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Necesidad

Imagen de archivo de varios periódicos.
5 de mayo de 2026 23:37 h

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Hay quienes opinan que los periodistas empiezan a hablar a diestro y siniestro de la necesidad del periodismo en cuanto perciben que su puesto de trabajo está amenazado. Es posible que así sea, pero el movimiento, digamos condicionado, de los periodistas no debería quitar importancia a la pregunta que se esconde detrás: ¿Tiene realmente el periodismo una función social; es decir, hace que los ciudadanos estén más atentos sobre lo que ocurre a su alrededor, y ayuda a que sean más capaces de decidir qué fenómenos son beneficiosos y deben ser empujados y promovidos y cuales son perjudiciales y deben ser eliminados o corregidos?

Hay opiniones encontradas, pero nunca como ahora ha sido tan urgente llegar a una conclusión. Primero, porque hoy día la sociedad recibe un volumen formidable de datos e imágenes que proceden de fuentes muy diversas. Los nuevos instrumentos tecnológicos permiten que todo tipo de poderes, económicos, financieros, comerciales, políticos, religiosos, etc, coloquen su material, directamente, en el móvil, ordenador o tableta del ciudadano. Segundo, porque esa catarata de datos, palabras e imágenes, que se presenta como periodismo, no le ayuda a decidir lo que beneficia o perjudica a sus propios intereses, ni le impulsa a involucrarse más en la solución de los problemas que le atañen sino que,  precisamente, le desmoviliza y le  vuelve más apático.

 ¿Es el periodismo es el mejor instrumento para combatir esa creciente confusión, en la que se mezcla propaganda, publicidad, elementos de distracción y entretenimiento con información política, social, cultural o económica?  ¿Es nuestro oficio capaz diferenciar entre lo que constituye solo comunicación, intercambio, y lo que supone información periodística?  

Los periodistas sabemos que nuestro trabajo es algo más que un mero negocio de intercambio de datos e imágenes y tenemos que buscar la manera de protegerlo y desarrollarlo usando, por supuesto, las nuevas tecnologías, pero haciéndolo de manera que por el camino no quede destruido el verdadero objetivo del oficio. Desde mi punto de vista,  ese objetivo ha sido siempre, y debe seguir siendo, colocar en el debate público temas que no responden a los intereses de esos grandes grupos de presión sino que están relacionados con las necesidades de los ciudadanos comunes y con el respeto a los principios democráticos del sistema en el que desean vivir.

 El periodismo debe aspirar a influir y la única manera de hacerlo es tener capacidad para imponer agendas públicas; para decir explícitamente sobre qué cuestiones creemos que hay que hablar de manera colectiva. Es cierto que cada vez resulta más difícil por la enorme fragmentación de los medios digitales y por la formidable coacción que ejercen los grupos de presión, pero aun así hay que seguir luchando por plantear esas agendas, porque el descrédito del periodismo está unido al descrédito de la democracia y entraña los mismos peligros. Alguien dijo que hacer funcionar lo público es competencia de la izquierda. Pues bien, hacer funcionar el periodismo es competencia de los periodistas.

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Artículo publicado en el número 14 de la revista de elDiario.es (Octubre de 2016), en un monográfico dedicado al periodismo

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