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'Yerma' vuelve al teatro en el que nació, bajo la influencia del asesinato de su autor y en el gran año de Lorca

'Yerma' en el Teatro Español

Pablo Caruana Húder

4 de noviembre de 2026 22:14 h

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El peso histórico y teatral de la velada era mucho. Yerma volvía 97 años después de su estreno a tomar vida en las mismas tablas donde vio la luz, el Teatro Español de Madrid. En el ensayo general, su director, Eduardo Vasco, decidió hablar con el público antes de que la representación diese comienzo para contextualizar la velada y recordar a quienes estuvieron en aquel estreno de 1934: a la actriz Margarita Xirgu, al director Cipriano Rivas Cherif y el poeta Federico García Lorca. Un comienzo emocional para una velada que acabaría en sobrecogimiento.

En la platea, el público es heterogéneo, gente de teatro comparte butaca con una nueva generación de jóvenes. Los tiempos han cambiado y Lorca está más presente que nunca. Las nuevas investigaciones académicas que han sacado a la luz correspondencia y entrevistas del escritor, las obras de teatro de Alberto Conejero, María San Miguel o Juan Diego Botto; y, sobre todo, la irrupción de la película La bola negra, han hecho que toda una nueva generación se haya acercado de nuevo al poeta granadino.

Eduardo Vasco es uno de los directores con mayor recorrido de este país. Desde hace tres años dirige el Teatro Español, donde ya ha logrado un gran éxito con Luces de bohemia de Valle-Inclán. Pero ahora, el director acomete todo un reto: dirigir su primer Lorca. La obra elegida ha sido Yerma, segundo drama rural del granadino posterior a Bodas de sangre y justo anterior a La casa de Bernarda Alba.

Yerma se estrenó un 28 de diciembre de 1934. A aquel ensayo general fueron, entre otros, el premio Nobel Jacinto Benavente, Miguel de Unamuno y el propio Valle-Inclán. A pesar de 'espontáneos' que intentaron acabar con el estreno con insultos a Margarita Xirgu, la obra tuvo un éxito descomunal.

En el ensayo general de esta Yerma del siglo XXI, salvando las distancias, también había personajes centrales del teatro en democracia de este país como los gestores Miguel Garrido o José Antonio Campos. Ambos dirigieron en su momento el Instituto Nacional de Artes Escénicas y su presencia ponía de relieve la importancia de este estreno en un país que ha tenido que luchar mucho para que una obra como Yerma pueda subir al cartel del teatro público más importante de la ciudad sin importar el color del Gobierno de turno.

'Yerma' en el Teatro Español

Vasco tiene esa capacidad. La de trabajar desde una dirección de escena que entronca con la tradición teatral más conservadora, y así no levantar odios, pero al mismo tiempo hacerlo sin soslayar el peso ideológico de un teatro, el del siglo XX, que está vertebrado por grandes hombres de la izquierda.

Para la ocasión, el director ha contado con una potente actriz en el papel de Yerma, Lara Grube, y un coro de mujeres de tintes trágicos que encarnan ese pueblo de España donde el hombre reina sobre la mujer bajo un sistema moral férreo y opresor. Doce actores dan vida a la obra. Francisco Ortiz es Juan, el marido. Veteranas actrices como María Isasi, Yolanda Arestegui o Silvia de Pé encarnan ese pueblo que palpita en las páginas de Lorca.

“Para mí, es fundamental la afirmación de Lorca cuando dice que en Yerma quiere hacer una tragedia con ropajes modernos”, explica Eduardo Vasco, tras el ensayo general, a este periódico. “Mi propuesta es muy teatral, Yerma está ideada como una tragedia con coro y es ahí donde he insistido, en cómo unir ese coro trágico con la lírica del texto”, argumenta este director siempre apegado al libreto y obsesionado con legar un canon al teatro de repertorio de este país.

La obra comienza. Todo es correcto. Las escenas están bien hilvanadas. La música, dirigida por el mismo director, une con tino lo popular y la música más culta. El texto, de una gran carga poética, se dice con solvencia. Los trajes de Lorenzo Caprile, el manejo del coro, homenajes velados al montaje de Núria Espert en 1971, todo funciona y eleva una Yerma sobria y trágica. Pero ya en la primera escena el espectador puede percatarse de que, además de esa forma de hacer más normativa, por el montaje fluye una corriente subterránea. Para esa escena, Lorca escribe: “Un pastor sale de puntillas mirando fijamente a Yerma. Lleva de la mano a un niño vestido de blanco…”. Sin embargo, en escena el público ve a un soldado siniestro que coge un vestido de marinero y de manera enigmática sale por un lateral.

'Yerma' en el Teatro Español

La obra continúa, llegan las escenas famosas, las lavanderas que cantan “¡Ay de la casada seca!, ¡ay de la que tiene los pechos de arena!”. Ya en el tercer acto, otro momento pone de manifiesto que aquí, además del texto del propio Lorca, hay una mirada histórica y política por parte de la dirección. Las cuñadas de Yerma, esas dos mujeres tiesas, comienzan a cubrir con paladas de tierra el escenario. Aparece el mundo de las fosas, se cruzan la ficción de Lorca y su destino.

Pero el final rompe con todo. Una Lara Gurbe ya rendida y condenada después de matar a su marido baja al pasillo de la platea y, como una Antígona clásica, recita su texto: “¡No os acerquéis, porque he matado a mi hijo, yo misma he matado a mi hijo!”. Pero ahí, donde el texto dice “telón”, Vasco vuelve a convocar a aquel soldado negro del principio que desde el proscenio apunta con un fusil hacia la platea. “No apunta al público, apunta a Yerma”, corrige el director ante la pregunta de ese cambio diametral del final.

Vasco se defiende de lo que tilda de lecturas fáciles: “No es un final cerrado, pero hace referencia directa al contexto histórico. Los españoles no podemos leer a Lorca sin tener presente su asesinato”, dice, para luego pasar a explicar la especial incidencia que esta obra ha tenido para las gentes del teatro. “La desintegración del equipo de Yerma [con Lorca muerto, Margarita Xirgu en el exilio y el director, Rivas Cherif, en la cárcel] fue y sigue siendo muy significativa. No se entiende el retraso teatral de este país sin esa brecha. La profesión, después de todo aquello, tuvo que hacer tabula rasa. El trauma fue descomunal”, argumenta para luego añadir desde un plano más íntimo: “El equipo que hemos montado esta obra vivimos en los mismos pasillos que ellos, estamos en los mismos camerinos, trabajamos sobre el mismo escenario”.

Pero la escena tiene un poder semántico más allá de lo histórico y la intrahistoria teatral. La imagen de ese fusil en escena se queda pegada a la pupila, supera aquel 18 de agosto en el que fusilaron al poeta. Además, ciertas decisiones desde la dirección apuntan a una voluntad de que así sea. En uno de los cantos previos a ese final, el coro canta un sorpresivo “Mirad qué oscuro se pone el corazón de España”, cuando el original dice: “Mirad qué oscuro se pone el chorro de la montaña”. El director confiesa: “Es el único verso que le he cambiado a la obra”. “El público es plenipotenciario, si quiere vincularlo a las elecciones, tan solo decir que esta obra la hemos trabajado sin saber que iban a ser convocadas”, añade.

'Yerma' en el Teatro Español

Normalmente, los directores no se prestan a hablar del final de sus obras, pero Vasco parece entender la relevancia de su decisión y también confiesa que el final tiene lecturas más políticas que se entrelazan con la actualidad: “La capacidad que tenemos en este país de no entendernos, de acabar polarizados y radicalizados en posturas que acaban con la posibilidad de cualquier consenso es enorme, debemos cuidar el diálogo, si no desapareceremos”, concluye.

Todo parece indicar que hasta finales de diciembre, que la obra se mantendrá en cartel para iniciar su gira por España, se hablará mucho de este final, de su pertinencia. Vasco confiesa que la idea llegó con la obra casi montada, que vio necesario confrontarla con lo que rodeaba al poeta en aquel momento, “es increíble la belleza torrencial que emana de todas sus declaraciones y trabajos en aquella época. No encuentras una declaración agresiva de su parte. Siempre contrapone la fragilidad, la ternura y la poesía al pragmatismo inhumano, al cerrilismo. Y el final de Lorca es tan terrible, hay un contraste tan brutal, que yo, con un juego de pura dirección teatral, he intentado plasmarlo en escena”, concluye.

Cuando la obra acaba, el público reacciona con un gran aplauso. Yerma ha vuelto a sonar en el Teatro Español. Lara Gurbe resopla, se emociona y suenan vivas y apoyos cerrados desde las butacas. Aun así, uno puede sentir cierta electricidad sobrevolando el aire que llega hasta las puertas del Teatro Español, a una plaza de Santa Ana donde se oyen unas voces que vienen de la calle del Príncipe. Doscientas personas gritan a cien pasos del teatro, justamente frente al Teatro de la Comedia donde en 1933, un año antes del estreno de Yerma, se fundó la Falange Española. Se oyen gritos de “José Antonio Primo de Rivera, presente”, se encienden bengalas, se canta el Cara al sol a pleno pulmón con el brazo en alto y la barbilla prominente.

No parece que el Teatro Español tuviese planeado realizar este ensayo general que sabía histórico el mismo día que se fundó Falange, pero la jornada irremediablemente acaba con esa performance no programada, la de una Yerma fusilada entre gritos de Falange, una performance tan urbana y siniestra como actual.

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