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Un buen día para afiliarte a un sindicato

Imagen de una manifestación del Primero de Mayo en Sevilla el pasado año.
30 de abril de 2026 22:09 h

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Mi infancia son recuerdos no de un patio de Sevilla, sino del patio de la UGT en Badajoz. Cuando me preguntan por mis orígenes, parafraseo siempre el verso de Machado en versión obrera. Tuve la fortuna de criarme en una familia de sindicalistas, a finales de los setenta y en los primeros ochenta. Al salir de clase pasaba las tardes en la sede local del sindicato socialista, jugando con los hijos de otros compañeros, ayudando a pintar pancartas para alguna movilización, y viendo a los muchos trabajadores que acudían allí para denunciar abusos, reunirse en asambleas, negociar convenios y preparar huelgas. El Primero de Mayo es parte de mi memoria sentimental, era siempre un día de fiesta, con música y comida compartida tras la manifestación, como hoy las cervezas con amigos al terminar, que siempre hemos querido el pan y las rosas. 

Este Primero de Mayo estaré en una de las muchas manifestaciones convocadas, como cada año. No faltaba ni cuando vivía en Madrid, donde algún genio puso la fiesta de la comunidad el 2 de mayo, cualquiera diría que para sabotear la manifestación de trabajadores en la capital con un largo puente. Este viernes iré con mis hijas, que llevan manifestándose conmigo desde que iban sentadas en el carrito, y que hace tiempo que vienen no porque yo las lleve, igual que no se pierden una huelga o manifestación de estudiantes.

Por supuesto, estoy afiliado a un sindicato de clase, y si tú no lo estás, ya estás tardando. Y no valen excusas: hay sindicatos para todos los gustos, de distintas tradiciones políticas (fascistas, no, por mucho que se disfracen de sindicato), los hay generales o sectoriales, estatales o vinculados un territorio, internacionalistas, independentistas, más negociadores o más combativos. No me creo que no haya un sindicato que te represente. Tampoco vale lo de “es que los sindicatos ya no tienen sentido”, “son de otro tiempo”, que es uno de los mantras del discurso antisindical. Te aseguro que sin organizaciones de trabajadores, viviríamos mucho peor.

Sí, soy un apologista del movimiento sindical, no me escondo. Y no es por nostalgia ni memoria sentimental, sino por necesidad. Suelo decir, en broma pero muy en serio, que si reuniésemos a un comité de sabios, formado por los mejores cerebros de nuestro tiempo, los encerrásemos durante un fin de semana en una habitación y no los dejásemos salir hasta que ideasen un instrumento para defender los derechos de los trabajadores en este siglo XXI, al terminar el plazo saldrían y anunciarían la invención… del sindicato.

En este Primero de Mayo sobran los motivos para salir a la calle, que son los mismos motivos que para afiliarte. La defensa de nuestros derechos, que no se defienden solos, y la mejora del poder adquisitivo, claro. Pero también la vivienda, cuya emergencia sufre sobre todo la clase trabajadora, y que, en el caso del alquiler, defenderíamos con más fuerza desde sindicatos (de inquilinos). Leo lemas y manifiestos de distintos sindicatos para este Primero de Mayo, y proponen que nos manifestemos por los derechos laborales, los salarios y la vivienda, pero también por la paz, contra la guerra y el rearme, por la democracia y contra el fascismo, en solidaridad con los trabajadores migrantes o en defensa de la sanidad, la educación y los servicios públicos. Y para todo ello, la mejor respuesta es también la lucha sindical, como lo lleva siendo desde las primeras sociedades obreras de hace dos siglos.

Venga, nos vemos en las calles.

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