El gran plan de Israel detrás de todas sus guerras en Oriente Medio: qué papel juega EEUU
Durante su presentación el 2 de marzo pasado ante la Comisión de Inteligencia del Congreso de Estados Unidos, el secretario de Estado, Marco Rubio, explicó que en el Gobierno sabían “que Israel iba a tomar medidas (y) que eso precipitaría un ataque (de Irán) contra las fuerzas estadounidenses” y que, si no actuaban “de forma preventiva antes de que lanzaran esos ataques”, sufrirían “más bajas”.
Su declaración generó interrogantes sobre si la Administración Trump ordenó el ataque contra Irán inducido por Israel o si fue una decisión estratégica propia. El presidente y otros funcionarios esbozaron explicaciones contradictorias, especialmente sobre los objetivos, duración y la controvertida cuestión de desplegar fuerzas en el terreno.
Con más claridad, en cambio, Benjamin Netanyahu había explicado el 1 de marzo que los ataques contra Irán se llevaban a cabo con “la ayuda de Estados Unidos” y de su “amigo”, el presidente estadounidense Donald Trump. El primer ministro israelí recordó que había abogado en favor de la guerra contra Irán durante décadas: “Esta coalición de fuerzas nos permite hacer lo que he anhelado hacer durante 40 años. Esto es lo que prometí, y esto es lo que haremos”.
Netanyahu no mencionó que en 2015 Estados Unidos llegó a un acuerdo con Teherán, con el apoyo de Francia, Reino Unido, China, Rusia, Alemania y la UE para, en palabras del negociador estadounidense William J. Burns, “limitar drásticamente el programa nuclear iraní durante un largo período, vigilarlo con una intromisión sin precedentes y evitar que sus líderes construyan una bomba”. Trump derogó el acuerdo durante su primera presidencia con los aplausos del primer ministro israelí.
Ocho frentes de guerra
Netanyahu presentó el 22 de septiembre de 2023 su visión para un “nuevo Oriente Medio” que permitiese “transformar tierras que han sido arrasadas por conflictos y caos en terrenos de prosperidad y paz”. Un paso en esa dirección fueron los Acuerdos de Abraham (2020), lanzados por la primera presidencia de Trump para normalizar las relaciones de Israel con los Estados árabes, empezando con Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Sudán y Marruecos, para seguir con Arabia Saudí.
Junto con esta iniciativa, la guerra actual desempeña un papel esencial en la relación de Israel con la región. En agosto de 2024 Netanyahu anunció que su país luchaba en siete frentes con el fin de transformar Oriente Medio: Gaza, Cisjordania, Líbano, Siria, Irak y Yemen. También, dijo, combatía en un octavo frente “por la verdad” en la diplomacia y la comunicación. Marc Lynch, autor de America’s Middle East: The Ruination of a Region (El Oriente Medio de EEUU: la ruina de una región), afirma a elDiario.es que Israel “prefiere una región en la que el poder hace la ley (…), en la que el derecho internacional no tiene fuerza vinculante y en la que el poder militar reina de forma suprema”.
A partir del ataque de Hamás en octubre de 2023 Israel lanzó su campaña para acabar con el Eje de la Resistencia liderado por Irán. Yuval Donio-Gideon, cónsul israelí en Nueva York explicó en agosto pasado que, pese a la gravedad del atentado, se presentaban buenas oportunidades para Israel y sus vecinos.
Después de dos años de ofensiva contra Gaza, y una vez que Hamás liberó a los rehenes y entregó los cuerpos de los israelíes fallecidos a cambio de la liberación de presos políticos palestinos, se declaró un alto el fuego que las fuerzas de seguridad de Israel no han cumplido. También se puso en marcha una ineficaz gestión israelí-estadounidense sin participación palestina, a cargo de la Junta de la Paz.
En el caso del Líbano, Israel ha seguido —con el peligro de provocar una guerra civil— ocupando territorios y bombardeando el sur del país y parte de Beirut para presionar al Gobierno de ese país para que desarme a Hizbulá. Esta organización político-militar controla parte del territorio y ha formado parte desde 1982 de la línea de defensa avanzada de Irán en Oriente Medio.
La pérdida de Siria más los golpes contra los hutíes en Yemen han sido graves reveses estratégicos para Irán. El Eje de la Resistencia perdió el corredor geográfico que iba desde Irán hasta Líbano, pasando por Irak y Siria
Por otra parte, la guerra civil en Siria (2011-2024) tuvo un giro imprevisto cuando en 2024 se produjo la caída del dictador Bashar al Asad y el ascenso de Ahmad al Sharaa, líder de grupo islamista radical Hayat Tahrir al Sham (HTS). Una consecuencia para el Eje de la Resistencia fue la salida de Hizbulá de Siria.
Pese a que Al Sharaa indicó repetidamente al Gobierno israelí la intención de mantener relaciones pacíficas y que se distanció de Irán, Netanyahu ordenó intervenir militarmente, bombardeó depósitos de municiones, tomó el control de territorios fronterizos y se alineó con la población drusa siria. Estas acciones debilitaron al frágil Gobierno sirio.
La pérdida de Siria más los golpes contra los hutíes en Yemen han sido graves reveses estratégicos para Irán. El Eje de la Resistencia perdió el corredor geográfico que iba desde Irán hasta Líbano, pasando por Irak y Siria.
¿Superpotencia regional?
Los cambios en la región anunciados por Netanyahu generaron un gran entusiasmo en Israel. “Los notables logros militares tras la invasión del 7 de octubre y la campaña integral contra la agresión iraní a través de la red de representantes de Teherán han consolidado definitivamente a Israel como la superpotencia de la región”, escribió Leor Sinai en The Times of Israel. “Esta transformación representa más que una victoria militar; señala un reajuste fundamental de las estructuras de poder en Oriente Medio”, aseguró.
Este reajuste se vincula con la interpretación religiosa y mesiánica de sectores de la ultraderecha israelí. Para ellos, las fronteras del Estado de Israel deben extenderse más allá de sus límites actuales para abarcar toda la “Tierra Prometida” según los textos bíblicos, ya que se trata de un mandato divino e inalienable.
El embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, declaró en febrero, en relación con esas reivindicaciones bíblicas de la “propiedad original” de las tierras de Oriente Medio que se extienden desde el Nilo hasta el Éufrates, que “Estaría bien que [Israel] se lo quedara todo”.
Desde octubre de 2023, el Gobierno israelí ha apoyado militar y administrativamente la anexión de territorios palestinos en Cisjordania y Jerusalén Este que llevan a cabo de forma violenta los colonos.
The New Yorker publicó en 2018 una investigación de Dexter Filkins sobre los planes de Jared Kushner, cuñado de Trump; Steve Bannon, asesor del presidente; Netanyahu; y el príncipe saudí Mohammed bin Salman (MBS) para reconfigurar políticamente Oriente Medio.
La ultraderecha israelí defiende que las fronteras del Estado de Israel deben extenderse más allá de sus límites actuales para abarcar toda la “Tierra Prometida” según los textos bíblicos, ya que se trata de un mandato divino e inalienable
Kushner, entonces enviado especial de Trump para Oriente Medio, estableció una alianza con Israel y Arabia Saudí (potencia suní de la región) contra Irán (potencia chií). En 2019 acordó con MBS un plan de desarrollo urbanístico para “dejar atrás los conflictos del pasado y avanzar hacia un futuro realmente próspero y emocionante”. El proyecto suponía invertir alrededor de 25.000 millones de dólares en Cisjordania y Gaza durante 10 años y otros 40.000 millones de dólares adicionales en Egipto, Jordania y quizás Líbano.
Trump y Netanyahu presentaron en el mismo año el plan “Paz para la prosperidad” de Jared Kushner. Proponía un fondo de inversión de 50.000 millones de dólares para estimular la economía palestina. Cisjordania y Gaza se conectarían a través de un corredor de transporte, se mejorarían las infraestructuras energéticas y las comunicaciones.
Los obstáculos
El plan no avanzó más allá de su presentación, aunque fue actualizado en 2026 para transformar Gaza en un centro desmilitarizado con desarrollos urbanísticos, turísticos, comerciales y de alta tecnología. El plan, en cualquier caso, no contempla la creación de un Estado palestino.
El ataque de Hamás en octubre de 2023 alteró estos planes. La diplomacia de Riad marcó distancias con el Gobierno de Netanyahu: mientras no acabase la guerra contra la población de Gaza e Israel no diese pasos para establecer un Estado palestino, no habría avances diplomáticos.
Mouin Rabbani, investigador sénior no residente del Middle East Council on Global Affairs, dice a elDiario.es que hay una serie de obstáculos para los planes de Israel. “Arabia Saudí ya no está de acuerdo con que Israel se transforme en la única potencia regional. Riad se opone a cualquier hegemonía y ahora, con Irán más débil, Israel no tendría un actor que le equilibrase en la región, sino que la dominaría”, analiza. Las reticencias de los países árabes se incrementaron también cuando el Gobierno israelí presionó a Egipto y Jordania para que aceptaran a palestinos expulsados de la Franja de Gaza.
Además de la abismal diferencia demográfica —en Oriente Medio viven alrededor de 10 millones de israelíes frente a 350 millones de árabes más 93 millones de iraníes—, Israel no podría dominar sólo con el poder aéreo. Carece, además, de los recursos y los efectivos necesarios para imponerse y no tiene la capacidad para someter permanentemente a otros países de la región.
Asesinar a líderes de Hamás o Irán a distancia es efectivo, pero no sirve para sostener una ocupación prolongada en el tiempo. Por último, indica Rabbani, “el apoyo de EEUU y Occidente también es vital para este proyecto, pero ha disminuido drásticamente”.
En Estados Unidos han aumentado los cuestionamientos de la base social del movimiento Make America Great Again (MAGA) a Trump por lo que consideran un sometimiento a los intereses de Israel
Durante las negociaciones entre Hamás e Israel acerca de los rehenes israelíes, un alto el fuego y la liberación de presos palestinos, Riad rechazó la expulsión de palestinos de Gaza y la anexión de Cisjordania a la vez que replanteó la Iniciativa de Paz Árabe (2002). Esta iniciativa de la Liga Árabe ofrecía la normalización de relaciones diplomáticas y seguridad para Israel a cambio de su retirada de los territorios ocupados de Cisjordania, Gaza, Golán y sur del Líbano, el establecimiento de un Estado palestino y una solución para los refugiados.
Entre tanto, en Estados Unidos han aumentado los cuestionamientos de la base social del movimiento Make America Great Again (MAGA) a Trump por lo que consideran un sometimiento a los intereses de Israel. Paralelamente, es muy bajo el número de ciudadanos estadounidenses que apoyan la guerra contra Irán.
Igualmente, han crecido las críticas a Israel entre nuevas generaciones de judíos estadounidenses y del Partido Demócrata. “La pregunta clave”, dice Rabbani, “sin respuesta por el momento es: ¿Los gobiernos occidentales continuarán o se desvincularán gradualmente de Israel?”.
El exanalista de inteligencia israelí Yossi Alpher, también cuestiona la estrategia israelí de dominación general. “Más allá de codiciar los territorios palestinos, no hay otras ambiciones territoriales de Netanyahu”, señala a elDiario.es. En el Gobierno israelí hay ministros de ultraderecha que proponen expandir “las fronteras septentrionales de Israel para contrarrestar a Hizbulá y tal vez a los Hermanos Musulmanes. Pero Netanyahu no los respalda; los tolera porque necesita sus votos”.
Alpher considera que el primer ministro tampoco apoya activamente a quienes querrían reconstruir los asentamientos en la Franja de Gaza (donde no tiene una estrategia viable, como tampoco para Cisjordania). No cree que quiera “convertir a Israel en la potencia líder de la región”. Pero considera que tiene “una agenda nacionalista mesiánica judía para Israel (con Cisjordania y Gaza) y busca buenas relaciones con el resto de la región basadas en una fuerte disuasión”.
Pero hay un consenso entre expertos en que sólo con poder militar y aéreo no es posible instaurar un orden diferente en la región. Un líder hegemónico precisa consentimiento y consenso sobre qué se da y qué se recibe.
Cambio de régimen o caos regional
A medida que pasan los días desde que se inició la guerra contra Irán se hacen evidentes las diferentes estrategias entre EEUU e Israel, o falta de las mismas. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, enarbola su lenguaje belicista, pero no clarifica fines ni estrategia. Trump oscila entre el cambio de régimen a insistir en la eliminación de unas armas nucleares que Irán no tiene. Israel, en cambio, habla de fases y objetivos que destruir. Por encima de sus discursos ronda el fantasma de enviar tropas (¿de Estados Unidos o de Israel?) para apoderarse del uranio enriquecido iraní.
Daniel Levy, presidente del instituto US Middle East Project, basado en Nueva York, considera que Israel ha impuesto su criterio a EEUU. El primer ministro israelí nunca creyó en una negociación. “Es difícil descifrar que quería Trump, pero es claro en el caso de Netanyahu: por debajo del cuento de hadas del cambio de régimen, quiere que colapse el Estado iraní, generar caos, fragmentación, y que se expanda ese caos por la región con Irán como factor desencadenante”, dice a elDiario.es.
El primer ministro israelí pretende, según Levy, “eliminar a Irán de la ecuación regional, mientras que Israel se consolida como la potencia dominante que impone su modelo de ocupación colonial sobre los palestinos y humilla a la región. Pero es un proyecto incompatible con el bienestar futuro de la región”.
En la misma línea, Ali Bakir, profesor en la Qatar University y miembro del Atlantic Council, escribe que “Israel está cada vez más interesado en un Irán debilitado y desestabilizado internamente, en lugar de un régimen sucesor cooperativo […] El caos favorecería los planes de Israel, ya que un Irán fracturado y desestabilizado estaría consumido por sus propios problemas y no podría proyectar poder en el extranjero. El descenso al caos en una nación de 90 millones de habitantes desataría la inestabilidad en toda la región, incluidas migraciones masivas y un posible contagio del conflicto étnico y sectario a los Estados vecinos”.
Este escenario “alteraría la creciente alineación entre Turquía, Arabia Saudí y Egipto, socavaría las posibilidades de resurgimiento de Siria, complicaría la situación en Irak, y garantizaría el dominio de Israel sobre Cisjordania y Gaza. Las consecuencias más devastadoras afectarían a Turquía y Arabia Saudí, a las que se mantendría ocupadas con desafíos y rodeadas de Estados fallidos, lo que garantizaría la hegemonía israelí durante las próximas décadas”.
Hacia la asociación estratégica
Mientras unos sueñan con la “fantasía de un nuevo Oriente Medio”, como dice Marc Lynch, otros proponen fortalecer a Israel. La fundación Heritage, que lideró la elaboración del Project 2025, programa de gobierno de la segunda Administración Trump, acaba de hacer público un informe en el que recomienda que la relación de Estados Unidos con Israel “debería elevarse de ser un receptor de ayuda en materia de seguridad, a la categoría de socio estratégico en beneficio de Israel, Estados Unidos y Oriente Medio” mediante nuevas arquitecturas de seguridad y comerciales.
El documento propone que, entre las medidas de cooperación entre los dos países, Israel debe contar con los sistemas de defensa tecnológicamente más avanzados de misiles balísticos y antimisiles, ciberseguridad e inteligencia artificial; rápida capacidad para desplegar fuerzas militares en la región; y contar con las armas más modernas que desarrolle Estados Unidos.
Asimismo plantea reforzar la cooperación entre EEUU e Israel para la “guerra informativa” y considerarla una cuestión de seguridad nacional contra “actores malignos” como medios periodísticos extranjeros, influencers y organizaciones de la sociedad civil hostiles a los dos países.
Marc Lynch opina, sin embargo, que “nadie en Oriente Medio quiere el liderazgo israelí, y todos los Estados temen cada vez más su poderío sin control”, pero avisa: “Algunos en Washington celebran la perspectiva de un Israel sin restricciones que arrasa con los adversarios de Estados Unidos. Pero deberían tener cuidado con lo que desean. Los intereses de Israel no son los mismos que los de EEUU”.
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