Opinión y blogs

eldiario.es

¿Es justificable la experimentación animal?

Conejos sometidos a experimentación científica.

Cada año más de 115 millones de animales, contando solo a vertebrados, son sometidos a experimentación con el supuesto fin de beneficiar a seres humanos. Ello incluye prácticas tales como obligarles a inhalar gases tóxicos, aplicarles sustancias corrosivas en piel y ojos, infectarles con VIH o extirparles parte del cerebro. Ciertamente, el número de animales no humanos que sufren y mueren por causa de estas prácticas es mucho menor que el de los que son víctimas de la industria alimentaria, o de los individuos en estado salvaje que sufren por eventos naturales. Ahora bien, puesto que los intereses básicos de estos animales en no sufrir y no morir importan, es de todos modos necesario reflexionar sobre si la experimentación con ellos está éticamente justificada.

Solemos asociar estrechamente la experimentación con animales a esfuerzos por aumentar la calidad y duración de vidas humanas. Sin embargo, como se verá, este no es el objetivo perseguido en la mayoría de los casos. Además, respecto de aquellos en que sí lo es, hay razones éticas fuertes para rechazar la actual práctica de experimentación animal, si consideramos que tampoco estaría justificada con seres humanos.

En primer lugar, la mayoría de experimentos realizados en animales no humanos no tienen finalidad biomédica, es decir, no buscan obtener mejoras en la salud humana. En algunos casos se trata de  pruebas de impacto medioambiental de productos químicos. En otros se trata de pruebas de seguridad de productos cosméticos o del hogar. En otras ocasiones se emplea a animales no humanos en la investigación militar.

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En pocas décadas nos preguntarán: ¿qué hicisteis cuando os enterasteis?

Filmingforliberation.com

Han transcurrido 10 años desde que Naciones Unidas publicó su informe ' La larga sombra del ganado', material que expone, de manera contundente, cómo la ganadería es una de las actividades humanas que más contribuye a los problemas ambientales que afectan, ya de manera irreversible, a nuestro planeta.

Hace ya 10 años, la advertencia de las Naciones Unidas debía haberse tomado con suficiente seriedad. En cambio, la relación del consumo de animales con la grave crisis ecológica vigente ha sido una discusión ausente en las medidas gubernamentales vinculantes y en otras instancias intergubernamentales de calado. Justamente, el año pasado, el  Acuerdo de París prometía una juiciosa oportunidad al respecto. No obstante, la explotación de animales para alimentación humana fue completamente omitida de tales conversaciones.

Mientras tanto, el consumo de productos de origen animal no ha hecho más que aumentar. A escala planetaria, los países enriquecidos -como los europeos- son los mayores demandantes de proteína animal, adquiriendo una responsabilidad capital en relación con el cambio climático.

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Veganismo, el podcast

Joan y Joseph. Foto: Veganismo.org

Es domingo, son las 7.15h de la mañana hora peninsular. Joan está en Mataró y Joseph en un pequeño pueblo cerca de Jerusalén. La familia de Joan duerme, pero la de Joseph ya está en marcha, para ellos es el primer día laborable de la semana. Ambos se conectan a Skype, se saludan, charlan un poco y, sin más preámbulos, empiezan a grabar: "¡Muy buenos días! Bienvenidos a un episodio más de Veganismo: el podcast. Hoy hablamos sobre un tema que..."

Este ritual se repite cada domingo desde hace algo más de un año. No fallan nunca, ya han cumplido 56 emisiones. Nos hemos colado en una de ellas, para saber un poco más sobre este proyecto y también para compartir con sus oyentes nuestra experiencia desde El Caballo de Nietzsche.

Joan Boluda nació en Barcelona y vive en Mataró. Nativo de la web 2.0, cuando empezó a navegar por ella le pareció un poco limitada, así que se puso a crear contenidos para todo el que quisiera sobrevivir en el mundo digital. Como  experto en marketing online comparte sus conocimientos mediante consultoría, formación, tutoriales, podcasts y también en las redes sociales. Cuando no está delante de la pantalla es porque está con Laura, su pareja, y con sus tres hijos pequeños.

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Europa y el ‘lavado’ del marfil que extermina a los elefantes

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Elefante recién cazado y su marfil arrancado violentamente. Foto: Parc National des Virunga

La última Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) acordó pedir a los estados el cierre urgente de los mercados nacionales de marfil como medida para proteger a los elefantes africanos, masacrados por la demanda de ese codiciado material. Fue el pasado mes de diciembre, pero la resolución no es vinculante y a día de hoy Europa sigue siendo el territorio donde el marfil ‘se lava’ y se exporta legalmente a Asia.

Por este motivo la asociación Pro Wild Life  ha lanzado una petición de firmas para apoyar una carta enviada a la Comisión Europea y a los estados miembros. Más de 240.000 personas han pedido ya el cierre de los mercados nacionales para deterner el comercio de marfil.

En España,  Salva la Selva está difundiendo esa campaña con la siguiente advertencia: “La Unión Europea está enredada en el negocio del marfil mucho más de lo que reconoce. Toneladas de marfil se importan, comercian y exportan. Europa sirve de comodín a los cazadores ilegales de elefantes. La venta de marfil es legal en Europa si el marfil es antiguo. ¡Es como una invitación a los criminales a "hacer un lavado" del marfil ilegal! Por favor, exige a la UE una prohibición total sin condiciones del comercio de marfil, como ya existe en muchos países del mundo. Sólo así podrá acabarse con la caza ilegal de elefantes. Y sólo así tendrán los elefantes posibilidades de supervivencia”.

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Políticas públicas que hacen menos especistas las ciudades

Una mujer alimentando una colonia de gatos. Foto: Rubén Lucía

“La política imperante se mueve por un supuesto beneficio común que raramente incluye a los animales, incluso a veces tampoco incluye a los humanos”. Así de tajante se muestra Antoni Ventura, alcalde de Sant Martí Sarroca (Barcelona). Para este alcalde, vegano y militante de la CUP, el principal problema de los animales en la política es que están muy alejados del discurso central. “Cualquier propuesta animalista no es recibida como parte de un beneficio común para la sociedad y hasta que no se genere la idea sustancial de que los derechos de los animales se basan en una cuestión de respeto, será difícil avanzar”.

Que los otros animales forman parte de nuestra sociedad es una idea radical para muchos. Su discriminación, uso y consumo, se extiende a todas las esferas de nuestra vida. Los animales son sometidos para la alimentación, la experimentación, el entretenimiento y la vestimenta de los humanos. A pesar de que el movimiento de liberación animal o derechos animales lleva décadas trabajando por cambiar este paradigma, a las administraciones llega un pequeño porcentaje de estas ideas.

Rubén Pérez, portavoz de la asociación Libera! en Galicia, considera que “desde el movimiento animalista y el abolicionista de la tauromaquia, nos hemos sentido muy cómodos en la protesta pero hemos sido poco capaces de hacer propuestas. Lo que conlleva que cosas que parecen muy sencillas se retrasen y cosas que parecían más complicadas salgan gracias a un proceso electoral”.

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Comienza la reconversión del zoo en el que murió el oso Arturo

Pocha y Guillermina, en el foso en el que viven en el zoo de Mendoza (Argentina). Foto: Junia Machado, Santuario de Elefantes de Brasil.

El pasado 3 de julio  murió el oso polar Arturo en el zoo de Mendoza (Argentina). El que fue considerado “el animal más triste del mundo” nunca fue liberado de su encierro, en unas condiciones que fueron reiteradamente denunciadas por asociaciones animalistas y conservacionistas. Había nacido en 1985 en Estados Unidos y vivió cada uno de los días de su vida sin poder dar más de unas pocas zancadas. Todo zoo es una cárcel, todo espacio artificial se queda pequeño en comparación con el hábitat natural de un animal, y la ridícula piscina en la que Arturo apenas podía aliviar las altas temperaturas de esa región argentina era el paradigma del sufrimiento. La soledad de su cuerpo tendido sobre un bloque de hielo sobre el cemento dio la vuelta al mundo como definición gráfica del sinsentido que implica encerrar a un animal para poder contemplar lo que la cautividad hace de él.

El oso Arturo dio triste fama mundial al zoo de Mendoza, y ahora ese zoo ha iniciado su reconversión, aplaudida por quienes llevan años trabajando en ese objetivo. De momento, sus cuatro elefantes podrán ser trasladados a un santuario en Brasil. Guillermina, Pocha, Tami y Kenya podrán terminar su vida en la selva del Mato Grosso en compañía de otros de su especie.

Su situación es tan triste como la que padeció Arturo. Kenya, hembra de elefante africano, vive sola en un reciento, algo por sí solo cruel dada la complejidad de los vínculos afectivos de estos animales. Su frustración constante la lleva a estirar todo su cuerpo, poniéndose incluso en peligro, intentando sin éxito alcanzar con la trompa las hojas de los árboles al otro lado del foso que rodea su encierro. En otro recinto, dividido en dos, viven en un lado Pocha y Guillermina, madre e hija, y en otro Tami, macho, padre de Guillermina. El espacio es en sí mismo un foso, de forma que viven rodeados por una pared que solo pueden superar con su mirada. Tami pasa la vida arrancando piedras que arroja contra quienes pasan cerca, y el parque tuvo que ser cerrado ante la imposibilidad de garantizar la integridad física de los animales y de los visitantes.

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Marguerite Yourcenar, animalista y ecologista

Paisaje de Mount Desert Island, Maine (Estados Unidos), donde la escritora Marguerite Yourcenar vivió gran parte de su vida.

Marguerite Yourcenar (1903-1987), primera mujer que ocupó un sillón en la Academia Francesa de la Lengua, fue una gran escritora comprometida con la causa de los animales. No sólo se percibe su sensibilidad hacia ellos en su obra, sino que manifestó públicamente su apoyo a la Declaración Universal de los Derechos de los Animales, proclamada por la Liga Internacional de los Derechos del Animal en 1978 en la sede de la UNESCO en París. También la conciencia ecológica fue una de sus principales preocupaciones. Entrevistada por Matthieu Galey en los años ochenta, responde a sus preguntas sobre la ecología refiriéndose al sombrío panorama que, ya a principios del siglo XX, pintaban algunas mentes clarividentes, como el geógrafo Schrader. Yourcenar afirma que todas las catástrofes que entonces se vaticinaban serán aún peores, dado que encaminándose al siglo XXI, el panorama es terrorífico: lluvias ácidas, contaminación de ríos y mares por el mercurio y los residuos químicos y atómicos, desaparición de miles de especies animales, uso generalizado de pesticidas, mareas negras, destrucción de la capa de ozono, etc. Yourcenar no cesó de llevar a cabo una actividad pública favorable a las asociaciones defensoras del planeta, hasta el punto de que, con 84 años, un mes antes de su muerte, en su penúltima conferencia, titulada 'Si aún queremos salvar la Tierra' e impartida en la Universidad de Laval, en Canadá, habla de “extravío de la conciencia humana” y subraya que “la fórmula Tierra de los hombres es extremadamente peligrosa, ya que la Tierra pertenece a todos los seres vivos y nosotros pereceremos con ellos y con ella”. Esta convicción se encuentra presente en su imaginario literario ficcional, en sus ensayos y entrevistas y en su amplia obra autobiográfica donde, de una manera o de otra, alude a sus preocupaciones fundamentales: el problema ecológico, las guerras, el racismo, el comercio de marfil, las granjas-factoría, la industria peletera, la matanza de focas, la vivisección y la caza.

La “compasión universal” se sitúa en el centro de la ética yourcenariana. De ahí que, desde muy temprano, se muestre sensible al espectáculo del dolor de los seres vivos que poseen, según sus propias palabras en Recordatorios, “el sentido de una vida encerrada en una forma diferente”. En una carta de 1957, Yourcenar felicita a la escritora y poeta Lise Deharme por su defensa de los animales, “por haber tenido la valentía de tratar ese tema (pocos hay que sean tan graves) y por desdeñar de antemano el reproche de sentimentalismo que los necios no dejarán de hacerle”. Nuestra autora es consciente de las resistencias que encuentra el desarrollo de una sensibilidad moral que atienda al sufrimiento más allá de nuestra especie. Y frente a la tradición racionalista, que considera que la piedad es una pasión y, en consecuencia, una expresión de nuestra corporalidad, inferior al intelecto, Marguerite Yourcenar aboga por el desarrollo de nuestras capacidades afectivas, que están demasiado sometidas “a ese ordenador que es el cerebro para nosotros".

La superación del antropocentrismo hace de Yourcenar una pionera que merece la atención de la Ecocrítica. Ahora bien, atendiendo a la variedad de perspectivas que suelen distinguirse en el espectro del pensamiento ambiental, podemos preguntarnos cuál sería la posición que la caracteriza. En sus obras, otorga un lugar privilegiado a la dignidad de los animales. Critica el antropocentrismo humanista y la cultura francesa en la que la teoría del animal-máquina cartesiano es un artículo de fe que favorece la explotación y la indiferencia. A ese respecto, se pregunta si la aseveración cartesiana no fue entendida en su nivel más bajo, dado que el animal-máquina es también el mismo ser humano: “Una máquina de producir y ordenar las acciones, las pulsiones y las reacciones que constituyen las sensaciones de frío y de calor, de hambre y de satisfacción digestiva, los impulsos sexuales y también el dolor, el cansancio y el terror que los animales experimentan al igual que nosotros”.

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'Doctor Rat', una joya literaria animalista que todo el mundo debería leer

Cubierta de la novela 'Doctor Rat', de William Kotzwinkle, publicada por Navona Editorial.

Doctor Rat es el veterano del laboratorio. Lleva años cautivo allí pero ha resistido a todas los suplicios a los que ha sido sometido, probablemente gracias a su colaboracionismo y a un síndrome de Estocolmo que le hace defender a los humanos que lo torturan en nombre de la ciencia. Mientras el resto de los animales del laboratorio grita aterrorizado, pide auxilio con desesperación y se automutila enloquecido, él asegura: "Ayudo a mis compañeras ratas a comprender la importancia de su papel en asuntos de relevancia mundial".

Superviviente como ellos de los experimentos científicos, Doctor Rat también se ha vuelto loco en ese laboratorio, donde la única seña de identidad que le ha sido concedida es un tatuaje con un número dentro de una oreja. Esa marca y un sufrimiento continuo e inimaginable es lo que comparte con las otras ratas, ratones, conejos, perros, gatos o monos, víctimas en el laboratorio de un perverso sistema de pruebas que se repiten para obtener subvenciones y para completar currículos.

Les han extirpado el hígado, les han quitado el estómago para unir el esófago y el duodeno, les han sacado los globos oculares para dejarlos ciegos, les han cortado las cuerdas vocales para que no aúllen de dolor, les han machado los huesos, les han inoculado células cancerígenas y e introducido tumores en su masa cerebral, les han provocado convulsiones crónicas, les han realizado en vivo punciones cardiacas… Todos los animales pasarán en el laboratorio por pruebas infernales: la Jaula del Dolor Hemorrágico, la Jaula de Radiación, la Jaula de Discriminación por Shock, la Campana de Estímulos Perturbadores o el Experimento del Umbral del Dolor.

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Peleas de gallos: la crueldad como herencia cultural

Peleas de gallos en Perú. Foto: Colectivo Britches

El Carmelo iría a un combate y a luchar a muerte, cuerpo a cuerpo, con un gallo más fuerte y más joven. Hacía ya tres años que estaba en casa, había él envejecido mientras crecíamos nosotros. ¿Por qué aquella crueldad de hacerlo pelear?

Abraham Valdelomar. El caballero Carmelo

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Diez años de Igualdad Animal

Rescate de varias gallinas en una granja de Toledo, en abril de 2011. Foto: Igualdad Animal

Recuerdo perfectamente el instante en que conocí a Lisa. Fue hace unos años, en el interior de una granja industrial de gallinas a las afueras de Madrid. La noche se nos echaba encima mientras los activistas aparcábamos el coche en una carretera secundaria para dirigirnos a pie hacia la nave industrial donde ella vivía.

Lisa era una de las 80.000 gallinas que vivían en una de esas naves industriales de donde vienen los huevos.

Una vez atravesé la puerta de una de las naves, la oscuridad del interior me envolvió. Llevaba un traje de bioseguridad que me estaba demasiado grande, unas botas y una mascarilla que cubría mi boca, todo ello para evitar contaminar la granja. Encendí mi linterna y vi a mi alrededor cientos de pequeñas jaulas de alambre. Las filas de jaulas se extendían, unas encima de otras, hacia el techo. Con la luz de la linterna no alcanzaba a ver la última jaula.

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