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La dirección del viento está cambiando

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. EFE/EPA/Debbie Hill
26 de octubre de 2026 22:42 h

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Julian Borger, editor de asuntos internacionales en The Guardian, ha publicado este pasado domingo un artículo con el título 'Diez días que pueden sacudir el mundo', en el que sostiene la tesis de que la alternativa entre autoritarismo y democracia se puede ver afectada decisivamente en los diez días que van desde las elecciones en Brasil y Serbia el 25 de octubre y las elecciones de mitad de mandato en los Estados Unidos el 3 de noviembre, con las de Israel del 27 en medio de todas ellas. 

Toma como punto de partida la investigación del V-Dem Institute con sede en Suecia, uno de los centros de estudio más respetados en todo el mundo acerca de la calidad de la democracia, en la que llega a la conclusión de que “las libertades democráticas disfrutadas por el ciudadano global medio hoy han descendido a los niveles de 1978, mucho antes de la caída del Muro de Berlín y del colapso del comunismo en Europa”. 

El conjunto de las cuatro elecciones convocadas para los diez días mencionados, Brasil, Serbia, Israel y Estados Unidos, puede detener el avance de la autocracia que se ha producido en los últimos cincuenta años o fortalecerlo, dependiendo de que el resultado electoral sea favorable a los partidos de derecha y extrema derecha o lo sea a los partidos prodemocráticos. Lods resultados en Briasil y Serbio este domingo, con las victorias de Luiz Inácio Lula da Silva y la Lista Estudiantil, respectivamente, invitan a la esperanza.

Para el momento en que, en la noche del 3 al 4 de noviembre, se haga el recuento de los votos en las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, el mundo del autoritarismo y de la democracia puede parecer completamente distinto. Porque las cuatro elecciones a las que se ha hecho referencia, no solamente van juntas, sino que están entrelazadas. El movimiento MAGA ha dado su apoyo político de una manera explícita a Netanyahu, Vucic y Bolsonaro. La huella israelí de Pegasus se ha encontrado en los teléfonos de los estudiantes activistas por la democracia en Serbia. Bolsonaro apoya decididamente a Israel y se ha comprometido a seguir a los Estados Unidos en el traslado de la Embajada a Jerusalén. Serbia se ha comprometido a gastar dos mil millones de dólares en el sistema de defensa de Israel y en este mismo mes de septiembre ambos países han inaugurado una fábrica de producción de armas de vigilancia y ataque. 

La deriva autoritaria o democrática de los cuatro países ha sido distinta, de acuerdo con la investigación del V-Dem Institute.

Brasil es el único de los cuatro que ha vivido en los últimos años, con la victoria de Lula en las elecciones anteriores, un resurgimiento de la democracia, habiendo escalado en el ranking democrático del Instituto al puesto número 28. El más alto que ha ocupado a lo largo de su historia. 

Serbia ocupa el número 112, tras doce años de gobierno de Aleksandar Vucic, en los que se ha corroído de manera sistemática los pilares de la democracia, de manera similar a como lo hizo Viktor Orbán en Hungría. 

Israel ocupa el número 48 y se enfrenta en estas elecciones a opciones que no se diferencian esencialmente en sus posiciones respecto de Palestina, pero sí en posiciones respecto a la decencia en el ejercicio del poder. Netanyahu es reconocido como el primer ministro más corrupto de la historia del Estado de Israel. Y la corrupción hace imposible el ejercicio democrático del poder y su reconocimiento tanto dentro como fuera del país. 

Estados Unidos, por último, ocupa el número 51. Ningún país occidental se ha desdemocratizado a la velocidad que lo ha hecho Estados Unidos, especialmente en este segundo mandato de Donald Trump. 

Ningún proceso de desdemocratización ha tenido el impacto que el de los Estados Unidos. Sin los Estados Unidos de Trump no se habría configurado la Internacional autoritaria que ha impulsado las opciones autocráticas tanto en el continente europeo como en el americano. 

Únicamente Brasil ha acudido a las elecciones con una experiencia de resurgimiento democrático activa. Serbia lo ha hecho, e Israel y EEUU lo harán, en medio de experiencias autoritarias y corruptas. Es una experiencia conjunta muy apropiada para calibrar la vis atractiva de la democracia y el autoritarismo.

El resultado de las elecciones de este domingo en Brasil y Serbia, y las posibles derrotas de Netanyahu y el trumpismo que vaticinan las encuestas en Israel y Estados Unidos, vistos en su conjunto, apuntalarían un cambio en la dirección del viento de cara al ciclo electoral que se abre el 29 de noviembre en España y que tendrá continuidad en Francia, Italia y Polonia. 

El domingo por la noche se respiraba de una manera distinta. Entre este martes y el próximo se acabará de decidir si nos dirigimos hacia un mundo simplemente más democrático o mucho más democrático. No es poca cosa.

   

 

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