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Venga, otro artículo comparando al Papa con Bad Bunny

Una joven porta una bandera de El Vaticano en los alrededores de la Plaza de Lima, donde el Papa presidió una Vigilia de Oración con jóvenes el sábado.
7 de junio de 2026 22:30 h

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Hoy voy a escribir un artículo superoriginal, que seguro que no habéis leído estos días ni tampoco se os ha ocurrido: una comparación entre el Papa y Bad Bunny. ¡Bomba! Los dos coinciden en Madrid, los dos mueven multitudes y tienen millones de seguidores en todo el mundo, los dos tienen fieles entregadísimos dispuestos a todo por verlos, los dos abren telediarios y llenan las redes sociales, los dos disparan los precios de los hoteles madrileños y atascan el tráfico, los dos son antitrumpistas y a favor de los inmigrantes frente a la oleada ultraderechista, los dos visten de blanco y dan un lugar decorativo a las mujeres… ¿Hace falta que siga, o ya lo habéis pillado?

Perdón si sueno muy borde, pero es que vaya fatiguita: al empacho mediático por Bad Bunny se suma al empacho mediático por el Papa. Y si encima los emparejamos, doble empacho, o empacho al cuadrado. No puedo leer otra noticia o columna en cuyo titular aparezcan los dos juntos. Entiendo que es un buen reclamo, y consigues que los motores de búsqueda y los algoritmos de las redes indexen a la vez a las dos personas más relevantes del momento. Pero ya vale, de verdad, no quedan por hacer más paralelismos, metáforas, chistes ni memes, todos ya están hechos.

Por mi parte, estoy tan harto del uno como del otro. Ni siento la fascinación por el cantante puertorriqueño, ni comulgo (nunca mejor usado) con quienes aparcan unos días la aconfesionalidad del Estado y hasta las propias convicciones laicas, en cuanto ven un Papa que no parece tan retrógrado como de costumbre. Mucho se ha escrito estos días sobre las contradicciones del feminismo que baila con Bad Bunny, su “Casita” de chicas pijas y guapas, y sus letras sexistas; pero poco hablamos de las contradicciones de quienes, no siendo religiosos, celebran la visita del Papa solo porque dice algunas cosas que suenan progresistas, y se olvidan de todo lo que sigue siendo reaccionario en la Iglesia católica, y de cómo un Estado aconfesional rinde pleitesía a un líder religioso. La misma fatiga, el mismo desinterés y la misma vergüenza me da la Casita de uno como la intervención en las Cortes del otro.

Pero ya que nos ponemos, añado que me parece un dislate comparar a un cantante popular con un Papa. Un dislate, de mal gusto y muy ofensivo para sus fieles, que imagino deben de sentirse molestos con la comparación. Diría que incluso podría ser delito. Porque hasta donde yo sé, uno de los dos no da lecciones morales, ni adoctrina a los niños en escuelas financiadas con dinero público, ni dirige una institución que encubre a delincuentes sexuales, ni inmatricula bienes ajenos, ni tiene privilegios económicos, ni una casilla en la Declaración de la Renta, ni pagamos su visita entre todos. Un respeto para Bad Bunny, oiga.

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