Elecciones en Rusia: por qué le importan a Putin unos comicios que todo el mundo asume que están amañados
Partidos vetados, candidatos descalificados y debates con todos los atriles vacíos. Desde este viernes y hasta el domingo los rusos votan para renovar el Parlamento en las primeras elecciones legislativas en tiempos de guerra, las primeras en las que participan los territorios ucranianos ocupados. Unos comicios sin garantías, manipulados por el Kremlin, en que se da por descontada la aplastante victoria de la formación de Vladímir Putin, Rusia Unida, y que, pese a todo, preocupan al presidente ruso hasta el punto de haberse visto obligado a entrar en campaña.
Ninguna de las fuerzas de la llamada oposición sistémica que se enfrentan al partido gobernante cuestiona la invasión de Ucrania, sino que todas forman parte del juego político ruso y contribuyen a legitimar el régimen. Ahora bien, en un contexto de malestar social por los problemas económicos, los bloqueos de Internet y el cansancio del conflicto, el sistema intenta evitar cualquier amenaza y procura que el trámite pase sin pena ni gloria.
En un contexto de malestar social por los problemas económicos, los bloqueos de Internet y el cansancio del conflicto, el sistema intenta evitar cualquier amenaza y procura que el trámite pase sin pena ni gloria
Para conseguirlo, la Justicia ha dejado fuera de la carrera electoral al único partido pacifista que había sido registrado inicialmente, Yábloko, y ha eliminado a algunos de los candidatos más populares del Partido Comunista, visto por algunos sectores como la principal alternativa realista a Rusia Unida. Ante este escenario, la oposición antibelicista se debate entre el boicot, el voto nulo y el voto útil.
Todas estas medidas serán insuficientes para impedir que el partido de Putin revalide e incluso amplíe la supermayoría constitucional en la Duma durante cinco años más, gracias a la opacidad del voto electrónico, la movilización de los grupos más leales, el uso de candidatos fantasma y otros ejemplos de juego sucio.
“Un teatro político”
Según los expertos, por mucho que pueda parecer contradictorio en un Estado autoritario, Rusia es un país muy legalista y Putin, un presidente que se afana en fundamentar su poder en la ley, aunque esté redactada siguiendo sus designios y aplicada de manera arbitraria.
El analista Dan Storyev, autor del libro How to Survive Authoritarianism, explica a elDiario.es que el líder ruso intenta no romper con los orígenes de la democracia de los años 90, a la vez que busca proyectar “una fachada” de credibilidad para el público mundial y para el público interno.
“Esto no son unas elecciones reales, sino que lo llamamos actividades electorales”, dice Storyev. “Es una especie de teatro político glorificado que se hace para apuntalar el poder del Estado, consolidar su legitimidad y rendir homenaje al legado del pasado”.
Esto no son unas elecciones reales, sino una especie de teatro político glorificado que se hace para apuntalar el poder del Estado, consolidar su legitimidad y rendir homenaje al legado del pasado
En este sentido, el politólogo Mijail Komin, investigador del Centro de Análisis de Política Europea (CEPA), sostiene en declaraciones a este diario que, “aunque las elecciones en Rusia no son ni libres ni justas, constituyen un procedimiento formalizado que proporciona al Kremlin precisamente este tipo de legitimidad procedimental”. Además, considera que es también un vehículo del que dispone Putin para asegurarse la lealtad de las clases dirigentes.
Esta necesidad de validación frena a las autoridades a la hora de practicar el fraude electoral sin contemplaciones. “No les gusta manipularlo completamente, no quieren hacerlo al estilo de Corea del Norte”, apunta Storyev. Según Komin, el poder “no tiene capacidad para reescribir por completo los resultados finales” y sitúa el límite de la distorsión entre el 20% y el 30%.
En 2021, en las últimas elecciones legislativas, el matemático Serguéi Shpilkin estableció que la mitad de los votos de Rusia Unida, unos 14 millones, habían sido fraudulentos. Así pues, en lugar de conseguir el 50% de los sufragios, se habría quedado con cerca del 30%.
A día de hoy, las encuestas oficiales dan al partido de Putin entre un 47% y un 53% de los votos. Si bien los sondeos deben entenderse más como un arma de tecnología política que como un instrumento de estudio demoscópico, estas cifras no se corresponden con el descenso de popularidad que ha sufrido Rusia Unida durante los últimos meses.
En abril, la intención directa de voto a la formación gobernante cayó hasta el 27%, un dato que no se registraba desde antes de la guerra. Según el medio opositor Meduza, esto llevó a la Administración Presidencial a rebajar del 60% a menos del 50% el objetivo fijado para el escrutinio.
Para evitar sorpresas, el presidente ruso, que en anteriores elecciones había tenido un papel menos protagonista, ha optado por implicarse en la campaña y ha eclipsado al número uno de la lista de Rusia Unida, el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov.
Putin se ha dejado ver en regiones de Siberia y del Extremo Oriente, lejos de la amenaza de los drones ucranianos, donde puntualmente se ha acercado a vecinos y ha besado a niños. La periodista Farida Rustamova lo interpreta como una señal de que está realmente preocupado por la caída de sus índices de aprobación, ya que no había besado a niños en público desde después del motín de Prigozhin, en 2023.
No obstante, el presidente ruso no ha considerado oportuno aprovechar la campaña para abordar las cuestiones sociales que inquietan a los ciudadanos. Al contrario, ha decidido rehuir deliberadamente cualquier ocasión de proponer soluciones y ha llevado a su partido a hacer lo mismo.
En todas sus intervenciones, Putin se ha dedicado a pedir a la población que cierre filas con su guerra, con una retórica cercana a la movilización total, exigiendo la unidad de todos los sectores de la sociedad contra el enemigo.
Otro ejemplo más del peso del conflicto en estas elecciones es el hecho de que 76 de los candidatos de Rusia Unida son veteranos de la guerra de Ucrania.
Esta obsesión por hablar de la guerra demuestra la distancia del presidente respecto a las preocupaciones reales de la mayoría de los rusos. “Son cuestiones sociales muy sencillas, exactamente las mismas que afectan al español medio: el coste de la vida, los salarios, las pensiones…”, destaca Storyev.
Y, pese a ello, la victoria del partido de Putin es inevitable. “Muy probablemente obtendrá una mayoría cualificada”, asegura Komin. “Esto será posible gracias al fraude electoral y al hecho de que Rusia Unida está destinada a ganar aproximadamente 210 de los 225 distritos uninominales”, pronostica.
El Parlamento ruso tiene 450 escaños. De ellos, la mitad, 225, se escogen votando una lista de partido, y la otra mitad, mediante el voto a los candidatos individuales que cada formación presenta en las 225 circunscripciones. Como estos candidatos solo necesitan mayoría simple para ser elegidos, Rusia Unida se garantiza fácilmente la hegemonía en la cámara.
Una campaña sin campaña
Las dificultades económicas y la voluntad de la Administración Presidencial de convertir las elecciones en un trámite han convertido esta campaña en la más barata del siglo XXI. Los partidos han gastado de media menos de la mitad que en 2021.
Los debates territoriales en la televisión estatal se han emitido en horarios intempestivos, a primera hora de la mañana o casi de madrugada. En algunas regiones, como Riazán, los partidos han preferido directamente no participar, dejando sola a la presentadora en el plató, mientras que en otras varios candidatos ni siquiera han agotado el minuto final para pedir el voto.
Esto supone un cambio de enfoque respecto a las anteriores convocatorias, en las que se invertía en la campaña y se escenificaba una competencia, aunque estuviera vacía de contenido.
El desinterés de los propios partidos forma parte de las reglas del teatro político ruso en tiempos de guerra. Todos los grupos con representación en la Duma se alinean con Rusia Unida en la inmensa mayoría de las leyes, incluidas las represivas, y todos ellos han votado favorablemente al menos un 95% de las iniciativas de la facción de Putin. Solo algunas fuerzas han discrepado en normas muy concretas para apelar a su nicho de votantes.
El Partido Comunista de la Federación Rusa es visto, sobre todo lejos de Moscú, como una formación capaz de desafiar a Rusia Unida, especialmente en cuestiones sociales. Tiene mucho tirón entre los pensionistas y los nostálgicos de la época soviética, y aspira a repetir la segunda posición en el hemiciclo. En las últimas elecciones, en un contexto de estancamiento económico, obtuvo un 19% de los votos, aunque ahora las encuestas le otorgan entre un 13% y un 17%.
El Partido Liberal Demócrata, de extrema derecha populista y que destaca por su retórica antiinmigración, se encuentra en crisis tras la muerte, en 2022, de su carismático y polémico líder, Vladímir Zhirinovski. Además, a raíz de la guerra, su nacionalismo belicista ha quedado diluido en el discurso oficial. Apoya a Rusia Unida en la Cámara, hace cinco años recibió un 8% de los sufragios y ahora los sondeos le dan entre un 8% y un 11%.
Otro partido en horas bajas es el socialdemócrata Rusia Justa. Su cara visible, Serguéi Mirónov, ha tenido que ser ingresado durante la campaña sin que se sepa por qué motivo. En 2021 consiguió un 7% de los votos y los sondeos apuntan a que podría, o bien mantenerse, o bien bajar hasta el 4% y, por tanto, quedar por debajo del umbral del 5%, el mínimo para obtener representación.
Todas las formaciones, excepto el Partido Comunista, que se reivindica heredero del Partido Comunista de la Unión Soviética, son productos creados en connivencia con el bloque político del Kremlin para desarrollar su papel y ocupar un espacio en el tablero del sistema político del régimen ruso
Por último, Gente Nueva está concebido como un partido liberal y ha ganado cierta popularidad por haberse opuesto a los bloqueos de Internet, pese a estar estrechamente vinculado a la administración presidencial. Hace cinco años, en las primeras elecciones en las que participaba, superó el 5% de los votos y ahora como máximo los sondeos lo sitúan en el 10%.
De hecho, todas las formaciones, excepto el Partido Comunista, que se reivindica heredero del Partido Comunista de la Unión Soviética, son productos creados en connivencia con el bloque político del Kremlin para desarrollar su papel y ocupar un espacio en el tablero del sistema político del régimen ruso.
“Todos estos partidos son variantes de los futuros y las políticas aceptables que el Kremlin ofrece al pueblo ruso. Todo es una mutación permitida de la política de Rusia Unida”, explica Storyev.
El analista descarta que ninguno de ellos sea capaz de capitalizar el descontento social. “No creo que el cansancio de la guerra se traduzca necesariamente en castigar a Rusia Unida porque todos y cada uno de los partidos a los que puedes votar, excepto quizá Gente Nueva, han pasado a formar parte de este relato favorable a la guerra”, señala.
Komin añade que la proporción de electores que “real y conscientemente eligen” entre los partidos disponibles “no es muy grande” y la sitúa entre el 12% y el 18%.
Así pues, teniendo en cuenta el fraude electoral, las similitudes programáticas y la inexorable victoria del partido de Putin, ¿qué empuja a la población a votar? Storyev encuentra una explicación: “Es una oportunidad única para los rusos de expresar su opinión al Gobierno. Muchos piensan que es su opción para interactuar con el Estado y conseguir que les escuchen”.
¿Cómo se manipulan unas elecciones?
Una de las principales herramientas que tiene el Kremlin para asegurarse el resultado deseado es la llamada movilización administrativa. Las empresas que dependen del Estado instan a sus trabajadores a votar por Rusia Unida. Se los conoce como votantes dependientes. Ahora, además, el régimen quiere presionar también a sus familiares para que acudan a las urnas y, según escribe en Riddle el periodista Andrei Pertsev, ha aparecido la figura de los “brigadistas de movilización”, que se ocupan de convencer a su entorno para que vote por las candidaturas oficialistas.
Además, las autoridades se han encargado en los últimos años de hacer todavía menos transparente el proceso electoral. La falta de observadores independientes y la extensión del periodo de votación durante tres días son denunciadas de forma recurrente por toda la oposición no sistémica, pero también por algunos candidatos del Partido Comunista, que temen que se aprovechen las dos noches para alterar las papeletas.
En cualquier caso, los expertos coinciden en que la vía más fácil de amañar los resultados es a través del voto electrónico. En 2021 solo estaba disponible en siete territorios rusos, incluida la capital. Entonces, varios candidatos opositores encabezaban el recuento hasta que se volcó el voto telemático de Moscú y dio la vuelta al escrutinio a favor de los representantes de Rusia Unida.
Los expertos coinciden en que la vía más fácil de amañar los resultados es a través del voto electrónico. En 2021, solo estaba disponible en siete territorios rusos, incluida la capital. Entonces, varios candidatos opositores encabezaban el recuento hasta que se volcó el voto telemático de Moscú y dio la vuelta al escrutinio a favor de los representantes de Rusia Unida
En estas elecciones, estará disponible en 33 regiones. Para incentivarlo aún más, la administración sortea vales canjeables por títulos de transporte o compras en cafeterías y supermercados entre quienes voten en línea. Los ciudadanos pueden llegar a ganar el equivalente a 500 euros.
Por eso, con el fin de minimizar el fraude, los opositores aconsejan ir a votar el domingo presencialmente y hacerlo con una papeleta.
Según Storyev, los comicios “no solo se manipulan mediante obscenos recuentos a la baja y al alza, sino filtrando quién puede y quién no puede participar”. Se refiere, principalmente, a Yábloko, el partido liberal contrario a la guerra que ha captado la atención de muchos jóvenes después de ser descalificado.
Komin llama la atención sobre el hecho que, así como anteriormente se impedía el registro de las listas de la oposición, en este caso se ha visto cómo la Justicia se atrevía a eliminar candidaturas previamente registradas. “Es una táctica más sucia, que atrae una atención negativa, pero al mismo tiempo el Kremlin ni siquiera intenta encontrar motivos formalmente aceptables para la descalificación”, apunta.
“Estos motivos absurdos y cínicos, y unas tácticas de retirada todavía más turbias, nos indican que esto no lo llevan a cabo los responsables de la Administración Presidencial, sino más bien los siloviki [los servicios de seguridad], a los que se ha dado más poder para apartar a candidatos potencialmente peligrosos”, concluye Komin.
Uno de los casos más surrealistas ha ocurrido en la república de Komi, en el norte de Rusia, donde un candidato del Partido Comunista ha sido eliminado por no citar al autor de un monumento que aparecía en uno de sus vídeos y por grabarse delante de un almacén de Wildberries, el Amazon ruso, apoyando a sus trabajadores afectados por los ataques ucranianos, y mostrar el logo de la empresa sin su consentimiento
Entre las razones más frecuentes alegadas por los jueces está la “exhibición de símbolos extremistas”, que suele significar que el candidato ha mencionado a Aleksei Navalni en alguna publicación. También se suele vetar a políticos por colgar enlaces o logotipos de Facebook e Instagram, prohibidos en Rusia.
Uno de los casos más surrealistas ha ocurrido en la república de Komi, en el norte de Rusia, donde un candidato del Partido Comunista ha sido eliminado por no citar al autor de un monumento que aparecía en uno de sus vídeos y por grabarse delante de un almacén de Wildberries, el Amazon ruso, apoyando a sus trabajadores afectados por los ataques ucranianos y mostrar el logo de la empresa sin su consentimiento.
A menudo, las denuncias para descalificar a candidatos las presentan partidos pequeños que no tienen opciones de entrar en la Duma y que son acusados de actuar a las órdenes de la Administración Presidencial. Se los ha bautizado como “partidos spoiler”.
Otra estrategia perversa que puede observarse en muchas circunscripciones uninominales es la de registrar candidatos con apellidos similares o iguales a los de otros candidatos con la intención de confundir a los electores. Uno de los partidos que más lo hace es Comunistas de Rusia, que busca perjudicar al Partido Comunista de la Federación Rusa.
Así, por ejemplo, en Moscú, Iván Ulianchenko (PCFR) aparece en la papeleta junto con Serguéi Uliánov (CR); en la región de Altái, Konstantin Kovalev (PCFR) compite contra Grigori Kovalev (CR); o en Omsk, Boris Márkov (PCFR) se enfrenta a Dmitri Márkov (CR). Desde el Partido Comunista denuncian que esto sucede sobre todo en los distritos donde los candidatos de Rusia Unida ganan con menos margen.
El caso más rocambolesco tuvo lugar hace cinco años en las elecciones regionales de San Petersburgo, cuando dos personas intentaron restar votos al candidato de Yábloko, Borís Vishnevski, cambiándose legalmente el nombre y el apellido para ponerse el suyo. Además, se dejaron crecer la barba y se cortaron el pelo para parecerse a él.
Este año, eliminado como partido de las elecciones, Yábloko todavía puede participar en algunas circunscripciones uninominales. Eso sí, según Rustamova, un 17% de sus candidatos han sido apartados, otros se han retirado después de recibir amenazas de muerte, y solo han logrado tomar parte poco más de un centenar. Casi ninguno tiene opciones de ser elegido.
También los candidatos del Partido Comunista están sufriendo más de lo habitual, un hecho que demuestra que Rusia Unida puede llegar a verlos como una amenaza. La Justicia ha vetado a uno de sus aspirantes más populares, Nikolái Bondarenko, que acumula más de un millón de seguidores en la red y tiene un mensaje populista contra la pobreza y las políticas del Gobierno.
El voto pacifista
Aun así, desde Yábloko aseguran que ya han conseguido su objetivo. El portavoz Ígor Yakovlev explica a elDiario.es que ahora “ya no se puede afirmar que en Rusia no haya partidarios de la paz o que sean una minoría insignificante”.
El partido ha dado la consigna a sus simpatizantes de optar por el voto nulo. No quieren que se deje la papeleta en blanco por miedo a que alguien pueda rellenarla, pero tampoco se inclinan por votar al resto de formaciones porque “no se diferencian en nada las unas de las otras y apoyan la guerra”.
En cambio, desde el exilio, el opositor Dmitri Kisiev traslada a este periódico que, con esta táctica, Yábloko “ha perdido credibilidad entre aquellos que habían confiado en ellos”. Kisiev, antiguo colaborador de Borís Nadezhdin, el último candidato pacifista que intentó desafiar a Putin en las presidenciales, ahora también exiliado, no es partidario de votar a los candidatos del partido liberal o de otros partidos minoritarios, sino a aquellos que tengan más opciones de desbancar al candidato de Rusia Unida.
Ya no se puede afirmar que en Rusia no haya partidarios de la paz o que sean una minoría insignificante
“Para nosotros es importante enviar una señal a la sociedad y al poder de que hay personas en Rusia que no apoyan su política. Esto se hará evidente si el partido del poder obtiene unos resultados peores que hace cinco años”, subraya.
También comparte este planteamiento Yulia Naválnaya, viuda de Navalni, que sigue apostando por el llamado “voto inteligente”. “Esto no significa que le deis vuestro apoyo [a los otros partidos]. Simplemente, es una manera de votar como protesta, una manera de quitarle votos a Rusia Unida”, ha afirmado.
De este modo, en 19 circunscripciones donde Yábloko presenta a un candidato pacifista, Naválnaya apuesta por votar a candidatos del Partido Comunista o de Gente Nueva que apoyan la guerra.
Storyev es muy escéptico con esta fórmula. “Si esta es tu estrategia favorita, adelante, vota a los comunistas, pero no será lo que les haga ganar o perder las elecciones”, dice.
Otra iniciativa de protesta de cara a las elecciones es lo que se conoce como el “mediodía por la paz”. Al igual que en 2024, durante las elecciones presidenciales, se llama a los ciudadanos a acudir a formar largas colas en los colegios electorales a las 12 del mediodía del domingo.
Su impulsor es Ilyá Yashin, excolaborador de Navalni y de Borís Nemtsov, que estuvo en prisión y ahora se halla en el exilio. “Esto permitirá a los ciudadanos expresar su protesta contra la guerra y la dictadura por medios legales”, resume su partido en un comunicado.
Desde Yábloko, sin embargo, lo rechazan porque lo consideran “una especie de happening” en un momento “demasiado serio” para este tipo de escenificaciones.
Storyev, en cambio, cree que es precisamente esta dimensión performativa lo que le da valor. “Si las elecciones son un espectáculo, una gran representación teatral, la forma de oposición más viable también es espectacular”, destaca. “Crea la posibilidad de que la gente establezca vínculos sociales y eso es muy importante. Es una forma de resistencia vital, aunque a primera vista pueda parecer un poco impotente”, acaba diciendo.
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