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Ruth Toledano

Activista en defensa de los derechos animales.

Creadora y editora del blog antiespecista El caballo de Nietzsche, en eldiario.es

Creadora e impulsora de Capital Animal, proyecto de arte, cultura y animalismo, cuya primera edición tuvo lugar en Madrid en 2016.

Tutora de proyectos en el Máster de Edición Santillana-Univ. Complutense.

Colaboradora en la Cadena SER.

Durante 17 años, columnista de Opinión en El País (de 1998 a 2011) y en la red de diarios regionales del Grupo Prisa.

Editora en el Grupo Santillana y coordinadora de proyectos editoriales en El País.

Colaboradora en publicaciones LGTB, como Zero y Shangay (compromiso reconocido con varios premios: Triángulo Rosa 2002; Premio Periodismo COGAM 2009; Premio a la Trayectoria Profesional AET-Transexualia 2011; Pluma de la FELGTB 2014).

Poeta (Paisaje al fin y Ojos de quién, Huerga & Fierro Ed., así como antologías Ellas tienen la palabra, Mujeres de carne y verso, Poetas en La cacharrería...)

Primera mujer Cronista Oficial de la Villa de Madrid.

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España desde Colombia

Llevo tres semanas en Colombia, un país al que vine para conocer sobre el terreno su proceso de paz. Aterricé en Bogotá precisamente el 26 de septiembre, justo cuando se cumplía un año de la firma de los Acuerdos de La Habana entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), y a pocos días de que se cumpliera también un año del decepcionante plebiscito por el que el 2 de octubre de 2016 el pueblo colombiano dijo no a esos Acuerdos. Pocos días antes de mi llegada, el pasado 5 de septiembre, el Gobierno colombiano y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la otra organización insurgente que sigue activa en Colombia, habían pactado asimismo el primer cese al fuego bilateral, provisional hasta enero de 2018 y en aras de culminar el conflicto armado con las negociaciones de la mesa de Quito, Ecuador, instalada en febrero de 2017.

He entrevistado a actores importantes en el proceso de paz colombiano: ex presidentes de la República como Ernesto Samper, que también fue embajador en España, presente en las negociaciones de La Habana; ex comandantes de la cúpula de las FARC, como Carlos Antonio Lozada, principal responsable del desarme de la organización, presente en las negociaciones de La Habana; ex guerrilleros del ELN como León Valencia, creador de la prestigiosa Fundación Paz y Reconciliación; mujeres y hombres de la insurgencia fariana, en la zona veredal de Icononzo, Tolima, espacio territorial de capacitación y reincorporación de ex combatientes de las FARC; un ‘gestor de paz’ del ELN cuyo nombre no puedo desvelar porque no tiene permitido conceder entrevistas; senadores (equivalente a diputados) del Partido Liberal y de Polo Democrático. Todos ellos se han sentado con sus enemigos a negociar la paz. Cuando ha sido preciso, han recurrido a la mediación.

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¿Por qué ordenó Rajoy violencia en Catalunya?

Sabíamos que las UIP, los antidisturbios, iban a ejercer la violencia física y a sembrar el terror sobre la ciudadanía catalana. Lo sabíamos porque la función de los antidisturbios siempre ha sido esa: pegar, intimidar, patear, disparar, aterrorizar. No es nuevo y agreden, como se ha visto en Catalunya, sin miramientos y de la manera más repugnante, también a personas mayores y a la prensa. Por eso el hecho de que el Ministerio del Interior acuartelara hace días a varios miles de antidisturbios en el puerto de Barcelona solo tenía un objetivo: reprimir allí con violencia la jornada electoral, al igual que en toda Catalunya con el despliegue de efectivos de la Guardia Civil.

Lo que aún no sabemos es cuál es la agenda oculta de Rajoy tras la violencia policial del 1-O. Pues suponemos que al organizar esa ofensiva de sesgo militar él también sabía lo que iba a pasar. Rajoy tenía que saber que las dotaciones policiales que mandó a Catalunya iban a reprimir con la brutalidad que les caracteriza, que habría heridos e que incluso se corría el riesgo de que hubiera muertos. No era descabellado temerlo, viendo cómo coge impulso un antidisturbios para patear y lanzar a alguien escaleras abajo en el Instituto Pau Clarís de Barcelona, cómo zarandean y retuercen los huesos a personas octogenarias, o cómo lanzan pelotas de goma ilegales y que pueden ser letales (aún no sabemos si el herido por una de ellas conservará su ojo).

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La ultraderecha en Rajoystán

La ultraderecha volvió a hacerse visible en toda Europa cuando azotó, primero, la crisis del neoliberalismo y cuando los refugiados, después, empezaron a llamar a sus puertas pidiendo ayuda. Las fuerzas políticas fascistas ganaron incluso un preocupante terreno electoral. Aquí, en Rajoystán, a la extrema derecha apenas se la había vuelto a ver, en parte porque está integrada en las filas del PP (salvo el residuo Vox) y también, seguramente, porque el Gobierno ha incumplido casi en su totalidad sus compromisos de acogida y, por tanto, los xenófobos tenían poco por lo que protestar. Ha habido acciones violentas, como la incursión de falangistas, brazo en alto, en la librería Blanquerna de Madrid (ahora condenados a entrar en prisión), crecientes y numerosas agresiones homófobas y peleas de banda futbolera, pero aparentaba ser algo residual, sin espacio ni estructura. Salieron en Cataluña el 12-O y el Hogar Social, por su parte, supo infiltrarse en el tejido popular con su presunta solidaridad de nacionalismo españolista. Pero la calle en España ya no era de los fascistas y hasta sus siniestras marchas del 20-N al Valle de los Caídos no pasaban de ser un raquítico anacronismo.

Mirando a Europa, no obstante, crecía la preocupación ante su refortalecimiento. Y aquí los tenemos. Lo que no habían llegado a conseguir ni el castigo de la crisis ni el drama de los refugiados, lo ha conseguido la irresponsable cerrazón de Rajoy. Porque si montas destacamentos con miles de antidisturbios acuartelados en unos transatlánticos en el puerto de Barcelona, te acompañará una escuadrón de ultras. Si te llevas detenidos a cargos electos que no han cometido delito alguno, te aplaudirá un grupúsculo de ultras. Si impones medidas totalitarias a funcionarios, intervienes medios de comunicación, allanas sedes y despachos, registras documentación ajena, amenazas con multas, acusas de sedición, te jaleará un comando de ultras. Si declaras sin declarar un Estado de excepción, formará junto a ti una columna de ultras. Si tomas por la fuerza el control de las instituciones, te apoyará una hueste de ultras. Porque si eres el represor, los ultras serán tus esbirros. Si eres el dictador, los ultras serán la fuerza que te acompaña.

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Reciclaje para dignificar colonias felinas: copian en Nueva York el proyecto del trabajador de un 'punto limpio'

Llevan doce años cuidando colonias felinas en su ciudad, Sant Boi de LLobegrat (Barcelona), de manera voluntaria y a través del  método CES (Captura, Esterilización y Suelta). Los dos últimos años han trabajado en calidad de gestores, teniendo a su cargo la coordinación entre el Ayuntamiento y el voluntariado. En este tiempo han controlado y cuidado unas 80 colonias felinas urbanas y han esterilizado a más de 800 integrantes, 500 solo en 2 años. Son cifras que dan cuenta del alcance de su labor: si el nacimiento de camadas en las colonias no hubiera sido controlado, el número de gatos urbanos sería mucho mayor, sus condiciones de vida mucho peores y la relación con los otros vecinos, humanos y no humanos, más conflicitiva.

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Banderas ensangrentadas

En este tiempo en el que, si te descuidas, te cae una bandera en un ojo, la actualidad banderil nos dio el sábado un regalo. Mientras decenas de miles de personas enarbolaban la enseña de la  abolición en la abarrotada Puerta del Sol de Madrid, un torero de razonable parecido con el general franquista Millán Astray ("héroe de Filipinas y Marruecos", según el PP), un lento matador de nombre Juan José Padilla  sacaba a hombros el trapo fascista en Villacarrillo, Jaén, una plaza de cuarta medio vacía. Dice Padilla que " con la emoción" (de haber torturado hasta la muerte) no se dio cuenta de que la bandera rojigualda en la que envolvió su cuerpo, maltrecho de errores y de horrores, era la del escudo de Franco. No obstante el despiste emocional, Padilla ha añadido claves para entender el estado de la tauromaquia y comprender España, mucho España.

Asegura Padilla que la bandera no era suya, que se la lanzaron desde el público, lo que no cambia mucho el panorama: viene a demostrar por dónde andan las banderas del franquismo. Reconoce Padilla que, aunque de manera presuntamente inconsciente, no se sintió incómodo "para nada", portando la bandera del fascismo español. Veamos a qué se refiere. Si cuando se la plantó sobre la chaquetilla (ensangrentada de vida herbívora inocente) no se había dado cuenta de que era la bandera fascista, es imposible que se sintiera de ninguna manera al respecto, ni cómodo ni incómodo. Es decir, que la suya ha sido una comodidad a posteriori, cuando ya sabía con qué clase de símbolo había hecho el paseíllo. Nos vamos aclarando.

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Ha vuelto 'Pésame Street', la webserie animalista que arrasa en internet

"Eres el único que con un mismo vídeo me haces reír y llorar", dice un comentario en YouTube del nuevo capítulo de la webserie animalista ' Pésame Street'.

Con esta entrega, su creador, Niko Gómez, vuelve tras unos meses de silencio para tratar el duro tema de la cría y compra-venta de animales de familia, y la necesidad de optar por la adopción. Se titula Las 7 vidas de un gato, su protagonista se llama Patukos y, en la línea de todos los personajes de Niko, es una efectiva mezcla entre ternura e irreverencia. "Quería lanzar el mensaje de que no se debe comprar animales", nos dice su autor, "porque mucha gente piensa que no haya nada malo en ello, y sí lo hay". Siempre en colaboración con otros artistas, Niko considera "un lujo" haber contado con Maydwa, que canta a capela la canción final de este capítulo. 

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Cuando el machismo es acordado y se toma a broma

Así, "cruce de bromas acordado", es como ha definido la dirección del programa ‘La Tarde, aquí y ahora’ de Canal Sur la  escena de acoso machista que protagonizó su presentador, el famoso Juan y Medio, contra su compañera Eva Ruiz. La escena, emitida en directo, fue la siguiente: el machote graciosete perseguía, tijeras en mano, a la mujercita complaciente, y le cortaba con ellas la falda del vestido, muy ajustado, por supuesto. Se trataba de que a la chica se le vieran las bragas o el tanga, el culo o el coño, o de simularlo. Luego Juan y Medio hizo ademán con las tijeras de atacar al escote. Ella chillaba y se tapaba el cuerpo con un trapo, se iba pero no se iba, protestaba pero se reía. Observando la escena, no es descabellado pensar que la presunta broma hubiera sido, en efecto, previamente pactada. La propia Ruiz, mujer objeto de la presunta broma, ha salido en defensa de su compañero el de las tijeras.

Es un problema que una televisión pública agite a su audiencia con episodios que denigran a las mujeres y minimizan la gravedad del acoso que sufren de manera habitual. Pero mayor problema es que una mujer acepte participar de su propia humillación. Demuestra que, una de dos, o ella misma no ve la gravedad de las consecuencias del juego al que se presta, o debe prestarse a prácticas machistas para conservar su empleo. Cualquiera de las dos hipótesis demuestra que aún falta mucho camino para desactivar las estructuras machistas que someten a las mujeres, mucha lucha contra la normalización de ese machismo y a favor de un empoderamiento que respete nuestro cuerpos y ponga en valor nuestro trabajo y nuestra dignidad. Esa lucha es feminismo, y es la conciencia feminista desde donde la coordinadora de Podemos en Andalucía, Teresa Rodríguez, ha articulado su  denuncia de la escenita de Canal Sur, como también el líder de IU Alberto Garzón o el propio José Antonio Pérez Tapias, miembro del Comité Federal del PSOE, partido que gobierna en Andalucía.

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Solo nos salvará la belleza colateral de su inútil confianza

Se tiraron al mar como quien escapa a tierra de nadie. No sabían nadar porque jamás las llevaron de niñas a un cursillo de natación, como hacemos aquí con nuestras pequeñas más queridas. Eran del Congo. Sus jóvenes cuerpos acabaron, hinchados, en la morgue del hospital marroquí El Hassani, en Nador. Todos sus sueños se ahogaron. Donde dice sueños debemos leer un simple horizonte en el que el miedo, la miseria y la violencia se vean desde el otro lado. Sueños que fueron huida, supervivencia, derrota. Oscuridad anterior y oscuridad final. Las siete mujeres ahogadas eran negras.

Mientras los supervivientes aseguran que la Guardia Civil "bloqueó" la patera en la que a duras penas flotaban 45 personas, las fuentes oficiales españolas aseguran que los agentes trataron de "intermediar" para impedir su entrada a Melilla. Los entrecomillados son términos, cuando menos, confusos, que se convierten en escalofriantes al confirmar la muerte por ahogamiento de esas siete mujeres. Por su parte, las ONG cuentan que la Marina Real de Marruecos llegó con una embarcación, enganchó a una cuerda aquella cáscara de nuez donde ya tiritaban los sueños y se la llevó a rastras para devolverla a sus costas. Tiró sin miramientos, como se hace con lo que no merece cuidado, hasta hacerla volcar. Con ella se hundieron quienes aún no se habían lanzado al agua huyendo de unos y de otros, de españoles y de marroquíes, de guardias reales y de guardias civiles.

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Los otros asesinados

Wayne Lotter, que llevaba tres décadas defendiendo a los elefantes en África, fue asesinado hace pocos días en Tanzania. Le pegaron varios tiros cuando iba en taxi por Dar es Saalam. Lo confirmó la PAMS Foundation, organización conservacionista que Lotter había cofundado, y lo ha denunciado la reconocida primatóloga Jane Goodall, que considera un "héroe" a este luchador por el medio ambiente y los otros animales. La policía tanzana señala como culpables del crimen a bandas ilegales de comercio de marfil y de caza furtiva, que el héroe ayudó a reducir en un 50%.

Wayne Lotter se suma a la larga lista de asesinados por defender la vida y la naturaleza publicada por The Guardian: 117 activistas en lo que va de año, 118 con Lotter. En 2016 fueron asesinados 201 defensores de la tierra. Brasil, Colombia, Filipinas y Honduras tienen el siniestro record de víctimas, pero los héroes del medioambiente también son eliminados en México, Guatemala, India, Kenia, República Democrática del Congo… En Argentina, el artesano Santiago Maldonado está desaparecido tras la represión ejercida por los militares argentinos contra la comunidad mapuche que ocupa desde hace dos años una pequeña parte de las 900.000 hectáreas que Luciano Benetton y su familia explotan en la Patagonia. The Guardian y Global Witness calculan que, a este ritmo, cuatro personas heroicas serán asesinadas cada semana por estos motivos.

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Felipe VI, en misa y repicando

El rey Felipe VI visitó en los hospitales a los heridos en el atentado de Barcelona y asistió al homenaje a las víctimas que se celebró en las Ramblas. Le acompañó la reina Letizia.

Ocho meses antes, el rey Felipe VI visitó en Arabia Saudí al rey Salman, con el objetivo de afianzar las relaciones que su padre Juan Carlos estrechó con el padre de aquel, el rey Abdulá, y ejercer de intermediario diplomático de las empresas españolas que se enriquecerán con la construcción del AVE del Desierto entre Medina y La Meca y con la construcción del metro de Riad. Le acompañaron dos ministros: el de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, y el de Fomento, Íñigo de la Serna; y tres secretarios de Estado: la de Comercio, María Luisa Poncela, el de Infraestructuras, Julio Gómez-Pomar, y el de Defensa, Agustín Conde.

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