Las poetas en el Paseo de los Poetas de Sevilla
Recientemente, en mi artículo “Sánchez Mejías no lo habría permitido”, reflexionaba a propósito de la inauguración del “Paseo de los Poetas” en la calle Tetuán de Sevilla, y subrayaba la necesidad de que se actuara con ecuanimidad y justicia, para no convertir ninguna presencia (por adecuada que sea) en el contrapunto de omisiones que, de inmediato, deberían repararse.
Hoy deseo completar aquellas líneas con otra posible ausencia que resultaría igualmente clamorosa: la de las extraordinarias mujeres poetas, artistas, pensadoras del momento cultural que situamos en torno al 27. Para que no tengamos que preguntarnos, cuando las placas comiencen a proliferar, dónde están las de aquellas mujeres que, codo a codo con sus compañeros de generación, fraguaron la modernidad literaria y artística de nuestra cultura .
Porque, aunque en la foto del Ateneo de diciembre de 1927 solo hay hombres, hay otras fotos igualmente significativas (como los homenajes a Lorca, Cernuda o Aleixandre) en las que la presencia de grandes creadoras es evidente e incuestionable. Y, sobre todo, ahí están sus importantes libros que las hacen merecedoras de figurar junto a los poetas de su generación.
Ya Gerardo Diego fue consciente de ello cuando, en la segunda edición (1934) de su emblemática antología Poesía española, dio un paso significativo -aunque claramente insuficiente- al incluir por primera vez a dos mujeres poetas -Josefina de la Torre y Ernestina de Champourcín- corrigiendo la ausencia inexplicable de voces femeninas en la primera edición de 1932.
Esta inclusión fue un tímido gesto de reconocimiento hacia la creación femenina de la generación, aunque dejó fuera a otras voces igualmente valiosas como Concha Méndez o Carmen Conde, por solo citar dos incuestionables. La propia Concha Méndez expresó en sus memorias el dolor de esa exclusión, recordando cómo muchos compañeros poetas las veían como “las mujeres de” sus maridos (Alberti, Altolaguirre, Domenchina, Oliver...), en lugar de como creadoras con voz propia. Y preparó en 1935 la Antología de poetisas del 27 que solo hemos conocido en edición facsímil, en 2018, gracias a Paloma Jiménez del Campo y Christina Linares. Las poetas incluidas en este proyecto original eran Josefina de la Torre, Ernestina de Champourcín, Carmen Conde, Concha Méndez, Pilar de Valderrama, Dolores Catarinéu y Cristina de Arteaga. Es una muestra la autoconciencia de grupo y la voluntad de estas escritoras por constituirse en parte del canon, sin depender de la mirada masculina.
El espacio público es el gran escenario de la comunicación social. Por ello, la señalética urbana, las placas conmemorativas, cumplen una función pedagógica fundamental. Sevilla, que aspira a ser un referente literario mundial, Capital del 27, debe proyectar una imagen de rigor histórico
Han tenido que pasar muchas décadas hasta el trabajo ejemplar de Pepa Merlo que, en 2010, ofrecía Peces en la tierra: Antología de mujeres poetas en torno a la Generación del 27, con una importante relación de veinte creadoras: Casilda de Antón del Olmet, Gloria de la Prada, Pilar de Valderrama, Lucía Sánchez Saornil, Rosa Chacel, Concha Méndez, María Luisa Muñoz de Buendía, Cristina de Arteaga, María Cegarra, Elisabeth Mulder, Ernestina de Champourcín, María Teresa Roca de Togores, Carmen Conde, Josefina de la Torre, Marina Romero, Josefina Romo Arregui, Dolores Catarinéu, Josefina Bolinaga, Esther López Valencia y Margarita Ferreras. A estas alturas del siglo XXI resulta incuestionable la importancia de estas poetas convenientemente rescatadas (también, por cierto, en Sevilla). Más recientemente Pepa Merlo ha ampliado la antología en el volumen Con un traje de luna. Diálogo de voces femeninas de la primera mitad del siglo XX (2022).
En 2022 se publicaba en la colección Austral Mujeres del 27. Antología poética, preparada por el poeta y ensayista José Luis Ferris, autor de tres libros de referencia sobre mujeres del 27, que seguía la estela abierta por Pepa Merlo. Como indica la editorial, se trata de una “reveladora antología con el propósito de contribuir al rescate y la restitución de la vida y la obra de diecisiete poetas que protagonizaron la cultura del primer tercio del siglo XX; diecisiete autoras que formaron parte del tejido de esa época, que se desenvolvieron con naturalidad entre los compañeros de su generación y que, sin embargo, fueron borradas del tiempo, del recuerdo y del derecho a existir y a ser memoria”.
Si entendemos la literatura como un acto de comunicación radical y como un compromiso con la verdad y con la belleza, la ausencia de las mujeres creadoras en los hitos conmemorativos de Sevilla no es solo un olvido administrativo; es una distorsión del relato cultural. Reivindicar la presencia de estas escritoras no es una concesión a la corrección política, sino un ejercicio de ecuanimidad intelectual, ética y estética.
El espacio público es el gran escenario de la comunicación social. Por ello, la señalética urbana, las placas conmemorativas, cumplen una función pedagógica fundamental. Sevilla, que aspira a ser un referente literario mundial, Capital del 27, debe proyectar una imagen de rigor histórico. Incluir a estas mujeres en el “Paseo de los Poetas” es un acto de justicia y reparación; de enriquecimiento de la propia ciudad. También es necesario incorporar su presencia en el “Jardín de los poetas” junto a la Puerta de Jerez.
Leer y difundir a estas escritoras es, en última instancia, trabajar por la dignidad de la cultura compartida. Hagamos que Sevilla, madre de poetas desde hace siglos, reconozca a estas grandes mujeres con la misma generosidad con la que el tiempo ha preservado su obra, a pesar de todos los silencios impuestos. Solo entonces, la palabra estará verdaderamente habitada por la verdad, la bondad y la belleza.
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