Cuando los incendios se medían en campos de fútbol
En lo que va de 2026 han ardido ya más de 7.000 hectáreas en España, el triple que el año pasado por las mismas fechas. ¿Te parece mucho? Una barbaridad, verdad, 7.000 hectáreas, una gigantesca tragedia… Espera, espera, que me he comido un cero: la superficie quemada hasta la fecha es en realidad de 70.000 hectáreas. ¿Cómo te quedas? Espantado, imagino. Pero igual de espantado que si te digo que han sido 700.000 hectáreas, o 7.000.000 hectáreas. Con las medidas de superficie nos pasa como con el dinero ganado por los bancos: a partir de ciertas cantidades, todo nos parece mucho, y un cero más o un cero menos nos deja igual porque son cifras que no nos caben en la cabeza.
Hace años encontramos una solución para visualizar los incendios y sensibilizarnos con la pérdida: medirlos en campos de fútbol. Una unidad de medida más humana que la geométrica hectárea: todos tenemos en la cabeza la dimensión de un campo de fútbol, lo vemos con facilidad. Te dicen 80 o 200 campos de fútbol, y los ves ahí, todos los terrenos de juego juntitos en el monte. Curiosamente el campo de fútbol, pero con gradas, se volvió también unidad de medida para hablar de manifestantes o afectados por algún drama social: en vez de decirnos que 400.000 personas protestaron o 700.000 fueron desahuciadas, los sentaban en cinco o nueve Bernabéus, y lo entendíamos.
Pero si te dicen, como he leído este fin de semana en varias noticias, que el incendio mortal de Los Gallardos quemó el equivalente a 9.800 campos de fútbol, o que en lo que va de 2026 han ardido más de 60.000 campos de fútbol, te quedas igual. No hay cabeza que pueda visualizar en el horizonte esa sucesión de rectángulos de césped y con las áreas pintadas. Necesitamos otras unidades de medida, y en los últimos años nos hemos acostumbrado a que nos digan que tal incendio era comparable a la superficie de alguna gran capital de provincia, o que el total del año era mayor que la isla de Mallorca, por ejemplo.
Pero cualquier sistema popular de medidas que inventemos se nos acabará quedando corto, empeñados en batir récords año tras año. Ya 2025 fue el peor año desde que hay registros, con más de 350.000 hectáreas, que no puedo poner en campos de fútbol. Y lo peor es que la mayoría ardieron en solo 15 días negrísimos de agosto, que dejaron otro triste récord: cuatro de los cinco mayores incendios de nuestra historia reciente se produjeron el año pasado, concentrados en las provincias de Ourense y León. Lo que añade otro problema: la coincidencia de varios incendios gigantes a la vez, desbordando las capacidades de los servicios de extinción.
Lo esperado es que las condiciones sean cada vez más propicias al fuego, y no solo en el sur de Europa: este año se ha colado Francia como segundo país más quemado detrás de España, un podio donde siempre estábamos los países del sur, nosotros con Portugal e Italia. Si no hacemos nada más que apagar fuegos, podemos prepararnos para incendios cada vez mayores y más difíciles de apagar, con más destrucción, más víctimas y un coste económico para el que también tendremos que encontrar alguna unidad de medida que nos horrorice lo suficiente.
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