Mismo día, siglos de diferencia y un equipo de científicos 'top': breve historia de los eclipses totales en Balears
Menorca será el próximo 12 de agosto uno de los territorios del Estado español en que mejor podrá observarse el eclipse total de Sol, que se producirá entre las 19:30 y las 19:40 horas y que oscurecerá el día por completo durante 96 segundos. Según datos del Instituto Geográfico Nacional, se trata de un “fenómeno astronómico inusual” –mucho menos frecuente que los eclipses lunares–, que será visible desde varias comunidades autónomas del norte y, en menor medida, del centro peninsular. Balears, y específicamente Menorca, se preparan para recibir a cientos de aficionados y también profesionales vinculados al mundo de la astronomía, además de investigadores y fotógrafos especializados en astrofotografía y foto nocturna venidos de todos lados de Europa.
Punta Nati, Pont d'en Gil, Binibèquer Vell, Binisafuller, Cala Sant Esteve o la bahía de Fornells serán algunos de los enclaves insulares donde se espera la mayor concentración de personas para presenciar el eclipse, un fenómeno tan infrecuente como fascinante que, a lo largo de la historia, ha despertado asombro, supersticiones e interés científico a partes iguales. Cabe destacar que no se trata solo de que el Sol desaparezca durante unos segundos, sino de poder observar efectos que únicamente se producen durante un eclipse total: la posibilidad de ver la corona solar –la más capa externa del astro rey–, el descenso brusco de la luz y la temperatura en pleno mes de agosto o la aparición de planetas y estrellas en pleno día. Se trata, entonces, de una oportunidad extraordinaria.
El eclipse total de Sol del 12 de agosto de 2026
Por dónde pasará la sombra de la Luna y cómo se verá el eclipse en cada punto de España
Fuente: elDiario.es. Trayectoria, franja de totalidad, sombra y circunstancias al hacer clic calculadas con un motor besseliano propio sobre los elementos del eclipse de la NASA/GSFC (F. Espenak). Hora peninsular de verano (CEST).
Los fenómenos de los años 603 y 1539
Para poner en perspectiva la excepcionalidad del eclipse del próximo 12 de agosto, la NASA recopila en el Five Millennium Canon of Solar Eclipses los cálculos y registros de los eclipses solares ocurridos durante los últimos 5.000 años. Según este catálogo, un eclipse total de Sol atraviesa un mismo punto de la Tierra, de media, una vez cada 373 años, aunque esa frecuencia varía considerablemente según el lugar.
En Balears, por ejemplo, estos fenómenos han sido aún más escasos. El primer eclipse total del que se tiene constancia en el archipiélago se remonta al año 603 de nuestra era, cuando Menorca formaba parte del Imperio bizantino. Aquel fenómeno —que, curiosamente, también tuvo lugar un 12 de agosto, según el calendario juliano, vigente en aquella época— cruzó la isla, aunque la totalidad sólo pudo contemplarse desde el extremo occidental, en lo que hoy es Ciutadella.
El primer eclipse total del que se tiene constancia en el archipiélago se remonta al año 603 de nuestra era, cuando Menorca formaba parte del Imperio bizantino
La isla tendría que esperar casi un milenio para que otro eclipse total volviera a alcanzar territorio menorquín. Ocurrió el 18 de abril de 1539, cuando la sombra proyectada por el fenómeno —conocida en astronomía como umbra— atravesó el este de la isla y permitió contemplar la totalidad únicamente desde su extremo sur. Aquel oscurecimiento del Sol se produjo en un periodo especialmente convulso para Menorca, marcado por algunos de los episodios más dramáticos de su historia: los ataques de los piratas otomanos, comandados por el temible Jarieddín Barbarroja, que asaltaron Maó en 1535 y, años más tarde, Ciutadella en 1558, causando la muerte de miles de menorquines y el secuestro de otros tantos que serían vendidos como esclavos en la antigua Constantinopla.
Vale mencionar que en esa misma ciudad sucedió, casi un siglo antes, un episodio que ha contribuido enormemente a fraguar el simbolismo que los eclipses tuvieron en Occidente, como augurio de muerte, guerras y destrucción. Durante el asedio otomano de la primavera de 1453, un eclipse parcial de Luna fue interpretado por los sacerdotes del Imperio bizantino como un mal presagio. Apenas unos días más tarde, las tropas del sultán Mehmet II conquistaron la capital bizantina, dando origen a la actual Estambul. El emblema del nuevo sultán era, precisamente, una media luna.
La comunidad científica se fija en las Islas
No sería hasta el 30 de agosto de 1905, a partir de las 12:00 hora local, que las Iles Balears fueron testigo nuevamente de un eclipse total de Sol, esta vez, con una duración de casi tres minutos, lo cual despertó un gran interés en la comunidad científica internacional. Lejos de la perspectiva oscurantista y de inspiración mágica de la antigüedad, los eclipses ya eran por entonces un fenómeno predilecto para la ciencia. En esta ocasión, cientos de físicos, astrónomos, investigadores, astrofísicos y científicos de hasta cuarenta países –según las crónicas de época– se desplazaron a la isla para observar el fenómeno.
El 30 de agosto de 1905 las Iles Balears fueron testigo nuevamente de un eclipse total de Sol
Según explica Joan March i Noguera en su monográfico Els observadors estrangers a la Mallorca de 1905 publicado por la Sociedad Catalana de Historia de la Ciencia y recopilado por la Universitat de les Illes Balears (UIB), algunos de los nombres más importantes de aquella expedición masiva fueron el astrónomo británico Sir Norman Lockyer, fundador de la revista Nature y descubridor del helio en el espectro solar, y Andrew Claude, miembro del Observatorio de Greenwich y célebre por sus cálculos orbitales de cometas –incluido el cometa Halley–. Desde Italia acudió Giorgio Abetti, pionero de la astrofísica italiana y futuro director del Observatorio Astrofísico de Arcetri, que dedicaría buena parte de su carrera al estudio del Sol. Junto a ellos trabajaron investigadores como los físicos alemanes Julius Elster y Hans Geitel, referentes internacionales en el estudio de la electricidad atmosférica y la radiación.
Pero seguramente la figura de mayor peso en el ámbito científico de la época presente en Mallorca fue Raoul Gautier, astrónomo, geodesta y profesor de la Universidad de Ginebra, que dirigía desde 1889 el prestigioso Observatorio de Ginebra, uno de los principales centros europeos dedicados a la astronomía de precisión, la cronometría y la geodesia. El equipo instaló su observatorio provisional en Santa Ponça (Mallorca), desde donde realizó observaciones de la corona solar y de distintos fenómenos atmosféricos asociados al eclipse total.
Para observar el eclipse de 1905, varios científicos reconocidos internacionalmente se desplazaron a Mallorca: Norman Lockyer, Andrew Claude, Giorgio Abetti, Julius Elster, Hans Geitel y, especialmente, Raoul Gautier
Por otro lado, lejos de la academia, pero siempre con la vista puesta en los astros, una figura interesante y clave en el escenario del aquel eclipse es Jordi Anckermann, divulgador y observador amateur, autodidacta y apasionado de los astros, quien dedicó incontables horas al estudio astronómico hasta convertirse en el principal organizador local de las expediciones científicas que acudieron a la isla con motivo del eclipse total de Sol de 1905. Hijo del pintor Ricard Anckermann, inició muy joven su actividad como divulgador. En el año 1900 participó en su primera campaña de observación durante el eclipse de Elche, donde entró en contacto con destacados astrónomos europeos como Camille Flammarion, lo cual le generó el padrinazgo necesario para entrar en la Sociedad Astronómica de Francia, lo que dio proyección internacional a sus trabajos, y con el tiempo se convertiría también en el impulsor del primer servicio meteorológico de Balears.
La concentración de todas estas figuras convirtió a Mallorca en un auténtico laboratorio científico al aire libre y situó al archipiélago, aunque solo fuera durante unas horas, en el centro de la investigación astronómica internacional. Como señalan los historiadores de la ciencia Josep M. Camarasa y Antoni Roca en su paper sobre el eclipse publicado por la Universitat de les Illes Balears, “nunca antes en su historia la isla había reunido una concentración tan elevada de científicos”.
'Nunca antes en su historia la isla había reunido una concentración tan elevada de científicos', comentan los historiadores Josep M. Camarasa y Antoni Roca sobre la concentración de figuras científicas en Mallorca en 1905
Mientras el despliegue científico más importante de su historia se expandía por todo el territorio mallorquín, Eivissa también recibió el impacto del evento astronómico. La investigadora y archivera Ana Colomar Marí ha recuperado fragmentos de prensa y recortes de crónicas de la época para explicar cómo se vivió el eclipse en las zonas rurales de las Pitiüses. “En el campo, muchas personas se refugiaron en sus casas por miedo a quedarse ciegas. Los campesinos vieron cómo las gallinas regresaban al gallinero creyendo que había llegado la noche y un niño que se encontraba en el bosque llegó a pensar que se moría cuando el Sol desapareció de repente”, relata.
Colomar también señaló a IB3 que, al situarse la franja de totalidad entre Eivissa y Mallorca, las expediciones científicas internacionales eligieron mayoritariamente Mallorca para instalar sus observatorios, una decisión que, según dejó escrito el secretario municipal Artur Pérez Cabrero, provocó el malestar de las autoridades ibicencas por haber quedado al margen de aquel extraordinario despliegue científico.
El Trío de Eclipses en España
Aún siendo excepcional, el eclipse del próximo 12 de agosto no será el único que podrá verse en territorio español en los próximos años. Según la Fundación Starlight, una entidad impulsada por UNESCO junto a la Unión Astronómica Internacional, España vivirá tres eclipses solares consecutivos en 2026, 2027 y 2028. La Dra. Antonia M. Varela Pérez, directora de la fundación, ha explicado a elDiario.es que la aparente contradicción entre que la NASA estime que un eclipse total pasa por un mismo punto de la Tierra cada 373 años y que España vaya a vivir tres eclipses en apenas tres años desaparece en cuanto se cambia la escala de observación. “No existe realmente ninguna contradicción. La clave está en entender qué significa exactamente 'un mismo lugar'”, señala. Mientras esa media estadística se refiere a un punto geográfico concreto, el llamado Trío de Eclipses responde a una combinación poco frecuente, pero perfectamente posible, de las órbitas de la Tierra y la Luna.
Por otro lado, Varela Pérez ha recordado que, más allá de su espectacularidad visual, un eclipse total constituye “un auténtico laboratorio natural” para la comunidad científica en el que, en pocos minutos, la Luna actúa como un “coronógrafo natural”, ocultando por completo el disco solar y permitiendo estudiar regiones de la atmósfera del Sol que permanecen fuera del alcance de los instrumentos convencionales. “Esa información resulta esencial para comprender el comportamiento del campo magnético solar, mejorar las predicciones del llamado tiempo espacial e incluso analizar cómo reaccionan la flora y la fauna ante un cambio brusco de luz y temperatura”, ha señalado.
Por último, la investigadora y científica ha destacado que España tiene ante sí una oportunidad excepcional para impulsar la divulgación, despertar vocaciones entre los más jóvenes y reivindicar la protección del cielo nocturno como un patrimonio científico, cultural y ambiental gracias al Trío de Eclipses, así como para consolidar el astroturismo como una herramienta de desarrollo sostenible en territorios rurales.
“La verdadera singularidad de este Trío de Eclipses no reside únicamente en su excepcionalidad astronómica, sino en la extraordinaria oportunidad que brinda para impulsar la ciencia, la educación, la conservación del cielo nocturno y un modelo de desarrollo sostenible que deje un legado duradero mucho después de que el último eclipse haya terminado”. Finalmente, la directora de la Fundación Starlight recuerda que la isla, reconocida como Reserva y Destino Turístico Starlight desde 2019, no sólo ofrecerá uno de los mejores lugares de Europa para contemplar la totalidad, sino también la posibilidad de prolongar la experiencia bajo uno de los cielos nocturnos mejor conservados del Mediterráneo.
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