E pluribus unum
La contención y la claridad con la que Lamine Yamal contestó a los comentarios racistas de Mariano Rajoy dicen mucho del joven de 19 años recién cumplidos en contraste con la zafiedad de un político con décadas de experiencia en la vida pública. También, y ojalá, de lo que es España hoy más allá de la guerra partidista continua que entretiene a políticos, periodistas (por desgracia) y una minoría de la población.
Lamine Yamal habló de lo mejor que puede representar el fútbol. Él se refirió a la integración, que al fin y al cabo significa ser parte de un mismo equipo, que acoge la diversidad y a la vez busca la acción colectiva en una dirección. De hecho, según coinciden los que saben de fútbol, la clave del éxito del equipo español es la cohesión del equipo y la fuerza de la suma de jugadores más que de unas pocas estrellas, como, en cambio, le pasa a Francia. Sin desmerecer “la magia que sale de las botas de Lamine Yamal o la creatividad de Dani Olmo”, escribe el reportero de The Guardian en su crónica del último partido, “la clave es que el juego colectivo eclipsó el talento individual de Francia”. O, como escribe nuestro querido José Precedo en este periódico, “la orquesta se impuso a los solistas”.
El efecto del fútbol, de un mundial o de un partido puede parecer tan efímero como irrelevante frente a los enormes retos de la sociedad. Pero el interés transversal ayuda a generar, aunque sea por un momento, un entusiasmo que trae camaradería en su mejor versión (en su peor, violencia y más división).
Cada uno ve lo que quiere en la selección española. Sea nacionalismo, diversidad o verticalidad. No todos los mensajes son incluyentes, pero la variedad de los seguidores en la calle fijándose en cualquier parámetro de edad, origen o género es una buena muestra de que el fútbol puede por un rato aunar a personas de todo tipo.
El éxito de la selección actual también pega con el lema del país huésped del Mundial por mucho que se le olvide o no lo entienda su actual presidente: E pluribus unum, “de muchos, uno”. El espíritu detrás de la Declaración de Independencia de Estados Unidos era justamente ese: la idea de los fundadores era que los ideales de la república –aunque no se cumplieran– ayudarían a unir a personas de orígenes muy distintos: así tendrían en común un sentido nacional sin que hicieran falta siglos de religión, cultura y experiencias compartidas como en Europa.
La unidad en la diversidad. Eso lo ha entendido un joven de Mataró (originario de Esplugues de Llobregat) mucho mejor que un señor de otro tiempo nada ejemplar. Ojalá que la del futbolista sea la lección que quede más allá del próximo partido.
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