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Ruth Toledano

Activista en defensa de los derechos animales. Tutora de proyectos en el Máster de Edición Santillana-Univ. Complutense. Primera mujer Cronista Oficial de la Villa de Madrid. Durante 17 años, columnista de Opinión en El País (de 1998 a 2011) y en la red de diarios regionales del Grupo Prisa. Colaboradora en la Cadena SER. Editora en el Grupo Santillana y coordinadora de proyectos editoriales en El País. Colaboradora en publicaciones LGTB, como Zero y Shangay (compromiso reconocido con varios premios: Triángulo Rosa 2002; Premio Periodismo COGAM 2009; Premio a la Trayectoria Profesional AET-Transexualia 2011; Pluma de la FELGTB 2014). Poeta (Paisaje al fin y Ojos de quién, Huerga & Fierro Ed., así como antologías Ellas tienen la palabra, Mujeres de carne y verso, Poetas en La cacharrería...)

Proteger a la infancia con prisión preventiva

Esta semana  se publicó la importante noticia de que la ONU se ha pronunciado, una vez más, a favor de proteger a los menores frente a la violencia de la tauromaquia. A través de su Comité de los Derechos del Niño, insta a Francia y a Perú a modificar sus legislaciones para que los menores no participen ni asistan a corridas de toros ni demás espectáculos taurinos. Ya se lo recomendó antes a Portugal, México y Colombia, y todo indica que lo hará a España cuando próximamente le toque ser revisada por la más alta organización internacional. La ONU pide expresamente prohibir el acceso de menores a esos festejos por la "violencia física y mental" que implican. Es lo que se entiende por protección de la infancia.

Hace unos días el matador Fran Rivera hizo circular una foto en la que toreaba a una becerra de muy corta edad con su hija de pocos meses en brazos. Aunque no se hiciera el hincapié debido en el hecho de que a la becerra, de muy corta edad, le corriera un chorro de sangre por el lomo, una sociedad cada vez más sensibilizada con los derechos de los niños consideró un escándalo la actuación del torero y las reacciones no se hicieron esperar: el matador acabó declarando ante un juez. Una inmensa mayoría coincidió en que la bebé Rivera no estaba siendo protegida por su padre de, por ejemplo, el riesgo de abrirse la cabeza si éste daba un traspiés, o de ser atacada, en defensa propia, por la otra víctima de la escena: la becerrita herida con premeditación y alevosía.

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¿Cómo es posible perder el rastro de 10.000 niños?

10.000 niños refugiados han desaparecido en Europa. 10.000 niños que pueden estar siendo violados, prostituidos, esclavizados en manos de una nueva organización criminal paneuropea de tráfico de personas. ¿Y qué se le ocurre al Consejo de Ministros de la Unión Europea? Preparar una normativa para criminalizar a ONGs y a voluntarios que presten ayuda humanitaria a los refugiados. A los que llegan vivos, pues siguen flotando pequeños cadáveres en el Mediterráneo. Según Save the Children, en 2015 entraron en Europa 26.000 niños sin acompañantes. 5.000 de los niños que llegaron solos han desaparecido en Italia. 1.000, en Suecia. Que sepamos. Europol confirma tener pruebas de que muchos de ellos están siendo esclavizados y explotados sexualmente. Pero, ¿esto qué es? Es insoportable.

Un país como Dinamarca ha decidido confiscar a los refugiados todo el dinero que posean por encima de los 1.340 euros; también las joyas que no tengan “valor sentimental”, como las alianzas matrimoniales: una broma de tan mal gusto que produce nauseas. Países como Suecia, Holanda y Finlandia han anunciado deportaciones masivas. Todas ellas eran naciones referentes, en las que nos mirábamos, con las que nos comparábamos, como las que aspirábamos a convertirnos. Admirábamos sus servicios públicos, su organización social, sus escuelas. ¿Qué están haciendo ahora por los niños solos? ¿Por qué no están funcionando sus modernos medios de protección? Los funcionarios de la ciudad sueca de Trelleborg dicen que se ha perdido el rastro de los 1.000 niños refugiados que en octubre llegaron solos hasta allí. Pero, ¿cómo es posible algo así? ¿Es concebible que las autoridades de una ciudad sueca pierdan el rastro de 1.000 niños, que no sepan dónde están? Pero, ¿en qué cabeza cabe?, ¿qué locura es esta?

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La democracia de Varoufakis frente a la vergüenza de los Estados

Siguen muriendo niños en el Mediterráneo. La vergüenza más lacerante. Sigue tratando de desembarcar la desesperación, ansiando que la tierra sea firme. Siguen ahogándose ahorros y esperanzas en las costas de Lesbos, esa isla que ha regresado de la Historia para recordarnos que no sirvió de nada la Historia.

Europa no volverá a ser la misma después de lo que está sucediendo con los refugiados. Porque ha vuelto a ser la que fue. Quizá las puertas marcadas de rojo de las casas inglesas a las que han logrado llegar los más afortunados (los que no acabaron flotando, hinchados, en el mar de Ulises) no sean sino esa misma Europa que ya horrorizó al mundo hace ochenta años. La Europa del Tercer Reich, que señala con colores a las víctimas de su perversidad. Una puerta roja como una estrella amarilla. Y dentro, debajo, el mismo terror. La Europa terrorista.

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El odio

Solo en lo que va de año se han producido en Madrid tres agresiones por LGTBIfobia. Tres que sepamos, es decir, que las víctimas hayan denunciado, pues estoy convencida de que habrá otros ataques que queden en el armario del miedo, de la vergüenza o del desaliento. Por no hablar de lo que podemos llamar microhomofobias o microtransfobias, prácticas de violencia cotidiana tan sutiles, interiorizadas en el imaginario colectivo y fomentadas por el discurso de los poderes que, al igual que los micromachismos, pasan desapercibidas aunque vayan minando psicológicamente a las personas que son sus objetos directos, y haciendo un daño profundo y sostenido a la convivencia social.

No sería la primera vez que la Historia asiste a la pérdida de unos derechos ya conquistados, máxime si esa conquista fue débil, superficial o incompleta. En plena presunta democracia hemos visto como iban mermando en nuestro Estado derechos que costaron mucha lucha y que dábamos, a estas alturas, por inalienables: el trabajo, la vivienda, la salud o la libertad de expresión se han visto recortados por la rapiña de esos poderes, que han encontrado en los gobiernos del PP la herramienta perfecta para su control. Los derechos LGTBI, derechos humanos, forman parte de esas frágiles y hasta falaces victorias, y su consecución sigue costando sangre, sudor y lágrimas. Máxime cuando los sujetos de esos derechos no se asimilan al modelo normalizado y que conviene al statu quo, convirtiendo en impostura esos derechos mismos. Una transexual madura, por ejemplo, última víctima conocida del odio a la diversidad.

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San Antón, tradición y vanguardia en "la fiesta de los animales de Madrid"

No podía ser de otro modo: si es el patrón de los animales, San Antón tiene que ser animalista. En su calidad de santo, se supone que vela por el alma de los animales (aunque los sucesivos Papas no se ponen de acuerdo sobre si la tienen o no), a través de esa pintoresca bendición que una vez al año los consagra a Dios. En su calidad de patrón, ha de protegerlos de todo mal, especialmente de aquel que se les inflige de manera injusta (y tantas veces en nombre de otros santos y vírgenes).

Cada 17 de enero se celebran en Madrid las fiestas de San Antón pero nunca hasta la edición de este año la obligación proteccionista del santo había ido más allá de lo relacionado con mascotas. Y eso que en su origen, medieval, era un cerdo el supuesto protegido: a lo largo del año era alimentado por los vecinos para terminar siendo (como tantos otros animales elegidos para protagonizar festejos populares) víctima propiciatoria de un delirio colectivo que, según las fuentes, devenía en orgiástico e impúdico. Aquel desenfreno masivo debía de ser un cristo y acabar como el rosario de la aurora, al menos para el pobre cerdo. El festejo, llamado ‘Rey de los Cochinos’, dejó de celebrarse en distintos periodos.

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Rita Maestre y Cristina de Borbón

Rita Maestre y Cristina de Borbón tienen dos cosas en común. Ambas estudiaron Ciencias Políticas, aunque con muy distintos resultados. Ambas han sido imputadas por presuntos, y muy distintos, delitos.

A Rita Maestre van a juzgarla por participar en una acción pacífica dentro de una capilla que no tenía que estar ahí. En una Universidad pública que se mantiene con fondos públicos. De un Estado que su Constitución declara aconfesional. Rita Maestre era estudiante entonces, marzo de 2011. Una de esas estudiantes de las que el Estado debiera sentirse muy orgulloso: comprometida con su tiempo y políticamente activa, preocupada por la defensa de los derechos constitucionales y por la construcción de una sociedad más justa. Ahora es concejala y portavoz del Ayuntamiento de Madrid: el Estado debiera sentirse muy satisfecho por que alguien con esa responsabilidad proceda de una de sus universidades, y no de alguna de esas otras, privadas, caras, elitistas, mero eslabón entre un Colegio del Pilar y unas FAES.

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Es necesaria esa sensatez

Por streaming, para que pudieran seguirlo todos los medios y los ciudadanos. Así se dirigió Pablo Iglesias al Consejo Ciudadano de Podemos. (Es la diferencia entre él y Rajoy, el que aparece en tele de plasma: la de alguien con una valentía y un dominio, en directo, de la situación que le dotan del liderazgo que el presidente del Gobierno perdió hace mucho tiempo; la diferencia entre la gran política y la cueva de Ali Baba). Y tuvo razón Iglesias al dibujar los dos bloques políticos del momento: el del neoliberalismo inmovilista (el PP, Ciudadanos y el PSOE de Susana Díaz, todos bajo la sombra de la Corona) y el de una nueva transición (Podemos, las fuerzas de confluencia en Cataluña, Galicia y Valencia, y el PSOE socialista).

Es representativo que Susana Díaz haya reaccionado de inmediato pero solo para soltarle a Iglesias que no dé lecciones a nadie. Más allá de esta soberbia de Díaz (pecado del que, por cierto, siempre se ha acusado a Iglesias), la falta de generosidad política de la presunta socialista deja a su partido en un lugar vergonzoso, que tantos otros socialistas no deberían permitir. Encastillada en su egolatría (actitud de la que, por cierto, siempre se ha acusado a Iglesias), Susana Díaz no vela por el PSOE ni por España, sino por su propio poder. Y el PSOE sigue dando, como confesó Patxi López, "un espectáculo lamentable".

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Bolivarianos, ingobernabilidad, soviets, romper España…

Durante la campaña electoral, las derechas, los centros, ciertos medios y ciertos tertulianos trataron de infundir unos miedos que la sociedad no tiene. Los resultados del 20D así lo han demostrado. Desconcertados, todos ellos tratan ahora, más o menos burdamente, de encontrar el hilo argumental que dé solución a la continuidad de un mensaje que no encuentra receptor. Ver discutir a Maruhenda y a Inda en el debate de La Sexta Noche del sábado pasado fue asistir a la escenificación del divide y vencerás que le ha sobrevenido al PP a través de las urnas.

Su nerviosismo contrastó con la calma de la izquierda emergente a la que esos mismos habían acusado de desestabilizadora, de antisistema, de agitadora. Volvimos a oír la palabra “bolivarianos”, pero pronunciada sin convicción, como una amenaza sin fuelle. Lo cierto es que ya no tiene capacidad de amedrentar y, de hecho, muchos telespectadores se entregaron al zapeo. Los presuntos bolivarianos desembarcaron en las europeas, tomaron posiciones en las municipales y, con las generales, queda claro que vinieron para quedarse. Y, lejos de las siete plagas que vaticinaban los voceros del miedo, mucho de lo que ha pasado es positivo: ahora las alcaldesas de Barcelona y Madrid son Ada Colau y Manuela Carmena, que centran su gestión en las políticas sociales y aspiran a la feminización de lo público y lo institucional. En el mismo debate donde se peleaban los periodistas de la caverna, Rafa Mayoral insistía en hacer oír el Plan de Rescate Ciudadano de Podemos: un plan de emergencia para rescatar a las personas y a las familias. Ante propuestas así, aquella palabra amenazante apenas sonaba ya como un inútil eco.

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Yo soy español, español, español, pero España ya es otra

Coincidieron en formas futboleras los escasos congregados en las respectivas sedes del Partido Popular y de Ciudadanos: “Yo soy español, español, español”, entonaron ambos, un tanto forzados. Pero esos españoles han perdido el partido. Pues, como anunció Errejón en la plaza del Museo Reina Sofía, ante una multitud que volvió a la calle porque en la calle fraguó este cambio, “España ya amanece otra”.

Aunque no deje de sorprender que queden tantos españoles que votan a un partido infestado de corruptos, incapaces y adalides de la austeridad ajena, en Génova apenas se oyeron un par de “campeooones, campeooones”, tan espurios como los saltitos de Rajoy en el balcón. Tenía poco motivo para saltar un presidente que no podrá formar gobierno.

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Los debates de la verdad

Los debates públicos que enfrentan a los candidatos políticos en los últimos días son el mejor ejercicio de transparencia electoral. Solos y solas ante el peligro del escrutinio de nuestras miradas, los líderes del 20D han quedado fielmente retratados ante las cámaras.

Gracias a ese formato de campaña, hemos podido confirmar la bochornosa cobardía del presidente Rajoy y hemos asistido al desinfle de la burbuja Soraya, falaz alternativa a la inoperancia de su jefe: había mostrado un campanilleante aplomo para bailar (de aquella manera) en El Hormiguero, pero cuando se trató, como en el debate a cuatro, de dar respuestas sobre la corrupción en el PP y de manejar argumentos sobre los recortes de su Gobierno, la vicepresidenta, incapaz, fue perdiendo los nervios. Y eso que aún no había estallado el escándalo de los diplomáticos. Sáenz de Santamaría dejó patente la enorme diferencia entre una rueda de prensa sin preguntas (donde no dices nada aunque engoles mucho la voz), o unos favorecedores  carteles preelectorales (en donde cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia), y la transparencia de un cuerpo a cuerpo en el que se te ven todas la costuras. Gracias al debate, la maquillada sparring de Rajoy hizo perder al PP la oportunidad de presentarla como una alternativa creíble a posibles pactos postelectorales.

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