El gran yacimiento arqueológico que esconde este municipio de Zaragoza, con un teatro, termas y antiguas viviendas romanas

Vista aérea del yacimiento de Bílbilis.

Edu Molina

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Calatayud conserva parte de su historia más antigua fuera del casco urbano actual. A pocos kilómetros de la ciudad, en un entorno elevado sobre el valle del Jalón, se encuentran las ruinas de Bílbilis, un yacimiento que permite acercarse al pasado romano de este territorio zaragozano y a la importancia que tuvo antes de la configuración de la localidad actual.

En muchos municipios de interior, la huella histórica no se entiende solo a través de sus calles, iglesias o plazas principales. También aparece en los caminos cercanos, en los cerros que rodean el núcleo urbano y en los restos que quedaron fuera de la ciudad habitada. En el caso de Calatayud, ese vínculo con el pasado se mantiene en un espacio arqueológico que reúne restos públicos, zonas residenciales, infraestructuras y construcciones vinculadas a la vida cotidiana de una antigua ciudad.

Bílbilis no fue un asentamiento menor. Su evolución permite seguir el paso de un núcleo indígena a una ciudad romanizada, con edificios pensados para la administración, la actividad social y el control de la comarca. Hoy, sus restos ayudan a entender cómo se organizaba una ciudad levantada sobre un terreno complejo, con barrios adaptados a la pendiente y monumentos situados en puntos visibles del paisaje.

Las ruinas de Bílbilis, la antigua ciudad romana junto a Calatayud

El yacimiento arqueológico de Bílbilis se encuentra a unos seis kilómetros al nordeste de Calatayud, sobre los cerros de Bámbola, San Paterno y Santa Bárbara. Desde ese emplazamiento se dominaba el entorno del valle y los pasos naturales de comunicación, un factor clave para explicar la relevancia que tuvo este enclave dentro del territorio.

La ciudad ocupó unas 30 hectáreas, una extensión considerable para un núcleo situado en altura. Esa superficie, junto con la presencia de edificios públicos como el foro, el teatro, las termas y las obras de abastecimiento de agua, muestra que Bílbilis tuvo un papel importante en la administración y gestión de la comarca. Su población se ha estimado entre unos 3.500 y 4.000 habitantes, una cifra coherente con la escala de los principales restos conservados.

La historia de Bílbilis se remonta a finales del siglo III antes de Cristo. En el siglo II antes de Cristo ya existía una ciudad indígena, que más adelante recibió población de origen itálico y fue incorporándose al ámbito romano. Primero habría tenido derecho latino y, posteriormente, en época de Augusto, se convirtió en municipio de derecho romano. Esa transformación marcó el desarrollo urbano del conjunto y explica la construcción de espacios públicos con una clara función política, social y simbólica.

Yacimiento arqueológico de Bílbilis.

Bílbilis también tuvo valor como punto de paso. Se encontraba en una vía romana que comunicaba la zona próxima a la frontera con la Galia con Emérita Augusta, lo que reforzó su papel dentro de las rutas de comunicación del mundo romano. Esta posición, unida al control del entorno comarcal, ayuda a entender por qué el enclave alcanzó una dimensión urbana destacada.

Uno de los rasgos más llamativos del conjunto es su adaptación al terreno. A diferencia de otras ciudades romanas del valle, levantadas sobre espacios más llanos, Bílbilis se organizó sobre laderas y zonas elevadas. Los edificios principales se situaron en la parte central, mientras que las viviendas se extendían hacia las cotas más altas. Las casas se distribuían en barrios, con calles que seguían la forma del relieve. Esa disposición da al yacimiento una lectura distinta, porque la ciudad no se impuso sobre el terreno de forma regular, sino que se fue ajustando a él.

El foro fue el principal espacio público. Su construcción se desarrolló entre el cambio de era y el reinado de Tiberio, y reunió algunos de los edificios más importantes de la vida administrativa y religiosa, como la basílica, la curia y el templo. Sus pórticos y galerías articulaban el conjunto y ayudaban a ordenar un espacio pensado para representar el nuevo papel de la ciudad dentro de la organización romana.

Junto al foro se encontraba el teatro, uno de los restos más destacados de Bílbilis. Tenía capacidad para unas 4.500 personas, una cifra superior a la población estimada de la propia ciudad. Por ello, se entiende que no estaba pensado solo para los habitantes del núcleo urbano, sino también para población procedente del entorno de la comarca. El edificio estaba conectado con el foro y formaba parte de un conjunto público concebido para concentrar la actividad social y ceremonial.

Teatro romano de Bílbilis.

Las termas completaban esa zona monumental. Contaban con una distribución propia de los baños romanos, con espacios fríos y calientes, piscinas y un sistema de abastecimiento vinculado a las necesidades de una ciudad situada en altura. La presencia de infraestructuras hidráulicas fue esencial para garantizar la vida urbana en un espacio con fuertes desniveles. Ese aspecto resulta especialmente importante en Bílbilis, donde el agua condicionaba la organización de la ciudad.

Hoy, Bílbilis sigue siendo uno de los grandes espacios arqueológicos vinculados al pasado romano de Aragón. La larga trayectoria de investigación, los restos conservados sobre el terreno y las piezas procedentes del yacimiento que se muestran en el Museo de Calatayud permiten completar la lectura de una ciudad que explica una parte esencial del origen histórico bilbilitano.

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