de que los psicofármacos pueden ayudar a encontrarse mejor, pero es necesario hacer uso de ellos por prescripción y con control médico, como complemento a otras estrategias y no mezclarlos con bebidas alcohólicas, otras drogas u otros psicofármacos.

Lo que sucede, señala Alejandro, es que en nuestra sociedad actual, con nuestra acelerada forma de vida, no hay tiempo para analizar cuidadosamente el sentido de nuestro sufrir. Así, hemos pasado de ser analizados concienzudamente por un psicoanalista, a pertenecer al sistema que lo tiene todo recortado y tratado por los protocolos. Acudes a tu médico de cabecera y tras las diez preguntas de rigor te suelen diagnosticar un trastorno depresivo o ansioso y así te mandan la medicación correspondiente. De este modo, pacientes y médicos han quedado reducidos al protocolo. Sin embargo, es obvio que no es lo mismo tener una depresión por el fallecimiento de un ser querido, que tener una depresión por perder un trabajo. Ambas personas pueden puntuar el mismo grado de malestar en un test, pero es obvio que sus tristezas son absolutamente diferentes, y, por consiguiente, necesitan tratamientos distintos.

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Un grito cultural

Este texto no es una reivindicación, ni siquiera una protesta o un 'alter ego' producto de alguna sensación de inferioridad o frustración. Tampoco es una bandera a la que se tengan que acoger en algún momento como si fuéramos los únicos que expresamos nuestra contrariedad a la forma.

Estas palabras son más bien producto del hartazgo, agotamiento y pantomima que sufrimos cada día las personas que nos dedicamos a la cultura, sin entrar a definir lo que es producirla y/o generar espacios, lugares y emociones culturales. Queremos gritar lo que sentimos, sin precisar ninguna atención y mucho menos una respuesta; importa muy poco.

No pretendemos ni el dolor ni la víctima ni si quiera ser esos atormentados justicieros que al final buscan el aluvión y un baño de masas para satisfacer y aliviar lo personal.

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El ‘soft-bullyng’ o el acoso social blando

Sócrates decía que “la juventud de hoy ama el lujo. Es mal educada, desprecia la autoridad, no respeta a sus mayores, y chismea cuando debería hablar... “. Esta frase no sería sorprendente leerla, si no tuviéramos en cuenta que se pronunció hace ¡2.500 años!

Y es que está en la propia condición humana poner todas las expectativas en nuestros jóvenes, porque contundentemente, significan la esperanza del futuro. Por tanto, el fracaso de la juventud supone para las sociedades un sentimiento de frustración como educadores de la garantía del porvenir.

Sin embargo, a veces caemos en la tentación humana de tratar a los demás como máquinas con su mecanismo de apagado y encendido, que traen incorporadas la aplicación para solucionar tareas. Y no contamos que en la evolución del ser humano va intrínseco la adaptación social, y que es la juventud, precisamente, la que tiene la más difícil tarea: liderar los cambios sociales, al mismo tiempo que aprende a conocer la sociedad y se conoce a sí mismo.

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EmPerdedor…

Lo sé, la palabra que titula este artículo no existe en la RAE, pero permítanme que les diga que sí está presente (aunque sea de manera indirecta) en la cabeza de muchos humanos.

En alguna ocasión les he hablado de la envidia (insana) que tienen muchas personas a las que son emprendedoras. Les corroe inexplicablemente que a ese emprendedor le vaya bien. Y más triste, les corroe que sobreviva a los primeros meses de actividad.

Pues bien, como no tengo mucho tiempo, a estos “elementos” les ignoraré en el presente artículo, ya saben que a palabras eléctricas, oídos desenchufados, y lo haré para centrarme en el EmPerdedor.

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