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Opinión - 'El fin de la impunidad', por Rosa María Artal

El fin de la impunidad

Almudena Lastra, hasta ahora fiscal superior de la Comunidad de Madrid. EFE/Rodrigo Jiménez
1 de mayo de 2026 21:30 h

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No es el fin de la impunidad, sino un deseo ferviente, una necesidad. Sí apunta a un paso en esa dirección al que le están poniendo ya contundentes trabas. La fiscal general del Estado, Teresa Peramato, ha decidido no renovar en el cargo a la Fiscal Superior de la Comunidad de Madrid Almudena Lastra, al cumplirse sus cinco años de mandato, aunque ella deseaba continuar. Lastra fue la fiscal que apuntaló con su declaración, sin pruebas, la condena de García Ortiz por el filtrado del correo del novio de Ayuso que le atribuyeron. Un caso escandaloso al que pudimos asistir. como espectadores asombrados, incluso en la vista oral en el Supremo.

 El corporativismo judicial y la prensa empotrada han salido a criticar la medida en masa.  De una forma desmedida, hablando con propiedad, y que crece conforme pasan las horas. Asociaciones varias de profesionales de la justicia, y artículos de prensa de una virulencia que resulta amenazante, hablan de purga y defenestración, de mafia nada menos, sin pudor alguno por lo que han consentido a lo largo de estos años que critican y un largo trecho de los anteriores. El fiscal general, por cierto, es un cargo de libre designación de cada gobierno y ha habido de todo. Dicen que el finiquito de Lastra ha sido “por haber cumplido su obligación”, y es tal la vehemencia de su argumento que nos deja la duda de con quién la ha cumplido.

Visto lo que confirma otro caso judicial -la Kitchen del PP- son de esperar maniobras. Impactante testimonio del comisario Morocho, agente clave en esa investigación. Ha denunciado ante el juez las presiones que sufrió por parte del PP destinadas a entorpecer sus pesquisas. Dice que “fue objeto de monitorización y seguimientos, tanto en el despacho como en su vehículo, y que hasta el magistrado Pablo Ruz -el primer instructor al que quitaron el caso con un traslado- ”temía que su despacho estaba microfonado, por lo que tomaban precauciones para hablar de temas críticos“. También ha declarado que le desmantelaron el equipo del que disponía. De 11 policías, se quedó en 5. ”Había un montón de comisiones rogatorias que analizar sobre flujos de dinero. Había mucha información que vino de cuentas bancarias en el exterior, que no hubo capacidad de analizar porque no teníamos el personal“, ha declarado. A él también le tentaron con un buen puesto… fuera de España. No aceptó. Ojalá tuviera un cargo directivo este profesional tan honesto. Lo terrible es que no es la primera vez que profesionales concienzudos sufren problemas: recordemos que al heroico comisario de Vallecas le destrozaron la vida por encontrar la mochila que resolvió en buena parte la autoría del 11M. Hechos. Toda la basura que aún permanece sobre todo esto, no deja de ser más que eso: basura.

La prensa al servicio de los intereses del PP está volcada en contar, a su manera, los dos juicios que se celebran -casualmente a la vez-, el de Aldama, Koldo y Ábalos. Dan una prioridad absoluta al que vinculan al PSOE. De sus jugosos detalles daba cuenta la crónica de Íñigo Sáenz de Ugarte. Y, sí, ha sido muy notoria la diversidad de trato a los implicados en la Audiencia Nacional y en el Tribunal Supremo. En el juicio de las mascarillas se habla de todo menos de mascarillas, y se acusa sin pruebas y sin objeciones del Tribunal. En el Supremo -la Kitchen- todo lo contrario, al punto de que hay nombres y preguntas que no se admiten. En mi opinión, la diferencia entre ambos casos es la que existe entre un pillaje cutre y unas técnicas mafiosas de alto volumen.

Volviendo a Lastra, conviene recordar que fue también la Fiscal que impidió en repetidas ocasiones investigar las muertes en las residencias de Madrid durante la pandemia. Las familias de las víctimas se muestran esperanzadas con el relevo, aunque es un tema prescrito en una buena parte por el tiempo transcurrido sin tomar medidas. El cese de Lastra, sin embargo, es una noticia positiva para el funcionamiento de la justicia, por las razones descritas; un pequeño paso de los muchos que serían necesarios.

Nuestra profesión, el periodismo, también anda con serias taras y lo constatamos en el tratamiento de estas noticias y de muchas otras. Ya no hay inconveniente para algunos hasta en mentir a toda portada. Pero no son solo los bulos con intencionalidad política que tanto daño hacen, lo peor, si cabe, es la destrucción del concepto de periodismo. Estamos viendo cosas que no creeríamos, como decía el pobre replicante de Blade Runner. Intencionadamente o porque así lo creen, pretenden ya considerar periodistas a los agitadores de ultraderecha con cámara y micrófono.

Vito Quiles -el más activo de todos- está muy vinculado al PP, cobra del PP, cerró su campaña electoral en Aragón. Alguien le facilita direcciones y movimientos de quienes quiere acosar. Es lo que hace: acosar. A niveles terribles como los bulos lanzados contra el portavoz de Facua, Rubén Sánchez.  Pues resulta que lo están considerando periodista, desde el PP al español que parece ejercer de entusiasta portavoz mediático de Trump desde la Casa Blanca. Tellado y Ester Muñoz, portavoces oficiales de los populares, han llegado a decir que  “condenan la violencia… también contra el periodista”, respecto al abordaje que sufrió Begoña Gómez, esposa de Pedro Sánchez por parte de este sujeto. No es periodista, no ejerce como tal. Y esto debió cortarse hace mucho tiempo. Nunca debió tener acreditación en el Congreso -se le dio Meritxell Batet- y no se comprende que la mantenga.

Están comparando a humoristas -y de la talla de Wyoming o Gonzo- con un agitador ultra con micrófono. Y han desvirtuado por completo, con los años, qué es un escrache. En principio fue una crítica ejercida sobre todo por la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca) contra especuladores inmobiliarios, a modo de manifestación y desde luego sin violencia alguna. Por cierto, Pablo Iglesias pagó caro hablar de aquello como jarabe democrático porque llegó a sufrir el peor de los acosos hasta ahora. Su casa, con la familia dentro (Irene Montero, él y sus hijos pequeños), asediada durante meses y a diario. Siempre la manipulación y el doble rasero, la ley del embudo en un país en el que la justicia y la información sufren graves disfunciones.

En este clima de violencia politica, violencia pura y dura en realidad, cuadra que un sujeto de la calaña de Santiago Abascal, presidente de Vox, llame a Pedro Sanchez “chulo de putas” en un mitin. Pero debería tener la respuesta que exige: judicial y penal. Es mucho más que un insulto, es la deshumanizacion fascista del presidente, un cargo institucional. No puede dejarse pasar.

No es nada fácil todo esto tan esencial y urgente al mismo tiempo. El control que el periodismo ha de ejercer como Cuarto Poder sobre los otros tres (ejecutivo, legislativo y judicial) en nombre de la sociedad se ha convertido prioritariamente en un formidable aparato de propaganda a favor de la derecha, de presión también. Asimétrica: el objetivo esencial es el gobierno y exigen no criticar siquiera a la justicia. La fuerza del aparato es tal que han logrado colar entre personas proclives a dejarse desinformar incluso que ocurre al revés. Esas manadas que le salen gratis a los manipuladores -políticos y mediáticos- parecen en este momento incontrolables. Pero un país no puede funcionar con normalidad así. Hay que actuar por el bien de la sociedad en su conjunto. Ha de llegar el finde la impunidad, pero ya y de verdad.

Todo esto ha coincidido con el informe que Reporteros Sin Fronteras en su núcleo internacional publicó este mismo jueves sobre lo que llaman libertad de prensa. La puntuación media de los 180 países analizados nunca había sido tan baja en este último cuarto de siglo y en España el descenso es más marcado. Se ve amenazada “por un aumento de las acciones judiciales abusivas y el señalamiento político contra los periodistas”.

En preguntas concretas de Eldiario.es a la relatora del informe denuncia las acciones “intimidatorias” contra la prensa del “entorno de Ayuso” y del juez Peinado. Y cree que “buscan silenciar e intimidar” a los periodistas, así como generar una “pesadilla ideológica y económica” a los medios de comunicación.  Relata un “clima de 'lawfare'” contra los medios. Obviamente contra los que informan. Reporteros Sin Fronteras rebate precisamente todo lo que hace esa derecha de la que hablamos y cuenta justo al revés. Osan decir últimamente que es el gobierno el que amordaza a los medios (de derechas).

Y es significativo este párrafo que incluyo en su totalidad:

“Reporteros sin Fronteras” también sostiene que “el crecimiento de la extrema derecha y de su visibilización en redes sociales ha disparado el ciberacoso” y “los ataques a periodistas en coberturas exteriores son frecuentes”. “La formación ultraderechista Vox utiliza a agitadores para sabotear ruedas de prensa en el Parlamento y acosar a periodistas críticos incluso en su esfera privada. El hostigamiento de estos agitadores dentro y fuera de las redes, con la connivencia de políticos y medios digitales afines, se ceba especialmente con las mujeres periodistas, víctimas de una violencia digital que cada vez salta más al espacio físico”.

Vean dónde queda la defensa del PP, de Tellado y Muñoz, de ese “periodista” al que pagan para acosar.

No renovar en el puesto de fiscal Superior de Madrid a Almudena Lastra está en tan buena dirección que podríamos soñar con el principio del fin de la impunidad. No se saltan ningún precepto, puesto que su mandato había caducado. Nos da respuesta a la pregunta que nos hacemos tantas veces ¿no se puede hacer nada ante lo que está pasando? Una compensación de los desequilibrios, un alivio a la impotencia. Algo. Nada fácil, visto la revuelta por un pequeño paso. Pero claro que se puede. Queda un gran trabajo por hacer en campos fundamentales y en diversos sentidos. Cada vez es más peligrosa la marea de revancha, sin embargo. Al menos que no nos engañen con el diagnóstico. Y una vez más hay que advertir lo mucho que nos jugamos con todo esto.

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