Cuatro camas de hospital en todo Aragón y semanas sin ver al psicólogo: exigen más recursos para los trastornos alimentarios
Un mes sin ser atendida por un psicólogo al recibir el alta médica o una única consulta psicológica en seis meses de ingreso en la unidad especializada de trastornos de la conducta alimentaria (TCA) del Hospital Provincial de Zaragoza. Estas son algunas de las situaciones que relatan madres de pacientes con esta enfermedad y que, según denuncian, las hacen sentirse “abandonadas” por el sistema.
“No cuestiono el esfuerzo de los profesionales, que trabajan bajo una enorme presión asistencial, pero sí me pregunto si el sistema dispone de los recursos necesarios para atender adecuadamente a personas con trastornos alimentarios”, escribe una madre de una joven de 21 años en una carta remitida a este periódico. En ella relata años de ingresos hospitalarios marcados, asegura, por “una profunda sensación de desamparo”, “escasa intervención psicológica” y la impresión de que el tratamiento “no abordaba el origen” de una enfermedad mental que puede llegar a ser mortal.
En este caso, su hija salió del hospital después de diez días hospitalizada por una grave adicción a los laxantes y recibió el alta para continuar el tratamiento de forma ambulatoria. Sin embargo, según denuncia su madre, pasó cerca de un mes sin ser atendida ni por un psicólogo ni por un psiquiatra. Mientras tanto, asegura, la joven seguía sufriendo crisis prácticamente diarias y expresando con frecuencia deseos de quitarse la vida.
No es un caso aislado, según explica María Consuelo Alcalá, presidenta de TCA Aragón y madre de una joven con un trastorno de la conducta alimentaria. “Entiendo perfectamente las quejas de esta madre, esa unidad funciona fatal, los pacientes se cronifican porque es una atención precaria”, explica. Añade que, en su caso, puede pagar la atención psicológica de su hija, “pero no en todos los casos es así”.
Una enfermedad grave que va mucho más allá de la alimentación
Los trastornos de la conducta alimentaria han aumentado en los últimos años, afectan cada vez a personas más jóvenes y requieren un abordaje multidisciplinar que combine atención médica, psicológica, psiquiátrica, nutricional y familiar.
“La anorexia es el trastorno de la conducta alimentaria más frecuente”, explica Sandra Gallego, tutora de Psiquiatría Infantil. La especialista recuerda que suele comenzar entre los 13 y los 18 años y afecta aproximadamente a diez mujeres por cada hombre. También advierte de su gravedad: presenta una mortalidad cercana al 5% por década y, entre los pacientes hospitalizados durante largos periodos, puede alcanzar el 10%. La primera causa de fallecimiento es la inanición y la segunda, el suicidio.
Por eso insiste en que no basta con recuperar peso. El tratamiento debe ser integral e implicar a psiquiatras, psicólogos, enfermería, familias y, cuando es necesario, hospitalización. “La recuperación podemos dividirla en tres grupos: un tercio de los pacientes se recupera completamente, otro tercio lo hace de forma parcial y un tercio evoluciona hacia la cronicidad”, resume.
La prevención, añade, resulta “fundamental”. Detectar precozmente señales como una pérdida importante de peso, una preocupación excesiva por la imagen corporal, la ansiedad o la obsesividad puede evitar que la enfermedad avance. También considera necesario reforzar la educación en colegios e institutos y formar a docentes y monitores de comedor para identificar los primeros síntomas.
Cuatro camas para toda Aragón
En la atención a adultos, Aragón cuenta con una única unidad especializada, ubicada en el Hospital Provincial de Zaragoza, que da servicio a toda la comunidad autónoma. Su jefe de servicio de Psiquiatría, Miguel Martínez Roig, explica que dispone de cuatro camas de hospitalización, seis plazas de hospital de día y consultas externas. El equipo está formado por dos psiquiatras, una psicóloga especializada, una enfermera específica para consultas y el personal de enfermería del hospital.
La unidad atiende a todos los pacientes adultos de Aragón y Martínez reconoce que la presión asistencial es constante. “Siempre hay demanda de camas. Hay momentos en los que tenemos alguna libre y debemos decidir qué paciente tiene prioridad, pero otras veces no disponemos de ninguna y los casos más graves deben ingresar provisionalmente en las unidades de agudos de sus hospitales de referencia”, explica. Sin embargo, la presidenta de TCA Aragón, asegura que esto “no es una solución”: “La unidad de agudos no nos sirve, no está preparada, nadie controla lo que comen o los baños no están cerrados”, ejemplifica.
El especialista defiende que se trata de “un dispositivo que funciona”, aunque admite que existen importantes márgenes de mejora. Entre ellos, señala la necesidad de reforzar los programas intensivos ambulatorios para evitar ingresos, crear recursos intermedios para pacientes con enfermedades cronificadas y ampliar la plantilla de profesionales. “Tenemos un psicólogo para consultas externas y el de ingresos lo compartimos con Rehabilitación Cardíaca. Nos gustaría contar con un psicólogo exclusivo para la unidad”, reconoce.
El Departamento de Sanidad se remite a las explicaciones ofrecidas por el jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital Provincial, quien reconoce la necesidad de reforzar algunos recursos. Respecto a las quejas de las familias, señala que lo habitual es programar citas de seguimiento tras el alta.
“La atención psicológica acaba saliendo del bolsillo de las familias”
Alcalá considera que la principal carencia de la unidad de adultos es precisamente “la falta de profesionales” especializados. “Hay una enorme rotación de psiquiatras. A estos pacientes les cuesta muchísimo crear un vínculo terapéutico y, cuando por fin lo consiguen, vuelven a cambiarles el profesional”, lamenta.
Según explica, muchas familias acaban recurriendo a consultas privadas porque consideran insuficiente la atención pública: “Si puedes pagar un psicólogo privado, todavía puedes complementar el tratamiento. Pero si no tienes recursos económicos es muy complicado. Mi hija ha estado seis meses ingresada y solo pudo hablar una vez con el psicólogo”, afirma.
Alcalá habla en todo momento como madre y como presidenta de la asociación. No lucha solo por el caso de su hija, sino por todas las personas afectadas por esta enfermedad. La asociación también denuncia la ausencia de nutricionistas específicos, la escasez de endocrinos, la falta de terapias familiares y el cierre del hospital de día durante el mes de agosto: “Precisamente el verano y la Navidad son las épocas más difíciles para estas pacientes y, sin embargo, es cuando menos recursos hay”, critica.
A su juicio, la unidad necesitaría al menos duplicar su capacidad de hospitalización. “Con cuatro camas para toda Aragón es imposible responder a la demanda. Nosotros creemos que harían falta, como mínimo, ocho”, sostiene.
Años de tratamiento y la importancia de la prevención
Los trastornos alimentarios no suelen resolverse en unos meses. Son enfermedades complejas que, en muchos casos, acompañan a quienes las padecen durante años. El propio jefe de la unidad reconoce que más de un tercio de los pacientes presenta recaídas o evoluciona hacia formas crónicas y que algunos llevan décadas siendo atendidos en el dispositivo.
Por ello, las asociaciones insisten en la importancia de la continuidad en el tratamiento: “Cuando una paciente recibe el alta y pasan semanas hasta volver a verla, siente que el sistema la abandona”, resume Alcalá. “Y no estamos hablando solo de anorexia. Hay otros trastornos, como el trastorno por atracón, cuyos pacientes también sufren enormemente y muchas veces no encuentran recursos específicos”.
Especialistas y asociaciones coinciden en que prevenir sigue siendo la mejor herramienta. Gallego apuesta por reforzar la educación emocional desde edades tempranas, enseñar a los adolescentes a interpretar críticamente el contenido que consumen en redes sociales y formar a los profesionales educativos para detectar los primeros síntomas.
Las familias, por su parte, reclaman que esa prevención vaya acompañada de más inversión cuando la enfermedad ya ha aparecido. Porque, como recuerda la madre que decidió hacer pública la situación de su hija, “los trastornos de la conducta alimentaria no se curan en unos días”. Requieren tiempo, profesionales especializados y un seguimiento continuado: “Solo espero que ninguna familia vuelva a sentirse tan sola como nos hemos sentido nosotros”.
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