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Que el rentismo sea para todos

Miguel Rojas

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En un reciente análisis, el señor Alberto Garzón criticó por igual el rentismo del alquiler de vivienda como el de los fondos de inversión, frente a los beneficios del trabajo duro. Esto podría intepretarse como que sólo el trabajo asalariado es ético, pero nada más lejos de la realidad.

Una economía capitalista se basa, en esencia, en intercambiar un bien o servicio por dinero, que puede ser usado para adquirir otros bienes que sean de interés al vendedor. Donde un trabajo asalariado intercambia tiempo y el esfuerzo físico o mental de cada uno, un alquiler presta un espacio físico, y una inversión el propio dinero (que por sí es un bien de interés común) por dinero. ¿Cuál es la diferencia ética entonces?

En un intercambio de bienes se puede generar valor: si compro un refrigerador, mi beneficio es que no se estropee mi comida, y para el vendedor el dinero con el que podrá abastecerse y a su familia. También puede perderse valor: si el mismo refrigerador lo desguazo sin usar, la chatarra vale mucho menos que el tiempo y esfuerzo que gastaré comprando alimentos frescos cada vez que lo necesite, tiempo y esfuerzo que ya no podré ofrecer por bienes que necesite. De esta manera, en conjunto como sociedad perdemos todos: el trabajo del fabricante, el mío, y los recursos necesarios para reciclar la chatarra.