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Ruth Toledano

Activista en defensa de los derechos animales. Tutora de proyectos en el Máster de Edición Santillana-Univ. Complutense. Primera mujer Cronista Oficial de la Villa de Madrid. Durante 17 años, columnista de Opinión en El País (de 1998 a 2011) y en la red de diarios regionales del Grupo Prisa. Colaboradora en la Cadena SER. Editora en el Grupo Santillana y coordinadora de proyectos editoriales en El País. Colaboradora en publicaciones LGTB, como Zero y Shangay (compromiso reconocido con varios premios: Triángulo Rosa 2002; Premio Periodismo COGAM 2009; Premio a la Trayectoria Profesional AET-Transexualia 2011; Pluma de la FELGTB 2014). Poeta (Paisaje al fin y Ojos de quién, Huerga & Fierro Ed., así como antologías Ellas tienen la palabra, Mujeres de carne y verso, Poetas en La cacharrería...)

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Feministas en la diana, machistas en el gatillo

La semana pasada escribí aquí que, en última instancia, las palabras de David Pérez, alcalde de Alcorcón, alentaban el terrorismo machista. Lo reitero. Él ha salido, claro, pidiendo perdón “si alguna persona se ha sentido ofendida” (hay que ser cínico), que es la dinámica absolutoria que se ha instaurado en este país donde lo de hoy ya está obsoleto mañana. Un cargo público dice o hace cualquier barbaridad, sale pidiendo disculpas y aquí no ha pasado nada. Pasamos a la siguiente barbaridad y vuelta a empezar. No hay precio político, no hay condena social.

En Alcorcón hubo el sábado una manifestación feminista, convocada por Mujeres Feministas de Alcorcón. Obviamente, una manifestación de repulsa es lo mínimo que merecen las declaraciones de ese alcalde. Pero la cuestión es que Pérez no debiera seguir ocupando el cargo que detenta. No está habilitado para ello y la repulsa total debiera llegarle desde una manifestación, sí, pero sobre todo desde las propias instituciones, desde su propia formación política y desde las instancias de control jurídico, si convenimos en que sus declaraciones fomentan la discriminación y el odio. Puesto que Pérez no ha dimitido, tendría que haber sido expulsado por los canales que corresponden. Ipso facto.

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Palabras de alcalde que alientan el terrorismo machista

“A mí siempre me ha parecido muy sorprendente que hayamos llegado al siglo XXI con este feminismo rancio, radical, totalitario aún vigente, incluso influyendo en las legislaciones y en ocasiones marcando la agenda política. A pesar de todo, ahí sigue habiendo ese movimiento feminista influyendo, opinando e imponiendo, que es lo que le gusta a ese movimiento, que a veces son mujeres amargadas, mujeres frustradas, mujeres rabiosas, mujeres fracasadas como personas y que vienen a dar lecciones a las demás de cómo hay que vivir y de cómo hay que pensar”.

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Trampas y mentiras como pilares del edificio democrático

El ex presidente Adolfo Suárez, artífice de la Transición, cuenta en una entrevista con Victoria Prego que no sometió la monarquía a referéndum porque todos los sondeos demostraban que ganaría la república. Lo cuenta off the record, tapando el micrófono y bromeando con la periodista: le tiraba de la lengua porque le pillaba en “un momento tonto”. La cosa no queda ahí: los mandatarios extranjeros pedían ese referéndum y Suárez confiesa que los engañó. Metió la palabra Rey en la Ley de Reforma Política que aprobaron en noviembre de 1976 las Cortes aún franquistas. El adalid del proceso, convertido en mito político, cantó la verdad en 1995, aunque nos enteramos ahora. Lo hizo con esa suerte de casi traviesa satisfacción que embarga a quienes desvelan secretos sustanciales, a quienes pueden demostrar que han tenido la sartén por el mango, a quienes se sacan el as clave de la manga y te dejan con la boca abierta. Ese tono, esa sonrisa, esa levedad que son un corte de mangas también.

La España republicana -que, como confirmó Suárez, era mayoritaria hasta que él le hizo el trabajito juancarlista- sufrió, pues, en 1976 un segundo golpe de Estado: el del 36 por las armas, el del 76 por las artimañas. “El debate sobre la legitimidad de la Monarquía está hoy fuera de lugar por una razón incontestable: porque la Constitución que consagra el edificio político-jurídico de la democracia española dice en su artículo 1.3 que la forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria. Ésa es su legitimación máxima, la que la Constitución aprobada por una abrumadora mayoría otorga a la Monarquía española”, defiende la periodista Prego, cuyo desparpajo legitimador resulta más que sorprendente una vez que tenemos pruebas de las trampas del proceso. Esta profesional de la obediencia es presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid y se ha mostrado muy preocupada por la “libertad de información” si entraban en el tablero político personas como Pablo Iglesias.

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Proteger a los torturadores

El pasado sábado volvió a perpetrarse en la localidad soriana de Medinaceli el salvaje festejo del Toro Jubilo: conducir a la fuerza al animal hasta la plaza del pueblo, inmovilizarlo a lo bestia en un artilugio propio de la Inquisición y prenderle fuego en los cuernos para solaz de los presentes. Con nocturnidad y alevosía, la España más profunda volvió a ser vergüenza nacional. Pero al maltrato institucionalizado del toro se añadió un elemento más: el pueblo de Medinaceli se pertrechó frente a la protesta de los activistas, con el apoyo de un despliegue policial sin precedentes que protegió a los torturadores. Felipe Utrilla, alcalde de Medinaceli, del PP, ha defendido esa tortura como “tradición milenaria” y Javier Sanz, de la Asociación del Toro Jubilo, la ha banalizado, declarando que el toro abrasado “solo puede sufrir un poco de estrés”. Conviene ir poniendo caras y nombres, como ya hicimos en Tordesillas. Este año, el de la víctima de los de Medinaceli era Mancheguito.

El alcalde de las tradiciones milenarias había publicado un bando por el que anunciaba que el acceso a la plaza de la tortura quedaba restringido desde las 19.00 horas (la tortura se aplica cerca de la medianoche), disponiendo: “Que desde ese momento y hasta las 00.30 horas del día siguiente solo podrán acceder y permanecer en la Plaza Mayor quienes se hallen en posesión de la correspondiente invitación, además de los vecinos de las localidades que integran este Ayuntamiento y los miembros de asociaciones invitadas colectivamente”. Muchas personas activistas, que habían acudido a Medinaceli a manifestar su repulsa pacífica, no pudieron entrar. Tampoco los fotógrafos y periodistas que no hubieran sido previamente acreditados.

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El sistema como gran máquina contra la disidencia

El pasado sábado 5 de noviembre discurrió por Madrid una numerosa manifestación antiespecista. El objetivo de la convocatoria era visibilizar el enorme sufrimiento que conlleva cada día para millones de animales un sistema de dominación sustentado en la discriminación moral de los individuos en base a las diferencias de su especie, e incidir en la necesidad de considerar su defensa como una lucha política. Quince años antes, el 5 de noviembre de 2001, el activista británico por los derechos de los animales Barry Horne falleció durante su tercera huelga de hambre. Tenía 50 años y cumplía 18 de cárcel por provocar incendios en laboratorios donde se usaban animales para experimentos científicos. Que se cuidara de hacerlo cuando no había nadie dentro (la propia acusación reconoció que el activista no había querido poner en peligro ni dañar a nadie) no le libró de la mayor condena impuesta hasta el momento a un activista por la liberación animal, una condena desmedida si se compara con muchas otras, de menor duración, impuestas por cometer delitos contra la integridad de las personas. Horne fue acusado de terrorismo con daños materiales que ascendían a varios millones de libras y convertido en bestia negra por la prensa británica.

Quince años después de su muerte -y aunque en los laboratorios siguen siendo martirizados millones de animales cautivos-, el mundo ha experimentado convulsiones de tal impacto político, social y mediático que cabe revisar su figura, preguntarse desde esta perspectiva quién era Barry Horne. No solo como el homenaje que los partidarios de la acción directa antiespecista rinden a la memoria de quien consideran un héroe, sino como alguien cuya experiencia puede servir de enlace con un relato de la historia reciente que tiene que ver, por supuesto, con el movimiento de liberación animal, pero no solo: también con la desafección hacia la política orgánica y el posterior surgimiento de una protesta ciudadana global; con la intervención de los servicios de inteligencia supranacionales; con la función represiva de los órganos policiales; con la presión que marcan los lobbies de las grandes corporaciones y la sumisión de los mandatarios a los poderes financieros; con la influencia que ejercen los medios de comunicación y las imágenes distorsionadas que pueden avenirse a ofrecer; con el germen, los artífices, la conveniencia y los límites de la violencia; con un cambio de paradigma moral. Todas ellas son cuestiones hoy imperantes, ineludibles para analizar los acontecimientos del presente y para desvelar claves que iluminen el futuro, y todas ellas tuvieron que ver, hace hoy quince años, con la vida y la muerte del activista Barry Horne.

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El antiespecismo se abre paso como lucha política

La historia del animalismo en el Estado español ha ido evolucionado en los últimos años desde una sensibilidad que en los círculos activistas se denomina perri-gatera (un compromiso meramente mascotista) a una creciente conciencia sobre la obligación humana de reconocer y restituir a los animales no humanos los derechos que les pertenecen: el movimiento antiespecista por la liberación animal. El respeto y la libertad que todos los animales merecen, así como el sufrimiento que provoca a los no humanos un sistema basado en la injusticia y la explotación constantes, será visibilizado y denunciado en Madrid el próximo sábado 5 de noviembre en una  manifestación convocada por la Asamblea Antiespecista de Madrid y el Colectivo 1 de Noviembre.

Sustentado en la estructura jerárquica, antropocentrista, capitalista y patriarcal de nuestra sociedad, que organiza las relaciones desde un principio de dominación, el especismo supone la discriminación moral de los individuos en base a las diferencias de su especie. Se trata de una discriminación sistémica: sustancial, constante, incuestionada; y se manifiesta en todos los ámbitos de la actividad humana: desde la alimentación hasta el entretenimiento. Simplemente, hacemos con los otros animales, con los individuos clasificados en otras especies, lo que no aceptamos hacer con los de nuestra especie: encerrarlos, mantenerlos en cautividad, manipular cruelmente sus cuerpos y matarlos de todas las maneras imaginables para arrancarles su carne, robarles la leche generada por las madres para sus hijos, despellejarlos para hacer bolsos y abrigos, encerrarlos en espacios-cárcel para contemplarlos, provocarles continuos embarazos y partos para comerciar con sus cachorros, obligarles mediante métodos violentos a actuar para hacernos reír, tortúrarlos para disfrute humano. En las granjas destinadas al consumo humano, en los criaderos, en los zoos, en los acuarios, en los circos, en los ruedos. En los laboratorios de experimentación, los cuerpos de los animales son usados para nuestro beneficio como si, de hecho, no fueran cuerpos: las cabezas, abiertas en vivo; los ojos, abrasados; los huesos, fracturados; la piel, rasgada; la sangre, envenenada; los hígados, los riñones, los pulmones, infectados, inoculados, rajados, aplastados; el corazón, aumentado, disminuido, torcido, estallado.

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Si los abuelos socialistas levantaran la cabeza

Mi abuelo era socialista. Del PSOE. Después de la guerra pasó cuatro años en el penal del Puerto de Santa María, en Cádiz. Mi abuelo era asturiano y desde aquella prisión que lo dejó enfermo para siempre se casó por poderes con mi abuela, también socialista. Del PSOE. Cuando murió el dictador y volvieron las urnas, mis abuelos votaron siempre, hasta su propia muerte, socialista. Al PSOE. Referirse a ellos, a mis abuelos, a los de tanta gente, como ha hecho Antonio Hernando, para justificar la traición del PSOE aprovechando las palabras como puños de Rufián, es una doble traición: “Por la memoria de miles de socialistas no vamos a tolerar los insultos de @gabrielrufian y de @ehbildu aplaudidos por @ahorapodemos”, ha manipulado Hernando en un tuit.

Doble traición del PSOE, pues no traiciona solo a sus votantes actuales, sino también a la historia. Una traición a años de militancia por una sociedad más justa; a años de la lucha más dura, la de una guerra civil; a años incluso de penal, un precio muy alto. Una traición que viene de atrás pero cuya escenificación final ha sido permitir que gobierne de nuevo Rajoy: el heredero del franquismo, el de la mayor corrupción que este país ha soportado desde la muerte del dictador, el de los recortes salvajes y las políticas antisociales. Y lo que queda. Y lo saben los diputados presuntamente socialistas que han hecho la pantomima de votar primero no a Rajoy para después abstenerse y permitir que fuera investido. Saben que vendrán más recortes, y nos asfixiarán; saben que un partido que varios jueces han calificado de “banda criminal organizada”, habiendo conseguido mantener al jefe, sacará pecho frente a sus causas judiciales, y se burlará, como hasta ahora, de los españoles; saben que el “proyecto político” al que apela Rajoy es una falacia.

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Las transexualidad no es una enfermedad mental

Con motivo del Día Internacional por la Despatologización Trans, que este año 2016 se ha celebrado el 22 de octubre, los colectivos LGTBI y las personas transexuales se han movilizado para exigir que, de una vez por todas, la transexualidad deje de ser considerada como un ‘trastorno de la identidad sexual’. Es decir, que las personas transexuales dejen de estar psiquiatrizadas y no dependan del control diagnóstico de las instituciones médicos-psiquiátricas. Reclaman, frente a esos poderes, la autogestión de género que corresponde a toda persona libre. En España, han pasado más de nueve años desde la aprobación de la Ley de Identidad de Género que requiere de una modificación que no llega: la eliminación de la actual necesidad de un especialista que lo identifique como un trastorno, algo que ya han dejado atrás países como Noruega, Dinamarca, Argentina e, incluso, Irlanda, Malta o Nepal.

Lo que los activistas persiguen es algo tan razonable a estas alturas como que las personas trans puedan decidir su sexo registral, es decir, cómo son reconocidas legalmente, de modo que haya una relación de equidad entre quienes realmente son y quienes los papeles dicen que son. Salvo ciertas normas autonómicas que han incorporado el principio de despatologización, en España las personas trans que quieran cambiar su sexo registral deben estar diagnosticadas de 'disforia de género' y haber recibido tratamiento hormonal durante al menos dos años. En el DNI pueden cambiar su nombre pero no el sexo que les fue asignado en el nacimiento. Ese cambio debe autorizarlo un juez tras esos requisitos que suponen que la persona trans pase por reconocer que es una enferma mental.

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Antisistema del mundo, ¡uníos!

“No existe solo un Francisco Correa. Existen muchos Francisco Correa. Es el sistema”, ha declarado el principal imputado en la trama Gürtel. Ninguna entre tantas de las personas que son tildadas de antisistema podría haber explicado mejor lo que está sucediendo en la política española. El espectáculo judicial al que estamos asistiendo en la Audiencia Nacional tiene los mismos efectos que levantar la tapa de un váter donde hace mucho que no se tira de la cadena, y la peste que escapa de las palabras del intermediario delata la excrecencia sistémica: se roba por sistema, se saquean las arcas públicas por sistema, se miente por sistema, se incumplen los programas electorales por sistema, se manipula por sistema, se tergiversa por sistema, se pasa página por sistema, se separa la ética de la política por sistema.

La incontestable máxima de Correa puede malinterpretarse, pues lleva implícita una trampa en su formulación: si es el sistema, no es exactamente el PP (dado que el PP no es todo el sistema); el corrupto es el sistema, no el PP. En gran medida es cierto, sí. Pero la Gürtel es una trama estrechamente vinculada al PP, y es la Gürtel lo que se está juzgando. De ahí que, aunque no nos pille por sorpresa, Rajoy salga tan mal parado tras las declaraciones de Correa: Rajoy era vicepresidente del Gobierno (de Aznar) durante los años de las mordidas; Rajoy figura en los papeles de Bárcenas como receptor de sobresueldos procedentes de las comisiones de las constructoras; Rajoy fue jefe de campañas electorales cuya logística llevó Correa. El mismo Rajoy que hoy es presidente en funciones y aspira a serlo con todas las de la ley.

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Es tiempo de antimilitarismo

Desde hace más de una semana pasan sobre Madrid aviones de combate. Atronadores, intimidantes, casi aterradores. Vuelan muy rápido y muy bajo, atravesando todo con su estruendo, y a su paso evocan lo peor: el terror, el dolor y la destrucción de la guerra. El ejército del Aire lleva invadiendo así durante días el espacio aéreo de la ciudad (espacio civil), no teniendo, al parecer, bastante con la que nos tienen preparada las Fuerzas Armadas para el próximo miércoles 12 de octubre, que es además el Día de la Hispanidad y se ha considerado nuestra Fiesta Nacional. Por las molestias que ocasionan (acústicas y, sí, morales), no se entiende la necesidad de esas pruebas previas sobre la ciudad; ni se entiende por los gastos que conllevan, si tenemos en cuenta que cada hora de vuelo de uno de esos aviones caza cuesta, como mínimo, unos 5.000 euros.

Resulta alentador que, en coherencia con sus planteamientos ideológicos y en consonancia con nuestro tiempo, algunas formaciones políticas se hayan desmarcado del tufillo “franquista y viejo” de la Fiesta Nacional: Unidos Podemos y sus confluencias gallega y catalana, PNV, Compromís, ERC y Convergència (actual Partit Demòcrata Catalá). Consideran que, en caso de existir, la festividad nacional debiera vinculares con valores democráticos, constitucionales e incluso republicanos, y no con la violencia de la colonización de América y con el militarismo. Por esta visión alternativa (y avanzada) de qué y cómo debe festejarse, están recibiendo fuertes críticas: por ejemplo, Jorge Fernández Díaz, el ministro del Interior en funciones que lo consulta todo con Marcelo, su ángel de la guarda, ha acusado a Pablo Iglesias de “inmadurez política”. Resulta de una credibilidad aplastante.

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