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Por qué Ucrania se está ensañando en su campaña de ataques con Wildberries, el 'Amazon ruso'

Vista de un punto de recogida de Wildberries, uno de los mayores minoristas online rusos, en Moscú, Rusia, 29 de junio de 2026.

Albert Sort Creus

Moscú —
3 de agosto de 2026 22:29 h

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Ucrania ha ido un paso más allá en su estrategia para añadir presión a la economía rusa. Después de golpear sistemáticamente las refinerías de petróleo y las rutas logísticas, ahora ha iniciado una campaña contra los almacenes de la principal empresa rusa de comercio electrónico, Wildberries. En dos semanas los ha atacado en más de una veintena de ocasiones y ha inutilizado más de un millón de metros cuadrados.

Volodímir Zelenski lo justifica porque esta compañía distribuye “componentes de drones, GPS y otros equipos militares” al ejército ruso. Pero el objetivo de Kiev es más ambicioso y busca hacer colapsar un sector clave para el Kremlin. Wildberries da empleo a decenas de miles de personas y de ella dependen cientos de miles de pequeños vendedores, algunos de los cuales se han arruinado con los bombardeos ucranianos.

Vladímir Putin podría verse empujado a rescatar la empresa, incapaz de hacer frente a las compensaciones a sus clientes, para evitar que la crisis se extienda al sistema bancario por los impagos de los préstamos de quienes lo han perdido todo. Ahora bien, el coste de este rescate amenaza con convertirse en un nuevo incentivo para Ucrania para expandir la campaña de ataques contra otras plataformas de comercio electrónico.

Se calcula que casi el 90% de la población compra a través de Wildberries y de su principal competidor, Ozon, que también ha sufrido las consecuencias de algunos de los ataques. El año pasado, las ventas en línea representaron el 26% de todas las ventas minoristas en Rusia y casi el 50% de este volumen fue gestionado por Wildberries, según el medio económico en el exilio The Bell.

Algunos analistas alertan de que el modelo de negocio de Wildberries y sus competidores está tocado de muerte y que esto podría tener consecuencias graves para una economía rusa ya asfixiada por el desgaste de más de cuatro años de guerra.

¿Objetivo legítimo o crimen de guerra?

No es ningún secreto que muchas unidades del ejército ruso obligan a los soldados a comprar armas, uniformes y equipamiento de su propio bolsillo. Antes de la campaña de ataques, que comenzó el 18 de julio, Wildberries contaba con una sección en su web llamada “Todo para la operación militar especial”, donde se podían encontrar todo tipo de artículos, como cascos o chalecos antibalas. Había indexados casi 250.000 productos y, aunque el apartado fue eliminado, todavía siguen disponibles en la página.

El Kremlin ha negado que los mercados electrónicos se utilicen para abastecer a las tropas, pero la realidad es que estos objetos pueden tener un doble uso. Moscú acusa a Ucrania de atacar infraestructuras civiles y, de hecho, esta crítica ha provocado una discusión entre los comentaristas de la oposición rusa sobre si los almacenes de Wildberries son o no objetivos legítimos.

El analista militar Ruslán Leviev, por ejemplo, sostiene que estos bombardeos constituyen un crimen de guerra, sobre todo porque han matado a nueve trabajadores y decenas más han resultado heridos. “Incluso si suministra componentes de doble uso para equipamiento militar, eso no convierte toda la instalación en un objetivo legítimo”, afirmó en una entrevista en el canal Zhivoi Gvozd, amparándose en los Convenios de Ginebra.

Leviev recuerda que, cuando Rusia ha atacado reiteradamente los almacenes y terminales de carga de Nova Poshta, el principal operador postal ucraniano, Kiev lo ha denunciado como un crimen de guerra. “Los ataques contra Nova Poshta son crímenes de guerra, como también lo son los ataques contra los almacenes de Wildberries: no son instalaciones militares”, concluye el analista.

En cambio, el periodista Kirill Martínov considera que, precisamente según la Convención de Ginebra, si una instalación proporciona “una ventaja militar significativa”, entonces puede ser designada como un objetivo legítimo. “Las plataformas de comercio electrónico suministran activamente al frente [...] armas letales que se utilizan para atacar objetivos civiles en Ucrania”, añade en un análisis en X.

Según Martínov, mientras Putin siga militarizando la economía civil, estará justificado golpearla. “La destrucción de almacenes de doble uso debilita el potencial de la agresión rusa. Si las instalaciones civiles sirven a los intereses del grupo invasor, se convertirán en objetivos militares”, concluye.

Amenaza al sistema bancario ruso

Los medios más críticos con la órbita del Kremlin están alarmados porque entienden que, si no se pone remedio a la crisis, puede convertirse en una bola de nieve. Un editorial reciente del diario Nezavísimaia Gazeta advertía de que la estrategia ucraniana “aparentemente tiene como objetivo desestabilizar gravemente el mercado de consumo del país, disparar la inflación y traumatizar psicológicamente a una parte significativa de la población, rompiendo los cimientos de su vida diaria. Incluso desencadenar un malestar social que podría afectar de algún modo a las próximas elecciones”.

El primer eslabón afectado de esta cadena son los pequeños empresarios que utilizan Wildberries como la única vía para colocar sus productos. Se calcula que hay entre 500.000 y un millón de vendedores que confían en esta compañía para mover su mercancía.

Con el incendio de los almacenes más grandes de la plataforma, donde los artículos están amontonados en cajas de madera y cartón que han sido devoradas por las llamas, la devastación ha sido enorme. La red se ha llenado de vídeos de afectados pidiendo ayuda a las autoridades. “Somos una enorme cantidad de pequeñas y medianas empresas que nos encontramos en situación de quiebra, en unas condiciones horribles. Intervengan, por favor, porque la situación es muy crítica”, lamentaba una emprendedora.

Uno de los problemas a los que se enfrentan es que la empresa no puede asumir las indemnizaciones. Por un lado, porque no tiene liquidez para hacerlo, y por otro, porque diez días antes del primer ataque actualizó su política de acuerdo con los vendedores para que aceptaran que los bombardeos con drones pasaran a considerarse circunstancias de fuerza mayor, ante las cuales Wildberries quedaba al margen de cualquier responsabilidad.

A pesar de ello, la propietaria de la empresa, la multimillonaria Tatiana Kim, ha prometido que “no abandonará” a sus clientes y ha empezado a pagar compensaciones a algunos de los empresarios más afectados. Ahora bien, se trata de coberturas que no superan el 10% de las pérdidas. Se estima que estas pérdidas podrían superar el equivalente a 11.000 millones de euros.

No solo los almacenes, sino todo el sistema logístico está bajo ataque

Viacheslav Shiriáyev Economista

Ante esta situación, los pequeños vendedores reclaman moratorias para no tener que hacer frente a los impuestos y para no verse obligados a devolver inmediatamente los préstamos a los bancos. Esto ya ha puesto en alerta, entre otros, a VTB, la segunda mayor entidad bancaria de Rusia, que en mayo firmó un acuerdo de colaboración con Wildberries por el que esperaba acceder a la cartera de 80 millones de usuarios de la plataforma de comercio electrónico.

El banco teme que estos comerciantes no puedan ahora devolver los préstamos o que se vea abocado a financiar las compensaciones o la reconstrucción de las instalaciones de la compañía. Uno de los principales fabricantes de armas de Ucrania, Denís Shtilerman, admitía en una entrevista que el hundimiento de Wildberries pretende provocar “el colapso del sistema bancario ruso”.

El dilema del Kremlin

En esta coyuntura, después de dos semanas de titubeos, el Gobierno ruso finalmente ha dado órdenes de asistir a los comerciantes afectados. No obstante, esta iniciativa comporta riesgos para el Estado, según explica a elDiario.es el analista económico Stanimir Dobrev. Si el Kremlin se vuelca en compensar a los vendedores, Kiev tendrá motivos para aumentar los ataques contra los almacenes porque, de esta manera, miles de millones de las arcas rusas no se destinarán a la guerra.

El modelo de negocio no sobrevivirá sin la introducción de un apoyo integral para la posible destrucción de bienes

Stanimir Dobrev Analista económico

Este experto opina, además, que la fórmula empresarial de los mercados en línea, basada en almacenar y distribuir los productos de terceros cobrando comisiones altísimas (de hasta el 48%), podría tener los días contados. “No espero que el modelo de negocio sobreviva como hasta ahora sin la introducción de un apoyo integral para la posible destrucción de bienes por ataques ucranianos”, explica.

Apunta que dispersar mejor los almacenes o incrementar los seguros de los vendedores “no será barato” y eso les obligará a dejar puntos de venta desatendidos. Esta combinación, añade, puede llegar a destruir más de 100.000 puestos de trabajo a corto plazo. Por eso concluye: “Es discutible si el modelo tendrá siquiera un largo plazo”.

El economista Viacheslav Shiriáyev señala que “los grandes mercados se han convertido no solo en plataformas comerciales, sino también en una parte vital de la infraestructura financiera y logística del país”. En declaraciones al canal opositor Mózhem Obiásnit, afirma que cualquier interrupción en sus operaciones repercute inevitablemente en millones de clientes, empresarios y proveedores.

“No solo los almacenes, sino todo el sistema logístico está bajo ataque”, insiste. Según el experto, otros actores importantes del mercado podrían seguir los pasos de Wildberries, ya que la economía rusa moderna se basa principalmente en centros logísticos, mercados y servicios digitales. Cree que estos bombardeos generan caos en las cadenas de suministro y perturban sectores enteros de la economía.

Otro motivo que explica el ensañamiento de Ucrania con esta empresa es que hace dos años quedó bajo la influencia de personas próximas al Kremlin, tras un conflicto corporativo que se saldó con tiroteos y muertos.

Su propietaria, Tatiana Kim, quiso fusionar la compañía con la empresa de publicidad exterior Russ, vinculada a oligarcas del entorno de Putin. El marido de Kim, Vladislav Bakalchuk, que solo poseía el 1% de las acciones, se opuso y, con el apoyo del líder checheno Ramzán Kadírov, se presentó con hombres armados en la sede central de Wildberries. Dos vigilantes de seguridad murieron y otras siete personas resultaron heridas.

Finalmente, la fusión salió adelante con el visto bueno de Putin y, desde entonces, especialistas como Shiriáyev sostienen que ya no puede hablarse de Wildberries como de una empresa privada, sino que pasó a formar parte de un proyecto estratégico de digitalización impulsado por el Kremlin, integrando logística, publicidad, sistemas de pago e infraestructura digital.

Además, Mózhem Obiásnit asegura que los beneficios de 2025 se repartieron en forma de dividendos entre senadores y destacados miembros de la Administración Presidencial, que forman parte del accionariado minoritario.

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