Europa encontró los primeros neandertales y comenzó el desconcierto: algunos científicos creyeron que eran humanos enfermos que vivían a caballo

El geólogo irlandés William King propuso en 1864 la denominación Homo neanderthalensis

Héctor Farrés

30 de septiembre de 2026 13:26 h

0

Una vida entera a caballo podía explicar, según el anatomista alemán August Franz Josef Karl Mayer, las piernas arqueadas del esqueleto hallado en el valle de Neander, y las enfermedades completarían su peculiar diagnóstico. Mayer defendía que aquellos restos pertenecían a un cosaco mongol expulsado de su tierra por los rusos en 1814, que habría acabado refugiándose en la cueva para morir. La forma del cráneo, dentro de esa interpretación, también procedería de distintas dolencias.

La discusión sobre aquellos huesos terminó dando un giro decisivo cuando el geólogo irlandés William King propuso en 1864 el nombre Homo neanderthalensis para una especie humana extinguida. La clasificación abrió una fractura entre anatomistas europeos, porque aceptar otra especie humana exigía asumir una posibilidad que todavía encontraba mucha resistencia.

Con el tiempo, la propuesta de King fue ganando aceptación entre sus colegas y preparó el terreno para clasificar otros integrantes del género Homo.

La evolución cambió la lectura de la anatomía humana

Décadas antes de ese bautismo científico, dos hallazgos ya habían pasado prácticamente inadvertidos porque nadie supo reconocer qué tenía delante. En Bélgica apareció en 1829 el cráneo de un niño neandertal, aunque hubo que esperar hasta 1936 para que recibiera formalmente la consideración de hominino arcaico. Gibraltar aportó otro ejemplar en 1848, pero tampoco provocó entonces el cambio de interpretación que llegaría pocos años después.

Bélgica y Gibraltar conservaron fósiles mal interpretados

Los trabajadores de una cantera alemana añadieron en 1856 otro capítulo a esa cadena de errores cuando encontraron unos huesos en el valle de Neander y los atribuyeron a un oso cavernario.

Esa identificación tuvo consecuencias bastante graves, ya que arrojaron los restos al suelo de la cantera y varias piezas acabaron dañadas o perdidas. La importancia del descubrimiento empezó a apreciarse únicamente cuando los fragmentos conservados llegaron a otras manos.

El profesor local Johann Carl Fuhlrott, que examinó esas piezas supervivientes, propuso que pertenecían a un ser humano antiguo de una época anterior a celtas y germanos. Su interpretación situaba en el norte de Europa a poblaciones humanas remotas y apareció dos años antes de que Charles Darwin publicara El origen de las especies. Aquella cronología ayuda a entender hasta qué punto Fuhlrott trabajaba sin el marco evolutivo que poco después transformaría el debate científico.

Huxley rechazó la explicación histórica de Mayer sobre los neandertales

La obra de Darwin, naturalista británico y uno de los grandes genios de este campo, proporcionó después un marco para pensar que las especies podían surgir mediante cambios acumulados, una idea todavía ajena al debate cuando aparecieron los restos alemanes.

El concepto de evolución humana encontraba así una base intelectual nueva, aunque la aceptación de antepasados o parientes humanos extinguidos seguía generando resistencia entre parte de la comunidad académica. El problema, por lo tanto, ya afectaba a la manera de interpretar qué podía representar anatómicamente un fósil humano diferente.

El biólogo británico Thomas Huxley, defensor de Darwin conocido como el bulldog de Darwin, rechazó la propuesta de Mayer sobre el supuesto soldado desplazado por la guerra. Su oposición mostró que la discusión había dejado atrás el primer error de los canteros y se había trasladado a una disputa científica sobre la identidad de los restos. Las explicaciones históricas y médicas competían entonces con la posibilidad de estar ante una forma humana antigua distinta.

Fuhlrott defendió una antigüedad humana desconocida

El patólogo alemán Rudolf Virchow mantuvo esa resistencia al interpretar el ejemplar del valle de Neander como un Homo sapiens afectado por varias enfermedades. Atribuyó las deformaciones óseas al raquitismo y la artrosis, con lo que convertía las diferencias anatómicas en patologías de un individuo moderno. Esa lectura ofrecía una salida compatible con la negativa a aceptar una especie humana extinguida y contó con la importancia de una figura influyente de la medicina alemana.

La aceptación gradual de Homo neanderthalensis acabó modificando una discusión que había empezado con fósiles ignorados, huesos maltratados y explicaciones enfrentadas sobre un mismo esqueleto. La propuesta de King terminó abriendo espacio para reconocer otras formas del género Homo, mientras los primeros hallazgos adquirían una importancia que sus descubridores no habían podido apreciar. El recorrido científico quedó marcado así por décadas de resistencia antes de que aquellos restos encontraran una clasificación propia.

Etiquetas
stats