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Las alertas sobre la IA espantan a las aseguradoras mientras las grandes tecnológicas limitan su responsabilidad

La llamada "Torre de Cristal" de las Cuatro Torres de Madrid, en una imagen de archivo.

Carlos del Castillo

1 de octubre de 2026 22:05 h

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Las alertas sobre los riesgos del desarrollo de la inteligencia artificial han sembrado la incertidumbre en millones de personas. Desde ingenieros que avisan de que esta tecnología podría “matarnos a todos antes de 2030”, hasta grandes referentes científicos que aseguran que una “IA altamente capaz o sobrehumana” podría “amenazar el control humano” y “erosionar gravemente los mecanismos de poder estatal”. Extremos que preocupan en todo el mundo, pero que tienen a un sector concreto en vilo: las aseguradoras.

Aunque muchas de esas alarmas terminen incumpliéndose y los daños de la IA resulten más mundanos, la industria de los seguros preferiría no pagar la factura. “Ya están surgiendo perjuicios relacionados con la IA, como resultados incorrectos o engañosos, deepfakes, violaciones de la privacidad, disputas sobre propiedad intelectual, fraude, defectos en los productos y decisiones discriminatorias”, destaca un reciente informe del centro de investigación RAND: “Estos perjuicios generan demanda de seguros, pero no se ajustan fácilmente a las líneas de seguros existentes”.

Estos riesgos se han multiplicado con la extensión de los agentes de IA. Son sistemas que pueden completar tareas que requieren diferentes pasos sin que una persona tenga que guiarlos en cada uno de ellos, como buscar información en Internet, usar otras herramientas digitales o programar sus propias aplicaciones. Pero que, debido a esa mayor autonomía, pueden llevar acciones no previstas para sus desarrolladores. Son estos agentes los que han provocado, por ejemplo, los hackeos de páginas del gobierno australiano mientras buscaban información, intentando acceder incluso a aquella que no estaba disponible públicamente.

La incorporación de esta tecnología a las empresas está provocando que muchas aseguradoras la excluyan de las pólizas de responsabilidad civil estándar. Según datos del medio especializado en Silicon Valley The Information, los organismos públicos estatales que regulan el mercado asegurador en EEUU están dando su visto bueno a esta práctica, autorizando más de un 80% de peticiones elevadas este 2026 para excluir los daños producidos por la IA de la cobertura asegurada.

Difícil encaje en los seguros tradicionales

Desde 1982, las aseguradoras utilizan el conocido 'test de Berliner' para medir si un riesgo es asegurable. El examen consta de nueve criterios y según la Asociación de Ginebra, uno de los mayores think tanks de este sector, la IA suspende al obtener una calificación roja en tres de ellas.

Son la pérdida máxima posible (un algoritmo puede producir fallos en cascada a miles de pólizas simultáneamente a través de las empresas que lo aplican, con lo que califica como “riesgo catastrófico” al nivel de accidentes nucleares o pandemias), asimetría de la información (las empresas aseguradas tienen mucha más información del impacto real que puede tener la IA que las aseguradoras) e inestabilidad de la pérdida media (para las aseguradoras es imposible fijar una póliza estándar si una misma IA puede producir un daño acotado al equivocarse en un sistema de atención al cliente, o de millones al violar los derechos de autor).

En su último informe al respecto, los datos de la Asociación de Ginebra muestran que, de las 112 casillas resultantes de cruzar los 14 riesgos identificados de la IA (ciberataques, difamación, etc.) con las 8 pólizas de seguro tradicionales de las empresas, el 80% (90 casillas) quedan “excluidas”.

Sin reglas, manda el miedo

Donald Trump se niega a desarrollar una regulación para la inteligencia artificial, incluso ante la petición de algunos magnates de la industria y expertos que avisan que esta podría suponer “un peligro para la humanidad”. Y sin reglas, manda el miedo. “El seguro se ha convertido en el regulador de facto más importante del despliegue de la IA en EEUU, y actualmente está regulando por retirada: excluyendo el riesgo de la IA de la cobertura en lugar de fijar los estándares afirmativos bajo los cuales el despliegue podría ser asegurado, tarifado y disciplinado”, explica el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés).

El seguro se ha convertido en el regulador de facto más importante del despliegue de la IA en EEUU, y actualmente está regulando por retirada: excluyendo el riesgo de la IA de la cobertura

Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS)

En Europa la situación no es muy diferente. Aunque la UE sí cuenta con una ley de IA, tampoco ha abrochado la cuestión sobre quién es el responsable cuando algo sale mal. Esa iba a ser la misión de la Directiva de Responsabilidad de la IA, para la que la Comisión Europea presentó un borrador que terminó retirando en 2025. “Al tiempo que los requisitos del Reglamento de IA de la UE para sistemas de alto riesgo se han aplazado hasta finales de 2027 o 2028, la reparación ex-post de los daños queda fragmentada en las legislaciones nacionales, dejando a las víctimas sin un marco unificado de indemnización”, continúa el CSIS.

Este instituto, un laboratorio de ideas con sede en Washington, advierte que esta tendencia tiene incluso derivadas geopolíticas. Esa dificultad para asegurar los procesos con IA “amenza con frenar” la innovación de las empresas estadounidenses y europeas en comparación con China, donde es el estado el que se hace cargo del riesgo. El Gobierno del gigante asiático está generando reservas nacionales y respaldando proyectos piloto de aseguradoras estatales para emitir pólizas específicas sobre IA, intentando que sus empresas desplieguen algoritmos sin asumir todo el riesgo.

Las grandes tecnológicas “trasladan el riesgo”

La incertidumbre del sector público y privado en lo referente a los procesos que incorporan IA se extiende a todos los actores, menos a aquellos que la desarrollan. Los principales laboratorios han blindado su defensa ante los riesgos.

Como especifican los contratos para el uso de su IA de OpenAI o Anthropic, su responsabilidad financiera no puede superar lo que han pagado sus clientes en los 12 meses anteriores al incidente. En la práctica, esto implica que si una empresa paga, por ejemplo, 200 euros al mes por una suscripción profesional a sus herramientas y estas cometen un fallo grave que genere pérdidas de un millón de euros, la tecnológica solo estaría obligada a poner 2.400 euros de su bolsillo.

Solo en demandas por derechos de autor “existe una excepción destacable” en la que estas multinacionales tendrían que correr con los gastos. En el resto, ya sean casos “como muerte por negligencia, lesiones corporales, discriminación laboral, difamación, manipulación de mercado, fraude mediante IA, ciberataques impulsados por IA, sanciones regulatorias o daños por acciones autónomas”, la norma que “sigue aplicándose es el límite general de 12 meses de cuotas”, detalla el CSIS.

El instituto aclara que esa limitación puede ser “racional” ante un riesgo que nadie sabe tasar, pero destaca que la práctica “traslada la responsabilidad” a las empresas y pymes.

Análisis caso a caso

Ante la retirada de la citada Directiva de Responsabilidad de la IA por parte de la Comisión Europea, la situación se evalúa, en base a la regulación de cada país. elDiario.es ha contactado con UNESPA, la patronal de las aseguradoras españolas, que ha indicado que aún no hay una visión general y que cada una mantiene su propia política.

Romain Schaeffer, director de seguros para empresas de AXA, avanza que las aseguradoras analizan caso por caso. “En la actualidad, el mero hecho de que una empresa utilice IA no es, por sí solo, un factor determinante para limitar su asegurabilidad ni un criterio generalizado de delimitación de cobertura o precio”, explica a elDiario.es.

Es fundamental analizar para qué y cómo utiliza la empresa la IA. No presenta la misma exposición una compañía que emplea IA como herramienta de productividad que otra que la usa para tomar decisiones autónomas

Romain Schaeffer — director de seguros para empresas de AXA

“En este sentido, resulta fundamental analizar para qué y cómo utiliza la empresa la IA. No presenta la misma exposición una compañía que emplea IA como herramienta para mejorar la productividad interna que otra que la utiliza para tomar decisiones autónomas o controlar procesos productivos capaces de generar daños materiales, corporales o pérdidas a terceros”, detalla Schaeffer.

Pese a la novedad tecnológica y las crecientes alarmas sobre sus riesgos, el experto advierte “el uso de IA no debe interpretarse necesariamente como un elemento restrictivo desde el punto de vista asegurador”. A su juicio, puede ser incluso un elemento que ayude a disminuir la incertidumbre o fallos en los procesos internos. “Dependiendo de su aplicación y de los controles establecidos, puede incluso contribuir a mejorar la prevención, detección y gestión del riesgo”, concluye.

Pólizas especiales

El resultado de esta situación es que se están generando nuevos tipos de póliza para cubrir riesgos concretos de la IA como alucinaciones, fallos de rendimiento, infracciones de propiedad intelectual o incluso errores en las decisiones de agentes autónomos, la nueva amenaza para las empresas.

Firmas como Munich Re, Armilla AI, Testudo Global o la Artificial Intelligence Underwriting Company están explorando este nuevo nicho. En lugar de asumir de forma general los riesgos de una compañía, algo casi imposible a partir del test de Berliner, estas coberturas intentan identificar qué puede salir mal cuando una empresa incorpora un sistema de IA y ponerle un precio.

No obstante, vuelven a chocar contra algunas lógicas derivadas de la novedad tecnológica: si nadie ha tenido un incidente real a gran escala derivado de ese tipo de riesgo, ¿cómo calcular cuánto puede llegar a costar y hasta dónde debería cubrirlo una aseguradora?

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