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Opinión - 'Una lectura optimista de la situación política', por Alberto Garzón

Una lectura optimista de la situación política

Vista general del hemiciclo del Congreso. EFE/ Fernando Villar
30 de septiembre de 2026 22:21 h

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Tenemos ya conocimiento de los dos Reales-Decreto ley sobre vivienda aprobados por el Consejo de Ministros, y que serán debatidos este viernes en el Congreso. Es el resultado inmediato y evidente de la movilización por la vivienda que tuvo su momento álgido en el desahucio de Maricarmen y la posterior acampada en Sol. Visto en perspectiva, y aunque todavía claramente insuficiente para resolver la crisis de vivienda, es un salto de gigante en un país en el que durante décadas apenas se ha hecho otra cosa en la materia que no sea facilitar la especulación y el rentismo. Ni siquiera durante las dos legislaturas de gobierno de coalición se había llegado tan lejos.

En efecto, en cuestión de vivienda el PSOE se ha mantenido históricamente rocoso, con el freno de mano echado. Mucho más que en asuntos laborales o de derechos civiles. Probablemente la razón está en que son conscientes de que su electorado no está compuesto principalmente por familias inquilinas sino, sobre todo, por familias que también complementan sus ingresos laborales con rentas procedentes del alquiler de sus propiedades inmobiliarias; así, regular el mercado sería tanto como mermar los ingresos de parte de su electorado. Ya lo dijo José Luís Ábalos, antes de caer en desgracia: la vivienda es un derecho social pero también un bien de mercado. Por eso cabe insistir en que los avances recogidos en estos RDL se han realizado a contramano de la inercia histórica del PSOE.

Lo primero que tenemos que constatar es que estas propuestas no hubieran existido sin el desahucio de Maricarmen. O, para ser más exactos, no hubieran existido si el desahucio de Maricarmen no se hubiera convertido en un evento simbólico. Si Maricarmen no hubiera peleado, y con ella todas las personas y colectivos que la han acompañado durante estos años, y en su lugar hubiera optado por aceptar el duro e injusto peso de la ley y el mercado, como le ocurre a la mayoría de las familias desahuciadas o que se tienen que marchar de sus casas por las subidas de precios, nada de todo esto hubiera tenido lugar. Así, la lucha de Maricarmen se ha convertido en el detonante de un proceso que ha conducido a que el PSOE tenga que aceptar algo que no se había hecho en cuarenta años, y eso ha sido así porque su caso, especialmente doloroso, condensa y resume muchas de las contradicciones del sistema. Primera lección, la lucha sirve.

En segundo lugar, cabe recordar que esa lucha desembocó en una derrota. El desahucio no se paró y, desgraciadamente, Maricarmen tuvo que pasar por el suplicio de ver cómo la policía forzaba su vivienda y la expulsaba del que había sido su hogar durante toda su vida. Sin embargo, la solidaridad del pueblo español, encarnada activamente por el sindicato de inquilinas pero expresada también a nivel popular por la gran mayoría de la población, utilizó esa derrota para seguir presionando y que no volviera a pasar. Por un lado, Maricarmen recuperará su hogar. Por otro, la propia existencia de los RDL es una victoria de algo que nació como una derrota. Segunda lección, incluso las derrotas pueden convertirse en victorias.

En tercer lugar, en los días posteriores al desahucio de Maricarmen la derecha protestó porque se estaba produciendo un cambio en el marco de debate. Ayuso dijo, visiblemente enfadada, que el caso de Maricarmen era una cortina de humo para no hablar de lo que estaba pasando en Ceuta. Los conservadores con algo más de cabeza no se atrevieron a cuestionar a Maricarmen, quien contaba y cuenta con la solidaridad de la mayoría social, pero tampoco se han atrevido a alimentar el marco de la crisis de vivienda. Sencillamente, parecen esperar tiempos mejores en los que se vuelva a hablar de las cosas que a ellos les interesa. Al fin y al cabo, definir el marco de debate es la primera de las batallas políticas; las derechas ganan cuando el debate gira en torno a identidad nacional o movimientos migratorios, pero son ampliamente derrotadas cuando el debate gira en torno a las cuestiones sociales, como vivienda, salarios o pobreza. El cambio de marco provocado por el desahucio de Maricarmen ha irritado mucho más a la derecha que el hecho de que una persona de 87 años perdiera su hogar. Ahora la izquierda está a la ofensiva y la derecha está replegada a la espera de tiempos mejores. Tercera lección, el marco de debate condiciona los resultados políticos. El marco dibuja siempre el terreno de juego donde los partidos tienen que salir a jugar; y siempre conviene elegir un terreno de juego favorable.

Estas tres enseñanzas son claves en general, pero lo son en particular de cara al final de la legislatura. El panorama es difícil: el gobierno de coalición es electoralmente débil, no hay mayoría progresista en el parlamento, el espacio de la izquierda está fragmentado y reducido, los casos de corrupción asolan al PSOE y apenas hay aliados dentro del Estado y medios de comunicación. Pero el giro de los últimos días puede cambiar mucho las cosas. La crisis de la vivienda está lejos de resolverse, y puede (y debe) convertirse en un eje de las inminentes próximas elecciones. Ese marco puede favorecer no sólo que el mensaje de la izquierda sea más competitivo sino también que gane autonomía respecto a un PSOE al que todo el mundo ve arrastrando los pies. Incluso puede favorecer un reencuentro práctico de las izquierdas de cara a las próximas elecciones, empujado por un clima de apoyo a sus propuestas. 

La presión parlamentaria ahora está en el tejado de las derechas, que serán las responsables de que las medidas propuestas por el gobierno para mitigar el precio de la vivienda sean aprobadas o rechazadas. Las derechas tendrán que medir con cuidado, porque sus electorados en gran medida también han considerado injusto el desahucio de Maricarmen y muchos también creen que la vivienda es uno de los principales problemas de España. El caso de Junts es paradigmático, pues el porcentaje de sus votantes que consideran la vivienda como el principal problema es similar al de los votantes del PSOE, muy por encima de lo que ocurre entre los votantes del PP y Vox. Pueden tumbar los dos RDL —sobre todo el más ambicioso e intervencionista— pero no será sin coste. En cualquier circunstancia, el marco seguirá siendo uno favorable a la izquierda y desfavorable a la derecha. Si los RDL se aprueban, la izquierda se apuntará el tanto y podrá seguir reivindicando nuevos pasos para abordar la crisis de vivienda. Pero si las propuestas decaen por el rechazo de las derechas, la izquierda deberá igualmente hacer de la vivienda la bandera de las próximas elecciones y usar este resultado como demostración práctica de que es la única opción política con interés genuino en resolver el problema. Sea como sea, la izquierda tiene aquí una oportunidad para hacer dos cosas al mismo tiempo: recuperar ánimo y apoyo electoral, y comenzar a resolver el problema de la vivienda mediante reformas que mejoran la vida de la gente más desfavorecida. Y todo esto, gracias a que la gente, empezando por Maricarmen, ha decidido que no se rinde ante lo que se considera injusto. 

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