Qué hay detrás del boom de los robots humanoides chinos: ¿ha llegado la hora de la verdad de los androides?
La carrera de la inteligencia artificial es, en realidad, la suma de muchos sprints. Está el de los modelos generativos, que mejoran cada día su capacidad para crear textos, imágenes o vídeos; el de los chips, que lleva al límite la ingeniería para conseguir procesadores cada vez más potentes; o el de la ciberseguridad, con inteligencias artificiales capaces de detectar y explotar vulnerabilidades por sí mismas. Pero hay otro que hasta ahora se había movido entre la ciencia ficción y la realidad y que estos meses está cayendo definitivamente del lado de la segunda: el de los robots humanoides.
China tiene ventaja en ese tramo. Si EEUU lidera en chips, software e inversión de capital riesgo, el gigante asiático es la mayor potencia mundial en robótica industrial. Su enorme capacidad de fabricación de electrónica y vehículos eléctricos, unida a un gigantesco mercado interno y a una política de subsidios impulsada por Xi Jinping, ha creado un ecosistema especialmente favorable para desarrollar humanoides. Este mismo miércoles debutó en la bolsa de Shanghái Unitree Robotics, con una subida del 460% respecto a su precio de salida, muestra del interés por esta nueva rama de negocio. Pekín confía además en que estas máquinas ayuden a afrontar el envejecimiento de su población y, con el tiempo, puedan tomar el relevo de los trabajadores humanos en las fábricas.
“A pesar de ir a la zaga en el software fundacional, la fortaleza de China en el hardware podría permitir economías de escala que desencadenen un uso generalizado en toda la industria manufacturera y otorguen a China el dominio del mercado de la robótica a largo plazo”, avanza el Mercator Institute for China Studies (MERICS), el mayor centro de investigación europeo especializado en China.
La capacidad de reutilizar las baterías y componentes de los coches eléctricos o de los teléfonos móviles ha permitido a las empresas chinas expandirse muy rápidamente hacia la robótica humanoide. Hasta el punto de que el 63% de las firmas clave este sector ya proceden del gigante asiático. Según el MERICS, en 2025 produjeron 12.870 robots humanoides, aproximadamente el 90% de la producción mundial. Un liderazgo que coincide con el acelerón global para convertir este campo en el primero que saca la IA de las pantallas para aplicarla directamente al mundo físico a gran escala.
Ese hito puede terminar siendo uno de los puntos de inflexión para multitud de industrias y sectores económicos. Hasta el punto de que el Gobierno de Donald Trump prohibió la importación de androides chinos a finales de julio. “Estos dispositivos podrían generar vulnerabilidades en la cadena de suministro y perturbar la seguridad económica y nacional de Estados Unidos, además de crear un riesgo de ciberseguridad que amenaza la infraestructura crítica estadounidense”, alegó la Comisión Federal de Comunicaciones.
Es una medida tajante que considera a los robots humanoides un factor muy a tener en cuenta a partir de ahora. Pero, ¿cómo se ha llegado a esta situación? ¿Cómo han pasado los androides de hacer bailes virales a ser considerados por la Casa Blanca como un peligro para su seguridad nacional? Hay varias respuestas, pero una de las claves que ofrecen los analistas es la transición del “cerebro pequeño” al “cerebro grande”.
Del “cerebro pequeño” al “cerebro grande”
En la jerga de la robótica de última generación, la anatomía de un robot humanoide se divide en dos sistemas independientes: el “cerebro pequeño” (encargado del control motor, el equilibrio dinámico y la locomoción) y el “cerebro grande” (la cognición de alto nivel, la percepción de entornos complejos y la toma de decisiones autónomas). Hasta hace muy poco, los mayores esfuerzos de la industria se concentraban en el primero: lograr que los robots caminaran, corrieran, saltaran o hicieran piruetas sin caerse.
La mejora acelerada del “cerebro pequeño” está permitiendo que la industria concentre cada vez más esfuerzos en el grande. Y es justo el que se está alcanzando en China.
El mejor ejemplo se vio en el Medio Maratón de robots de Pekín de este año. El evento se hizo viral por el tiempo que marcó el ganador (recorrió los 21 kilómetros en 50 minutos y 26 segundos), superando la marca del ganador humano. Pero la verdadera clave no fue ese récord, sino el hecho de que lo fabricó la marca de teléfonos Honor, una firma escindida de Huawei cuyo equipo de robótica tenía solo un año de vida. Una empresa sin experiencia en sector que, en menos de un año, es capaz de producir un robot con un rendimiento locomotor a la vanguardia.
El robot de Honor, denominado Shandian, mostró que la cadena de suministro industrial de estos robots está alcanzando un alto grado de madurez en China. “Cuando una marca de smartphones puede construir piernas líderes a nivel mundial en doce meses aprovechando las cadenas de suministro existentes, implica que las posiciones defensivas en torno a la locomoción se han reducido considerablemente”, explica Poe Zhao, analista especializado en la industria tecnológica china y fundador de Hello China Tech.
El “cerebro pequeño” se ha abaratado tanto que la producción física de un androide chino ya ha caído a unos 100.000 yuanes (unos 13.800 dólares). Esa eficiencia de costes es la que puede impulsar la carrera por “cerebro grande”, el que puede marcar la diferencia en la carrera de la IA.
“Honor demostró que construir piernas excepcionales es ahora un desafío de gestión de ingeniería, solucionable con capital, talento y acceso a la cadena de suministro. Construir un cerebro grande capaz de estar a la altura de esas piernas, en un entorno donde los datos de entrenamiento del mundo físico de alta calidad siguen siendo órdenes de magnitud más escasos de lo que los modelos probablemente necesitan, es lo que define el próximo capítulo de la industria”, sigue Zhao.
Los problemas de enseñar al “cerebro grande”
Con el aparato locomotor avanzando a pasos agigantados, el reto consiste en llevar estos robots a espacios donde también haya personas y conseguir que puedan desempeñar funciones útiles. “La pregunta más reveladora es qué sucede cuando el objetivo pasa de 'correr hacia adelante' a 'realizar una tarea no especificada con antelación, en un espacio que no ha sido mapeado previamente'”, explica Zhao Mingguo, investigador en bipedestación de la Universidad de Tsinghua.
La locomoción se pueden mejorar en espacios controlados. Pero para que el “cerebro grande” funcione necesita seguir el mismo camino que siguió la inteligencia artificial generativa: entrenarse con cantidades masivas de datos. Mientras que sistemas como ChatGPT o Claude tenían todo el océano de Internet para aprender, la cantidad de datos disponibles sobre el mundo físico es muy reducida. “Los datos de entrenamiento para robots deben recogerse en entornos físicos, con calibración espacial en múltiples sensores y una sincronización temporal precisa”, recuerda Poe Zhao.
Los datos de entrenamiento para robots deben recogerse en entornos físicos, con calibración espacial en múltiples sensores y una sincronización temporal precisa
Parece algo sencillo de solventar, pero no lo es en absoluto. “Cada hora de captura cuesta aproximadamente 200 yuanes (27 dólares). Una empresa líder en IA humanoide informó que gasta decenas de millones de yuanes al año en cómputo solo para entrenar con unos pocos cientos de miles de horas. Escalar esta cifra en dos órdenes de magnitud rompería cualquier presupuesto”, continúa el analista.
Además, las bases de datos no son tan sencillas de conformar como cuando solo incluyen textos, solo imágenes o solo vídeos, con lo que se entrenan los modelos de lenguaje. A la hora de registrar el mundo físico, cada empresa tiene su propio formato y métodos de recopilación, provocando problemas de fragmentación y desalineación de los datos.
Es aquí donde el bloqueo de la Casa Blanca cobra especial importancia: no solo es un veto a que los robots chinos se hagan con el mercado interno de EEUU, sino también para que empiecen a recopilar bases de datos sobre la realidad física del país y tomen esa ventaja sobre sus empresas.
La ilusión de los vídeos y la dependencia de Nvidia
Pese a que el dominio chino de los androides es incontestable, desde el MERICS recuerdan que sigue siendo una tecnología de nicho en comparación con la robótica industrial. Las 12.870 unidades construidas en 2025 palidecen al lado de los más de 550.000 robots industriales (brazos robots, transportadores automáticos, etc) que se instalaron en el país en el mismo año. Además, los androides siguen siendo “solo la mitad de eficientes que los seres humanos” en el trabajo manual de las fábricas, ha afirmado Zhou Jian, fundador de UBTech, una de las empresas líderes del secto.
A esta brecha de rendimiento se suma una vulnerabilidad de la IA china que nadie en todo el sector tecnológico internacional ha logrado superar. Los grandes desarrolladores chinos de robots humanoides, desde la propia UBTech a Unitree, AgiBot, Galbot o EngineAI, dependen profundamente de Nvidia para dar el próximo salto. La locomoción puede dominarse con chips más sencillos, pero la cognición profunda del “cerebro grande” sigue basándose en los componentes del fabricante estadounidense, destaca el MERICS.
“Los vídeos corporativos suelen crear la impresión de que los avances en los humanoides son inminentes. Muchos muestran a humanoides moviéndose libremente: bailando, practicando kickboxing y realizando tareas que requieren movimientos diestros de las manos. Estas impresionantes demostraciones son engañosas, ya que los robots rara vez actúan de forma autónoma en tiempo real, sino que están preprogramados o teleoperados”, recuerdan los investigadores del centro: “Siguen estando muy lejos de ser robots inteligentes de propósito general que reciben continuamente información de su entorno para luego decidir sus acciones en el mundo físico”.
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