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Opinión - Vuelve el meteorito, por Antón Losada

Vuelve el meteorito

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero comparece ante la Comisión de Investigación sobre el ‘caso Koldo’ el pasado 2 de marzo.
14 de junio de 2026 22:00 h

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Ya conocen la teoría del meteorito, enunciada en esta columna en varias ocasiones. Esta legislatura está resultando tan única, pinturera, mágica e imprevisible que, si mañana cayera un meteorito sobre el Congreso de los Diputados, al día siguiente todos diríamos que era lo normal y se veía venir. Zapatero es el meteorito que estábamos esperando en este período de ruido y furia.

Los dos días de deposición reservados por el aplicado juez Calama puede que le estén quitando el sueño a Pedro Sánchez más que aquellos pactos con Podemos. Ciertamente tienen a no pocos militantes socialistas y votantes de izquierda con el alma en un puño. A pesar de las muchas evidencias que, aparentemente, se han ido poniendo sobre la mesa, la mayoría aún confía y espera una explicación convincente por parte del expresidente a quien habían convertido en el modelo de lo que debería ser un expresidente. 

Es posible que, incluso, unos cuantos en las derechas también lo esperen o se lo teman. Dar por muerto a ZP nunca les ha salido muy bien hasta ahora. Empeñarse en mandarlo ya a la cárcel por más años de los que se pueden contar con los dedos de la mano, puede que sí… o no. 

El silencio de Zapatero tiene toda la lógica jurídica de quien debe preocuparse primero por su defensa y los cargos que se le imputan. Pero en términos políticos y mediáticos está causando una masacre. Todo el espacio y el debate lo ocupa el relato de la acusación y lo hace a conciencia. No deja de resultar curioso que conociéramos la tasación de las famosas joyas justo cuando empezábamos a debatir si podría haber un árbol envenenado en el clonado del teléfono de Roberto Reyes, hace cinco años en Miami, y su traslado a la UDEF hace apenas unos meses. Otra coincidencia extraordinaria en el país de las coincidencias extraordinarias. 

La validez de las pruebas no constituye una cuestión meramente formal ni prejuzga culpabilidades o inocencias. Afectan al corazón de la legitimidad de cualquier proceso penal. Su garantía supone la condición necesaria para lograr un proceso justo y debido. Cómo se obtuvieron esos datos y su integridad, cómo se custodiaron y cómo se entregaron conforman cuestiones que deben ser aclaradas porque así lo exige la ley. 

Otro tanto con respecto a todo cuanto se refiere al muestrario de joyería hallado en una caja fuerte que, al parecer, nadie más tiene en España. La ley exige al presidente Zapatero unas obligaciones que ha de acreditar cumplidas. Es tarea del juez determinarlo por todos los medios a su alcance. Que no fueran el objeto inicial de la investigación no exime de esa responsabilidad. 

Todas constituyen cuestiones jurídicas capitales que se resolverán donde deben, en sede judicial. Pero la declaración de Zapatero no será únicamente un acto jurídico. Irradia también una evidente e innegable catarsis política. Comparece ante la Audiencia Nacional y comparece ante nosotros. 

Si no es, lo parece y en política eso se vuelve tan dañino como una condena. Seguramente no es justo, pero son las reglas del juego y Zapatero lo ha jugado demasiadas veces como para no saberlo. Esa catarsis política crucial afecta a la credibilidad. No se va a sustanciar con argumentos sobre la validez de las penas, la fiabilidad de las tasaciones o la cuantificación de las prescripciones. Se sustanciará sobre la capacidad que tenga Zapatero, por medio de su declaración, para convencernos de que es lo que decía que era y hace aquello que decía que hacía. 

Una cosa son las explicaciones. Otra muy distinta serán las excusas. Zapatero tiene que ofrecer explicaciones hasta las últimas consecuencias. El daño ya está hecho y puede que mucho ya no sea siquiera reparable, ni siquiera con una resolución de inocencia penal. Pero la devastación que puede producir un testimonio basado en excusas puede resultar aún más desoladora para el precario estado emocional de la base electoral que apoya a este gobierno. La confianza traicionada mata tantos o más gobiernos que las crisis económicas. 

Es un daño potencial que las encuestas no han ni empezado a medir, pues la mayoría de esos votantes aún confían en la rectitud y honestidad del expresidente más votado de la historia de España. Vuelve el meteorito. Prepárense para el impacto. 

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