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ENTREVISTA

Javier Rodríguez, dibujante: “Estoy en contra de que se vean los cómics como la antesala del cine”

El dibujante de cómic Javier Rodríguez, retratado en Gijón

Guillermo Martínez

1 de agosto de 2026 23:12 h

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Javier Rodríguez (Oviedo, 1972) tiene la suerte de poder seguir dibujando mientras charla al teléfono con elDiario.es desde su estudio de Gijón. Hace apenas unos días, el que pasó de publicar en El Víbora a dibujar a Spider-man, Daredevil o Doctor Strange para Marvel, ha obtenido tres Premios Eisner este año, los mayores galardones internacionales del mundo del cómic. Se reconoce así su trabajo para DC Comics por su labor en Absolute Martian Manhunter (Panini).

En esta entrevista, el artista defiende que la ficción siempre habla del presente y desentraña la fuerza narrativa del color en un cómic, cómo ha sido recrear a este personaje desde el guion de Deniz Camp, la relación entre tebeo y cine y por qué cree que la inteligencia artificial generativa no golpeará tan duro a este sector como a otros.

Su historia con el cómic comienza mientras estudia en la Escuela de Bellas Artes de Oviedo en los primeros 90. ¿Qué recuerda del Javier de entonces?

Aquello me sirvió para salir del barrio, para ir a un ambiente donde había gente que hacía cosas como yo y conocer lo que serían otros autores de cómic como Germán García o el ilustrador Marco Recuero, el encargado de la imagen del Festival de Cine de Gijón por muchos años. Fue el tiempo en que comenzamos a autopublicarnos.

Javier Rodríguez posa en las calles de Gijón

En su trabajo Love Gun, autopublicado en 1996, dejó patente una gran dosis de crítica social en torno al desempleo. La miniserie futurista estaba ambientada en el siglo XXI y se partía de la premisa de la dificultad de los jóvenes para independizarse. ¿Ha seguido estando presente la crítica social en sus obras?

No me gusta emplear la expresión “crítica social” porque no es una crítica, sino una mirada. La ficción se debe a la época que le toca vivir. Si coges cualquier obra de ficción y estudias la época en que fue hecha, descubres sin querer un reflejo de aquella sociedad. Aprendemos cómo vivían otras personas gracias a la ficción y eso es algo precioso que también reflejan los cómics en la forma en la que se tratan y trataban ciertos temas, como la violencia. Es una forma de ver quiénes éramos y, muchas veces, lo poco que hemos cambiado.

Tras pasar por revistas como El Víbora y realizar otros cómics, portadas de grupos de música y trabajar en la producción de películas y anuncios, llegó su debut en el mercado estadounidense en 2003. Lo hizo como colorista con Batgirl: Year One, de DC Comics. ¿Qué cambió en aquel momento?

Empecé a trabajar para Estados Unidos gracias a mi amigo Marcos Martín y mi vida ha cambiado desde entonces. Yo no lo contemplaba, entre otras cosas porque no sabía inglés y no tenía infraestructura para ello, fue algo de rebote, pero como colorista me vino bien porque así complementaba mis ingresos en España.

Poco a poco, fui metiendo la patita y un día me surgió la oportunidad de dibujar. Un editor que ahora ha vuelto a Marvel como editor jefe, Stephen Wacker, se interesó por cómo narraba con el color y me dijo que probara a dibujar algo de Spiderman. Así empecé a dibujar los superhéroes que yo leía de niño.

Hace más de dos décadas que no ha dejado de trabajar como colorista, un perfil no muy conocido por personas alejadas del mundo del cómic. ¿Qué secretos hay detrás de este arte? ¿Qué persigue el colorista con su trabajo?

El color es algo muy importante, muy narrativo. El azul puede transmitir tristeza y el naranja alegría y la decisión de meterlo de una manera u otra puede cambiar el significado del cómic. Yo siempre me he decantado por causar el impacto justo, me gusta respetar el render del dibujante, la línea, y prefiero no meter muchos efectos. Cuando coloreas para otros, también estás supeditado a lo que ellos buscan.

¿Cómo fue ver sus dibujos coloreados por otros?

Fue increíble, porque a mí nunca me habían coloreado. Cuando empecé a dibujar en EEUU, mi estatus como colorista era alto, pero no como dibujante, así que no podía colorearme a mí mismo porque cada cómic tiene su propio presupuesto. Era como si me hubiera convertido en dos personas distintas. Ahí me di cuenta del impacto del color, cuando alguien externo coloreó mis dibujos.

Hace apenas unos días ganó tres Premios Eisner. Varios fueron dirigidos exclusivamente a su trabajo realizado en Absolute Martian Manhunter (DC Comics), dentro de la línea Absolute Universe, en donde se reinventan algunos de los personajes más emblemáticos. ¿Ha tenido más libertad a la hora de dibujar por ser un universo secundario y no el principal?

Sí, sin dudas. La libertad fue total, y total quiere decir total. Era una reinvención del personaje completa, tal y como el guionista lo concibió y lo presentó, le dejaron hacerlo. El personaje principal de Martian en el Universo DC es verde, calvo, fuerte, con una especie de capa. En nuestra versión, es un ente que se le aparece al agente del FBI John Jones y coge la forma de un muñeco grande ciclópeo, con un ojo rojo que le corona la cara. Lo hice todo con plastilina.

Tuvimos libertad total para reinventar el personaje de Martian. Compré dos kilos de plastilina y le pegué una canica roja. Me dije a mí mismo que mis editores iban a flipar

¿Cómo fue el proceso de creación del personaje?

Cuando vi la idea de Deniz [el guionista] supe que tenía que salir de mi zona de confort para conseguir algo original, que no solo valía dibujar. Compré dos kilos de plastilina verde y me di cuenta de que tenía que ser un cíclope el personaje que se presenta al agente del FBI, quien, digamos, ve todo en blanco o negro. De repente, que se abra este tercer ojo le hace ver que existen los colores y los matices, que hay más de una manera de ver lo que acontece.

Pegué una canica roja a la masa de plastilina y empecé a moldear este ente con esos conceptos como premisa. Saqué el muñeco y me dije a mí mismo: “Como le envíe esto a mis editores van a flipar”. Deniz me apoyó, le encantó, y a la editorial también, y parece que a la gente le ha gustado mucho la reinvención.

Javier Rodríguez, autor de cómics

Todavía no se ha realizado una película de Martian Manhunter. Llegado el caso, ¿le gustaría que la adaptación tomara como referencia a su personaje?

Claro que me gustaría, sería divertidísimo, aunque últimamente estoy haciendo algo de proselitismo en contra de que se nos asocie tanto a los cómics con el cine. Se nos ve como un hermano pequeño, como la antesala a algo más grande que es la película.

Para mí, se trata de dos lenguajes distintos. No es lo mismo el cine o la música, que se construyen sobre el tiempo y se apoyan en una estructura temporal, que el cómic, que se construye sobre el espacio. Una película puede durar hora y media, pero si yo cojo una página en blanco y distribuyo información, es el lector quien se tomará el tiempo que quiera en decodificarla. Alguien puede tardar dos horas y otros seis en leer un cómic, y las dos lecturas son perfectamente válidas y plenas.

¿Cómo ha sido el trabajo junto a Deniz Camp?

Ha sido como una especie de revelación. He tenido la suerte de trabajar con buenísimos guionistas estos años, gente incluso que idolatro, pero lo de Deniz ha sido un descubrimiento brutal, una fuerza de la naturaleza, un talento increíble. Va a ser uno de los guionistas de nuestro tiempo. Fue él quien me pidió como dibujante para la serie, como un amor a primera vista.

Javier Rodríguez ha dibujado 'The Amazing Spider-Man', 'Daredevil' o 'Spider-Woman'

Por otro lado, conoce de primera mano la industria del cómic en Estados Unidos. ¿Ha impactado la IA generativa de alguna forma?

Me imagino que sí, que se estará usando, pero yo creo que menos de lo que esperaban sus gurús. Pasa una cosa curiosa, y es que el lenguaje de los cómics va en dirección contraria a cómo funciona la IA. En el cómic, el dibujo es importante, pero la clave del lenguaje está en lo que no se dibuja, en lo que intuye el lector en los espacios entre viñetas, donde trabaja la mente del lector. Esa forma de funcionar, de ordenar a la IA a través de prompts, para el cómic no funciona. Un cómic existe porque se lee. Si nadie lo lee, no existiría, y la forma de que lo lea es dejar muchos espacios huecos para que la gente proyecte en ese vacío. Tampoco puedes coger un guion y pedirle a la IA que te lo dibuje, porque cada resultado cambia según el artista que lo interprete.

De momento, no veo que la IA amenace a los cómics como sí amenaza el medio ambiente, la economía y la vida misma. Esto no deja de ser dinero comprando dinero. Si quieren realmente hacer una IA generativa, que sea de dominio público y que la ciudadanía pueda entender cómo funcionan sus algoritmos para saber a qué intereses obedecen.

Cualquier reto me parece bien. Es como si me dejaran dibujar a Batman. Joder, ¿cómo hago yo ahora a Batman? Es como ese chaval de barrio al que le dejan un juguete carísimo

También la IA desecha muchas posibles respuestas.

De alguna manera, es como si le pides a algo que solo funcione con grandes éxitos y deje fuera todo lo demás. Yo vuelvo a la premisa del arte y la imagen: la belleza pertenece a quien la observa, a quien lee, y no tanto a quien crea. Esta cosa casi teológica de Silicon Valley de creer que desde un ordenador puedes reinventar el mundo y que todo tiene que pasar por máquinas… Me parece una ficción tan ridícula. La vida es más grande que todo eso.

Por último, ¿cuál es el trabajo que todavía sueña con hacer, aquello que sigue siendo una espinita clavada?

Es una pregunta difícil, eh. La única manera de que me motive mi trabajo es que no sepa cómo hacerlo. Cualquier reto me parece bien. Es como si me dejaran dibujar a Batman. Joder, ¿cómo hago yo ahora a Batman? Es como ese chaval de barrio al que le dejan un juguete carísimo. El secreto es ese, preguntarse cómo hacer algo.

Me encanta trabajar con arquetipos, me acabo de dar cuenta de eso. Arquetipos como Superman o Batman, pero también otros europeos como Lucky Luke. Los siento parte de la cultura popular. Si lo piensas, en unos años no habrá nadie vivo en la Tierra que estuviera presente cuando salió el número 1 de Batman en 1940. Caminamos a lomos de gigantes. Cogemos lo que estaba ahí y lo usamos. Y eso me encanta, porque en el fondo no deja de ser una forma de preguntarse qué hacemos aquí y qué sentido tiene todo esto.

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