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Las claves del órdago de Rufián a ERC: el control de la lista y de la línea política en el Congreso

Rufián, esta semana, en el Congreso.

Daniel Ríos / Arturo Puente

21 de mayo de 2026 21:45 h

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“Yo no voy a volver a presentarme por ERC a las elecciones generales si no se cumplen unas condiciones”. Esas fueron las palabras que pronunció el miércoles el portavoz republicano en el Congreso, Gabriel Rufián, en un acto celebrado en Madrid en el que también anunció su disposición a encabezar una “confluencia, una colaboración o un espacio de unión para maximizar resultados entre las formaciones soberanistas y las estatales”. Rufián rechazó concretar esos requisitos para mantenerse como candidato de ERC y no irse a su “casa”, pero lo cierto es que son básicamente dos: el control del grupo parlamentario en el Congreso —lo que implica tener, al menos, una mayoría de dirigentes afines en las listas— y la capacidad de marcar la línea política del partido en Madrid.

Con el órdago que lanzó el miércoles, el dirigente señaló públicamente por primera vez una serie de líneas rojas para mantenerse como líder de ERC en el Congreso. Pero, aunque no se hubieran escenificado públicamente antes con tanta claridad, las exigencias de Rufián son producto de unas desavenencias internas larvadas durante largo tiempo tanto en el seno de ERC como en el grupo parlamentario de Madrid. Las discrepancias ideológicas y estratégicas que se evidenciaron en el congreso del partido que terminó con la reelección de Oriol Junqueras como presidente de ERC en diciembre de 2024 también son patentes en la delegación del partido en la Cámara Baja, y las diferencias entre los diputados del sector más nacionalista y los del ala más obrerista —la que representa Rufián junto a dirigentes históricos como Joan Tardà— son profundas.

En ese congreso de hace año y medio, los republicanos demostraron que existe una división profunda en torno a la línea política a seguir, tanto que Junqueras revalidó el liderazgo del partido con el 52% de los votos de la militancia, por el 42% que obtuvo la lista Nova Esquerra Nacional, que agrupó a los críticos. Y Rufián quiere evitar, según confirman fuentes conocedoras de la situación, que esas diferencias —que se han trasladado a Madrid— sigan condicionando el trabajo del grupo parlamentario de ERC en el Congreso, como está ocurriendo esta legislatura. La reivindicación no es nueva, pero Rufián quiere aprovechar el tirón electoral que ha conseguido en los últimos meses para lograr un equipo más afín.

La cuestión no gira solo en torno a las afinidades o desavenencias personales, sino que se debe a que la elección de unos u otros candidatos, explican las fuentes consultadas, será determinante en la línea ideológica y estratégica que seguirá ERC en la próxima legislatura. Por ello, Rufián también aspira a tener mando en plaza para decidir sobre los posicionamientos de los republicanos en el Congreso, una cuestión mucho más delicada porque supondría que la dirección nacional del partido en Barcelona tendría que consensuar posturas con la delegación de Madrid.

Esas diferencias en torno a las listas se suman a las ya conocidas en relación al deseo de Rufián de que ERC se presente a las generales en Cataluña en coalición con los Comuns y la CUP, una posibilidad que la dirección republicana rechaza con contundencia, pero en la que el portavoz insiste. De terminar cerrándose una alianza —algo que parece muy poco probable a día de hoy—, el control de las listas sería incluso más importante, puesto que las negociaciones internas en el grupo parlamentario cobrarían aún más protagonismo en el día a día.

La respuesta de ERC: “No somos un partido a la izquierda del PSOE”

En cualquier caso, la dirección republicana insiste en que no va a ceder a la presión de Rufián para firmar una alianza con los Comuns. “ERC es y quiere ser la izquierda nacional catalana, desde el centro izquierda hasta la extrema izquierda, no un partido a la izquierda del PSOE que nos convierte en minoritarios cuando no lo somos”, enmendaba este jueves un miembro de la cúpula de ERC la línea que Rufián viene marcando desde hace varios meses. 

Los de Oriol Junqueras asisten cada vez más atónitos al movimiento que protagoniza su jefe de filas y se preguntan cuál es su destino final, si está creando un escenario para salir del partido o si quiere negociar unas condiciones que, en todo caso, deberá proponer en los órganos internos del partido y no en los micrófonos del Club Siglo XXI de Madrid.

En la dirección de ERC la consigna sobre los movimientos de Rufián es clara: emitir los mínimos mensajes posibles y remitirse siempre a la línea marcada por su secretaria general en febrero, cuando aseguró que ERC se presentaría a las elecciones con sus siglas y únicamente en circunscripciones catalanas. Este era el manual con el que respondían este jueves a las afirmaciones de su jefe de lista en Madrid, después de que hubiera abierto la puerta a presentarse con una candidatura diferente a la de ERC –algo que negaba hace tres meses– y de que hiciera público que había marcado unas condiciones para quedarse en su partido.

Pero, más allá de la comunicación, el malestar en ERC con Rufián ha ido en aumento. No solo en la dirección, sino también entre cargos institucionales y representantes territoriales, que ya no disimulan la estupefacción ante lo que consideran un pulso de su líder en el Congreso. Un choque al que Junqueras no entrará por estrategia. De hecho, en el partido mantienen la mano tendida a que Rufián siga siendo el cabeza de lista. Pero voces más beligerantes entienden que Rufián transgrede también la propia línea política del partido que, recuerdan, se decide en los congresos y de forma democrática por parte de la militancia.

Respecto a las condiciones que Rufián reclama, a ojos de su partido las hay absolutamente imposibles, como que ERC se sume a unas candidaturas estatales con las diversas izquierdas que se agrupan en Sumar, y las hay negociables, como la confección de las listas. Esta cuestión, sin embargo, es problemática, porque en ERC las candidaturas se aprueban en asambleas territoriales. La dirección tiene, obviamente, mucha capacidad de influir en estas reuniones, pero no infinita. Y la postura de Rufián, que casa con la corriente interna de Àgora Republicana que lidera Joan Tardà, es absolutamente minoritaria en todas las asambleas. 

Algo similar ocurre con la línea política, que se marca en los congresos del partido y queda recogida en las ponencias oficiales que, por cierto, en ERC suelen ser muy minuciosas. Estos documentos marcan la postura del partido en la mayoría de cuestiones, así como el Consejo Nacional es el órgano supremo entre congresos, donde se dilucida todo lo relativo a la interpretación de esos documentos base. Por esta razón, que Rufián pueda decidir desde Madrid la posición de ERC en todos los debates que lleguen al Congreso es una aspiración que en la dirección republicana ven poco realista.

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