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Ruth Toledano

Soy: Activista en defensa de los derechos animales. Tutora de proyectos en el Máster de Edición Santillana-Univ. Complutense. Primera mujer Cronista Oficial de la Villa de Madrid. He sido: Columnista de Opinión en El País (de 1998 a 2011) y en la red de diarios regionales del Grupo Prisa. Colaboradora en la Cadena SER. Editora en el Grupo Santillana y coordinadora de proyectos editoriales en El País. Colaboradora en publicaciones LGTB, como Zero y Shangay (compromiso reconocido con varios premios: Triángulo Rosa 2002; Premio Periodismo COGAM 2009; Premio a la Trayectoria Profesional AET-Transexualia 2011). Fui: Asesora literaria en la Agencia Literaria RDC. Creadora y directora de la sucursal en España de la Agencia Literaria Internacional Andrew Wylie. Poeta (Paisaje al fin y Ojos de quién, Huerga & Fierro Ed.).

¿Qué país pretendemos?

Muchas gracias a la APDDA por este premio, especialmente a su coordinador, Chesús Yuste, buen político y mejor persona. Gracias también a Cristina Narbona por entregárnoslo y por su compromiso con los animales no humanos, especialmente difícil desde el entorno y los cargos políticos que ha ocupado. Tiene un valor especial que este premio lo otorgue una asociación parlamentaria porque su trabajo demuestra que otros políticos son posibles, incluso dentro de esta casa [el Congreso de los Diputados] que es del pueblo pero que tantas veces no cumple con su responsabilidad: la de estar al servicio de las personas. Un valor aún más especial porque las personas de las que se ocupa la APDDA ni siquiera son humanas, ciudadanos con voz y voto, sino individuos a los que por no ser humanos no se les respetan sus derechos más básicos. Animales que no pueden votar pero que sufren a diario en las formas más horribles que pueda imaginarse. Gracias, pues, por traer su voz al que debe ser el órgano máximo de la expresión popular, también la de quienes representamos a esos que no tienen voz.

Quiero dedicar este premio al periodista Arsenio Escolar, el padre de Ignacio Escolar, director de eldiario.es, con el que 'El caballo de Nietzsche' comparte este honor. Porque en este país de los horrores contra los animales el periodista Arsenio Escolar ha sido un pionero del periodismo que los tiene en cuenta. Es el fundador y director del diario 20minutos, primero en España que se declaró antitaurino de forma expresa: en 2006, cuando 20minutos tenía 2,6 millones de lectores diarios en la edición impresa (era, con diferencia, el más leído, por encima de El País y el Marca, y en 2007 llegó casi a los 3 millones), Arsenio Escolar hizo una declaración fundacional: el periódico no daría ninguna información que supusiera promocionar o apoyar la llamada fiesta nacional, que a una parte muy importante de sus lectores les parecía un espectáculo salvaje donde se maltrata a un animal para diversión del público. Hace casi 28 años, cuando era periodista de El País, Arsenio Escolar publicó un largo reportaje sobre torturas a animales en fiestas populares. Lo tituló ‘Vida de perro, muerte de toro’ y le valió varios  desmentidos por parte del Defensor del Lector acerca de lo que él denunciaba, y que aún hoy sigue produciéndose casi por igual. También se atrevió, en 1987, a hacerse eco del trabajo de un español que fundó en Los Ángeles una  asociación contra la vivisección o experimentación animal. Y le llovieron los palos. Hoy en día, como sabemos, te siguen lloviendo palos si escribes sobre lo que esconden los laboratorios y lo que supone la experimentación en animales. Arsenio Escolar fue un pionero y la historia de nuestro periodismo debe reconocérselo.

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¿Vendrán a buscarnos a nuestras casas?

Ni la policía está conforme con una Ley de Seguridad Ciudadana que atenta gravemente contra derechos fundamentales de los ciudadanos. Los de manifestación y expresión se verán vulnerados como en la franquista Ley de Orden Público de 1959. No es de extrañar, ya que el encargado de pisotear esos derechos nuestros desde el Ministerio del Interior es el opusino Jorge Fernández Díaz, hijo de un militar franquista. En su permanente rictus de rencor, el represor Fernández rezuma una amargura que parece venir del contratiempo histórico de no haber nacido unas décadas antes. Habría sido feliz Fernández en una buena dictadura, y no teniendo que abortar, dios lo libre, la contra natura de una democracia.

Fernández es el mal cristiano capaz de devolver en caliente a una “pobre gente” que herida, aterida, hambrienta, huye de la injusticia, de la miseria, de la persecución política; el mal cristiano que pide a las ONG y al Consejo de Europa que le den la “dirección” donde enviarlos; el mal cristiano capaz de mentir sobre el número de lo que su Gobierno llama disturbios y no es sino la legítima defensa de la calle frente a la violencia institucional; el mal cristiano que sabía lo de los curas pederastas de Granada y calló como si el silencio no fuera cómplice. Debe de tener la conciencia muy intranquila para necesitar de mordazas que silencien la protesta contra el saqueo económico, ético y político de los suyos. “No acepto lecciones de humanitarismo por parte de nadie”, ha escupido, el soberbio. Va sobrado de pecados, Fernández.

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Las niñas no van a pilas. Los animales, tampoco

Si tienes 30, 40 o 50 años, te encuentras en plenas facultades y tu familia te abandona en plena autopista, dispondrás de recursos para ponerte a salvo. Esquivarás a los coches; tratarás de circular por un arcén que te proteja de los atropellos; buscarás la salida a una vía menor; te dirigirás hacia una gasolinera, una fábrica o un pueblo que eres capaz de vislumbrar a lo lejos. Allí, podrás pedir ayuda, llamar a alguien, buscar protección.

Si eres una niña de 8 años y te abandonan en plena autopista, carecerás de recursos para ponerte a salvo, tu vulnerabilidad será extrema. El pánico te impulsará a correr desesperada tras el coche del que, incomprensiblemente, te han expulsado; el desconcierto te hará huir sin sentido de esa intemperie, de esa soledad; el desconocimiento te expondrá a un más que posible atropello. No sabrás dónde estás ni a dónde dirigirte.

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Moción de censura ciudadana contra Rajoy

Estamos soportando una presidencia del Gobierno que es una tomadura de pelo. Debiera existir un procedimiento extraordinario que permitiera a la ciudadanía impugnar esa presidencia si las cosas se llevan tan lejos como está llevándolas Rajoy. Debiéramos poder iniciar un proceso que lo cesara si, ante hechos tan graves como los que vivimos, el presidente no tiene la dignidad de dimitir. Lejos de ello, esta semana el presidente ha asomado la cabeza para dedicarla a mentir.

Rajoy había anunciado que viajaría a Cataluña el pasado fin de semana. Y así ha sido. Pero, en el colmo de la ineptitud y la soberbia, ha ido para reunirse únicamente con los suyos. Dado el conflicto con esa Comunidad, su obligación política no era tal, sino precisamente la contraria: hablar con Mas y con todos los políticos y actores sociales implicados en el proceso soberanista. Ser presidente del Gobierno de la nación a la que hoy por hoy pertenece Cataluña obliga a ello, no a pasar el finde con peperos, al mejor estilo Aznar: hablando catalán en la intimidad. Es una burla a los propios catalanes y a todos los ciudadanos del Estado. Esa visita no ha llegado ni a la categoría de la pantalla de plasma.

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Lo que debes saber para que tu perra no sea ‘secuestrada’

Lo que empezó siendo un viaje de placer, ese contacto con otras culturas que siempre le ha gustado emprender, se convirtió para Naomi en una pesadilla y para Pirata, en lo más parecido a un secuestro. A sus 23 años, Naomi, que vive en Barcelona, ha viajado por todo el mundo, de Colombia a Camerún. Esta vez se decidió por Marruecos. Iría con su perra Pirata, una preciosa cachorra de apenas cuatro meses, así que preparó con su veterinaria todo lo que creía necesario para viajar con ella: el microchip, el pasaporte, las vacunas…

Todo fue bien hasta que regresó de Marruecos. En el Punto de Inspección Fronteriza de Algeciras le comunicaron que Pirata no podía entrar de nuevo en España: faltaba “algo” en su documentación sobre la rabia (enfermedad endémica en Marruecos y erradicada en nuestro país). O volvían a Marruecos o Pirata pasaba una cuarentena en Algeciras o debía ser sacrificada (el eufemismo comúnmente utilizado para liquidar a los animales).

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¿Comienza el fin del franquismo?

Juan Carlos Monedero, ideólogo y número dos de Podemos, escribió un libro titulado La Transición contada a nuestros padres (Catarata, 2013), en el que explica cómo toda nuestra presunta democracia procede de la componenda, más o menos justificable en su contexto, que conllevó la muerte de Franco, y cómo la sombra del dictador se proyectó sobre todas aquellas decisiones y todos aquellos pactos que vinieron a llamarse Transición.

Aquel supuesto, e imposible, borrón y cuenta nueva de la memoria histórica reciente hizo posible que se esparcieran los polvos posfranquistas y se desarrollaran los lodos del presente. En muchos casos, con los mismos protagonistas o con sus descendientes. En todo caso, con rémoras de un sistema de valores que ha llegado a nuestros días y a cuya descomposición, ojalá final, asistimos hoy. Una ojeada a la actualidad nos da noticia de que, acaso, lo que estamos viviendo sea el principio del fin del franquismo. Y, en consecuencia, el nacimiento de una verdadera transición, que conduciría hacia una auténtica (real) democracia.

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Hubiera bastado para hacer la revolución

La poeta Ana Pérez Cañamares acaba de publicar su último poemario, Economía de guerra(Ediciones Lupercalia). El libro se inspira en la poética y la política de su autora, que se resume en este poema de inicio: Escribo sobre mí / porque yo / soy cualquiera. Pérez Cañamares explicó en su presentación que la mayoría del libro procede de la experiencia, a la vez íntima y común, que eclosionó con el 15M, prólogo social de la transformación política actual. Una experiencia emocionante que condujo a la poeta, como a tantas personas (cualquiera con parecida rabia, curiosidad y fascinación), a pronunciar, acaso por primera vez, un sorprendente 'nosotros', un necesario 'nosotras'; a fotocopiar poemas para repartir al salir del trabajo, sola, impulsada por una incierta certidumbre, entre la gente que abarrotaba Sol en aquel mayo, en aquel junio, en aquel julio de 2011; a correr huyendo de los golpes policiales por las calles de Génova y Ferraz; a llorar viendo entrar por Moncloa a los mineros, deslumbrada por la columna iluminada de sus cascos.

No faltaron voces agoreras, apoltronadas, más o menos interesadas y de todo signo o ninguno que, cuando se levantó la acampada de Sol, insistieron en su circunstancialidad, en su incapacidad para canalizarse en una formulación posterior, concretarse en una estructura, organizarse en una formación que pudiera, más allá del enamoramiento del 15M, de su flechazo con la historia, crecer como alternativa política. La mayoría de los cenizos ni se habían pasado por allí: por aquellas noches y aquellos días que llamábamos revolución y que habían tomado por asalto los cielos del futuro. Con cortedad de miras o anchura de escepticismo, sólo daban crédito al pasado.

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Y ahora la Colita, Wert

Al mejor estilo rajoniano, el ministro Wert lleva varios días escondiendo la patita. Los artistas rechazan sus premios nacionales: un día fue Jordi Savall, el de Música; al otro, Colita, el de Fotografía. Y él, como ministro de Cultura, sigue sin dar la cara ante lo que los mejores de la cultura le están diciendo de su gestión. Debiera darla, aunque fuera esa de plasma propia de su Gobierno. Él, que además del desprecio de los suyos (los de sus competencias) sigue siendo el ministro peor valorado en las encuestas del CIS ( batiendo su propio récord), no es que no dimita, es que ni aparece por aquí. Se limita a mandar (él o no se sabe quién) a Soraya Sáenz de Santamaría a decir cuatro lugares comunes, motivo por el que la ministra de la Presidencia es la mejor valorada en la referida encuesta.

Wert calla y esconde la patita. Pero le hemos visto la Colita.

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La viola de gamba y la charanga

El músico Jordi Savall ha dicho que rechazar el Premio Nacional de Música es doloroso para él. Cómo no va a serlo. Cualquiera que haya dedicado su vida al arte, a la creación, al difícil y solitario desarrollo de un talento exquisito como el suyo, es natural y humano que aprecie un alto reconocimiento. Renunciar a ello sólo puede estar motivado por razones más altas: en el caso de Savall, la dignidad y la coherencia.

Savall se ha convertido en nuestro espejo. Porque su dolor es el de cualquiera con la sensibilidad herida por la gestión cultural de este Gobierno, y porque en su renuncia se refleja también nuestra indignación. Es muy triste que los mejores se vean abocados al enfrentamiento contra la dejación y la incompetencia de las instituciones. Aunque es alentador, pues redignifican, por así decirlo, la indignación.

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El daño más grave es no hacer nada

Mahesh era un niño sano y feliz. Hace tres años, en diciembre de 2011, durante unas vacaciones de Navidad en Soria, salió de excursión con sus padres y su hermana. Para Mahesh y su familia aquel paseo por el campo sería fatídico. El niño, que entonces tenía 8 años, cayó por un barranco y pasó varias horas desaparecido. Lo encontraron inconsciente y roto: varias fracturas en brazos y piernas, y, lo peor, un traumatismo craneoencefálico que lo tuvo tres meses ingresado en el hospital, uno de ellos en la UCI. Mahesh no volvería a ser el mismo: el accidente le dejó graves secuelas, conocidas como Daño Cerebral Sobrevenido (DCS). Ni siquiera reconocía a su familia, aunque en el hospital dormía abrazado a una foto de su perra Hampa. Regresó a casa en silla de ruedas y con prescripción médica de rehabilitación con fisioterapia, psiconeurología, logopedia y terapia ocupacional. Tres años después, y aunque aún le queda un largo camino por recorrer, Mahesh ha vuelto a reconocer a sus amigos, va a su cole de siempre (de integración), lee, suma, resta, monta en bici, juega con su hermana, abraza de verdad a Hampa. Ha vuelto a ser un niño feliz.

Los progresos de Mahesh no habrían sido posibles si sus padres, Paloma Pastor y José Miguel Mateos, no hubieran luchado como solo el amor sabe hacerlo. Y tampoco habrían sido posibles si estos padres no dispusieran, como sucede a la mayoría, de los cerca de 2.500 euros mensuales que les cuesta esa imprescindible rehabilitación. Pues la lucha de Paloma y José Miguel no ha sido solo la de centrarse en los complejos cuidados a Mahesh, sino también otra, titánica, frente a un injusto, indignante abandono de la Administración: a día de hoy, octubre de 2014, Mahesh no recibe las terapias en la Sanidad pública madrileña, que tampoco se ha hecho cargo de los gastos de su rehabilitación, a pesar de existir una sentencia en firme que reconoce esos derechos.

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