Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
Sumar presiona al PSOE para recuperar el decreto de los alquileres tras ser enterrado
Tras la retirada del estudio de Barbacid, ¿qué pasa con los 3,6 millones recaudados?
Opinión - 'Un país de proletarios donde ganan los propietarios', por Neus Tomàs

El pequeño gran apagón

Una mujer escucha la radio durante el apagón en el suministro eléctrico del 28 de abril de 2025. EFE/ Blanca Millez
28 de abril de 2026 21:43 h

0

El apagón peninsular de hace un año se incorporó desde el primer minuto a la lista de fechas “dónde estabas”, un selecto club de momentos históricos en los que todos, absolutamente, todos, recordamos dónde estábamos, haciendo qué y con quién: el 11-S, el 11-M, el inicio del confinamiento, el gol de Iniesta, la muerte de Franco, de Kurt Cobain o de Lady Di -que el tema necrológico va por gustos-… Momentos todos de los que muchos años después, si nos preguntan “dónde estabas” cuando sucedieron, podemos responder sin titubeos, y no solo eso: con un recuerdo muy vivo, que revive con fuerza en cada aniversario.

Lo mismo con el apagón que ahora cumple un año: todos recordamos con precisión dónde estábamos aquel 28 de abril a las 12h32m, haciendo qué, con quién, y lo que hicimos a continuación. Yo estaba aparcando el coche en mi calle, y lo noté en que se me fue la música, y en seguida vi los comercios de mi barrio a oscuras y la gente asomándose a los balcones y saliendo a las puertas para ver si era en su bloque, su calle, su barrio, su ciudad o el país entero al final.

No había pasado ni media hora de apagón, cuando toda la prensa -aunque pocos pudiesen leerla, lo sabríamos después- ya lo bautizó con algo de grandilocuencia como “el gran apagón”, y así quedó para la historia. No sé tú, pero en mi recuerdo el “gran apagón” fue solo grande por su extensión y su complicación técnica, no por su duración ni sus consecuencias: unas horas sin luz -a la noche ya había vuelto en casi todo el país, y en zonas del norte duró minutos-, que la mayoría nos tomamos con mucha calma, con paciencia, sin matarnos por una linterna como suele pasar en el cine catastrofista de Hollywood, con buena organización y autocuidado -vecinos dirigiendo el tráfico sin semáforos-.

También con mucho humor -los memes circulaban hasta sin luz-, con ganas de socializar -los bares agotaron los botellines, que se iban a calentar-, y hasta con fantasías anticapitalistas (quién no deseó que el apagón durase un poco más, y con él se parase la rueda de hámster en que vivimos), o echando un ratito bueno en la cama para aumentar los nacimientos de tu pueblo nueve meses después.

No quito gravedad a que todo un país se vaya a negro, y sé que hay servicios críticos que no habrían aguantado muchas más horas, además del miedo que algunos pudieron sentir y la incertidumbre de no poder localizar a tus seres queridos. Pero no creo exagerar si digo que muchos recordamos el gran apagón, más con una sonrisa que con estrés postraumático, y en nuestra memoria es más bien “el pequeño gran apagón”. La prueba es que, un año después, la mayoría seguimos sin tener en casa linternas, radios con pilas, agua ni alimentos para sobrevivir varios días, que también nos quisieron vender entonces el kit del fin del mundo.

Un año después, políticos y medios subrayan la gravedad del episodio, la falta de explicaciones y de responsables, las dudas de si podría volver a suceder, el coste económico, y hasta el apagón democrático del que el apagón eléctrico fue otra prueba (Feijóo, por supuesto). Y de verdad que no me lo tomo a guasa, pero no conozco muchos acontecimientos históricos del tipo “dónde estabas” en el que la distancia entre el relato oficial y el de la calle sean tan grandes. A años luz, ya que estamos eléctricos.

Etiquetas
stats