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La Argentina de Messi remonta a Inglaterra en otra batalla épica y se cita con España en la final

Los jugadores de la selección argentina celebran la victoria frente a Inglaterra.

Alfonso Alba

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En 1982, cuando acabó la guerra de las Malvinas, no había nacido ninguno de los futbolistas que han disputado la semifinal entre Inglaterra y Argentina. Tampoco en 1986. En aquellos cuartos de final de “la mano de Dios” y el mejor gol de la historia del fútbol, el cénit de Maradona, a Messi aún le faltaba un año para llegar al mundo. En 1998, Messi tenía 11 años. Harry Kane, cinco. Eran niños en aquella eliminatoria en la que Argentina volvió a tumbar a Inglaterra, y Simeone forzó la tarjeta roja a Beckham. Pero hay rivalidades que se heredan sin haberlas vivido ni sentido. De padres a hijos, de abuelos a nietos, ahora con vídeos de Youtube y TikTok, una disputa entre países que trasciende lo deportivo.

Argentina e Inglaterra han disputado el partido más tenso e intenso del Mundial, el de las cuentas pendientes. Se jugaba en el presente pero también contra el pasado. En la memoria de todo el planeta fútbol estaban Maradona, Lineker, Tatcher, Simeone y Beckham, en el palco de Atlanta. Y, como casi siempre en los Mundiales (con la excepción de 1966), Argentina ha vuelto a ganar a Inglaterra en una eliminatoria. La albiceleste volvió a remontar un partido que perdía a cinco minutos del final y le dio la vuelta. Uno a dos, y billete a Nueva Jersey, donde espera España el domingo en la final del Mundial.

El partido fue muy caliente incluso antes de empezar. La primera batalla fue en los himnos. Los argentinos pitaron al God save the King y los ingleses le devolvieron el mal gusto. No habían pasado ni tres minutos del inicio del partido cuando Leandro Paredes ya le había soltado una colleja a Bellingham, Enzo Fernández a Rogers y Pickford a Giuliano Simeone (hiperactivo). Y diez minutos de la primera tangana. Los banquillos se gritaban. Para sorpresa de nadie.

Cada duelo acababa en empujones, patadas, braceos. El árbitro, el estadounidense Ismail Elfath, conocido por dejar jugar, racaneaba tarjetas. Como en el Uruguay-España de la fase de grupos en la que los sudamericanos lesionaron a Yeremy Pino y Nico Williams. Con un mediador tan débil, la guerra estaba cantada y el fútbol tardó en aparecer.

La primera amarilla fue inglesa, para Anderson. Messi había comenzado a regatear a media Inglaterra, en un amago del gol maradoniano, que el futbolista inglés cortó por lo criminal. Más tangana. Inglaterra había tenido dos faltas laterales, con centros convertidos en batallas en el área. Enzo Fernández disparaba fortísimo pero alto desde fuera del área. La atención estaba en las disputas. En la guerra. El partido se fue al descanso sin goles y con muy poco juego. Pero con 19 faltas en apenas 45 minutos (una cada dos minutos). Siete para Inglaterra y 12 para Argentina.

El descanso desató el fútbol

La reanudación fue menos tensa pero más intensa. Sin himnos el segundo tiempo arrancó con menos agresividad y algo de fútbol. Bien para el espectáculo. Argentina asedió, con dos disparos consecutivos de Julián Álvarez y un córner de Messi. Inglaterra arrancó a presionar, con un regate de infarto del Cuti Romero en su propia área, que acabó en aplausos al salir bien.

Pero Kane, el nueve de Inglaterra que juega de todo, se vistió de diez. Bajó a su campo a recibir e inició una jugada que acabó en el primer gol de Gordon a centro de Rogers. Un contragolpe de manual del equipo de Tuchel con un fallo clamoroso de Nahuel Molina.

El gol despertó a Argentina, que inició una presión asfixiante con una defensa inglesa bien plantada. Djed Spence le sacó un balón en el área a Giuliano Simeone que celebró aún más que el gol. A partir de ahí, comenzó un monólogo albiceleste.

Messi, prácticamente inédito hasta ese momento, fue entrando en el partido. La estrella del fútbol mundial lanzó paredes, hizo de tiralíneas y puso un centro de 40 metros que remató Nico González pero que sacó Pickford de la línea de gol. El astro argentino se resistía a marcharse antes de tiempo de su sexto mundial.

Tras la última pausa para la hidratación de futbolistas y recaudación de la Uefa, ya todo fue un asedio argentino. Messi por la izquierda abría el campo de una Inglaterra que defendía con todos mientras caían los centros en su área. De Paul para Mac Allister dos veces, una al palo. Messi para Nico González, fuera (y fuera de juego).

Tuchel asumió el bombardeo que estaba sufriendo y decidió colgar a los suyos del larguero, en una decisión táctica tan antigua casi como el propio fútbol (el que inventaron los ingleses). Sacó a O'Really y al gigante Burn para defender los centros con altura. Argentina lo intentaba con centros y también desde lejos. A la salida de un córner, Messi recibió y arrastró a varios contrarios, generó el espacio y cedió el balón a Enzo Fernández solo al borde del área que tuvo tiempo para pensarse un zapatazo con el que empató el partido. Uno a uno a cinco minutos del final. El resultado hacía justicia a un partido en el que ninguna selección era superior a la otra. Mick Jagger en el palco negaba con la cabeza. Simpathy for the devil.

Inglaterra siguió encerrada, jugando a no perder, con un autobús en el área. Mientras Argentina quería más. Había estado contra las cuerdas otras veces. Messi siguió abriendo espacios con nueve minutos de descuento. Y como en el partido que ya hemos visto varias veces en este Mundial, llegó la remontada. Tras un balón al palo de Mac Allister, llegó otro centro al área del 10 que remató a gol Lautaro Martínez. Explosión albiceleste en Atlanta. Cuentas pendientes otra vez.

El descuento pareció más un partido del siglo XX que el Mundial de 2026. Inglaterra se enfocó en el patapún pa'lante. El portero inglés se dedicó a colocar balones al área desde su campo. La defensa argentina era un frontón ya con los ingleses volcados. Messi trataba de defender con el balón. Bellingham se encaraba con cualquier argentino que se le cruzase. El Dibu Martínez perdía tiempo y la afición infartaba, antes de que el árbitro pitase el final tras 12 minutos de descuento. Argentina regresa a la final, que ganó hace cuatro años. Messi se cita en el último baile, con España.

Otra vez más, y ya van tres, Argentina tumbó a Inglaterra en un Mundial. Esta vez no hubo mano de Dios ni una expulsión forzada. Un partido disputado, con fútbol al final en el que ganó el equipo que quiso jugar. Y se recordará como el de México 86 o el de Francia 98. Otro trauma para los ingleses que recordarán mucho tiempo los cambios ultradefensivos de Tuchel que no sirvieron para parar a Messi. Ni tampoco a Argentina.

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