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Crónica

Cuando Borja Sémper volvió por segunda vez, Vox seguía ahí

El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, y el portavoz del partido, Borja Sémper, antes del acto informativo de este martes, en Madrid.

Aitor Riveiro

5 de mayo de 2026 12:03 h

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Borja Sémper ha vuelto a la política. Este martes, ante la plana mayor de su Partido Popular, expolíticos de otras formaciones, empresarios y periodistas, el diputado guipuzkoano ha protagonizado un acto informativo para certificar su regreso a la primera línea tras una larga baja provocada por un cáncer del que ya se ha curado. Es la segunda vez que el portavoz del PP se reincorpora a la vida pública. Lo hace, de nuevo, para acompañar a Alberto Núñez Feijóo. Y, pese a sus propias palabras, retorna con su partido abrazado a la ultraderecha de Vox. Otra vez.

“Hemos normalizado el insulto”, ha lamentado Sémper durante su intervención en el Nueva Economía Forum, un clásico en los actos políticos de Madrid. En uno de los salones más aparentes del exclusivo hotel Four Seasons de la capital, el portavoz del PP ha desgranado una posición política que no es nueva y que él suele practicar: el discurso mesurado, la huida de la descalificación personal y del sectarismo, al menos en sus alocuciones.

Sémper gusta de ser posición intermedia. El fiel de la balanza que le sitúe a él, y al partido al que representa, por encima de quienes, dice, desprestigian la labor política y llevan la legítima disputa a una situación insostenible que contagia después a toda la sociedad, víctima de la crispación. El portavoz ha desplegado esta forma de hacer política ante un auditorio repleto, con los principales dirigentes de su partido en primera fila, muchos empresarios haciendo 'networking' y la destacable ausencia de rivales políticos. Por parte del PSOE, quien fuera el presidente del Senado, el también vasco Ander Gil. Entre los 'ex', dos que compartieron partido y ahora apenas se saludan, Albert Rivera y Begoña Villacís.

“Hace tres días, el líder del tercer partido llamaba 'mierda' al presidente del Gobierno”, ha asegurado Sémper en referencia a Santiago Abascal. El líder de Vox y Sémper mantienen posiciones distantes, pero no hace tanto compartían militancia en el País Vasco en una situación muy diferente a la habitual en la que morir víctima de un atentado terrorista formaba parte de posible en el día a día de quienes se dedicaban a lo público. Se hicieron amigos casi a la fuerza.

El portavoz del PP ha añadido inmediatamente el contrapeso que le coloca a él y a los suyos en el centro: “Y un ministro del segundo partido decía 'qué asco me da este tío' sobre el jefe de la oposición”, una referencia a Óscar Puente y un tuit en el que arremetía contra Feijóo.

Sémper ha reconocido que “todos” tienen responsabilidad en un clima político que, ha asegurado, irá “a peor” porque se va a imponer la tentación de “degradar más la conversación” y “dividir a los españoles”. Pero “ellos” tienen la culpa. “Ellos” son el Gobierno. Y “ellos” no son la oposición, y su responsabilidad es mayor.

Y eso que el PP también es “Gobierno”. Y que cuenta en su equipo de gala con algunos de los principales crispadores del país, con Isabel Díaz Ayuso y su jefe de Gabinete, Miguel Ángel Rodríguez, a la cabeza. La presidenta de Madrid, de viaje oficial en México, ha estado ausente de la cita. El PP de Madrid ha estado representado por el predecesor de Sémper en el cargo de portavoz nacional del partido, José Luis Martínez Almeida.

Precisamente cuando el alcalde de Madrid iba a asumir la responsabilidad de ser el rostro del PP de Pablo Casado se produjo la primera retirada de la política de Borja Sémper. Fue una decisión puramente ideológica, según dijo. El entonces concejal del Ayuntamiento de San Sebastián renegó en público de la línea marcada por su dirección, de sus coqueteos con Vox, y se pasó a la empresa privada.

“Rechazo la política de trinchera y el enfrentamiento gratuito”, dijo. Era enero de 2020 y, sin nadie saberlo, ya se estaba incubando la pandemia del coronavirus que contribuyó decisivamente a agriar el humor mundial.

Sémper volvió tres años después. Feijóo lo presentó en enero de 2023 como quien presume de su flamante regalo de Reyes. Tras su paso por la consultora EY, el político vasco saltó directamente a la dirección nacional del PP y asumió el rol de ser la voz moderada de un PP que rozaba con la punta de los dedos el pomo de la puerta del Palacio de la Moncloa.

Pero Feijóo falló, quizá por primera vez en su vida. Entre otros, uno de los motivos de la derrota asumidos por la dirección del PP fueron sus alianzas con Vox. La derecha logró en las autonómicas y municipales de aquel año una de las mayores cotas de poder territorial en democracia: once comunidades autónomas y cientos y cientos de ayuntamientos. En muchas ocasiones, con esos “pactos de perdedores” que tantas veces ha denunciado el PP: la suma de los segundos y terceros para desbancar al primero.

El encargado de defender aquellos pactos fue Borja Sémper. En la sala de prensa de la sede de la madrileña calle de Génova, el portavoz sufrió la primera de las grandes desautorizaciones públicas que recibió cuando prometió que su partido jamás trasvasaría unas “líneas rojas” en sus acuerdos que, casi a la misma hora, Carlos Mazón echaba por tierra al firmar una coalición con Vox para arrebatar la Generalitat valenciana al PSOE y Compromís, “divorcio duro” incluido.

Tras el valenciano llegaron el resto de gobiernos, y con ellos los ataques a las políticas de igualdad, la censura de películas de Disney, de obras de teatro o de actuaciones musicales en muchos municipios y el inicio de una batalla cultural contra el diferente que hoy no solo se ha acrecentado, sino que domina completamente las líneas argumentales de las derechas.

La vivienda, auténtica “prioridad nacional”

Sémper se fue para no ver a su partido compartir espacio político con Vox, y regresó para asumir los cogobiernos con los ultras. Y algo parecido le ha pasado ahora. Pese a que el motivo de su salida de la primera línea política ha sido muy diferente, diez meses después de anunciar su cáncer, y ya con el alta médica, el dirigente vasco vuelve con la “prioridad nacional” impuesta por la ultraderecha dominando los titulares, para enfado de los suyos.

El PP quiere salir de la rueda de ratón en la que se ha instalado tras firmar con Vox en Extremadura y Aragón que las ayudas sociales estarán vinculadas a la “prioridad nacional”, un significante difuso y vacío que los dos partidos pugnan por rellenar de contenido. Y los ultras van ganando esa partida.

Quizá por eso, Sémper ha dicho este martes que la “prioridad nacional” es “construir, construir y construir” vivienda “como si no hubiera un mañana”. Para resolver ese problema, ha dicho, la receta pasa por “no solo bajar impuestos”, sino “eliminar regulaciones, proteger a los propietarios, incentivar alquiler y acabar con la ocupación”.

Sémper también ha criticado que “los populistas” azuzan “el miedo” a las personas migrantes. La inmigración, ha sostenido, es el “gran tema de todo Occidente”. La “derecha” del PP plantea “levantar muros muy alto, la deshumanización y el rechazo al diferente”, ha denunciado. Y se va “contra la Iglesia católica”, incluso.

“Somos un partido humanista, que bebe del liberalismo y la democracia cristiana”, ha dicho. “Creemos en la dignidad del ser humano, defendemos que cualquiera que viva, trabaje y cotice tiene derecho a acceder a los servicios públicos”, ha defendido. “Cotizar” es una palabra muy importante en esa tríada.

Es la posición del PP sobre esa “prioridad nacional” que han asumido y que está en disputa. Para Sémper, se están haciendo “lecturas erróneas o interesadas” de lo firmado con Vox. “Pero los pactos dicen lo que dicen”, ha zanjado.

Sémper también ha calificado de “inmoral” la defensa del “decrecimiento” como opción de política económica que lanzan la mayoría de organizaciones ecologistas, y ha asegurado que “la empresa privada tiene más capacidad transformadora” que la política.

El portavoz del PP ha reconocido que tuvo la “tentación de la retirada” durante su convalecencia, de regresar a una “posición cómoda para ver la vida como un espectador”. “Decidí que ni rendirme ni abandonar era una opción cuando se tiene la oportunidad de contribuir al cambio”, ha apuntado. Y lo hace, ha dicho, solo porque quien le está esperando es Alberto Núñez Feijóo.

“Vuelvo por segunda vez al lado de la persona en la que más creo en política, que es Alberto Núñez Feijóo. Pero también anunciándoles, por si a alguien le quedaba alguna duda, que yo no voy a participar en circos, en insultos; no voy a participar en el barro, en 'shows' ni acciones políticas para dividir”, ha puntualizado.

Sémper ha dicho que tiene la “determinación” de “reparar el daño causado” por otros, y ha llamado a “ignorar las voces extremistas que intentan convencer de que lo personal es político” o del “auge de políticas radicales que prometen soluciones simples” o apelan a “nostalgias de pasado”.

Entre ese “daño causado” están, obviamente, los casos de corrupción que salpican al Gobierno, con el juicio al llamado 'caso mascarillas' en uno de sus momentos álgidos en el Tribunal Supremo. Sémper ha dicho al respecto que el PP no va a valorar las decisiones judiciales por respeto a la separación de poderes, al revés de lo que hace el Gobierno.

Y ha concluido: “Otra cosa es la censura política, que es la que nos corresponde hacer. Una censura política que pasa por lo ético y por lo moral. Desde dónde se hacen negocios, qué posiciones de privilegio utilizas para hacer negocios o no. Qué posición política preferente [tienes] para, en un momento extremadamente complejo, como es una pandemia, cuando no podíamos enterrar siquiera nuestros familiares, alguien aprovecha [para] hacer negocio con la venta de mascarillas. Esto es lo que es una inmoralidad. Cuando se acepta, como un doble lenguaje, que alguien pueda tener una vida determinada, que se sabe y se oculta porque es de los míos y no pasa nada”.

Una frase en teoría dirigida al Gobierno, pero que recuerda mucho a una que dijo el anterior presidente del PP, Pablo Casado, y cuya textualidad sigue en las redes sociales del partido cuatro años después.

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