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Qué puede cambiar en el Reino Unido con el nuevo primer ministro
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Qué puede cambiar en el Reino Unido con Andy Burnham como nuevo primer ministro

El nuevo líder del Partido Laborista, Andy Burnham, este viernes en Londres.

María Ramírez

17 de julio de 2026 21:41 h

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Andy Burnham se convertirá este lunes en el séptimo primer ministro del Reino Unido en una década ante un público cada vez más impaciente. El laborista sustituye a su colega de partido, Keir Starmer, que en dos años en el poder no ha logrado cambiar un país quejoso por el estado de los servicios públicos, la desigualdad regional y la gestión de la inmigración.

El exalcalde de Mánchester es más popular que Starmer por su habilidad política y su don de gentes, pero ha dado pocos detalles sobre sus planes, que, por ahora, no parecen sustancialmente diferentes de los de Starmer. La clave puede ser que los explicará mejor.

“El cambio más significativo será, casi con toda seguridad, de estilo más que de fondo: Burnham parece tener mayor inteligencia emocional y, por lo tanto, puede conectar con los votantes comunes de una manera que Starmer nunca pudo”, explica a elDiario.es Tim Bale, catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad Queen Mary de Londres. “Además, transmite optimismo y una visión clara de futuro, algo que ha faltado notablemente desde que el Partido Laborista ganó en 2024”.

El primer ministro Keir Starmer saliendo de Downing Street, en Londres, para su última sesión de control en el Parlamento este miércoles.

El partido mantiene un 60% del apoyo que consiguió en las elecciones hace dos años, en las que logró una abultada mayoría absoluta en la Cámara de los Comunes. Los laboristas han perdido votantes casi a partes iguales hacia la derecha y la izquierda, según los datos de la encuestadora More in Common. El ciudadano medio se define más a la derecha respecto a Starmer y a Burnham.

¿Más parecido a Pedro Sánchez?

En ciertas políticas, como la relación con Israel o los mensajes contra la extrema derecha, Burnham se parecerá más al presidente Pedro Sánchez, por ejemplo, en la contundencia del mensaje ideológico, según decía en una entrevista con el Diario.es Tom McTague, director de la revista New Statesman: “Tratará de formar una base electoral como la de Pedro Sánchez, una base de izquierdas definida por la oposición a la base de derechas. Es un tipo de política más polarizada, donde existe una clara división entre 'nosotros' y 'ellos”.

En su primer discurso como recién elegido líder del Partido Laborista, este viernes, Burnham aseguró que su manera de gobernar servirá para derrotar a la “nueva derecha”, en referencia a Reform, el partido de extrema derecha de Nigel Farage que ha liderado las encuestas de intención de voto en los últimos meses.

Uno de sus mensajes fue contra la liberalización de Margaret Thatcher en los años 80 y la centralización del Estado. “Las décadas del neoliberalismo que empezó en los años 80 no han sido beneficiosas para los lugares que han construido nuestro partido”, dijo ante los diputados y sindicalistas que lo acababan de elegir. También añadió que será “un líder del Partido Laborista proempresas”.

Burnham es mucho más político y pensará mucho más en el mensaje que le está dando al público

Sam Freedman Experto en políticas públicas y autor del libro 'Failed State'

En todo caso, Burnham defiende algunas políticas muy parecidas a las del Gobierno de Starmer, como la mano dura con la inmigración de cualquier tipo y la cautela fiscal. La nacionalización de algunos servicios públicos y la construcción de vivienda pública ya están en marcha en el actual Ejecutivo, pero Burnham confía en su capacidad de venderlas mejor y anunciar medidas que tengan un impacto inmediato en los bolsillos de los ciudadanos.

Starmer, un abogado de derechos humanos y jefe de la Fiscalía que llegó tarde a la política, contrasta con el nuevo primer ministro, licenciado en Literatura que ha dedicado toda su carrera a la política, primero en los gobiernos de Tony Blair y Gordon Brown, después en el Parlamento y en la última década como alcalde de Mánchester. Había intentado otras dos veces ser líder del partido, la última en 2017, cuando perdió las primarias laboristas contra Jeremy Corbyn.

“Burnham es mucho más político y pensará mucho más en el mensaje que le está dando al público”, explica a elDiario.es Sam Freedman, experto en políticas públicas y autor de un libro sobre las carencias del Estado británico, Failed State. “El problema con el Gobierno de Starmer era que no tenía un propósito definido. Era muy malo explicando para qué servía el Gobierno. Así que parecía una serie de actividades inconexas… Burnham tiene una idea mucho más clara de lo que quiere hacer, una dirección mucho más definida”.

Anuncios para el coste de la vida

Una de las maneras más eficaces de lanzar pronto un mensaje al público es anunciar la bajada de precios del autobús o más ayudas para pagar las disparadas facturas eléctricas, pero Burnham, como Starmer, estará limitado por las estrecheces fiscales de un país que crece poco y está más aislado desde el Brexit.

Cerca del 60% de la población quiere que la prioridad del Gobierno sea abaratar el precio de la luz. La única política más popular es rebajar las llegadas en patera de personas migrantes por el canal de la Mancha, según la encuestadora More in Common.

“En el ámbito interno, probablemente se intensificarán los esfuerzos para reducir el costo de vida, quizás descongelando los umbrales impositivos, así como un mayor énfasis en la descentralización, lo que, en la práctica, permitiría a las autoridades locales construir más viviendas”, explica el profesor Bale. “Sinceramente, Burnham no podrá hacer muchas cosas diferentes si se ciñe a las normas fiscales ya establecidas”.

Nacionalización de servicios

La toma de control de los servicios públicos privatizados en los 80, una bandera de Burnham, en realidad, ya está en marcha.

El Gobierno de Starmer aprobó, por ejemplo, la nacionalización de manera gradual de todas las empresas de tren, que tienen el monopolio por rutas y desde el Gobierno de Boris Johnson dependen de ayudas públicas. Starmer también ha abierto la puerta a controlar las compañías de agua, en particular Thames Water, que es responsable de toda la cuenca del Támesis y está al borde de la quiebra. La intervención pública puede ser uno de los pasos que dé el nuevo Gobierno. Nacionalizar todo el sistema de agua es ahora más improbable.

Dentro de los proyectos existentes para construir más casas, Burnham puede concentrar más financiación en la vivienda social.

“Hará algunas cosas de este tipo, que no son demasiado caras, pero que indicarán la dirección desde el principio”, dice Freedman.

Descentralización

Como alcalde de Mánchester y nativo de Liverpool, Burnham ha sido uno de los grandes defensores de la descentralización. Y este es hasta ahora el cambio más concreto que promete. Para acelerar la transferencia de competencias a las ciudades y autoridades regionales ya ha anunciado que creará una nueva sede del Gobierno en Mánchester, bautizada “No.10 North”, es decir, el 10 de Downing Street del norte. Esto podría ser uno de los cambios más sustanciales de su Gobierno.

“Somos el país más centralizado del mundo desarrollado. Si eso sucede, será un cambio bastante significativo en la forma en que funciona Gran Bretaña”, explica Freedman.

La idea es desarrollar las regiones alrededor de las grandes ciudades como Mánchester y Birmingham para paliar la diferencia de Londres con el resto, en particular integrando los alrededores a través del transporte. “Pero va a ser difícil”, dice Freedman. “Lleva mucho tiempo desarrollar este tipo de efectos regionales. Está por ver si la gente tendrá la paciencia suficiente para esperar los beneficios”.

Pocos cambios en política exterior

Por su experiencia y sus mensajes, Burnham llega con ganas de ser un primer ministro más centrado en asuntos internos. Y, en general, se espera continuidad con la política exterior de Starmer, tanto en el apoyo a Ucrania como en su rechazo a participar en la guerra de Irán. También promete seguir con una relación cordial con la Unión Europea, pero ha descartado centrarse ahora en pasos más ambiciosos como la vuelta a la UE o al mercado único.

Lo que se sabe de su equipo internacional es que mantendrá a como asesor de seguridad nacional a Jonathan Powell, experto mediador en conflictos internacionales.

Hasta ahora, Burnham se ha mostrado un poco más crítico con Israel y ha cuestionado los titubeos de su partido al principio de la guerra de Gaza, si bien no ha dejado claro qué haría más allá de las sanciones que ya ha impuesto el Gobierno británico a varios ministros y a los colonos de Cisjordania.

“Veremos un poco más, no tanto como España, pero más en la dirección de España en términos del mensaje sobre Israel”, dice Freedman, que cree que la persona que ocupe la cartera de Exteriores tendrá más poder que los ministros de Starmer, que tenía un interés personal y directo en los asuntos internacionales. Uno de los posibles aspirantes es Ed Miliband, ahora ministro de Energía y exlíder del Partido Laborista.

El gabinete

Burnham anunciará su gabinete este lunes, después de la dimisión formal de Starmer y su nombramiento como primer ministro.

Según varias fuentes, ya ha descartado a Miliband como ministro de Economía por su identificación con la izquierda del partido. En su lugar, según el Financial Times y la BBC, la elegida como canciller será Shabana Mahmood, actual ministra del Interior y radical defensora de los límites a los extranjeros en el país en cualquier estatus.

La ministra del Interior, Shabana Mahmood, llegando a una reunión del Gobierno este mayo en Londres.

No ha tenido ningún cargo ministerial relacionado con la economía, representa el ala más a la derecha del partido y está despertando críticas incluso entre algunos aliados de Burnham. Miliband sí tiene experiencia en este departamento, moviliza su propia base de poder en el partido y tiene ideas más explícitas sobre la intervención en la economía y los impuestos a los más ricos.

Expectativas bajas

La gran cuestión es cuánta paciencia con el nuevo primer ministro tendrá el público británico, que desconfía de los políticos de cualquier partido, especialmente después de 14 años turbulentos de gobiernos del Partido Conservador marcados por la crisis financiera, los recortes públicos y el Brexit.

La mayoría del público tiene poca confianza en la capacidad del Gobierno para mejorar las cosas, según la encuestadora More in Common.

En julio de 2024, cuando Starmer ganó las elecciones, el 54% de los adultos británicos creían que el nuevo Ejecutivo sería capaz de mejorar sus vidas. Era el 84% en el caso de los votantes laboristas. Ahora, incluso con el más popular Burnham, solo el 41% de la población cree que será así e incluso los votantes laboristas están divididos.

Uno de los cambios en estos dos años de Gobierno laborista es que más personas dicen querer “un cambio radical” en lugar de medidas graduales.

Burnham, a diferencia de Starmer, tiene una oportunidad ante electorado. Según las encuestas de principios de mes de More in Common, ha empujado al partido a la primera posición en intención de voto en lugar de Reform, el partido de Farage, ahora en crisis por varios escándalos con sus donaciones.

Pero el dirigente laborista todavía no es muy conocido fuera del noroeste de Inglaterra y su éxito dependerá de la rapidez con la que tome medidas en los primeros seis meses. El título de la presentación de los datos de More in Common resumía así las expectativas ante Burnham: “No hay tiempo para la luna de miel”.

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