Un héroe canario en la Batalla de Lepanto. Francisco Díaz Pimienta
El capitán Francisco Díaz Pimienta es el único canario documentado que participó en la Batalla de Lepanto, siendo este sin duda el acontecimiento más importante de su existencia a nivel militar y así fue descrito en una ocasión, como: «el oficial más sobresaliente de la Armada de Felipe II». Díaz Pimienta era natural de la isla de La Palma, en el término municipal de Puntallana, donde nació próximo a la actual Casa Luján, y al que no se debe confundir con su hijo homónimo, el general almirante de la Armada de las Indias, Francisco Díaz Pimienta. Sus padres eran el capitán Diego Díaz Pimienta y Mayor Francisco, naturales de Vidigueira, Beja, Alentejo, Portugal.
El 7 de octubre de 1571, en el Golfo de Patras, el piloto de la Armada de Lepanto, el distinguido palmero Francisco Díaz Pimienta, tuvo el honor de luchar en una gesta que alcanzó tal intensidad y resonancia que siglos después la seguimos recordando, en lugares como Barlovento, donde nuestro protagonista se cubrió de gloria, al distinguirse por su maestría, bravura y valor, en el día en que el mar Mediterráneo se tiñó de púrpura. Su función como piloto era de encargado de la dirección técnica de navegación a bordo de la galera, es decir: decidía el derrotero de la nave; buscaba vientos favorables para el abordaje; controlaba la brújula, cuadrantes, astrolabios, etc. y mandaba sobre los remeros. La capacitación de los pilotos se adquiría mediante la práctica de la navegación, que luego había que acreditar en instituciones como la Casa de Contratación de Sevilla u otros centros marítimos del Mediterráneo como: Cádiz, Génova o Venecia.
Por otra parte, la tropa que iba dentro de la galera era gobernada por el capitán o cómitre, cargo que Díaz Pimienta no ejerció en Lepanto. Su maestría, como la de los otros pilotos de la Liga Santa, fue decisiva en este combate, ya que ese día tan señalado, en las aguas griegas, reinaban vientos cambiantes, corrientes y nieblas que dificultaban enormemente la navegación, para que las galeras cristianas pudieran mantener la formación y embestir. En la Batalla de Lepanto, la posición del piloto en la nave era junto al capitán, en la toldilla, es decir, una plataforma elevada sobre la cubierta en la popa de la galera, desde la que se podían dar órdenes y hacer señales con banderolas. Aunque los pilotos no luchaban como la tropa, y normalmente lo que llevaban en su indumentaria era una daga, en Lepanto tuvieron que armarse y combatir cuerpo a cuerpo, debido a la magnitud de esta dantesca batalla naval, donde los incesantes abordajes resonaban con los crujidos de la madera cuando los espolones de los barcos penetraban en los cascos enemigos. Muchos de los combatientes preferían luchar descalzos, ya que el calzado en las cubiertas mojadas de los navíos suponía un riesgo de un resbalón y ser avasallado por el enemigo.
Francisco Díaz Pimienta, quien también fue regidor, en 1599, de regreso a su isla natal, donde se dedicó a la navegación y el comercio, explotando diferentes productos de exportación con América, principalmente con el tráfico indiano, donde realizó múltiples viajes y permanencias en La Habana, y ya en 1586 consta como mercader estante en ese lugar. Asimismo, aprovechando las importantes ventajas naturales que ofrecía La Palma, para las construcciones navales, fabricó varios navíos. En 1595 era maestre del navío San Francisco, de 80 toneladas, que viaja de La Palma a América; y en 1606 embarca en Nuestra Señora del Rosario, como piloto examinado, para el viaje de Garachico a La Habana. Posteriormente, en 1610, fue nombrado maestre de campo de la compañía miliciana de Puntallana, San Andrés y Sauces y Barlovento.
En su testamento hizo una donación de 1.500 reales a Francisco Díaz, un estudiante en Sevilla, para que pudiera titularse como licenciado, al que ayuda porque dijo que era pobre. Alguien, en una escritura ulterior, señaló al margen del protocolo: «Francisco Díaz, su hijo». Todo parece indicar que se trata de un hijo natural, el legendario almirante Francisco Díaz Pimienta, nacido de una relación con Juana Pérez de Mendizábal, en La Habana.
Horacio Concepción García
(Sociedad de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Canarias)
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