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Ruth Toledano

Soy: Activista en defensa de los derechos animales. Tutora de proyectos en el Máster de Edición Santillana-Univ. Complutense. Primera mujer Cronista Oficial de la Villa de Madrid. He sido: Columnista de Opinión en El País (de 1998 a 2011) y en la red de diarios regionales del Grupo Prisa. Colaboradora en la Cadena SER. Editora en el Grupo Santillana y coordinadora de proyectos editoriales en El País. Colaboradora en publicaciones LGTB, como Zero y Shangay (compromiso reconocido con varios premios: Triángulo Rosa 2002; Premio Periodismo COGAM 2009; Premio a la Trayectoria Profesional AET-Transexualia 2011). Fui: Asesora literaria en la Agencia Literaria RDC. Creadora y directora de la sucursal en España de la Agencia Literaria Internacional Andrew Wylie. Poeta (Paisaje al fin y Ojos de quién, Huerga & Fierro Ed.).

Tortura y represión

Las dos palabras que dan título a esta columna se refieren a hechos que no debieran producirse en un estado de derecho, en una sociedad evolucionada. Sin embargo, tortura y represión es lo que se ha ejercido y fomentado en los últimos días en nuestro cada vez más violentado país. Escribo con indignación, pero sobre todo con una profunda tristeza.

En Albacete se celebró un Congreso Internacional de Tauromaquia impulsado e inaugurado por Wert y Cospedal con unos fondos públicos de los que se han negado a cuenta a ningún medio; con unas actividades contrarias a los valores mínimos de la pedagogía, como fue el encuentro de ‘toreo de salón’ celebrado en la plaza del Altozano para enseñar a los niños –algunos de tres años- a torear y matar toros; con unas conferencias como la de profesor universitario Javier López-Galiacho, que propuso llevar la tauromaquia a la escuela porque “tiene mucho que enseñar” y la considera “un ejemplo de ética”. Estamos hablando de torturar animales.

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La Justicia española, entre África y Sicilia

Como considera la acusación particular, la pérdida del sumario sobre la destrucción de los discos duros de Bárcenas conlleva “demasiadas casualidades”. Dos cajas, tres tomos, 1.000 folios no son tan fácilmente despistables y, en todo caso, se habrían tenido que custodiar como oro en paño. El oro de la dignidad de un país protegido por el paño de la Justicia.

Pero aquí las cosas están llegando muy lejos. La abogada Isabel Elbal dice que parece que estamos en África. A mí me recuerda a Sicilia. La realidad es que estamos en el Juzgado 32, plaza de Castilla, Madrid. Un lugar en donde, simplemente, puede reinar el caos, pero al que también puede llegar el flujo apestoso de “las cloacas del Estado” (como acusa el periodista Inda, con el que no me queda más remedio que coincidir) para arrastrar con su mierda la posibilidad de desvelar unos delitos que comprometerían seriamente al Partido Popular y al Gobierno de la nación.

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La Iglesia no es casta pero es casta

Rouco Varela abandona por fin la sede del Arzobispado de Madrid, en la que podríamos decir que llevaba cinco meses en precario, o sea, de okupa. Tenía que haber dejado el Palacio Episcopal de la calle San Justo a su sucesor, Carlos Osoro, pero Rouco no es ni un santo ni un justo y se ha resistido como cardenal panza arriba. Ahora se muda a un piso en la calle Bailén de casi 400 metros, que aseguran fue una donación al Arzobispado de Madrid.

Las donaciones a la Iglesia católica, siendo legítimas y acaso bienintencionadas, siempre van acompañadas de un tufillo a sotana corrupta: véase que el cura líder de los “Romanones”, Román Martínez Velázquez de Castro, acabó siendo el titular del 33% de la herencia que la boticaria de Órgiva, en Granada, había dejado a “los pobres”, nombrando a un par de curas de albaceas para que lo repartieran a su criterio y según su voluntad. Se lo quedaron. El asunto es muy turbio y lo cuenta Amina Nasser en andaluces.es.

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“El emoticón es el esperanto que sí funcionó”: una entrevista basura con la videopoeta Tálata Rodríguez

"Yo no soy un partido de fútbol"

Desde los diez años mantuve con mi padre una relación epistolar. Des 1989 a 2002 mi padre me envió cartas desde 30 direcciones postales diferentes. Todas esas cartas se fueron juntando en carpetas y cajas, fueron perdiendo orden, precisamente fueron perdiendo correspondencia. Muchas veces quise deshacerme de ellas. Quemé algunas, las guardé envueltas en tela, entre la ropa, en cajones. En mi última mudanza iba a tirarlas pero una gran amiga me convenció de no hacerlo y las ha guardado hasta este momento.

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¿Dónde está la pava que dejó de ser noticia?

“A mí se me arrebató la cámara cuando estaba grabando el conflicto. Los y las vecinas de Cazalilla arrinconaron a periodistas y activistas. Les amenazaron y golpearon. A mí también. Me exigieron que dejara de grabar. Como no lo hice, me arrebataron la cámara y la estallaron a conciencia contra el suelo. Creo que el individuo incluso pisoteó el aparato”.

Quien así habla es una joven periodista de TVAnimalista que prefiere mantener el anonimato. Tiene sus razones:

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Sin feministas no habrá cambio

Cuando nos enteramos de que Tsipras no había incorporado a una sola mujer en la formación del Gobierno de Syriza en Grecia, nos quedamos boquiabiertas. O quizá no. Quizás, en el fondo, no fue sino una muestra más del machismo al que ya nos tiene acostumbradas una izquierda menos revolucionaria de lo que aparenta. En Grecia y aquí.

Lo de Tsipras ha sido un desafío a la justicia, a la democracia y al respeto por la igualdad. Como lo fue aquí el vergonzoso episodio en Sol, cuando comenzó la acampada del 15M y algunos pidieron la retirada de una gran pancarta que un grupo de mujeres feministas había descolgado desde un andamio de la plaza. Lo que decía la pancarta era algo tan indiscutible como “la revolución será feminista o no será”, pero hubo que explicárselo a esos hombres. Supuestamente, los que andaban por allí eran los menos machistas.

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Los ingredientes del gazpacho

Una jueza de Santa Fe, en Granada, ha denegado la nacionalidad española a un niño de dos años por “no estar integrado socialmente”. Un niño que ha nacido en España y cuyos padres, de origen senegalés, llevan diez años aquí y tienen contrato de trabajo. Un niño que nunca ha salido de este país y a cuya hermana mayor sí le fue concedida la nacionalidad española.

Cuando este niño tenga edad suficiente para enterarse de esta historia, ¿qué sentirá por el que naturalmente considerará su país?, ¿se sentirá integrado en un lugar que le mostró tal desprecio cuando era casi un bebé?, ¿se le podrá exigir que sea un españolito, que defienda su patria, que sea un ciudadano responsable?, ¿puede extrañarnos, ante tal despropósito, que los suburbios europeos se conviertan en polvorines de jóvenes que, sin arraigo en sus propios países, busquen identidad por caminos indeseables?

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¿Serían los jueces brazos políticos de la Corona?

El Tribunal Supremo ha admitido a trámite la demanda de paternidad contra el rey Juan Carlos I interpuesta por la belga Ingrid Sartiau. Ella dice que no quiere perjudicar a la Casa Real pero que siente la necesidad personal de conocer sus orígenes. Resultaría comprensible. Sin embargo, la decisión judicial nos produce una sorpresa que va aparejada con ciertas sospechas. La principal: ¿por qué se ha admitido a trámite su demanda y no la del catalán Albert Solà, el otro presunto hijo del viejo Borbón?

El Tribunal Supremo alega que la demanda de paternidad de Solà se ha rechazado porque las pruebas aportadas no son suficientes. Ambos demandantes se hicieron hace años unos análisis de ADN en los que los marcadores genéticos dieron un 91% de consanguinidad. Presumiblemente, se hicieron un segundo, que arrojó una probabilidad del 87%. Y un tercero, que, según los expertos, arrojó una probabilidad del 35%, es decir, un resultado contrario al que se buscaba: que Sartiau y Solà no son hermanos. "Las primeras muestras arrojaban una probabilidad del 91%, pero más tarde recibí una nueva muestra del señor Solà que demostraba que no son hermanos. Ella recibió esa información a finales de 2012, pero no la ha querido comunicar públicamente",  ha asegurado a El País el reputado genetista belga Jean-Jacques Cassiman, profesor de la Universidad de Lovaina que estudió los análisis de ambos.

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Morenés y los kalashnikov

Volvió a la carga el turbio ministro de Defensa, Pedro Morenés. El de los negocios con armas. El de las ventas de bombas de racimo a Gadafi. El de las vinculaciones con empresas denunciadas o investigadas en la Operación Púnica. El de los marines en la base de Morón. El de las visitas a Arabia Saudí y a Israel. El amigo de Juan Carlos de Borbón. Una joyita.

Seguimos sin saber cómo puede dormir tranquilo el ministro Morenés, con tanta potencial muerte en su haber, y boquiabiertos nos deja su desparpajo (por no decir su descaro, desvergüenza, morro o jeta) al dirigirse al nuevo rey pidiendo una "permanente renovación" del stock bélico del Ejército. Con motivo de su primera, aunque decadente, Pascua Militar, vino a decirle Morenés a Felipe de Borbón, literalmente, que no hay que "dormirse" al respecto. Suponemos que se refería a no dormirse en laureles pacifistas: el buenazo de Morenés lo definió como "superioridad disuasoria y operativa sobre los posibles adversarios". Un santo.

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Los dibujantes asesinados eran antitaurinos y animalistas

El 7 de enero de 2015 asesinaron una parte de nuestra libertad. La intolerancia disparó balas contra personas cuyas armas siempre han sido lápices, pinceles y rotuladores. El fanatismo derramó una sangre que solo había atacado prejuicios e injusticias a través de la tinta, la irreverencia y el humor.

Atentando contra el satírico francés ‘Charlie Hebdo’, los asesinos han querido matar la libertad de expresión. Y, aunque no lo conseguirán, con su vileza han contribuido a silenciar, además, a los otros animales, víctimas de una violencia sistemática que los legendarios dibujantes asesinados Cabu, Charb, Wolinski y Tignous también reflejaron y denunciaron en sus viñetas.

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