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Ruth Toledano

Activista en defensa de los derechos animales.

Creadora y editora del blog antiespecista El caballo de Nietzsche, en eldiario.es

Creadora e impulsora de Capital Animal, proyecto de arte, cultura y animalismo, cuya primera edición tuvo lugar en Madrid en 2016.

Tutora de proyectos en el Máster de Edición Santillana-Univ. Complutense.

Colaboradora en la Cadena SER.

Durante 17 años, columnista de Opinión en El País (de 1998 a 2011) y en la red de diarios regionales del Grupo Prisa.

Editora en el Grupo Santillana y coordinadora de proyectos editoriales en El País.

Colaboradora en publicaciones LGTB, como Zero y Shangay (compromiso reconocido con varios premios: Triángulo Rosa 2002; Premio Periodismo COGAM 2009; Premio a la Trayectoria Profesional AET-Transexualia 2011; Pluma de la FELGTB 2014).

Poeta (Paisaje al fin y Ojos de quién, Huerga & Fierro Ed., así como antologías Ellas tienen la palabra, Mujeres de carne y verso, Poetas en La cacharrería...)

Primera mujer Cronista Oficial de la Villa de Madrid.

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La leña al mono y el ojo por ojo (pero ojo de verdad)

Sabíamos que todo esto sucedería. Que las calles catalanas arderían en respuesta a una sentencia que es injusta y desproporcionada y vengativa. Sabíamos que la respuesta a esa respuesta llegaría en forma de brutalidad policial, que una pelota de goma dejaría sin ojo a algún joven, que los golpes tirarían al suelo a un señor con americana, que apalearían con saña cuerpos de personas diversas y desarmadas, que habría centenares de heridos y decenas de detenidos. Que "dar leña al mono", como pedían en Twitter muchas cuentas españolistas, solo avivaría la mecha que han estado minuciosamente encendiendo los poderes del Estado (empezando por su jefe, Felipe de Borbón, aquel 3 de octubre de 2017) y la mayoría de los representantes políticos, obcecados en un constitucionalismo que no está dando adecuada respuesta a un conflicto cada vez más grave e irresoluble y que, por tanto, toca revisar.

Sabíamos que el otoño iba a ser caliente y sabíamos que todo esto no servirá de nada en lo que respecta a Catalunya y a la política territorial: ni la judicialización con también brutales consecuencias de un conflicto político ni la represión de una buena parte de la sociedad catalana. Salvo para sacar la calculadora electoral, mientras los presos políticos se pudren en la cárcel y la sociedad toda, española y catalana, independentista o no, es, y aún será más, víctima del autoritarismo.

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Reflexiones de una mujer española sobre un paracaidista colgado de una farola

Nadie esperaba que el pasado sábado 12 de octubre, Día de la Fiesta Nacional de España, durante el desfile militar que desplegaba su solemne parafernalia ante reyes y princesas vitalicios y presidentes y ministros en funciones, se produjera un acto de psicomagia propio de Jodorowsky. Un paracaidista descendía hacia el palco real, surcando, con patriota pericia, un cielo tan nublado como el horizonte político del Estado. No era un paracaidista más, sino el que portaba, apretándola con reciedumbre también patriota entre sus piernas, la enorme bandera rojigualda que habría de aterrizar –retórica como un símbolo, abstracta como una patria, ella misma una y grande, firme como una sentencia– ante la complacencia del poder español, dispuesto con sus mejores galas a la icónica exaltación.

El paracaidista hizo un giro con el que rubricaría su acrobacia maná y, como si hubiera sido arrastrado por un súbito viento tramontano, se comió una farola. El patriota quedó colgando de aquel poste, enredado en la bandera. Y la bandera quedó colgando del patriota, como un guiñapo. Si la psicomagia sirve, dice Jodorowsky, para desbloquear traumas, y convenimos en que el españolismo está ejerciendo un bloqueo que es traumático, el leñazo contra la farola es psicomagia en estado puro.

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Coños, rosas y poemas: ellas resisten

En 1997, la poeta y pensadora literaria Noni Benegas, ciudadana del cosmos que nació en Argentina y se afincó en Madrid, coordinó en la editorial Hiperión, en colaboración con el editor Jesús Munárriz, una ya mítica, considerada revolucionaria, antología de cuarenta y una mujeres poetas titulada Ellas tienen la palabra. Dos décadas de poesía española. Escribió para ella un estudio preliminar que (más allá del lúcido y generoso análisis de la obra de todas, hecho desde un profundo conocimiento de la poesía y desde una estimulante pasión por el género) mantiene hoy la relevancia política que sin duda hubo de impulsar el proyecto. El aliento personal de Noni Benegas, que hizo entonces, desde su ámbito de saber, cabal justicia a la voz relegada, cuando no silenciada, de las mujeres, es un precedente ineludible del huracán que hoy arrasa con tal injusticia a su paso por todos los ámbitos de una cultura construida desde la anulación de uno de sus principales sujetos.

Veintidós años después, la vigencia de su tarea de recuperación de la memoria usurpada ha encontrado continuidad en el libro Ellas resisten, una selección de textos sobre mujeres poetas y artistas que la autora ha escrito a lo largo de las últimas dos décadas, incluido aquel estudio preliminar a la antología, y ha sido publicado por Huerga y Fierro Editores en este convulso año 2019, tan necesitado de palabras que expliquen, restituyan y den oxígeno. Palabras para seguir resistiendo en estos tiempos en los que, parafraseando a Gertrude Stein, un coño no es un coño no es un coño, ni una rosa es una rosa es una rosa, aunque sean trece.

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Serena firmeza y el terrorismo catalán

La acusación de terrorismo es muy grave y tiene consecuencias de vital importancia para las personas que la reciben. Para empezar, puede dar con tus huesos en una prisión preventiva y esta se puede alargar de una manera que es contraria a la presunción de inocencia y que atenta contra los derechos fundamentales. El terrorismo es una vía violenta que suele conllevar destrucción material y suele dejar víctimas heridas o muertas, por lo que se genera un clima de terror. Por tanto, que alguien sea acusado de terrorista es señalarlo con un dedo que marca severamente su prestigio, lo tiñe de lo peor, busca condenarlo al ostracismo social y tiene consecuencias futuras, incluso si la persona es posteriormente absuelta de esos cargos.

Es, sin embargo, una acusación que los poderes políticos, a través de sus brazos policiales y judiciales, llegan a utilizar para contener movimientos que no favorecen a los intereses del sistema. Y, de manera paradójica, que se anuncie una operación contra el terrorismo genera un clima de terror, aunque no se haya llevado a cabo acción terrorista alguna por parte de las personas acusadas e incluso si no son suficientes las pruebas aportadas para tal acusación.

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Un pacto de Estado de las izquierdas que impacte en el Estado

Llama la atención que desde las múltiples (ya casi caricaturescas) fragmentaciones de las izquierdas se escarbe en la trayectoria política de Compromís para tildar de electoralista la propuesta que lanzó Mónica Oltra de una gran plataforma que las aúne. Se la acusa de buscar ahora el reforzamiento de su espacio político a través de una alianza con una de esas fracciones, la de Errejón, tras haber perdido con Podemos el empuje que tuvo antes gracias a la alianza con esa formación. Puede ser un análisis certero, pero a estas alturas no debiera importar: en el tablero de la política se juega según marca el momento e indica la posición de las piezas. No es el momento de especular sobre las razones que impulsan ahora a Oltra, ni de reprocharle que defienda el posicionamiento de su coalición política (lo que, por definición, es su misión como líder de la misma, y lo que, por otra parte, trata de conseguir cualquier líder de cualquier formación).

En el deseo de Oltra de que se sumen las izquierdas hay una razón superior que debiera ser la única que hoy importe. En realidad, dos, y las dos históricas: una de índole, digamos, anímica, por lo que supondría de saludable para el cuerpo social, incluso sanador, la materialización de una unión que al no ser capaz de articularse impide avanzar en unos objetivos que, de manera general, son comunes; y otra, de índole inmediata, que son los resultados electorales de las izquierdas el próximo 10N, sin duda mucho mejores de conformarse esa plataforma, y el impacto que ello tendría en la formación del gobierno nacional y en el freno al bloque de las derechas y ultraderechas, que avanza posiciones. Ante metas tan altas no debería importar cómo hemos llegado hasta aquí las unas y las otras.

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La memoria histórica de Pedro Zerolo

Una de las cosas más tristes que han sucedido en el descorazonador comportamiento de la política de estos tiempos es la pretensión de Vox de cambiar el nombre a la plaza madrileña de Pedro Zerolo. Que Madrid tenga en su Ayuntamiento un gobierno formado gracias al apoyo de individuos capaces de tal falta de respeto a la memoria de una persona que fue tan admirada y querida, tal desconsideración por un activista que impulsó cambios sociales históricos para los derechos humanos de este país y que falleció de manera prematura, provoca una profunda tristeza. Hasta la indignación se empaña de tristeza.

La propuesta de Vox es una provocación odiosa. Proviene del odio y lo fomenta. Un odio que no solo va dirigido contra una persona que se hizo merecedora del reconocimiento póstumo de dar nombre a esa plaza, sino contra lo que él representó, contra todas las activistas LGTBIQ, contra un movimiento de liberación que defiende a la sociedad de una dolorosa, criminal discriminación. Un movimiento que defiende de esa violencia a toda la sociedad: también a las hijas lesbianas, a los hijos gays, a las hijas e hijos transexuales de esa ultraderecha que reniega de su existencia y conculca, por tanto, sus derechos humanos. En esa provocación hay una alerta: ¿qué está haciendo la ultraderecha con esas hijas, con esos hijos?, ¿cómo es la escalofriante soledad de esas lesbianas, de esos gays, de esas personas trans a quienes el destino ha puesto en manos de sus enemigos?

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¿Qué es, exactamente, lo que "no puede ser" para un gobierno de coalición?

Será desmoralizante que no llegue a haber un gobierno de coalición. Lo de menos serían los cadáveres políticos que tendrían que dejar obligatoriamente a su paso las fallidas negociaciones entre Sánchez e Iglesias, entre Calvo y Enchenique: el cadáver más triste será el de una ciudadanía a la que el fracaso de esas personas y de sus formaciones ha inoculado un fatal desánimo, el cadáver de la afección política, los cadáveres que votarán como zombis (los que voten) en unas nuevas elecciones. Esa será la tierra quemada que dejen a su paso. Se dice que hay inquietud en los partidos por la desmovilización electoral que anuncian los sondeos. Y se entiende que es una inquietud partidista que poco tiene en cuenta los intereses de sus votantes. Se dice también que nadie está dando su brazo a torcer, lo cual no es cierto: no están dando su brazo a torcer ni Sánchez ni Calvo, el PSOE; Iglesias y los que le quedan han llegado al límite del retorcimiento. No se puede culpar igualmente a Podemos, cuando la responsabilidad de formar gobierno le corresponde al presidente en funciones.

Si, por lo que ha demostrado a lo largo de cinco meses, y a pesar de lo que había más que insinuado antes su líder, el PSOE no tenía intención alguna de gobernar con el apoyo de Podemos, lo que ha hecho el PSOE es timar a sus militantes, a sus votantes y a todo el país. Y lo lógico, en sentido estricto, es que tenga que pagarlo en las inminentes urnas, lo cual no solo será una transacción injusta, porque el precio nos hace pagarlo a todas, sino que es un contrasentido para sus propios intereses y, por tanto, una estrategia absurda. Salvo que Sánchez encontrara el apoyo en Ciudadanos, lo cual era una quimera, el de Podemos era imprescindible: estremece deducir que hubiera preferido negociar con Rivera e, incluso, que hubiera llegado a los acuerdos que no ha querido con Iglesias. Ese Sánchez que le contaba a Évole cómo se negó a las presiones de Prisa y del IBEX, tendrá que explicar a la historia los detalles de haberle frenado el curso que el sistema le estaba permitiendo: un gobierno socialdemócrata con tintes de izquierda. Tras el fracaso en los objetivos, no solo debería apartarse con su equipo de la responsabilidad política y de gobierno, sino que debería dar pormenorizadas explicaciones.

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La España de los corruptos y de los toreros

El torero Miguel Abellán publicó en sus redes una foto que ha vuelto a circular tras su nombramiento como director gerente del Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid. En la foto aparece haciendo ese grosero, aunque popular, gesto que consiste en levantar el dedo corazón. Justo lo que no tiene un torero: corazón; excepto en el dedo grosero. El etólogo, zoólogo y antropólogo inglés Desmond Morris, célebre autor de El mono desnudo, explica ese gesto como "una de las ofensas más antiguas que se conocen: el dedo medio representa el pene y los dedos doblados a cada lado, los testículos; al levantarlo, se exhibe un gesto fálico, como si fuera el falo lo que estás mostrando a la gente, lo que implica un comportamiento muy primitivo". Abellán dirigía su grosería a Aleix Espargaró, campeón de España de motociclismo, que es antitaurino, y, con él, a toda la sociedad que abomina de su primitivismo torero, dirigido contra los toros y contra una cultura de la no violencia que se opone a la cultura de la violencia promovida por la derecha y la ultraderecha españolas (una violencia aún más repugnante cuando es consentida, y hasta jaleada, por la izquierda falsaria).

Esas derechas y ultraderechas, que se confunden y amalgaman entre el PP, Ciudadanos y VOX, son las que han aupado a un individuo como Abellán a un puesto de presunta responsabilidad política que le reportará 75.000 euros anuales. Abellán, que no logró el escaño que le había ofrecido Casado (seguramente, se lo garantizó, pues iba en el número 12 de su lista al Congreso de los Diputados, sin sospechar el batacazo electoral que dejó al PP con siete diputados), ha sido rescatado por Díaz Ayuso (qué decir: Pecas, Avalmadrid, Púnica...) para cumplir en esa gerencia con uno de los objetivos del bloque trifachito: la defensa, promoción y subvención de la barbarie tauricida.

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Ya empezaron los tiros

Disparos de granjeros contra un coche de activistas que huye de sus amenazas. Un proyectil impacta contra las ventanillas. Los cristales se clavan en la cara de una joven animalista. Esta escena de grave violencia, que acaba en urgencias hospitalarias, fue denunciada hace unos días por la víctima, pero la noticia apenas ha trascendido. A pesar de que estamos hablando de disparos. A pesar de que estamos hablando de gente armada atacando con armas a gente pacífica y desarmada. Apenas ha trascendido aunque estamos hablando de un episodio que se produjo hace pocos días, el pasado 2 de septiembre, en el Estado español, concretamente en Catalunya, en las inmediaciones de la localidad de Gurb, donde un grupo de personas accedieron a una granja de explotación de conejos. Debemos preguntarnos por qué estos disparos no han generado el escándalo mediático y social que merece.

Sí, los activistas accedieron a una propiedad privada, lo que es ilegal. Pero es que la desobediencia civil es la última -con frecuencia, la única- opción ante la injusticia sistémica. Muchas jóvenes personas de las nuevas generaciones nos están diciendo que no van a quedarse quietas ni calladas ante esas injusticias que no supimos evitarles y se han visto obligadas a heredar. Una herencia de explotación y sangre que se contradice con los valores éticos que nuestra sociedad asegura querer transmitirles. No respetar su legítimo derecho a combatir esas injusticias vuelve aún más indignas la vida, la historia y la política que les han precedido. Pero lo que resulta de todo punto vergonzoso es que se les responda a tiros y eso se silencie y se justifique. ¿Habría tenido justificación que le abrieran la cabeza a Rosa Parks en aquel autobús bajo el argumento de que la ley le prohibía sentarse?

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Carta abierta a la ministra Reyes Maroto (y a Teresa Ribera y a Cristina Narbona y a Hugo Morán y a Pedro Sánchez)

Ministra Reyes Maroto, señoras y señores del PSOE, es posible que ustedes sepan que soy muy crítica con su partido. Es posible también que no lo comprendan, ya que ustedes se presentan como una formación progresista, fundada en los valores de justicia social del primer Pablo Iglesias, y seguramente consideran que, en un país cuya derecha es ultra y corrupta, las personas progresistas deben ser menos críticas con sus siglas. Podría aducir otras razones que explican mis recelos, pero voy a centrarme hoy en un asunto que sirve de tristísimo y espeluznante ejemplo. Lo hago, no para abundar en esas críticas, sino, muy al contrario, para tratar de que ustedes comprendan a qué, esencial, se refieren en última instancia. Aún hay ocasiones en las que pienso que ustedes comprenderán. Y que actuarán en consecuencia. Esta es una de ellas.

Hace pocos días, el pasado 18 de agosto, el mundo (este mundo desolador en el que Trump quiere comprar Groenlandia y Bolsonaro deforestar la Amazonía) recibió una noticia que devolvía algo de fe en la especie humana: la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (CITES) de la ONU, cuyas reuniones se celebran estos días en Ginebra, decidió por votación aprobar el documento 44.2, en el que se pide la prohibición del comercio internacional de elefantes africanos vivos, así como su exportación en el caso de que no puedan sobrevivir por sus propios medios: por ejemplo, bebés elefante huérfanos porque los cazadores (furtivos o no, ya saben ustedes...) han matado a su madre. El documento fue presentado por la Coalición del Elefante Africano, de la que forman parte 30 países del área de distribución de este animal, y reclama que los bebés elefante no salgan de África, sino que se creen centros de rescate y santuarios para ellos. Cierto es que los países africanos protectores de los elefantes son los más pobres, a los que la mirada colonialista del mundo desarrollado presta menos atención que, por ejemplo, a un país como Sudáfrica, representado en la convención de Ginebra por gente como la Asociación de Depredadores de Animales. Estarán ustedes conmigo en que poco hay que añadir a semejante nombre.

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