Un nutricionista aclara si es bueno tomar fruta para cenar: “No son solo un postre, son aliadas de tu salud cardiovascular”

Gómez sugiere integrar la fruta de manera equilibrada más allá del postre tradicional.

Paloma Martínez Varela

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Es posible que hayas evitado las frutas a la hora de cenar debido al mito de que pueden dificultar el sueño o de que no son recomendables a última hora, pero la evidencia científica lo deja claro: la fruta nocturna no es un inconveniente para el metabolismo, sino un aliado de la salud digestiva y del corazón.

“No podemos pensar en que hay frutas para momentos del día”, asegura tajante el nutricionista clínico Antonio Gómez, para el que hablar de frutas perfectas para cenar o para desayunar resulta una simplificación sin base técnica. “Podemos consumir fruta en cualquier momento del día, solo debemos restringirla cuando existen intolerancias o patologías digestivas en las que puede haber matices en el tipo de fruta y forma de consumirlas”, explica, invitándonos a poner el foco en la experiencia del propio alimento y “sus propiedades organolépticas”, como el color, el olor, el sabor o la textura. 

La Fundación Española del Corazón (FEC) refuerza la necesidad de su consumo diario, independientemente de la hora del día, desde una perspectiva de salud preventiva. “Las frutas no son solo un postre, son aliadas de tu salud cardiovascular”, señalan los expertos en cardiología de la FEC, que inciden en los beneficios de estos alimentos para prevenir enfermedades gracias a su densidad nutricional. Por ejemplo, su alto contenido en potasio y magnesio no solo protege contra trastornos del ritmo cardíaco, sino que ayuda a relajar las paredes de los vasos sanguíneos y a contrarrestar los efectos negativos del sodio en la tensión arterial.

Si bien para la población general cualquier fruta es apta, Gómez reconoce que las opciones ricas en fibra pueden provocar digestiones pesadas en personas sensibles, mientras las cítricas podrían acentuar el reflujo. “Esto podría afectar a contextos específicos de problemas digestivos, pero no en población general”, recalca el nutricionista. 

El consumo de piezas con mayor cantidad de agua, como la sandía o el melón, pueden ser una herramienta estratégica en días o noches calurosos, según la FEC, para combatir la deshidratación y mejorar la circulación gracias a sus nitratos, que ayudan a dilatar los vasos sanguíneos. Este tipo de frutas “pueden dar una sensación de hinchazón o llenado, pero es un efecto que dura poco y no debería afectarnos demasiado”, apunta Gómez.

El error de cenar solo fruta

Uno de los errores más comunes que identifica el nutricionista es el uso de la fruta como sustituto total de la cena para compensar excesos: “Muchas veces el error viene más por el no tener una cena completa y saludable que por el consumir fruta”. Cenar únicamente fruta puede resultar descompensado, pobre en nutrientes o insuficiente calóricamente. “Siempre será mejor tener una cena con alguna verdura y una fuente proteica, y si se quiere, acompañar de fruta”, recomienda el experto.

La FEC subraya que “en la variedad está la clave”, por lo que la recomendación es integrarlas dentro de una estructura alimentaria sólida: una cena que combine verduras, proteínas y una pieza de fruta de temporada.  

Otra opción que sugiere Gómez es integrar la fruta de manera equilibrada más allá del postre tradicional. “Por ejemplo, para añadir en una ensalada podemos usar fresas, naranjas o manzana; otra opción, es usar pera o manzana en una elaboración de plato único o para elaborar alguna salsa. También podemos usar frutas en cremas, por ejemplo, una vichyssoise de melón cómo primer plato”, propone el nutricionista. Además, optar por frutas de temporada asegura que se consuman en su punto óptimo de maduración, cuando conservan mejor sus vitaminas y antioxidantes y cuando cuentan con un sabor más pronunciado. 

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