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La previa

España-Argentina: más que Messi vs Lamine, un choque de generaciones y maneras de entender el fútbol

Pedro Porro celebra con Lamine Yamal su segundo gol contra Francia y el pase a la final, ante la mirada de Nico Williams

Alfonso Alba

18 de julio de 2026 22:23 h

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Cualquiera que se haya asomado a alguna red social en los últimos días se ha topado con la fotografía del diario Sport en 2007 en la que Leo Messi baña en un barreño a un bebé Lamine Yamal. El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, pensaba que la fotografía estaba generada por inteligencia artificial, como muchos de los que la han visto por primera vez después de que Argentina se clasificase para la final del Mundial 2026 con España. En esa imagen de hace casi dos décadas, Messi tiene 20 años, un año más de los que han llevado a Lamine Yamal a su primer Mundial.

La fotografía, millones de veces compartida y reproducida, es el reclamo perfecto del gran espectáculo que se presenta para la final de este domingo, en el que Argentina intentará ganar su cuarto Mundial (el segundo consecutivo) y España coser en su escudo la segunda estrella: Un fútbol veterano frente a otro joven. Y dos maneras muy diferentes de entender el juego, del indudable liderazgo de Messi al ejercicio colectivo de España.

Argentina es una de las selecciones más veteranas del Mundial 2026. La edad media de sus futbolistas convocados es de 29 años, con el propio Messi ya a un año de cumplir los 40. La edad media de los futbolistas españoles es una de las más bajas del campeonato, con 26,7 años. Solo ha habido cinco selecciones más jóvenes: Costa de Marfil, Ecuador, Bosnia, Marruecos y Túnez. En cambio, los argentinos han sido los octavos más veteranos. Pero podían haber sido de los primeros de no haber contado con jóvenes promesas que apenas han jugado como Nico Paz, Valentín Barco o Alejandro Garnacho.

En el once inicial de España se han consolidado dos adolescentes sobre los que recae gran parte del juego: Lamine Yamal y Pau Cubarsí, ambos con 19 años salidos de La Masía, la factoría que ya nutrió a los campeones del primer mundial. El más veterano de la convocatoria es Borja Iglesias, con 33 años, una edad que en el fútbol actual no es elevada. El delantero del Celta apenas ha jugado unos minutos. Junto a Messi, en Argentina, Otamendi, a sus 38 años, es otro futbolista clave para la albiceleste.

Además del choque generacional, la final entre España y Argentina decidirá el modelo de fútbol que se consolida en el Mundial de 2026. Por un lado está el juego coral de España, donde el colectivo se impone frente a cualquier individualidad, en una selección que se defiende con el balón, con pases muy rápidos de una precisión quirúrgica y movimientos al espacio que agotan al rival.

Del otro lado del campo está el fútbol de Argentina en el que Messi es el líder indiscutible, capaz de cambiar un partido sacándose goles de la manga o asistiendo a compañeros de manera inverosímil. Un juego canchero de toda la vida, en el que la táctica es importante, pero también el estado de ánimo, la lucha, la pelea y en el que incluso se juega al filo (durante buena parte del partido contra Inglaterra también por fuera) del propio reglamento.

En todo el campeonato, España, con fama de equipo ofensivo, no ha estado nunca por detrás en el marcador. Su único tropiezo fue el partido inicial, el empate a cero frente a Cabo Verde. En todo el Mundial, solo ha recibido un gol, el de Bélgica en cuartos de final. Argentina, en cambio, ha tenido que luchar hasta el final, remontando uno tras otro partidos que tenía perdidos a escasos minutos de acabar. Cabo Verde les forzó una prórroga en octavos de final, Egipto les ganaba uno a dos a siete minutos de que concluyesen los cuartos de final y por último la gesta contra Inglaterra cuando el partido y la propia albiceleste agonizaban.

En todos los encuentros Messi sacudía su chistera y resolvía sobre la bocina. Durante el campeonato y salvo con Cabo Verde a la selección española no se le ha visto sufrir, pero sí jugar con mucha paciencia, moviendo el balón hasta el agotamiento rival y con la esperanza de que tarde o temprano llegaría el gol.

Hay expectación y se ha escrito mucho sobre cómo será el partido de este domingo a las 21:00 en el MetLife de Nueva Jersey, de cómo arrancará. De si Argentina volverá a ese fútbol intenso (y a ratos marrullero) de la semifinal, en el que en tres minutos le dejó dos recados a los futbolistas ingleses; de si el árbitro será más o menos permisivo; sobre si España dominará con el balón; la albiceleste se encerrará esperando su oportunidad o si veremos algo que se sale fuera de cualquier guion conocido hasta ahora en el Mundial.

Además, están los factores externos. La del domingo será la primera final con un descanso de media hora para que la FIFA pueda seguir facturando. El césped del estadio no es ni de lejos el mejor de este Mundial, con un terreno de juego muy duro. El coliseo es abierto, a diferencia de los estadios cerrados con aire acondicionado en los que se han jugado muchos partidos. Los futbolistas correrán a pleno sol de la Costa Este de Estados Unidos, con una humedad alta y, es probable, respirarán un aire contaminado por el humo de los incendios que están quemando Canadá. El alcalde de Nueva York ya le ha pedido a sus vecinos que salgan a la calle lo menos posible, aunque el sábado se prevén lluvias y que algo se alivie el ambiente.

A la épica de la final del Mundial se suma que Messi, para muchos el mejor jugador de la historia, está ante su más que probable último baile con su selección, como De Paul, Otamendi e incluso el Dibu Martínez. Mientras que la generación de Lamine y Nico Williams tienen todo el fútbol por delante si nada se tuerce.

Hace diecinueve años nadie podía imaginar que aquel niño desnudo dentro de un barreño acabaría disputando un Mundial contra la estrella planetaria que lo sostenía con las dos manos. La fotografía era entonces una simple sesión benéfica para un calendario solidario. Hoy parece una metáfora escrita por un guionista demasiado imaginativo. El futbolista que marcó una era se enfrenta al que aspira a inaugurar la siguiente. Pase lo que pase el domingo, el fútbol saldrá del MetLife con una certeza: el tiempo no se detiene.

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