El absentismo como nueva categoría moral
La patria es una abstracción sublime mientras sus ciudadanos conserven la saludable costumbre de no enfermar. Uno puede envolverse en la bandera, declamar sobre España, la familia, el esfuerzo y la cultura del trabajo, pero llega el momento de traducir la épica en políticas concretas y el héroe nacional resulta ser, una vez más, el trabajador que produce mucho, cobra poco y, a ser posible, tiene la delicadeza de no ponerse enfermo. Parece que hemos descubierto una nueva categoría moral, el absentismo. Un concepto extraordinariamente versátil en el que caben desde el fraude hasta un cáncer, desde quien finge una dolencia hasta quien espera una operación. Todo convenientemente mezclado, porque distinguir obliga a pensar y pensar complica mucho los eslóganes. La enfermedad deja así de ser una contingencia humana para convertirse en una sospecha económica. El enfermo ya no necesita recuperación, necesita demostrar su inocencia. La cajera con ansiedad, el albañil con la espalda destrozada o el trabajador sometido a quimioterapia pasan a formar parte de ese inquietante colectivo de ciudadanos que han cometido la imprudencia de dejar de ser rentables durante unas semanas. Para el Partido Popular estamos ante la presunción de culpabilidad (doctrina Fiscal General del Estado). Resulta fascinante, además, la precisión selectiva con la que funciona esta indignación. El fraude fiscal merece matices. La ingeniería tributaria, prudencia. Los beneficios empresariales, respeto. Los dividendos, admiración. Pero una baja médica enciende inmediatamente todas las alarmas de la productividad. Y ahí reside quizá la gran paradoja. Quienes más hablan de proteger a la familia parecen olvidar que las familias están formadas por personas y que las personas, en un irritante desafío a la teoría económica, enferman. Tienen cáncer. Se lesionan. Sufren depresiones. Envejecen. Necesitan tiempo para recuperarse... La biología, desgraciadamente, todavía no entiende de programas electorales. Al final, la llamada “prioridad nacional” adquiere un significado bastante menos solemne del anunciado. La nación eres tú mientras produces. Cuando enfermas, pasas de compatriota a número, de trabajador ejemplar a coste laboral, de ciudadano digno de protección a sospechoso pendiente de “inspección”. Mucha patria, sí, pero sin derechos. Así nos quiere esta gente ultra.
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