Opinión y blogs

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Érase una vez… el respeto por los animales

Leyendo en la librería Olacacia libros que fomentan la empatía con los animales.

En la literatura infantil es habitual encontrar muchos personajes encarnados por osos, tortugas, ballenas o hipopótamos. Pero, ¿están hablando realmente de animales? ¿Existen libros para niños que hablen realmente de animales? ¿Cómo los retratan? Con estas incógnitas entramos a la sección infantil de cualquier librería o biblioteca. Lobos que dan mucho miedo, ratones que recogen dientes o patitos preocupados por su físico. Una narrativa muy buena para las moralejas, pero muy poco útil si lo que queremos inculcar a los más pequeños es el respeto por los animales.

Cada vez son más las personas que se dan cuenta de esta anomalía y cabe celebrar que cada vez hay más autoras y autores se esfuerzan por juntar literatura infantil y empatía por los de otra especie. Pero si estos títulos no llegan al gran público, no se logra nada. “Nosotras queremos enseñar en Derechos Humanos, pero ignorando a los demás animales y al Medio Ambiente no podríamos hacerlo de verdad”, explica Olga Ibarra, una de las fundadores de Olacacia. Esta libería madrileña se creó por la falta de libros infantiles que hablaran de diversidad familiar, pero fue aumentando hasta contar con la actual sección de ‘Respeto por los animales’. Allí, tanto físicamente como de online, se puede encontrar títulos como El sueño de Chocolate,  de Elisabet Blasco, para que los niños menores de 4 años se pongan en la piel de un niño que busca ser adoptado por una familia; el mundo al revés de Juan Oveja también quiere ser una persona; Color animal, de Agustín Agra; o la aventura del rescate de La foca arco iris, de Alfredo Gómez Cerda.

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Una nueva legislatura, una nueva oportunidad para la agenda animalista

Chesús Yuste, coordinador de la APDDA, con algunos miembros de esta asociación parlamentaria, procedentes de diferentes formaciones políticas.

Por fin ha arrancado la legislatura. Teníamos muchas ganas de que las Cortes Generales empezaran a funcionar, tras casi un año entero de "Parlamento colgado", como dicen los ingleses. España continúa siendo para el mundo el estereotipo del maltrato animal. Y aunque algo se ha ido mejorando en los últimos años, hay todavía muchísimas cosas que corregir si queremos tener unas relaciones con los animales propias del siglo XXI.

Durante la última legislatura completa, la X, desde la  Asociación Parlamentaria en Defensa de los Animales (APDDA) logramos poner de forma continuada la situación de los animales en la agenda política a través de la presentación de varias proposiciones no de ley, multitud de preguntas parlamentarias y una batería de enmiendas al Código Penal, así como mediante la organización de importantes actos públicos, como los cuatro foros (cultura contra el maltrato animal, la tragedia de los galgos, ocho años del Proyecto Gran Simio y presentación del Manifiesto Felino), las tres jornadas parlamentarias (necesidad de una legislación estatal sobre animales de compañía, violencia de especie y estrategias educativas, y propuestas de protección animal de las ONG a los partidos en vísperas electorales) y sucesivas entregas de premios (a la impulsora de las secciones de Derecho Animal en los colegios de abogados Magda Oranich; a la protectora de animales formada por niños El Cuarto Hocico de Muel, Zaragoza; a la Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia y el Maltrato Animal, AVATMA; y a la primera sección animalista, El Caballo de Nietzsche, en un medio generalista en España, eldiario.es; así como, en categoría internacional, a la primatóloga británica Jane Goodall).

Perseguíamos así, por un lado, visibilizar la importancia de implantar unas políticas públicas de protección animal y, por otro, sensibilizar a los parlamentarios con los problemas de los animales a la vez que establecíamos puentes entre el movimiento social que trabaja por los animales y las personas que trabajan en las instituciones y administraciones públicas. Ahora, tras la investidura de un gobierno, vamos a poder continuar con nuestras actividades en defensa de los derechos de los animales.

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Un ecofeminismo en defensa de los animales

Los fundadores del Santuario Wings of Heart con algunos de los animales rescatados. Foto: Wings of Heart

La situación de los animales no humanos es la peor de todas las épocas desde que comparten el planeta con el anthropos. Por un lado, la crisis ecológica generada por el modelo devastador de desarrollo pone a la fauna silvestre al borde de la extinción. Por otro, se ha construido un sistema monstruoso de campos de exterminio en el que millones de animales destinados al consumo o a la experimentación son privados de toda libertad y sometidos a atroces sufrimientos hasta la muerte. Sin embargo, cada vez son más los jóvenes que se adhieren a la causa animalista desde la publicación, a mediados de los años setenta del siglo XX, del libro Animal Liberation del filósofo australiano Peter Singer. Se trata de un tema clave de nuestro tiempo, un tiempo en el que Occidente comienza a descubrir el parentesco que nos une a todos los animales, humanos y no humanos, cuerpos con mentes, con conciencia y sentimientos, sujetos de una vida. Porque, sin ninguna duda, estamos tomando conciencia del parentesco y la continuidad entre los “terrícolas”, esa condición común que subraya un documental que todo el mundo debería ver y que tendría que ser material de análisis y reflexión en la enseñanza media y universitaria:  Earthlings (puede verse online).

El concepto de género como construcción sociocultural e histórica de las diferencias entre los sexos ha permitido analizar el modelo tradicional del guerrero y sus variantes contemporáneas desde nuevas claves. La iniciación a la masculinidad estereotipada siempre incluye un elemento de violencia. Como sugiere con profundidad, finura y gran elocuencia la película In the Valley of Elah (proyectada con tres títulos distintos en países de habla castellana: En el valle de Elah, Valle de las sombras y La conspiración), existen vínculos subterráneos, por lo común desapercibidos, entre la violencia contra las mujeres y contra los animales, las prácticas sádicas y la socialización masculina para la guerra. En su estudio Chicos son, hombres serán (ed. Horas y Horas, 1991) sobre la violencia masculina en USA, la psicóloga social Myriam Miedzian desvelaba que algunos instructores militares de su país exigían a los jóvenes en período de formación que mataran a “la mujer que tienen dentro”, obligándoles, para demostrar que lo habían logrado, a matar a un cachorrillo de perro que habían tenido que cuidar durante los meses de entrenamiento; también mostraba que en los círculos diplomáticos y políticos las actitudes conciliadoras que buscaban evitar el enfrentamiento armado eran vistas como poco viriles, como “afeminadas”.

Los animales no humanos sirven, a menudo, de medio para la construcción de una identidad viril concebida históricamente como separación con respecto a los sentimientos de empatía y compasión por el Otro. Pensemos, por ejemplo, en la tortura y muerte de animales como diversión de la pandilla de niños o adolescentes, o en la caza deportiva que podemos definir como guerra sistemática declarada a los animales silvestres por individuos generalmente de sexo masculino. En la actualidad, las redes sociales son una ventana abierta a esta violencia desatada contra los animales, tanto para mal (individuos que cuelgan los videos sádicos que han grabado o las fotos de sus supuestas hazañas) como para bien (campañas de denuncia y peticiones de castigo judicial de los abusos). Esta violencia contra criaturas indefensas tiene dos objetivos fundamentales: experimentar la voluntad de poder y afirmar y solicitar el reconocimiento de su identidad de género bipolarizada obtenida por la represión de los sentimientos de compasión. El “duro” es un resultado de técnicas de género específicas que proceden a extirpar características previamente definidas como propias del sexo femenino. La construcción del héroe es una peligrosa empresa que no siempre resulta exitosa y puede, fácilmente, producir villanos.

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Un genocidio anunciado: los grandes simios se extinguen a causa de la destrucción humana de sus hábitats

Foto: Jeff McCurry / Proyecto Gran Simio

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) solo ha puesto en la lista roja de especies en peligro crítico de extinción al orangután de indonesia (las dos subespecies) y a dos subespecies de gorila (la oriental y occidental). Sin embargo, el gorila de montaña, que tiene un censo aproximado de 800 individuos y, peor aún, la subespecies de gorila del Río Cross, que habita en Camerún, con solo 200 individuos repartidos en nueve poblaciones asiladas entre sí, no han sido catalogados como en peligro crítico, al igual que los chimpancés y bonobos.

Para Proyecto Gran Simio, todas las poblaciones de Grandes Simios (bonobos, orangutanes, chimpancés y gorilas) se encuentran en inminente peligro de extinción. Sus poblaciones están siendo diezmadas por numerosas causas; entre otras y la principal, por la deforestación masiva de las selvas tropicales donde habitan. Esta destrucción, sin precedentes en la historia de nuestro planeta, está provocando además que aumenten de forma alarmante el cambio climático y la emisión de CO2, al desaparecer los grandes reservorios de este gas que son retenidos por los bosques tropicales.

La organización Proyecto Gran Simio da la voz de alarma a los científicos y organizaciones de defensa ambiental, así como a la comunidad internacional, por los graves informes que le llegan desde distintos puntos donde habitan los grandes simios: todos coinciden en la gravedad de la situación y en que las poblaciones de grandes simios están siendo exterminadas por el hombre, repercutiendo además de forma grave y de igual modo, a muchos otros animales y pueblos indígenas.

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Las madres y la industria láctea

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Un ternero separado de su madre en una granja de la industria láctea. Foto: Igualdad Animal

Lo que es una madre y cómo debería definir esa palabra la Real Academia Española está siendo objeto de debate en las redes sociales a raíz de la última  campaña publicitaria de Puleva, un gigante de la industria láctea española. Rostros conocidos (Sara Carbonero, Vicky Martín Berrocal, Patricia Montero, Jesús Calleja o Christian Gálvez) nos invitan a explicar lo que creemos que es una madre y pedir a la RAE que cambie su definición.

Argumentan que una madre es mucho más que la explicación escueta y aséptica que figura en el diccionario, apenas una línea despojada de todo sentimiento: "Mujer o animal hembra que ha parido a otro ser de la misma especie". Estamos de acuerdo con los impulsores de esa campaña. Una madre es, o al menos debería ser en todos los casos, mucho más que el ser que pare a otro.

Quienes no somos madres hemos escuchado a muchas que sí lo son explicar lo que sintieron al abrazar por primera vez a sus bebés, esa felicidad infinita acompañada siempre de un continuo temor ante cualquier amenaza que pueda quebrantarla. Nos resulta fácil empatizar con esa sensación, podemos llegar a hacernos una idea de lo que implica ese vínculo único y tan intenso que las palabras a veces solo lo empequeñecen.

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Luchando contra el exterminio

Noa en el momento de ser abandonada en el CPA Torrejón Hoope ©Fotopets

La acusación mantiene que fueron al menos 2.183 animales, sobre todo perros y gatos, en menos de dos años, desde comienzos de 2009 hasta el otoño de 2010.  Carmen Marín está siendo juzgada estos días por "auténticas sesiones de exterminio" en Parque Animal, lo que se suponía que era una protectora para animales abandonados a la espera de una nueva oportunidad.

En España estamos tristemente acostumbrados al horror de las perreras. En el mejor de los casos disponen de lo necesario para que los animales puedan comenzar a recuperarse de sus heridas físicas pero rara vez mejoran allí sus dolencias emocionales. Dejan atrás el maltrato, los golpes, la desnutrición..., pero la soledad, la ansiedad y el miedo se apoderan de su día a día.

Los animales no son una prioridad para las administraciones, y en muchos casos las perreras públicas están gestionadas por empresas completamente ajenas a todo lo relacionado con la protección animal. La ética y la compasión quedan al margen cuando se trata de adjudicar un posible negocio. La búsqueda del beneficio económico y la concepción de los animales únicamente como un peligro potencial para la salud humana convierten a muchas de esas perreras en agujeros infernales sistemáticamente denunciadas por vecinos y activistas.

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Una colección de cuentos infantiles para normalizar el veganismo

'El cazador y la tribu de los Lazulis', de Aída Cortecero. Editorial La Locomotora.

Aída Cortecero es mallorquina, tiene 35 años y acumula una larga trayectoria como activista por los Derechos Animales. Es feminista y antinatalista, y se acaba de someter a una salpingectomía doble (extirpación de las trompas de Falopio) para esterilizarse. Sus motivos son varios. Desde los 17 años supo que no quería reproducirse, en primer lugar porque aboga por la adopción, pero también porque la insostenibilidad del número de seres humanos en el planeta requiere responsabilidad de todas en el control de la natalidad. "El antinatalismo es para mí un compromiso muy real con la adopción, con los recursos y con la sostenibilidad de nuestra especie sobre el planeta Tierra", declara.

Aída no tendrá hijos biológicos pero adora a los niños y niñas, y está particularmente interesada en la educación. Antes de Navidad publicará con la editorial  La Locomotora El cazador y la tribu de los Lazulis, un cuento infantil antiespecista, que resulta muy necesario por ser único en un mercado que sigue enseñando desde la edad más temprana que los animales no humanos son inferiores a nosotros y que su papel es ser usados para nuestro beneficio.

De todos los activismos que Aída ha desarrollado por la liberación animal, dar charlas en centros educativos a niñas y niños de edades muy diversas es lo que más le ha atraído. El material didáctico le parecía "una broma grotesca" en todo lo referente a los animales no humanos y a nuestra relación con ellos. "Curiosidad e indignación me cogieron de la mano y me llevaron a recorrer varias bibliotecas públicas para comprobar qué clase de libros había para este tipo de público, y la respuesta fue clara: crearlo era una necesidad", explica.

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J.M. Coetzee y los límites de la supervivencia

El Nobel de Literatura J.M. Coetzee durante su conferencia en el Reina Sofía en el marco de Madrid Capital Animal 2016

El blanco perturbador del muro del garaje cegaba mi mirada esquiva de la mañana que se avecinaba; mientras descendía por la rampa, ávida de sombra, un valiente caracol rompía la inmaculada pared con su infatigable rastro circular. Me aproximé a él y con impaciencia lo tomé entre mis dedos para dejarlo cuidadosamente entre la hierba fresca que apenas distaba unos metros, allí proseguiría su andadura a salvo del tórrido cemento. De inmediato, tomé conciencia de mi innegable cortedad. ¿Acaso el caracol, provisto de esa envidiable concha espiral, tenía necesidad de que alguien como yo le cobijara del calor sofocante? ¿Pensé siquiera si sentiría calor?... De límites y de grandezas nos habló el premio Nobel de Literatura John Maxwell Coetzee en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, dentro del ciclo de Capital Animal, asociación que impulsó entre febrero y junio diferentes proyectos en Madrid, centrados en la concienciación sobre los derechos de los animales.

"Si hubiera un matadero con las paredes de cristal en el centro de las ciudades, donde todo el mundo pudiera verlo, pudiera escuchar a los animales chillar, ver cómo son masacrados sin piedad, quizá cambiarían de idea... La gente tolera el sacrificio animal porque no llega a verlo, tampoco a oírlo, tampoco a olerlo, la gente no quiere que se le recuerde cómo llega a su plato la comida". Con estas palabras, el escritor sudafricano abrió un acto en el que durante casi dos horas, con voz sobria y acompasada y ante medio millar de asistentes, dio lectura a un relato inédito con el que da continuidad a su libro Elisabeth Costello, personaje fundamental en los libros del autor. A través de las distintas conversaciones entre la anciana protagonista y su hijo John, J.M.Coetzee hizo un recorrido magistral por la filosofía, en su intento de enfrentar la razón al instinto y los límites que nos esclavizan.

La referencia a Martin Heidegger y su visión acerca del acceso limitado –"pobre"– de los animales al mundo, en términos absolutos, no en comparación con el resto, lo hizo a través de la garrapata, ciega y sorda, "pobre de mundo”, sin embargo, sus sentidos se tensan al olor de la sangre, la garrapata permanece esclava de los sentidos… y continúa: pero ¿qué hay de mí?

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La jueza conmovida por la chimpancé

Cecilia, la chimpancé cautiva en un zoológico, a la que una jueza argentina obliga a liberar. Foto: Proyecto Gran Simio

"La situación actual de Cecilia nos conmueve. Si atendemos a su bienestar, no será Cecilia quien estará en deuda con nosotros, sino nosotros quienes deberemos agradecerle la oportunidad de crecer como colectividad y de sentirnos un poco más humanos". Son palabras de María Alejandra Mauricio, titular del Tercer Juzgado de Garantías del Poder Judicial en Mendoza (Argentina), y pueden leerse en la sentencia que acaba de dictar a favor de Cecilia, una chimpancé que se encuentra en el zoológico de esa ciudad, y a la que la jueza, conmovida, ordena liberar y trasladar al santuario que el Proyecto Gran Simio (PGS) tiene en Sorocaba (Brasil). María Alejandra señala que Cecilia tendrá que estar allí antes de que llegue el frío invierno mendocino.

Cecilia no solo vive cautiva en el zoo de Mendoza desde hace 30 años, en unas condiciones que el PGS califica de "deprimentes" (solo pisa cemento en los escasos metros de los que dispone), sino que se ha quedado completamente sola desde la muerte de Charly y Xuxa, sus dos compañeros de prisión. Y la jueza Mauricio no solo acepta el  Habeas Corpus presentado por la Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales (AFADA) y declara a Cecilia "sujeto de derecho no humano", sino que deja negro sobre blanco unos argumentos cuyo alcance es histórico y que se ha molestado en ilustrar con brillantes citas humanas.

"Recordar las siguientes reflexiones", incluye como uno de los puntos de su sentencia: "'Podemos juzgar el corazón de una persona por la forma en que trata a los animales' (Immanuel Kant); 'Hasta que no hayas amado a un animal una parte de tu alma permanecerá dormida' (Anatole France); 'Cuando un hombre se apiade de todas las criaturas vivientes, sólo entonces será noble' (Buda); 'La grandeza de una nación y su progreso moral puede ser juzgada por la forma en que sus animales son tratados' (Gandhi)".

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El antiespecismo se abre paso como lucha política

Cabra matada con un tiro en la cabeza. Matadero Tehuacán. Puebla, México. Foto: TrasLosMuros.com

La historia del animalismo en el Estado español ha ido evolucionado en los últimos años desde una sensibilidad que en los círculos activistas se denomina perri-gatera (un compromiso meramente mascotista) a una creciente conciencia sobre la obligación humana de reconocer y restituir a los animales no humanos los derechos que les pertenecen: el movimiento antiespecista por la liberación animal. El respeto y la libertad que todos los animales merecen, así como el sufrimiento que provoca a los no humanos un sistema basado en la injusticia y la explotación constantes, será visibilizado y denunciado en Madrid el próximo sábado 5 de noviembre en una  manifestación convocada por la Asamblea Antiespecista de Madrid y el Colectivo 1 de Noviembre.

Sustentado en la estructura jerárquica, antropocentrista, capitalista y patriarcal de nuestra sociedad, que organiza las relaciones desde un principio de dominación, el especismo supone la discriminación moral de los individuos en base a las diferencias de su especie. Se trata de una discriminación sistémica: sustancial, constante, incuestionada; y se manifiesta en todos los ámbitos de la actividad humana: desde la alimentación hasta el entretenimiento. Simplemente, hacemos con los otros animales, con los individuos clasificados en otras especies, lo que no aceptamos hacer con los de nuestra especie: encerrarlos, mantenerlos en cautividad, manipular cruelmente sus cuerpos y matarlos de todas las maneras imaginables para arrancarles su carne, robarles la leche generada por las madres para sus hijos, despellejarlos para hacer bolsos y abrigos, encerrarlos en espacios-cárcel para contemplarlos, provocarles continuos embarazos y partos para comerciar con sus cachorros, obligarles mediante métodos violentos a actuar para hacernos reír, tortúrarlos para disfrute humano. En las granjas destinadas al consumo humano, en los criaderos, en los zoos, en los acuarios, en los circos, en los ruedos. En los laboratorios de experimentación, los cuerpos de los animales son usados para nuestro beneficio como si, de hecho, no fueran cuerpos: las cabezas, abiertas en vivo; los ojos, abrasados; los huesos, fracturados; la piel, rasgada; la sangre, envenenada; los hígados, los riñones, los pulmones, infectados, inoculados, rajados, aplastados; el corazón, aumentado, disminuido, torcido, estallado.

Todo eso puede provocar rechazo e incluso horror en muchas de las personas que lo leen, pero se hace y se sigue haciendo porque los cuerpos de los animales no son cuerpos humanos. Una inmensa mayoría considera intolerable hacer algo semejante en un cuerpo con el que comparte especie. Tolerar que se haga en los cuerpos distintos es especismo. Tolerar que los cuerpos distintos sean cosificados, mercantilizados, abandonados, maltratados y asesinados es especismo. Y cada día que pasa, en el sistema especista, millones de individuos, que sienten y quieren conservar su integridad y su vida, sufren un infierno por el mero hecho de ser diferentes. Se trata, pues, de una relación de poder en la que los animales no humanos son oprimidos, las víctimas finales de una violencia humana que ha sido normalizada.

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