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Salvador García Llanos

Periodista

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La memoria enriquecida de Agustín Espinosa (Yo estuve allí)

-Diré que yo estuve allí...

Cuando se es testigo de un acto o un hecho sobresaliente, se puede afirmar con toda rotundidad, acaso para reafirmar los valores del mismo, que tal presencia es intransferible, que lo vivido o lo palpado es unipersonal y fue posible saborear todo su esplendor.

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Agresión y boicot al periodismo

Se han puesto de moda los ataques al periodismo. Sí, de acuerdo, comparados con los que sufren y padecen en otros sitios, con alto coste de vidas humanas, parecen de menor importancia pero son ataques que, por menoscabar la integridad física de las personas o el principio de la libertad de información, en la que se supone es una sociedad avanzada y democráticamente madura, solo producen desazón y repulsa.

Si los catalanes partidarios de la independencia creen que amenazando y agrediendo a reporteras, en plena prestación profesional, ganan enteros en sus pretensiones, están simplemente equivocados. Si la derecha extrema de un partido innombrable entiende que no permitiendo el acceso de ciertos medios a un acto público propio hacen demostración de algo, están simplemente errados. En ninguno de los dos casos, se han lucido. Hasta es probable que muchos de los propios partidarios de las respectivas causas hayan rechazado los métodos, violentos y excluyentes. La democracia y el pluralismo no deberían conocer de estas situaciones que desvirtúan, notoriamente, afanes y objetivos.

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Quiste extendido

Tenerife vivió, en horas de la tarde de ayer, como consecuencia de un cero energético, una de esas situaciones plagada de confusión informativa. No había luz eléctrica, los que disponían de ordenador portátil pudieron acceder a las primeras informaciones que circulaban, tardaban los responsables de las compañías productoras en ofrecer noticias para desespero de agencias y medios, echaban humo los dispositivos móviles, la mensajería, no tardaron en aflorar las contradicciones algunas de las cuales estaban basadas en las deducciones subjetivas, servicios públicos de transporte paralizados, ascensores bloqueados, actos públicos interrumpidos, hubo que recurrir a la radio (por enésima vez) pero, entre domingo y fútbol (más la interrupción del propio suministro, claro), la cosa estaba... eso, confusa, de color hormiga, desaparecieron del dial. Era, como se ha sabido, una avería de envergadura. Lo ocurrido pone a prueba las carencias, la falta de preparación por parte de la población para afrontar este tipo de coyunturas: planes de emergencia, organización de protección civil, sistemas auxiliares de comunicación, comportamientos colectivos plagados de impericia...

Aunque no es de esto sobre lo que queremos escribir cuando empiezan a llegar las primeras informaciones de la reposición, por zonas o sectores, del fluido eléctrico -aunque no es un asunto para desentenderse, todo lo contrario-, sino de cómo se acentúa el problema con el que convivimos en nuestros días. Es decir: de por sí, a la sociedad, en su conjunto, se la reprocha su desinformación, su desinterés por acceder a medios o fuentes fiables, su excesiva propensión a conocer o seguir bodrios y subproductos plagados de morbo, insultos, falacias, disparates opinativos y hasta miserias humanas. Lo peor es que cuando alguien te dice que escucha o ve tal programa porque se expresan muchas verdades, espetamos con relativa frecuencia: “Diga usted una”. Y no hay respuesta, claro.

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Exclusión social

“Canarias presenta un grado de desigualdad multidimensional relativamente muy reducido cuando, en realidad, sus niveles, tanto de moderada como severa, se encuentran entre los más elevados de España”, concluye la séptima entrega del informe Foessa dado conocer días pasados en Gran Canaria por Cáritas Diocesana.

Los porcentajes que sustancian este notable desequilibrio son muy elevados. El 29% de la población de las Islas -el más alto de España, unas seiscientas mil personas- está en riesgo de exclusión social. Un 15,7% de estas personas se encuentran en situación de exclusión severa. Un 42,1% de los hogares en circunstancias de exclusión en las islas está sustentado -en lo que el informe conceptúa como exclusión activa- por una persona ocupada en el mercado laboral.

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Alba y Rosell

Hace unas pocas fechas, escribimos en nuestro muro de facebook, a raíz de la resolución del Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) que condenaba al juez Salvador Alba, en su obsesión confabuladora contra la magistrada Victoria Rosell, como autor de delitos de cohecho, prevaricación y falsedad en documento oficial: “Qué poco edificante para la justicia que un juez vaya a prisión”. Lo es, aunque los más constructivos encuentran la salida de que lo ocurrido sirve para demostrar que el sistema, o la administración de justicia -tan mal considerada- funciona. O que no escapa nadie, ni los jueces.

Al juez Alba le han caído seis años y medio de prisión y dieciocho años de inhabilitación (cabe dudar que vuelva a ejercer), así como a indemnizar a su colega con sesenta mil euros por los daños morales ocasionados. No, por muy bien que esté planteada la apelación, por mucho que la sentencia sea desmenuzada y revisada, la naturaleza de los delitos cometidos revela un modo de conducirse del juez Alba bastante cuestionable e inaceptable.

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Pulsera entra en el territorio de la memoria

El Juan Cruz Ruiz más intimista es el que explica ante el público que llenó el Castillo San Felipe (Puerto de la Cruz), para asistir a la presentación de En la huerta de Pulsera (Diego Pun Ediciones), una nueva entrega de esta firma editorial que dirigen y coordinan Ernesto Rodríguez Abad y Cayetano Cordovés Dorta.

El último libro del infatigable autor portuense fue escrito mientras acompañaba a su hermana Candelaria, en su casa y en el hospital, “cuando ella aún soñaba con volver a la huerta de su vida”. En el dolor de las horas difíciles y amargas, escribiendo temprano, a primera hora, antes de que envuelva el trajín del día, Juan hizo otro ejercicio de generosidad. No es que se lo debiera a Candelaria; es que la bondad de ésta, su leal y fraternal compañía, merecían la ternura de unas páginas salidas de la fecunda memoria del escritor, de su alma sensible y aperturista.

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Métodos de transmisión de la información

No siempre fue tan fácil como ahora transmitir la información de la que se disponía, el material que aguardaban en la Redacción para componer las páginas del día siguiente. Ahora que nos desenvolvemos en la digitalización, con casi todo a un clic, buenos será evocar aquellas fechas y aquellos sistemas o métodos de transmisión que forman parte de la historia de tantos profesionales.

El primero es el teléfono. Y su propia evolución. Cuando se hacía a través de centralita, las clavijas, aún sin automatizar. Había que pedir conferencia a cobro revertido, esto es, que pagaba la empresa el medio al que se llamaba. Lo recordamos junto al mestro Juan Cruz Ruiz, los domingos por la tarde, para dar los resultados a La Voz del Valle y crónicas a Aire Libre y también a La Tarde y Hoja del Lunes. No solo era importante establecer conexión sino que al otro lado del hilo telefónico -frase socorrida convertida casi en mito de la comunicación- hubiera un redactor, alguien, dispuesto a a recoger la información. Vimos al propio Juan Cruz transmitir mientras era el director Julio Fernández quien mecanografiaba. Años después, ya en los setenta, Luis Ortega Abraham desde La Palma nos dictaba cómo erupcionaba el Teneguía y nosotros mismos transcribíamos la información en la sede de La Tarde en Suárez Guerra. Y en los ochenta, un Las Palmas-Tenerife que se disputó muy tarde en el viejo Estadio Insular obligó a demorar la aparición de Diario de Avisos, a la espera de que llegaran las fotos y nos recogieran la crónica teléfonica y de vestuarios que enviamos desde el aeropùerto de Gando.

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Salvar el periodismo

Hay días en que durante el repaso a los análisis y a las cosas del oficio la tendencia a la depresión sea una tendencia palpable. Hasta cuatro o cinco veces hemos leído la expresión salvar el periodismo. Ya no es que esté mal: cuando el contagio se extiende entre quienes nos dedicamos a esto, seguro que los males difícilmente tienen cura y que las terapias apenas surten resultados. “El periodismo se muere”, leemos en alguno de los textos leídos en busca de alguna vía para superar la desazón. Hay que evitarlo, desde luego.

Como hay que evitar incurrir en el olvido. Vivimos un tiempo en que desaparecen cabeceras, medios y programas. Empresas y editores que no pudieron superar las adversidades y los reveses para seguir compitiendo, para seguir llegando puntualmente a lectores y seguidores. Terrible: en España, en las islas, hemos asistido a lo largo de los últimos tiempos al cierre de títulos que ya eran familiares, algunos de los cuales, incluso, llegaron a desempeñar papeles destacados en algo tan serio como la conquista de las libertades o la consolidación de la democracia o, simplemente, el acercamiento de la realidad.

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El Hierro, agradecida con Manrique

En El Hierro agradecen con un sencillo mensaje la contribución de César Manrique en el centenario de su nacimiento. El Centro de Iniciativas Turísticas (CIT) presidido por el entusiasta Amós Lutzardo y con sede en La Frontera, lo situó como figura principal de su V Semana de la Cultura y las Artes. La isla sigue siendo territorio apropiado para que la idea naturalista, tan preconizada por el artista lanzaroteño, sea de aplicación permanente y se contrasten los principios de sostenibilidad. El Hierro es naturaleza pura, donde los vientos entrecruzan soplos mágicos que envuelven las neblinas que dulcifican las temperaturas las cuales se agradecen en verano y hacen que ciertos paisajes asemejen ambientes londinenses. De ese paisaje herreño se enamoró Manrique, que dejó su huella en el mirador de La Peña, como también sus discípulos Imeldo Bello, quien enseñó durante años casi al aire libre; y Jaime Estévez Santana, el polifacético artista icodense que llegó a la mencionada Semana por el “camino de verde bosque” que, de alguna forma, es, a la vez, una guía y un generoso tributo a la visión manriqueña de la vida y del medio.

En la isla empiezan a entender que su progresiva apertura al turismo no es para infraestructuras hoteleras de doscientas habitaciones, que la clave es la sostenibilidad, cuidar y conservar lo que se tiene, no ocurra como las instalaciones de Las Puntas, donde el uso gratuito se ve alterado por alguna gamberrada o conducta inapropiada que obliga a su cierre. El Hierro es donde las extensiones de piña y de mango lucen en lontananza y en las cercanías, donde las lapas y las morenas saben como en muy pocos lugares de Canarias, donde todo el mundo se conoce, donde los turistas de atuendo llevadero, sombrero y gafas de sol preguntan para obtener una respuesta amable, donde las distancias son cortas a cualquier hora y donde las rectas asfaltadas, de sur a norte o de oeste a este, permiten una circulación cómoda. La isla de sabores -feliz eslógan promocional- es también la de los limpios fondos submarinos a donde acuden fotógrafos, biólogos, naturalistas, especialistas y pescadores en busca del hábitat sin igual. Hasta un volcán emergente se empeñó en hacerla más atractiva.

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Cifras que alivian pero el problema subsiste

Con la cautela habitual, como cada vez que hacemos el análisis de estadísticas del desempleo, tan dadas a la interpretación pese a las bonanzas, empeoramientos y tendencias, y porque la naturaleza del paro, no ya como problema estructural de la productividad económica, obliga a tomar conciencia por las repercusiones negativas que acarrea en en el seno de las familias y de la sociedad misma, desglosamos los resultados de la última entrega de la Encuesta de Población Activa (EPA), relativos al segundo trimestre del presente año, en lo que al sector de la información y las comunicaciones se refiere, pues dejan entrever unas cifras que alivian, solo alivian, el desasosiego que caracteriza el ejercicio de la profesión periodística.

Arranquemos de los datos globales: el paro bajó en ese período en ciento veintitrés mil seiscientas personas, un 3.7 % menos que en el trimestre anterior. La tasa se sitúa, con siete décimas menos, en el 14 %, su nivel más bajo desde diciembre de 2008. La tasa de actividad alcanzó el 58,7 %, mejorando un punto porcentual entre los meses de abril a junio. El volumen total de desempleo en el país sigue asustando: afecta a tres millones doscientas treinta mil seiscientas personas.

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