Sobre este blog

Este es un blog respaldado por la Diputación de Sevilla para la difusión de información relativa a la provincia.

De un anillo a unas pepitas de sandía: así se trabaja en Cañada Rosal para identificar a 74 personas asesinadas en 1936

La arqueóloga Carmen Romero en el laboratorio del cementerio sevillano, ante las cajas con los restos de 74 personas exhumadas.

0

Coral tenía 16 años. La noche del 26 al 27 de agosto de 1936 fue obligada a subir a un camión en Fuentes de Andalucía por un grupo de milicianos falangistas. Junto a ella subieron a ese camión otras ocho jóvenes, todas como máximo con 22 años. Las crónicas de la época no se ponen de acuerdo en la cifra exacta, pero todas pasaron tristemente a la historia como ‘Las niñas del Aguacho’.

Se llama así la finca en la que fueron asesinadas, después de ser obligadas a cantar, bailar y servirles la cena a sus asesinos. Luego, las violaron antes de fusilarlas. Durante muchos años, sus familias pensaron que las habían tirado a un pozo, pero 90 años después todo parece indicar que, finalmente, podrán ser enterradas dignamente.

A las niñas del Aguacho se las llamó así por el nombre de la finca donde fueron asesinadas. Tras la doble muerte que sufrieron, la física y la de esconder sus cadáveres para que sus familias no pudieran siquiera llevarles flores, el trabajo multidisciplinar desarrollado en la vecina localidad de Cañada Rosal parece que puede dar sus frutos.

En las dos fosas comunes que se han excavado en el pueblo, a 29 kilómetros de Fuentes de Andalucía, se han encontrado los restos de 74 personas. Diez son mujeres, y todo conduce a que sean ellas, pero todavía queda investigación científica por delante que lo corrobore.

ADN, anillos o suelas 

A las 8.00 de la mañana, nada más amanecer, llega al cementerio de Cañada Rosal Carmen Romero. Es la arqueóloga que trabaja en la última fase de la investigación de los 74 restos. En la pared principal de su laboratorio están apiladas las 74 cajas con los códigos, que, de momento, identifican a estas víctimas, algunas con claras muestras de muerte violenta. Sobre una mesa se distribuyen objetos de todo tipo: pendientes, anillos, suelas de zapatos y hasta pepitas de sandía. Todo vale para identificar a una persona asesinada hace 90 años. 

La arqueóloga muestra algunos de los objetos que se analizan para intentar identificar a las víctimas.

De forma paralela, en Fuentes de Andalucía se están recogiendo muestras de ADN a posibles familiares de las víctimas que descansan provisionalmente en cajas de plástico. Carmen Romero trabaja contra reloj para terminar su trabajo y conseguir el fin último: que esas personas descansen en una tumba con su nombre, y con una premisa que tiene en cuenta: puede que algunas nunca sean identificadas, “porque la huella genética se puede perder en personas, que por ejemplo, no han tenido hijos”. La esperanza de vida juega en contra de la investigación, y, con suerte, se pueden encontrar todavía a nietos o bisnietos de los asesinados. Si no tuvieron descendencia, todo se complica.

Por eso se trabaja con cualquier objeto que pueda servir para la identificación. “Si encontramos, por ejemplo, un lápiz, podríamos estar hablando de un carpintero. Si en 1936 se denunció la desaparición de un carpintero, ya tenemos una pista”, explica la arqueóloga.

Ayuda de la Diputación de Sevilla

En Cañada Rosal se trabaja en dos fosas comunes desde 2020. Se localizaron en el antiguo cementerio, que ahora es un parque periurbano. Los primeros trabajos de exhumación se realizaron con subvenciones del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática y de la Federación de Municipios y Provincias, y en diciembre de 2025, la Diputación le concedió al proyecto una subvención por valor de 70.000 euros, que cubre los trabajos que se están realizando en la actualidad: el estudio genético y antropológico de las víctimas.

A falta de ayudas de otras administraciones, se ha contado con el resto para sacar adelante los resultados. El Observatorio Provincial de la Memoria Democrática de Sevilla, un laboratorio de ideas para las víctimas del franquismo que nació hace justo ahora un año, impulsa los proyectos memorialistas de la Diputación de Sevilla, canalizando “las aspiraciones de la sociedad civil, incentivar la participación ciudadana y la reflexión social y reparar y reconocer la dignidad de las víctimas del franquismo”.

En Cañada Rosal no se comenzó a trabajar a ciegas. El cronista oficial de la villa, José Antonio Fílter, ya había publicado estudios sobre las dos fosas comunes. Cuando llegó el momento de excavar no solo se extrajeron restos humanos, sino cualquier objeto en torno a los restos. Como un puzle imposible, los científicos consiguieron unir todo lo hallado, y en 2025 se dieron por finalizados los trabajos.

“La primera fosa que se concluyó fue en el año 2022. Los resultados fueron la exhumación de los restos de 14 víctimas y en la segunda 60. Aquí, en Cañada Rosal, teníamos un censo de víctimas de en torno a 25, con lo que el número de víctimas que han aparecido en fosas exceden al número de personas desaparecidas o asesinadas en el pueblo, así que tenemos la certeza de que hay víctimas de La Luisiana, El Campillo o Fuentes de Andalucía”, señala la arqueóloga.

Entre los restos aparecieron, entre otras cosas, pepitas de sandía. ¿Sirven para algo? Para mucho. “Hace 90 años, solo se comía sandía en verano, de modo que si encontramos esas pepitas en lo que era el estómago de una persona, quiere decir que la asesinaron en verano, sin darle tiempo a digerir su última comida. A partir de ahí, se trabaja con denuncias de desaparecidos en los meses veraniegos”. Y el método funciona.

Con todo, se intenta hacer “una primera aproximación de identificación a las víctimas, que no será definitiva hasta que no tengamos los resultados de los cotejos genéticos, que consiste en una extracción de las muestras óseas”.

Pero para llegar a eso es fundamental el trabajo anterior de campo. “La labor fundamental que tenemos en campo es la individualización de cada uno de esos restos para evitar que haya una confusión de los huesos de unas personas con otras”, porque los asesinos los tiraban unos sobre otros sin el más mínimo orden. A veces estaban amontonados, otras veces con algunas capas de tierra entre grupos de personas, señal de que la fosa se había reutilizado hasta llenarla completamente.

Una vez que está hecho todo el registro, toda la documentación en campo, ya se procede a la exhumación individualizada por partes anatómicas de cada uno de los restos. Después se llevan al laboratorio y son estudiadas. Se hace con mimo, porque se trata de personas y de darles nombres y apellidos.

Algunos irán a un panteón sin sus nombres

Carmen Romero madruga cada día con la idea firme de que la mayor parte posible de las personas que tiene junto a ellas en cajas sean identificadas. Sabe que será difícil llegar al 100 %, y está incluso mentalizada en que así será. “Desgraciadamente, los hijos han ido muriendo, que son los que pueden tener las cargas genéticas más fuertes. Cada vez, las líneas de descendencia son más lejanas y algunas personas fueron asesinadas muy jóvenes y no tuvieron hijos”.

A cada objeto que se encuentra en una fosa se le adjudica un código para que sea útil para la investigación.

A ello se une que los restos han estado “descomponiéndose en unos medios, unos sedimentos, que han podido influir en el estado de conservación de la carga genética que puedan llevar”. 

Se trata de evitar que los restos acaben en un panteón con nombres de personas desparecidas y nunca encontradas. Para ella, científicamente hablando, no será un fracaso, porque se conseguirá dignificar a muchas personas, y si no es así, intenta “que se conozcan sus historias y puedan estar dignamente en el sitio que se merece, que es en un recinto funerario, dignamente depositados”.

El ADN hará su trabajo, y Carmen, la arqueóloga, cerrará su ordenador y comenzará a trabajar en otro sitio en busca de otros resultados. Carmen, la persona, podrá decirles a muchas personas que pueden enterrar a quien llevan 90 años buscando con una lápida con sus nombres y apellidos, y eso, para ella, tiene más valor que cualquier otra cosa.

Sobre este blog

Este es un blog respaldado por la Diputación de Sevilla para la difusión de información relativa a la provincia.

Etiquetas
stats