Zapatero, el último ‘shock’ de Pedro Sánchez: “Defenderemos su inocencia hasta que nos demuestren lo contrario”
Martes 19 de mayo, 9.17 h. de la mañana. Estalla la bomba política. La Audiencia Nacional confirma oficialmente lo que varios medios de comunicación publican desde primera hora: José Luis Rodríguez Zapatero está imputado por varios delitos de corrupción y la Policía registra su oficina y la sede de la empresa de sus hijas. La noticia coge al presidente del Gobierno en el Palacio de la Zarzuela junto a Felipe VI para la sanción de la reforma de la Constitución que aumenta la representación en el Senado de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Un acto meramente protocolario que ya no olvidará nunca Pedro Sánchez.
Porque nunca había ocurrido algo así. Zapatero se convierte en el primer expresidente del Gobierno de la historia democrática en ser citado en sede judicial como investigado. Un puñetazo en el corazón mismo del Partido Socialista y de su historia reciente. Y un mazazo también, en lo personal y en lo político, para Pedro Sánchez, que tiene en la figura del expresidente a un valedor, a un confidente, a un asesor y casi a su principal escudero. Todo un referente para la militancia, para la estructura al completo del PSOE y para el conjunto de la izquierda española, señalado ahora por el juez por tráfico de influencias, falsedad documental y organización criminal.
Al salir de Zarzuela, el presidente del Gobierno telefoneó a José Luis Rodríguez Zapatero. Según varias de las personas que tuvieron contacto con él, Zapatero estaba tan noqueado en lo anímico como decidido a defenderse. Así se lo trasladó a Pedro Sánchez, al que le desmintió las acusaciones y al que adelantó que se disponía a dar explicaciones públicas. Tras esa conversación, el presidente mandó un mensaje al chat de grupo de whatsapp de la Ejecutiva Federal del PSOE.
“Hoy más que nunca, debemos reafirmarnos en nuestra tarea de seguir luchando por hacer avanzar a nuestro país y defender el buen nombre de un compañero, el presidente Zapatero, que tanto bien hizo y hace a favor de la causa socialista”. El mensaje fue recibido en la cúpula socialista como lo que era: un toque de corneta para salir a proteger en tromba a un símbolo del PSOE acechado por la misma ofensiva orquestada, en su opinión, contra el hermano y la pareja de Sánchez o contra el Fiscal General del Estado.
Así que la reacción inmediata de Ferraz fue insinuar públicamente una campaña de 'lawfare'. “'El que pueda hacer, que haga' llevado a su máxima expresión”, se apresuró a apuntar la secretaria de Organización, Rebeca Torró, en referencia al llamamiento que hizo en su día José María Aznar para hacer caer a este Gobierno. Una consigna que la número 3 del PSOE parecía atribuir a los responsables de la investigación. En esa línea, la portavoz del partido, Montse Mínguez, publicó en sus redes: “No pararán”.
Antes de entrar en el Consejo de Ministros, Pedro Sánchez pudo comentar el terremoto político con los miembros de su Ejecutivo con los que coincidió en la sala de café previa al cónclave. Según varios de los presentes, el presidente admitió su profunda preocupación y el impacto de una noticia así, aunque se mostró contundente en la defensa de la inocencia de Zapatero. Pero todo se volvió a tambalear poco después del mediodía.
13.01 h. de la tarde. Acaba de empezar la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros y la Audiencia Nacional remite un resumen del auto en el que el juez define a José Luis Rodríguez Zapatero como “líder de una estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias”. Esa definición cae en la Moncloa como otra auténtica bomba, casi de más impacto que la anterior de la imputación. Que el magistrado de la Audiencia Nacional, José Luis Calama, vaya tan lejos en la terminología elegida para definir el papel de Zapatero en la causa investigada hace temer lo peor: que realmente el juez tenga en su poder un material probatorio tan contundente que deje sin salida al expresidente. Una sensación que por momentos hizo recordar a lo vivido con Santos Cerdán hace justo un año.
El ambiente de absoluta desolación se refleja a esa hora en las caras de los ministros a los que le toca salir en rueda de prensa y también en las de sus equipos. Hay desconcierto, falta de información y temor a que todo vuelva a saltar por los aires. La portavoz del Gobierno apenas atina a despejar las insistentes preguntas de la prensa, pero a esa hora huye ya de las insinuaciones de 'lawfare' y del tono durísimo contra los investigadores que empleó el partido en su primera reacción. “Desde esta mesa, máximo respeto a la justicia. Creo que la justicia hará justicia. Y, por nuestra parte, máxima colaboración”, se limitó a apuntar, compungida, tras mostrar su “orgullo” por el legado político de Zapatero.
Todo el mundo a quien se preguntaba en el Gobierno y en el partido durante las horas que pasaron desde la nota de Audiencia Nacional hasta que fue público el contenido del auto respondía con la misma petición: tiempo y cautela. Pero ya nadie se lanzaba a la ligera a hacer acusaciones de guerra judicial, de campaña orquestada o de ofensiva ultra. Hasta que el presidente y su equipo tuvieron acceso, al fin, al escrito del juez Calama.
16.44 h. El auto de imputación se hace público. Pedro Sánchez y sus colaboradores más cercanos analizan con lupa un auto implacable en sus acusaciones a Zapatero, pero que, al contrario de lo esperado, genera una sensación de cierto alivio en la Moncloa. Se llegaron a temer pantallazos, fotos, capturas de pantalla, pinchazos telefónicos o transcripciones de conversaciones que sustentaran la definición de “líder de una estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias” y dejaran al expresidente sin coartada. Pero el escrito del juez, aunque durísimo en su interpretación de la actividad presuntamente delictiva del expresidente, no aporta nada de eso.
“Esto no tiene nada que ver con Cerdán porque de Cerdán tuvimos un informe de la UCO que aportaba pruebas indiscutibles de acusaciones muy graves. Aquí hay acusaciones muy graves y respetamos la investigación, que nos parece seria, pero no se aporta una sola prueba documental”, sostienen la Moncloa para explicar que Sánchez mantenga, por ahora, su confianza en la inocencia de Zapatero. Desde el Ejecutivo ponen un ejemplo concreto: “El auto habla de una comida de Zapatero con Julio Martínez y señala que una semana después Martínez constituye una empresa en Dubai. El escrito lo atribuye a una orden de Zapatero durante esa comida, pero no aporta ninguna prueba de ello. Ni wasaps, ni pantallazos, ni conversaciones. Y encima la empresa no se constituyó”.
Por eso, la conclusión del estudio detallado del auto fue mantener el respaldo expreso al expresidente. “Con lo que tenemos, nos mantenemos firmes en la inocencia del presidente Zapatero. Hasta que nos demuestren lo contrario, nuestra defensa es cerrada. Así que máxima cautela, porque esto va a durar mucho tiempo”, se resignan en la Moncloa.
Miércoles, 9.00 h. Y este miércoles por la mañana, en efecto, Pedro Sánchez cerró filas. “Toda colaboración con la justicia, todo respeto a la justicia y todo mi apoyo al presidente Zapatero, señorías”, contestó a los ataques de la derecha. Tras la sesión de control, el líder del PP volvió a amagar con lanzar la moción de censura que nunca llega por el miedo a perder una votación para la que, recuerdan en su entorno, le faltan “cuatro votos”. Los mismos que le separaron en 2023 de la investidura.
“Voy a hacer todo lo posible porque haya un cambio de Gobierno”, dijo Feijóo en conversación con los periodistas tras otro turno de palabra con el presidente en el que no fue capaz de cuadrar la frase que le habían escrito para los titulares del día (“el que pueda robar, que robe”). Pero ese “todo lo posible” para llegar a la Moncloa no pasa por arriesgarse a otro fiasco parlamentario, porque el líder del PP se matizó a sí mismo poco después. En un acto informativo posterior aseguró que “hacer una moción de censura para confirmar al Gobierno es infantil”. Una réplica a Vox y los llamamientos de Santiago Abascal para que el líder del PP se lance ya a por Sánchez.
Con todo, sí hay un cambio de ánimo en la dirección del PP, que lleva dos años reteniendo su propia tentación de presentar la moción. La imputación de Zapatero se analiza como un “hito” diferencial al resto de casos de corrupción que atenazan al Gobierno. Un torpedo a la línea de flotación del “sanchismo”. El penúltimo escalón, sostienen, antes de llegar al “uno”: Pedro Sánchez. La fecha clave es el 2 de junio, cuando está prevista la comparecencia de Zapatero ante el juez. Lo que ocurra ese día determinará si Feijóo ve opciones de triunfar en una moción de censura. Porque en caso contrario, dicen en su entorno, no la presentará.
Entre los aliados parlamentarios de Sánchez, Junts vuelve a ser la pieza clave que le faltaría al PP para armar una mayoría junto a Vox, cuya relación con el Gobierno en los últimos meses pasa por un pésimo momento. Pero los independentistas, lejos de aprovechar el escándalo de Zapatero para cercar al Ejecutivo, se han puesto de perfil. De hecho, lo único que ha trasladado la formación es su deseo de que “se aclaren los hechos y que se respete la presunción de inocencia”, incluso después de conocerse el auto judicial que detalla los cargos, que Junts ha preferido no entrar a valorar.
Tampoco el resto de los socios que dieron a Sánchez la investidura hace dos años y medio están por la labor de apoyar la llegada de Feijóo a la Moncloa. “Nuestra línea roja sigue siendo la financiación ilegal”, explican fuentes de ERC, y por ahora ninguno de los múltiples casos de corrupción que afectan al PSOE apunta a que el partido se haya nutrido irregularmente de fondos. Desde el PNV también alejan la posibilidad de cualquier pacto en el que participe Vox. Y la líder de Podemos, Ione Belarra, afirmó este miércoles que “la solución a la corrupción del PSOE no es la corrupción del PP” al ser preguntada por la posibilidad de apoyar una moción de censura.
No obstante, el cambio de tono de los socios parlamentarios de la Moncloa fue muy notable este miércoles con respecto al martes, cuando la mayoría de ellos salieron —antes de tener en sus manos el auto judicial— a defender a Zapatero y deslizaron la posibilidad de que estuviera siendo víctima de lawfare. “Si esto es verdad, es una mierda, y si es mentira, es una mierda aún mayor que hemos visto muchas veces”, sostuvo el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, que enmendó su reacción del martes. “El auto pinta feo” y el tráfico de influencias no podría haber tenido éxito “sin el Gobierno”, planteó por su parte Belarra, que el martes había preferido poner el foco en que “la derecha le tiene muchas ganas” a Zapatero.
Ni siquiera Sumar, cuya portavoz Verónica Martínez deslizó el martes sus “sospechas” sobre una posible persecución judicial injusta contra el expresidente, se mantuvo en esas tesis tras leer el auto. El portavoz adjunto y líder de IU en el Congreso, Enrique Santiago, evitó abonar la teoría del lawfare y se limitó a afirmar que, “si se han cobrado cantidades por gestiones políticas”, como asegura indiciariamente el auto de la Audiencia Nacional que hizo Zapatero, “eso es un delito”.
Ahora el PSOE, el Gobierno y las fuerzas parlamentarias que lo sostienen vuelven a contener la respiración, de nuevo, hasta saber si será esta vez o no cuando definitivamente suba tanto la marea como para llevárselo todo por delante. Una situación conocida para la que se emplazan al 2 de junio, el día en que desfilará José Luis Rodríguez Zapatero por la Audiencia Nacional para declarar como el primer expresidente imputado.
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