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Ruth Toledano

Activista en defensa de los derechos animales. Tutora de proyectos en el Máster de Edición Santillana-Univ. Complutense. Primera mujer Cronista Oficial de la Villa de Madrid. Durante 17 años, columnista de Opinión en El País (de 1998 a 2011) y en la red de diarios regionales del Grupo Prisa. Colaboradora en la Cadena SER. Editora en el Grupo Santillana y coordinadora de proyectos editoriales en El País. Colaboradora en publicaciones LGTB, como Zero y Shangay (compromiso reconocido con varios premios: Triángulo Rosa 2002; Premio Periodismo COGAM 2009; Premio a la Trayectoria Profesional AET-Transexualia 2011; Pluma de la FELGTB 2014). Poeta (Paisaje al fin y Ojos de quién, Huerga & Fierro Ed., así como antologías Ellas tienen la palabra, Mujeres de carne y verso, Poetas en La cacharrería...)

Maricas, lesbianas, bisexuales y trans, siempre en el punto de mira

El reputado periodista del The Guardian Owen Jones se levantó el otro día, en plena entrevista, de un plató de Sky News donde dos de sus colegas de profesión negaban la naturaleza homófoba del reciente atentado en el club gay de Orlando. Se largó visiblemente indignado, como lo estamos todas las personas con dos dedos de frente ante el negacionismo que hemos tenido que soportar tras la masacre del Pulsar. Esas voces que niegan la relación entre el crimen y la opción sexual o la identidad de género de las víctimas, que niegan la evidencia de que el ataque se produjera en un club gay, ¿no establecerían relación alguna en el caso de que el asesino hubiera abierto fuego en, por ejemplo, el interior de un iglesia católica llena de fieles? El propio Jones, que pertenece a la comunidad LGTBI, ha usado una comparación semejante.

La cuestión tras el atentado de Orlando no solo pone de manifiesto la obviedad de que la comunidad LGTBI estuviera en el punto de mira de Omar Mateen, sino que deja patente que los maricas, las lesbianas, las bisexuales, los trans están siempre en el punto de mira de una sociedad homófoba. Tan homófoba que cuando matan a 49 personas que están en un club LGTBI se niega lo determinante de esa circunstancia para, como insistía la periodista que compartía tertulia con Owen, defender que se trata de “un atentado contra la humanidad”. Con la patraña de la universalidad se incurre en la falacia de una presunta defensa de la comunidad LGTBI que, sin embargo, evita su visibilidad.

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Un antitaurino linchado en público como un toro

El activista antitaurino Oscar del Castillo saltó el pasado jueves al ruedo de Las Ventas. Solo y comprometido contra la humillación, tortura y muerte que allí se practica, el valiente fundador de la asociación Gladiadores por la Paz pretendía, una vez más, denunciarlo de esa manera pacífica que consiste en lanzarte a esa arena empapada de sangre y babas para mostrar el lema de tu camiseta y el mensaje de una pancarta. En esta ocasión, la camiseta de Oscar recordaba a Rompesuelas, el último toro alanceado en Tordesillas, el pasado septiembre. La pancarta del Gladiador decía 'Los animales no son nuestros esclavos', haciendo así referencia al nombre de su grupo activista, inspirado en los circos romanos donde los esclavos luchaban a vida o muerte por sus vidas.

No era la primera vez que se llevaba a cabo un salto al ruedo como forma de protesta, ni la primera vez que lo hacía Oscar del Castillo. Tampoco la primera que se producía un forcejeo entre la cuadrilla torera o la policía y los activistas, ni que estos eran detenidos. El propio Oscar ha pasado más de una noche incomunicado en los calabozos de este sistema jurídico, que no detiene a ninguno de los que maltratan pública y cruelmente a un animal por el simple hecho de que se trata de un toro, que queda excluido de la legislación vigente de protección animal. La muerte del toro que precedió al salto de Oscar llegó después de una tortura de numerosas estocadas y descabellos fallidos, que hasta los propios aficionados llegaron a abuchear (tal sería el grado de crueldad), pero los violentos contra los animales quedan impunes mientras los pacíficos que los defienden son reprimidos.

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Policías y gatos

El delirante episodio vivido por Belén Lobeto, multada por dos antidusturbios porque llevaba un bolso con unas siglas (A.C.A.B.) correspondientes a una expresión de amor felino (All Cats Are Beautiful), ha puesto en evidencia algunas cuestiones, muy preocupantes, que tienen que ver con la ley Mordaza y con los agentes de Fuerzas y Cuerpos de la (presunta) Seguridad del Estado español.

Pone en evidencia, como señaló la abogada Isabel Elbal, la indefensión en la que esa ley deja a los ciudadanos, pues ha abierto la puerta a que sea la propia policía quien interprete si algo es sancionable o no, algo contrario al estado de Derecho. Elbal va más allá y nos recuerda que incluso portar un bolso con la expresión original que corresponde a esa siglas (All Cops Are Bastards) es algo absolutamente legal. Perseguirlo, pues, conculca el derecho a la libertad de expresión.

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Jane Goodall apoya en Madrid la iniciativa Capital Animal

La doctora Jane Goodall, la más prestigiosa y admirada primatóloga del mundo, leyenda viva y querida, recorrió durante casi dos horas la exposición  ‘Animalista. Representación, Violencias y Respuestas’ que  Capital Animal muestra en La Casa Encendida hasta el próximo 12 de junio. Sigilosa y concentrada como si caminara sola por la selva, fue contemplando obra tras obra con un interés que revelaba su inaudita vitalidad y una atención que demostraba que la belleza empieza en la mirada y se hace cuerpo a través del cerebro y del corazón. Esa inteligencia y esa empatía que la llevaron a revolucionar la ciencia a través de la observación de chimpancés en África y la llevan ahora a viajar sin descanso por el planeta para salvar sus animales, sus bosques, sus poblaciones empobrecidas o esquilmadas, y la esperanza en el futuro de las nuevas generaciones.

Acompañada por Federico Bogdanowicz, director del Instituto Jane Goodall España, admiró los cuadros más hermosos de la exposición. Sacó su cámara y disparó. Posó ante los gorilas cautivos fotografiados por Amparo Garrido y ante el cuadro ‘Antropocosmos’ del artista Santiago Talavera. Jane Goodall preguntó y comentó. Pero sobre todo, miró. Negó con esos movimientos silenciosos de cabeza que no dan crédito ante la crueldad. Aguantó sin pestañear escenas horrendas captadas por fotógrafos y videoactivistas, y que ella misma había denunciado el día antes en su conferencia en el Casino de Madrid: la cautividad en los zoos, la violencia en los circos, el dolor de los toros, el sufrimiento de los animales en la experimentación, la aberrante cotidianidad de la industria de la carne.

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PACMA debería confluir con Unidos Podemos

El Partido Animalista (PACMA) anunció hace días que no confluiría con Unidos Podemos, un anuncio que resultó sorprendente, puesto que se producía sin que ambas partes se hubieran sentado siquiera a hablar. El momento histórico que vivimos y el debate que existe al respecto dentro del movimiento animalista hacen imprescindible una reflexión sobre ello. Hay animalistas a favor de la confluencia y animalistas en contra. Yo estoy entre los primeros: creo que PACMA debe confluir.

Huelga decir que soy abolicionista y antiespecista, es decir, que mis presupuestos ideológicos están mucho más cerca del programa de PACMA (partido al que he votado y apoyado durante años) que del programa de Unidos Podemos, que ni siquiera recoge la prohibición de la tauromaquia. Por supuesto, soy partidaria de prohibir la tauromaquia, dado que la considero una actividad perniciosa, tanto para los animales implicados (acosados, torturados, matados) como para una sociedad que se denigra a través de esas acciones de violencia. No comparto, pues, que Unidos Podemos no haya incluido la prohibición en su programa.

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Toro de la Vega: alegría y prudencia en el camino de la abolición

Hemos empezado llorando con cierta alegría muchos de quienes hemos llorado con tristeza cierta por Vulcano, por Platanito, por Elegido, por tantas otras víctimas de la barbarie en Tordesillas. Son los toros que fueron sometidos a un salvaje linchamiento público en esa localidad vallisoletana. En septiembre de 2015, Rompesuelas fue el último. Jon Amad, el fotoactivista que asistió a su alanceamiento final y sufrió agresiones por haberlo registrado con su cámara, contó que, ya incapaz de levantar de la tierra su cuerpo desgarrado, su mirada de incomprensión era la de un niño acosado.

Contra la injusticia atroz de ese dolor llevamos años luchando. Los que hemos ido a Tordesillas año tras año a manifestar nuestra repulsa nos hemos jugado, literalmente, el pellejo ante la violencia desatada por los defensores de esa inmoral escabechina declarada Bien de Interés Turístico. Nos han pegado, nos han insultado, nos han amenazado, nos han multado. Hay que haber estado allí para hacerse una idea del grado de agresividad de esa gente. Una agresividad que, contra el toro, se volvía saña hasta la muerte. Pero nada nos iba a detener. Seguiríamos yendo a defender a los indefensos de sus crueles verdugos.

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'Animal Número', el concierto animalista del cantaor Niño de Elche

Cuando habla, Paco Contreras, Niño de Elche, deja caer las palabras con el ritmo de un animal gigante que avanza lentamente sobre la tierra. Parece que arrastra cavilaciones de siglos que emergen desde la oscuridad por su garganta y se hacen luz con su precisa vocalización. Habla como quien camina por el pensamiento: con los pies de plomo del rigor y los tonos bellos e infinitos de todos los plumajes.

Cuando se ríe, Niño de Elche esboza una carcajada y echa la cabeza para atrás como si ese animal gigante se tumbara al sol y entrecerrara los ojos. Entonces afina los labios, sonríe y parece que acunara a una camada de cachorros dormidos o se dejara rodear por una bandada de pájaros que ha venido del otro lado del universo a posarse en el árbol de su cuerpo. Porque las ramas del genio son planetas sin fronteras.

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¿Por qué la UE no crea el Centro Europeo de Búsqueda de Niños Refugiados Desaparecidos?

La ONU asegura que 700 niños piden refugio en Europa cada día. Setecientos niños. En solo una semana la cifra se acerca a 5.000, equivalente al alumnado de varios colegios. Cuando Unicef publicó estos cálculos, en noviembre de 2015, pidió “medidas urgentes” para ayudar a este grupo especialmente vulnerable. Se alertaba de que los bebés y los más pequeños podían morir por las bajas temperaturas del invierno europeo. Se recordaba que hay niños con discapacidades, que necesitan cuidados particulares. Se pedía con énfasis que no se separara a los menores de edad de sus acompañantes.

Seis meses después, Unicef vuelve a hacer un llamamiento desesperado para pedir exactamente lo mismo: medidas de protección para los niños migrantes y refugiados, muchos de los cuales llegan solos a Europa. Seis meses después, la palabra que acompaña esa petición vuelve a ser la misma: “urgente”. Una palabra que sigue transmitiendo idéntica prisa frustrada. De entonces acá las cosas han ido a peor, por difícil que fuera imaginarlo. Si era inaceptable no atender al daño físico y psicológico que la guerra, la violencia y la huida en soledad había provocado en esos niños, resulta insoportable que pasen los meses sin que Europa entera esté a la búsqueda de los miles que han desaparecido sin dejar rastro dentro de sus fronteras. Alrededor de 10.000 según Unicef.

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Maricones de mierda

Eso es lo que les gritan mientras les dan golpes, puñetazos, patadas. Maricones de mierda. Los acosan, los persiguen, los rodean, los empujan contra la pared, los derriban al suelo. ¿Dónde? ¿En Siria, en Iraq, en Arabia Saudí, en Irán? No. En Madrid. Desde que empezó el año, sucede cada dos días: 64 agresiones homófobas en 2016. Que sepamos: muchas de ellas quedan sin contabilizar porque las víctimas no las denuncian. El Observatorio Madrileño contra la Homofobia, creado por la asociación Arcópoli, alerta de que solo 12 de ellas han acabado en denuncias ante la policía.

Pero, ¿por qué no denuncian las víctimas? Porque con los insultos y los golpes les entra el miedo en el cuerpo. Algunos de los ataques son grabados con móviles por los agresores, cuyas amenazas se convierten en una mordaza para los agredidos. No denunciarán y, probablemente, no volverán a ejercer los derechos por los que son atacados: la libertad de dar un beso a otra persona libre, la libertad de ir por la calle de la mano de quien quieras. Sí, parece que hablamos de Irán, de Iraq, de la Siria del ISIS. Pero no. Hablamos de Madrid.

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La represión a los titiriteros y el abrazo a Soria

Uno de los episodios más tenebrosos de los últimos tiempos políticos en el Estado español fue la detención y encarcelamiento de los titiriteros Alfonso Lázaro y Raúl García durante el pasado carnaval madrileño. Privar de libertad a alguien, sumirlo en esa oscuridad psicológica, despojarlo del derecho fundamental a la libre circulación, solo puede responder al derecho superior de la sociedad en su conjunto a no verse en peligro: el estado de Derecho vela por la seguridad común. Acabar con tus huesos en la cárcel tras pasar por una Audiencia Nacional que te acusa de enaltecimiento del terrorismo tiene que sustentarse en indicios muy graves. Es lo que han sufrido Alfonso y Raúl a causa de una obra de teatro de calle llamada La Bruja y don Cristóbal, de la que ahora sus autores y abogados han hecho público el guión. Para vergüenza de nuestra presunta democracia. Lean.

El viacrucis (por ponerme en modo ministro Fernández) judicial por el que han pasado los dos titiriteros no es una cuestión menor que pueda olvidarse con su excarcelación. En primer lugar, porque Alfonso y Raúl siguen sometidos a la obligación de comparecer periódicamente en los juzgados, y durante varias semanas tuvieron prohibido salir del territorio nacional y se les retiró el pasaporte. Todo ello en la misma España donde, por poner un solo ejemplo entre miles, a José Manuel Soria, ex ministro corrupto y defraudador (presuntamente, ¿eh?), le despiden los del PP entre aplausos de compinche y emocionados abrazos de Cospedal, secretaria general de la banda organizada, quien destacó su "raza política, vocación de servicio público y entrega en cuerpo y alma". A pesar de sus mentiras y de las viejas y nuevas evidencias de sus múltiples delitos (presuntos, ¿eh?), a Soria no se le ha detenido, ni se le ha encarcelado, ni se le ha retirado el pasaporte y hasta puede viajar fuera del territorio nacional; incluso a Panamá.

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