En el año 2004 cruce las puertas de centro de recuperación de animales abandonados de Guadalajara y, desde ese momento, mi existencia dio un vuelco. Tras quince años de voluntariado, deje la presidencia de La Camada y gestión del albergue municipal para reinventarme y seguir con mi proyecto de vida. El diario de Etna es mi compromiso con aquellos animales que me necesitan, en particular los gatos comunitarios y las personas que los cuidan.