“Tenemos que hablar”: un psicólogo explica por qué la conversación es la mejor forma de cuidar las relaciones
Se advierte constantemente sobre los riesgos del tabaco, del sedentarismo o de la mala alimentación, pero rara vez sobre la importancia de cuidar las relaciones personales a nuestro alrededor como uno de los mayores protectores de bienestar. La evidencia científica demuestra que los lazos y el apoyo social percibidos son elementos reguladores de salud que afectan, en buena medida, a la autoestima o la identidad, entre otros rasgos.
“Toda relación se basa en la conversación, que puede ser más ligera, si te pregunto por el fin de semana el lunes cuando nos vemos en la oficina, o puede ser más profundas, cuando por fin puedo sentirme vulnerable o puedo compartir algo que para mí es un peso específico”, establece Álvaro Tejedor, psicólogo especializado en comunicación y habilidades sociales.
“No es dicotómico, no es que un día alguien decida darme esa oportunidad, sino que para que esa conversación trascendental pueda darse hay algo que se va construyendo en el día a día de forma gradual, con esas pequeñas conversaciones, esas muestra de interés y esa forma de exponerme al hablar de quién soy y, evidentemente, tiene que haber un contexto que lo favorezca”, explica.
En un entorno en el que la prisa o el miedo a mostrarse vulnerable son omnipresentes, esas charlas aparentemente intrascendentes pueden convertirse en los andamios imprescindibles para lograr la intimidad. “Cuando tienes que ir a la oficina todos los días y pasar ahí ocho o nueve horas, la relación que tienes con tu entorno laboral también es un factor de riesgo psicosocial. Es decir, la cultura que hay en tu empresa, el clima, el estilo de liderazgo, puede ser algo que determine no solo tu salud, sino también tu desarrollo profesional, incluso si dejas tu trabajo o si esas relaciones laborales te causan un daño”, explica Tejedor, que ve en esas conversaciones ligeras la forma de tejer un espacio de seguridad.
Conflicto o silencio
Uno de los mayores errores en la convivencia, o connivencia, que señala el psicólogo es “confundir la paz con la ausencia de discrepancias”. “El conflicto, por muy incómodo que sea, es una manera de intercambiar sensaciones, inquietudes, deseos, formas de ver las cosas y a veces de ese conflicto, por ejemplo en el ámbito laboral, se puede generar innovación, evolución, nuevos consensos y se puede transformar la manera de hacer las cosas”, defiende.
Por eso, para él “la ausencia de conflicto no significa la ausencia de problema, sino generalmente la ausencia de comunicación”. “Y la ausencia de comunicación suele ser consecuencia de que nos falta confianza, falta de sensación de intimidad, de que puedo compartir lo que realmente soy delante de ti o lo que tú realmente eres delante de mí”, valora el psicólogo.
Pero con las agendas saturadas, la prisa y el cansancio cotidianos, las conversaciones significativas rara vez surgen al azar, especialmente por la tendencia a evitarlas. Por eso, tanto en pareja, como en la amistad, en familia o en lo laboral, Tejedor propone buscar espacios específicos de diálogo que puedan ayudar a cuidar la salud de nuestra relación y resignificar de forma positiva la expresión “tenemos que hablar”.
“Me gustaría que se viera como una invitación, que hiciese ilusión porque vamos a pensar juntos en qué podemos mejorar y también me van a decir qué estoy haciendo bien, en vez de verlo como un peñazo que quiero evitar”, comenta el especialista.
En el trabajo, el psicólogo señala que ese fomento de la comunicación podría materializarse en reuniones individuales periódicas de reflexión honesta que vayan más allá de un ‘qué tal’. “Si tienes un equipo de diez personas, puedes tener un uno a uno mensual con cada persona de tu equipo en el que se plantee qué crees que se podría hacer mejor para invitar a una reflexión más profunda y compleja”, pone como ejemplo Tejedor. “Si hablamos de la pareja, por ejemplo, contar con una horita a la semana de tomarnos un café juntos y hablar sin profundizar solo en lo negativo, también para señalar y reforzar lo que estamos haciendo bien”, recomienda.
La fórmula
Para evitar que una conversación compleja se convierta en una batalla de reproches, Tejedor aconseja recurrir a pautas de asertividad concretas: “Introducir siempre una descripción en lugar de un juicio, hablar de cómo estoy viendo yo las cosas; una muestra de empatía hacia la persona que ve las cosas diferentes a mí, es decir, verbalizar incluso justificar en positivo la conducta del otro, aunque no me beneficie; y a partir de ahí intentar crear consensos, hacer propuestas concretas y hablar de los beneficios de esas propuestas”.
Tejedor destaca también la necesidad de encontrar un equilibrio entre la preparación previa para ese encuentro, que pasa por escucharse a uno mismo y acudir con las inquietudes y propuestas claras, y la flexibilidad para dejar espacio a la improvisación y a la escucha activa de lo inesperado.
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