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Focos

Ruth Toledano

Activista en defensa de los derechos animales. Tutora de proyectos en el Máster de Edición Santillana-Univ. Complutense. Primera mujer Cronista Oficial de la Villa de Madrid. Durante 17 años, columnista de Opinión en El País (de 1998 a 2011) y en la red de diarios regionales del Grupo Prisa. Colaboradora en la Cadena SER. Editora en el Grupo Santillana y coordinadora de proyectos editoriales en El País. Colaboradora en publicaciones LGTB, como Zero y Shangay (compromiso reconocido con varios premios: Triángulo Rosa 2002; Premio Periodismo COGAM 2009; Premio a la Trayectoria Profesional AET-Transexualia 2011; Pluma de la FELGTB 2014). Poeta (Paisaje al fin y Ojos de quién, Huerga & Fierro Ed., así como antologías Ellas tienen la palabra, Mujeres de carne y verso, Poetas en La cacharrería...)

El caballo de Nietzsche

Toros que arrastran nuestras cadenas

"La vida siempre obtiene / revancha contra quienes la negaron: / la historia de mi tierra fue actuada / por enemigos enconados de la vida. / El daño no es de ayer, ni tampoco de ahora,/ sino de siempre. Por eso es hoy / la existencia española, llegada al paroxismo, / estúpida y cruel como su fiesta de los toros. // Un pueblo sin razón, adoctrinado desde antiguo / en creer que la / razón de soberbia adolece / y ante el cual se grita impune: / muera la inteligencia, predestinado estaba / a acabar adorando las cadenas / y que ese culto obsceno le trajese / adonde hoy le / vemos: en cadenas, / sin alegría, libertad ni pensamiento".

Son estrofas del poema titulado Díptico español, del gran poeta español Luis Cernuda. Pertenece al libro Desolación de la quimera y el poeta lo escribió alrededor de 1960, desde el exilio. Cernuda formó parte de la Generación del 27, donde también estaba, entre otros, Federico García Lorca. Ambos eran poetas brillantes y hombres libres. Ambos, homosexuales. Ambos sufrieron los desastres de la guerra: aunque profundamente herido, Cernuda pudo salvar la vida y refugiarse en México; a Lorca lo mataron los fascistas con nocturnidad y alevosía, probablemente por maricón, y aún se busca su cuerpo.

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Hostias varias

Rajoy habría de sentarse algún día en el banquillo por su responsabilidad política en los numerosos delitos cometidos por los miembros de su Gobierno o por los altos cargos de su partido mientras ha sido presidente de todos los españoles. Algún día. De momento, nos conformaríamos con un mínimo de respeto a los ciudadanos, a quienes Mariano toma el pelo un día sí y otro también. Generalmente, no necesita ni excusas: se limita a poner cara de que pasaba por aquí y listo, mire usted. La “falta de autoridad” que, sin embargo, esgrime ahora para lavarse las manos sobre la permanencia de Rita Barberá en el Senado está basada en una excusa perfecta: el aforamiento de sus señorías. Nos da en los morros una hostia constitucional.

La muy fina y ya famosa frase de “qué hostia, coño, qué hostia” fue musitada al oído de Rita Barberá por Serafín Castellano la noche en que el PP perdió las elecciones valencianas, mientras ella lo abrazaba, o, más bien, se colgaba, derrotada, del cuello de su colaborador. El entonces delegado del Gobierno en la Comunidad Valenciana debía de estar pensando en la hostia que él mismo se iba llevar en breve: solo cuatro días después de la noche de su debacle electoral, Castellanos fue detenido por prevaricación, malversación y cohecho por la adjudicación de contratos cuando era conceller.

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Lanzas ilegales y la vida de Pelado

Este año llegué con miedo a Tordesillas. Más que otras veces, porque los de las lanzas están furiosos. De hecho, para quien haya estado allí en ediciones anteriores, lo que más llamaba la atención al llegar a esa rotonda de los horrores era la ausencia de aquellas sobrecogedoras lanzas que antes exhibían los caballistas y los lanceros a pie. No por eso todos ellos impresionaban menos: en las picas de los que iban a caballo y en los garrotes que portaban muchos a pie se condensaba toda su frustración. Los que me reconocieron me asesinaron con la mirada.

Que no hubiera lanzas en Tordesillas es el triunfo que íbamos a constatar, resultado de la prohibición que marca la nueva ley de Castilla y León. La suma de varios trabajos: en un pasado inmediato, el lobby político de la asociación Libera! castellano-leonesa y el trabajo jurídico de la Fundación Franz Weber (su abogada Anna Mulá redactó el texto del decreto); en un pasado extendido en el tiempo, las campañas de PACMA; los informes científicos de los veterinarios de AVATMA; y, siempre, esos que los violentos defensores del Toro de la Vega califican de “perroflautas y antisistema”, valientes activistas presionando en la escena del crimen. Gracias a todos ellos se ha dado un paso de gigante: en la Tordesillas de 2016 no había lanzas.

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Tordesillas 2016: ¿violencia o evolución?

El alcalde de Tordesillas dice que se ha sentido “acosado, agredido, amenazado y lanceado”. Se supone que con todo ello quiere transmitir lo mal que lo ha pasado. Pero no se ha dado cuenta de que, diciendo eso, da toda la razón a quienes denunciamos lo mal que lo han pasado los toros en Tordesillas: acosados, agredidos, amenazados. Lanceados. Y no de manera figurada, como él, sino con lanzas de verdad y hasta la muerte. Así que, imagínese, señor alcalde.

El segundo martes de septiembre de 2016 no será en Tordesillas como los de años anteriores. Es la fecha en la que hasta ahora se perpetraba un festejo medieval conocido como ‘Torneo del Toro de la Vega’, es decir, la persecución con lanzas, a pie o a caballo, de un toro, hasta su alanceamiento final. Un festejo que ha quedado técnicamente prohibido desde el pasado mes de mayo, cuando el Consejo de Gobierno de Castilla y León, del Partido Popular, anunció un decreto-ley por el que se prohíbe la muerte de las reses de lidia en presencia de público en los espectáculos taurinos populares y tradicionales. Sin necesidad de nombrarlo, de una prohibición expresa, el Torneo de Tordesillas no se puede llevar a cabo.

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El caballo de Nietzsche

Froilán o la tauromaquia bajo mínimos

Tan bajo están cayendo los taurinos que han recurrido a Froilán. Hace tiempo que el lobby taurópata, desesperado en su declive, no puede ocultar los síntomas de esa agonía. Incapaces ya de convencer a la sociedad española de los falaces valores de sus prácticas -que la gran mayoría identifica con lo que es: tortura, muerte, corrupción económica y nepotismo político- toreros, ganaderos, empresarios y secuaces se han ido despeñando por un precipicio de  falsas acusaciones contra los antitaurinos,  agresiones físicas a activistas,  amenazas jurídicas lanzadas desde bufetes de relumbrón (Cremades y Calvo Sotelo Abogados, los mismos que fueron con Gallardón a Venezuela), y toda clase de mentiras y componendas sobre su realidad. Pero tales esfuerzos están resultando tan inútiles a sus pretensiones que, en esa caída libre al vacío, la tauromafia ha acabado estrellándose contra el más irrisorio ridículo: hacer entrar en escena a Froilán.

En su recién estrenada mayoría de edad, el vástago díscolo de Elena de Borbón (infanta de España y duquesa de Lugo) y Jaime de Marichalar y Sáenz de Tejada (Caballero Divisero Hijodalgo del Ilustre Solar de Tejada) ha concedido al programa Espejo Público de Antena3 su primera entrevista. Y lo ha hecho para defender la tauromaquia, es decir, como un patético pelele de la banda del maltrato animal institucionalizado.

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José Manuel, sé fuerte

Rajoy ha tenido la desvergüenza de nombrar a José Manuel Soria como candidato a la dirección ejecutiva del Banco Mundial. Desvergüenza porque el ex ministro de Industria, que es amigo personal de Mariano, se vio obligado a dimitir de su cartera cuando su nombre apareció vinculado a los papeles de Panamá. Se suponía que las mentiras de Soria sobre sus sociedades opacas en paraísos fiscales habían acabado con su también desvergonzada carrera política (un canario que es persona non grata en Canarias, para empezar), pero eso no pasa en la España de Rajoy.

Al contrario, el presidente en funciones, que no logra ser investido ni con una mayoría parlamentaria conservadora, lo premia con un puesto de oro: 226.000 euros al año libres de impuestos. Un sueldo de 19.000 euros al mes en la España de los recortes, en la España del desempleo, en la España de Bárcenas, en la España de la Gürtel, en la España de Bankia, en la España de la Brugal, en la España de Fabra. En la España que premia a Wert por destrozar la Educación y ser el ex ministro peor valorado de la democracia (60.000 euros al año más diversos complementos, casa en París de 11.000 euros, coche oficial con chófer...). La España del PP.

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El no de Sánchez

Parecía que Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, no tendría el fuelle suficiente como para enfrentarse a la caverna de su partido, cuya representante máxima es una Susana Díaz escoltada por viejos barones territoriales. Parecía que Sánchez tendría que rendirse a los intereses espurios de esa buena parte de su partido que prefiere mantener a Rajoy en el gobierno para conservar su oposición bipartidista. La dignidad política y los intereses generales del país parecían secundarios.

Sin embargo, parece ahora que Pedro Sánchez podría sacar unas fuerzas de flaqueza que lo engrandecerían: decir no a la investidura de Rajoy no le garantiza en absoluto mejorar sus propios resultados en unas terceras elecciones, pero dota de una cierta altura a un partido que ya ha avergonzado bastante a muchos de sus tradicionales votantes. Sánchez demostraría con el no una valentía que hace tiempo abandonó el PSOE, acobardado por el natural nacimiento de fuerzas políticas alternativas, es decir, de Podemos y las formaciones confluyentes. El PSOE ha dado en los últimos meses (como poco) un triste espectáculo: el de considerar prioritario su rédito político frente a las necesidades de los ciudadanos, sean o no sus votantes. En esa huida hacia atrás, se ha ido dejando en el camino los presuntos principios socialistas, que habrían de estar siempre por encima de la eventualidad del poder. De hecho, ese abandono de los valores, ese desprecio por la ideología le está pasando su mayor factura.

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La banda latina de la maxifalda

Cada vez que Demetrio Fernández, obispo de Córdoba, abre la boca, le estalla dentro una bomba fétida y su aliento se hace verbo maloliente. Como de azufre. El de la maxifalda negra va dejando a su paso un rastro hediondo, un rosario de perlas ensangrentadas que ensarta en forma de declaraciones públicas: si un día el presunto célibe arremete contra el divorcio, al otro considera la fecundación in vitro una cosa de brujas y demonios (“aquelarre químico de laboratorio”), suelta que la UNESCO tiene un plan para “hacer que la mitad de la población mundial sea homosexual” o deja claro que “en el hogar” el hombre “representa la autoridad” mientras que las mujeres deben “dar calor, acogida y ternura”. 

Su última pestilencia oral ha sido referirse a la ideología de género como "una bomba atómica que quiere destruir la doctrina católica y la imagen de Dios en el hombre y la imagen de Dios Creador". La frase parece de Charles Manson. Ya me entienden: uno de esos tipos que salen esposados del escenario de un crimen lanzando proclamas sobre la salvación del mundo. Pero Demetrio no es un loco sanguinario sino un señor cuya violencia es subvencionada por los presupuestos generales del Estado español. Pertenece a una banda latina de la que también forman parte Juan Antonio Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares, y Joaquín Mª López de Andújar y Cánovas del Castillo (¡ahí es nada!), obispo de Getafe. Todos ellos han arremetido contra la Ley de protección integral contra la discriminación por diversidad sexual y de género, que la Asamblea de Madrid aprobó recientemente por unanimidad. Con Antonio Cañizares, obispo de Valencia, son la boca armada del nacionalcatolicismo patrio.

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La vergüenza de Yusra

En mi colegio había dos hermanas nadadoras. A una la conocía bien, estaba en mi curso; la otra era más pequeña. Todas las tardes, al salir de clase, se iban a entrenar. Nos fascinaban: sus hombros anchos, de los que colgaba la bolsa de deportes donde sabíamos que llevaban bañadores de competición, gafas especiales, gorros por los que no se colaba el agua; los andares que sugerían –o eso nos parecía- un deslizamiento sin esfuerzo en el agua, un dominio elemental; el pelo corto. Las recogía un padre envidiable: atlético como ellas, joven y entregado, bajaba de un Land Rover que hacía evocar pinares y dunas, sonreía, pasaba un brazo siempre curtido por los hombros robustos de sus hijas, las besaba y se alejaba con ellas hacia ese líquido mundo de disciplina y superación que mantenía indisoluble el vínculo de los tres. Mi recuerdo les otorga un destino amable y satisfecho.

“Qué vergüenza si me muriera ahogada, yo, que soy una gran nadadora”, dijo Yusra Mardini el otro día en Río de Janeiro. Nació en Damasco, tiene 18 años, compite en los Juegos Olímpicos como refugiada bajo la bandera del COI y ganó la primera eliminación de los 100 metros mariposa. En Siria, su hermana y ella nadaban bajo la tutela de su padre, entrenador de natación. Imagino la rutina diaria de ellos tres, tan parecida a la de mis compañeras de colegio. En 2015, la guerra destruyó la casa familiar y lo que hasta entonces eran sus vidas. Yusra y su hermana huyeron a pie, atravesando Líbano hasta Turquía, donde consiguieron embarcarse hacia Lesbos. Mardini contó en Río que se lanzó al Egeo cuando falló el motor de esa embarcación para seis personas en la que veinte, incluidos varios niños, trataban de alcanzar las costas griegas para llegar a Europa. Salvó la vida de todas ellas empujando el bote a nado durante tres horas y media, con la ayuda de su hermana y de otra mujer. Dice que lo hacía sonriendo para que los niños no tuvieran miedo. Mientras arrastraba a nado ese bote infernal pensaba en la vergüenza de morir ahogada.

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Con una media en la cabeza

El partido al que el rey Felipe VI ha hecho el endeble encargo de formar Gobierno, el Partido Popular, está, tras su procesamiento, a un paso de sentarse en el banquillo por la destrucción de los discos duros de los ordenadores de Luis Bárcenas, que fuera tesorero del PP. Un procesamiento que llega después de ser “investigado”, ese término por el que el propio PP, en el anterior Gobierno de Rajoy, cambió el “imputado” de toda la vida, a través de la modificación de la Ley de Enjuiciamiento Criminal de octubre de 2015. Destruir esos discos duros suponía borrar los rastros de su contabilidad, una medida gravísima y (presuntamente) constitutiva de los delitos de daños informáticos y de encubrimiento. Lo que (presuntamente) se encubrió fue la contabilidad paralela de Bárcenas, es decir, del Partido Popular, delito que habrían cometido Carmen Navarro (tesorera/gerente del PP desde que, a instancias de la preclara Cospedal, sucediera a Bárcenas en mayo de 2012), Alberto Durán (abogado responsable de los servicios jurídicos del PP) y José Manuel Moreno Alarcón (informático responsable del Departamento de Sistemas de la Información del PP).

El partido al que el rey Felipe VI ha hecho el endeble encargo de formar Gobierno, el Partido Popular, formateó hasta 35 veces los discos duros de Bárcenas. 35 veces es una cifra que excede cualquier proceso normal de borrado, reseteado, formateado o lo que se quiera hacer para eliminar la información de un disco duro. Lo deduciría cualquier analfabeto informático y cualquier persona con sentido común. En efecto, borrar hasta 35 veces la información de un disco duro comporta tal pulsión obsesiva que solo denota o locura -que no atribuimos a Carmen Navarro, Alberto Durán y José Manuel Moreno- o turbia intencionalidad -que sí es fácil atribuirles. De hecho, la jueza ha determinado que esa compulsión responde a un sistema conocido con el nombre de ‘Método Gutmann’, que persigue un borrado tan “drástico” que no se conforma con que desaparezca la información que contiene un disco sino “la destrucción física” del mismo. No solo los borraron y formatearon, sino que también los rallaron.

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