Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
El PP promete una contrarreforma con recortes en derechos sociales
Tres deportistas de élite ante el calor extremo en su trabajo
OPINIÓN | 'Los valores de Burger King', por Antonio Maestre

Lo que Milei ha hecho para acabar con el cine argentino y Vox amenaza con replicar en España

El líder de Vox, Santiago Abascal (i), y el presidente de Argentina, Javier Milei (d), durante el acto ‘Viva 24’  en Madrid

Javier Zurro

18 de julio de 2026 22:23 h

3

“Ustedes, que tienen tiempo aún, no caigan en la trampa. La ultraderecha vino a destruirlo todo, eso es así, yo vengo del futuro, de un país donde el presidente incluso puso en venta el agua. Ya no solo defendemos el cine, tenemos que defender el agua. Que no les pase a ustedes”. La actriz Dolores Fonzi recogía su Goya a la Mejor película iberoamericana por Belén en la última edición de los premios de la Academia haciendo un grito de aviso. Ella, una de las figuras más importantes del cine argentino como actriz, directora y productora, ha vivido en primera persona cómo, desde la llegada de Milei, el Gobierno se ha encargado de destruir el cine argentino, desmantelando su instituto de cine, dejándoles sin fondos y con una campaña de ataques y desprestigio para colocar a los ciudadanos en su contra.

Las palabras de Dolores Fonzi resonaron hace poco como un eco cada vez más cercano en el Congreso de los Diputados cuando, en el debate sobre la Ley del Cine, Vox defendía su enmienda a la totalidad con ataques al cine español. Les acusaba, de nuevo, de “subvencionados”, de “tirar el dinero de los españoles” y de ser una “máquina de propaganda”. Nada nuevo. La derecha lleva alentando el odio al cine español desde el No a la guerra, y la llegada de Vox solo ha servido para tensar más la cuerda. Solo hay que recordar al vicepresidente de Castilla y León llamando “señoritos” al cine español en la previa de los Goya de 2024, o ese “bomba fétida” que soltó el diputado de Vox Antonio Martínez para definir nuestro cine.

Sin embargo, las palabras que más miedo causaron en todo el hemiciclo fueron las que ya directamente remitían a lo que harían si es que llegaban al Gobierno: “Quitar administración y aquellos servicios que no sean esenciales”. El propio Ministro de Cultura reaccionó y le preguntó directamente a Robles López, de Vox, si tal como había entendido, defendían “la eliminación prácticamente del INCAA llevada a cabo por el señor Milei”. Luego le preguntó directamente si ellos eliminarían el INCAA cuando estuvieran en el Gobierno. Lejos de rectificar, matizar o aclarar, Robles López contestó con una amenaza mayor: “Eliminaríamos el Ministerio”.

La realizador argentina Dolores Fonzi (i) gana el Goya a mejor película iberoamericana

También desde el futuro, la periodista de elDiario.es desde Buenos Aires Mercedes López San Miguel explica cómo se fue forjando la destrucción del cine argentino desde antes de que Milei llegara al poder. “Milei hablaba de 'librar una batalla cultural' además de política en la precampaña y tenía y tiene un trato despectivo hacia figuras de la cultura, cuando las identifica con ideas de izquierda, progresistas. Por ejemplo, el enfrentamiento que Milei mantuvo con la cantante y actriz Lali Espósito, una de las artistas más populares del país. Una de las prioridades del presidente ultraderechista en sus primeros meses de gestión fue lo que llamó ‘desarmar el Gramsci Kultural’, un juego de palabras entre el teórico marxista italiano y el kirchnerismo, la fuerza política peronista que gobernó gran parte del siglo XXI”, recuerda la periodista.

Lo que ocurriría en España

Un vistazo a lo que pasó en Argentina hace temer lo que ocurriría en España. La primera amenaza seria allí llegó en agosto de 2023, cuando en plena campaña, Javier Milei amenazó con cerrar el INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales) en caso de ser presidente, alegando que genera déficit, y “por lo tanto, no debería existir”. En una entrevista televisiva, un periodista le preguntó: “¿Vas a hacer una auditoría del INCAA?”. El ultraderechista le contestó: “Lo vamos a cerrar, igual que la Televisión Pública, igual que Télam (la agencia estatal de noticias Télam”. Se refería a la agencia más grande de América Latina, fundada en 1945 y que, como recuerda López San Miguel, “efectivamente dejó de existir como agencia de noticias”.

Ahí lanzó una mentira que caló en la gente: que el INCAA era deficitario. “El INCAA es un ente autárquico público, se autofinancia, es una falacia del Gobierno ultra decir que solo se sostiene con los impuestos de la ciudadanía, el engaño es decir que el Estado se iba a ahorrar gasto. El INCAA tiene a su cargo la gestión del Fondo de Fomento Cinematográfico cuyos ingresos se componen de: 10% de la venta de entradas de cine; 10% de la comercialización de videogramas y 25% de la recaudación de la ENACOM (Ente Nacional de Comunicaciones) en concepto de gravamen a la facturación de los canales de TV y servicios de cable”, explica Mercedes López San Miguel.

La industria del cine argentino está paralizada; antes daba trabajo a más de 600.000 personas, ahora no hay producción

Ana García Blaya Cineasta

Pero caló y cumplió su promesa. Cuando Milei llegó al poder colocó al frente del INCAA a Carlos Luis Pirovano, “un economista sin ninguna experiencia en el rubro audiovisual” que “avanzó en el vaciamiento del INCA con despidos, un plan de retiros voluntarios, la eliminación de casi todos los planes federales, paralizó su actividad y dispuso un cambio radical en las reglas de juego para el financiamiento a la producción”. “Si hasta ahora el 50% de los ingresos del INCAA se dedicaba al fomento de películas, ahora solo se destina el 20% del total. Además, para aspirar a cualquier apoyo o subsidio del INCAA, una productora debe demostrar que posee de antemano el 50% del financiamiento, cuando hasta ahora el aval del INCAA servía como punto de partida para luego buscar dinero de coproductores y fondos del exterior o concretar alguna venta adelantada a un streamer”, analiza la periodista. Estas condiciones hacen que casi ninguna producción pueda optar a una ayuda pública.

Su compañero Diego Battle, periodista argentino experto en cine, añade que no solo recortó las ayudas a la producción, sino también “cerró casi todos los planes de fomento y apoyo a festivales y actividades en las provincias, fuera de Buenos Aires, o la escuela de cine, que depende de ellos”. “Los que quedaron son unos pocos concursos, muy limitados y difíciles de ejecutar. Básicamente, cerró todo lo que es el sistema de subsidios y quedó el cine argentino muy desfinanciado”, añade.

Las consecuencias ya se notan. Y no han sido positivas. No se ha fortalecido un cine industrial y el cine medio ha desaparecido. “La producción está paralizada; solo las grandes productoras o quienes trabajan con plataformas pueden seguir”, dice Mercedes López. La directora argentina Ana García Blaya añade que “la industria del cine argentino está paralizada; antes daba trabajo a más de 600.000 personas, ahora no hay producción”. “Los concursos del INCAA no alcanzan para filmar y solo unos pocos proyectos avanzan, pero la mayoría no se realiza. La gente del sector busca otros trabajos porque ya no hay industria ni oportunidades laborales en el cine”, subraya, mostrando cómo se ha fulminado una industria.

Fotograma de 'Nuestra Tierra', de Lucrecia Martel, una de las películas argentinas estrenadas este año

La solución, como explica el cineasta Fernando Salem, pasa por producir con plataformas: “Hoy, la única forma de producir es a través de plataformas o fondos extranjeros, lo que lleva a una colonización cultural. Hoy creo que la única forma de contar nuestras historias es por plataformas o de una búsqueda de fomento de países extranjeros. Porque todos los países fomentan su propio cine”.

El ejemplo más claro lo coloca en la mesa Diego Battle, que cita la nueva película de Damián Szifrón, autor de una de las películas más taquilleras de la historia del cine argentino, Relatos Salvajes, financiada con apoyo público y producción privada y que ha rodado con Netflix, al igual que Santiago Mitre, director de Argentina, 1985. “Los directores más consolidados que todavía pueden filmar, lo hacen directamente con financiamiento de Netflix o en algunos casos de Amazon Prime Video. Está pasando también con las series, no se está produciendo”, confirma.

Pero lo que cree que realmente ha muerto es “el cine intermedio, el cine industrial de autor que se hacía con los sindicatos y que era el cine de mayor riesgo financiero”. Quedarán películas como Homo Argentum, de Cohen y Duprat, cineastas que han sido muy críticos con el INCAA y que han sido tomados como representantes del cine que quiere que haya el Gobierno de Milei. Su Homo Argentum fue vista por dos millones de espectadores. El propio Milei alabó la película y se jactó de que no había tenido ayuda pública, algo que se demostró finalmente falso.

En cinco o seis años no vamos a tener una producción de películas nacionales

Fernando Salem Cineasta

Battle también confía en que seguirá rodándose lo que él llama “cine de guerrilla, cine ultra independiente, que nunca se hacía con apoyo del INCAA, que no se hace con los sindicatos y que se hace de manera autogestiva, en cooperativa”. También lo harán cineastas como Lisandro Alonso o Benjamín Naishat, cuyas nuevas películas tienen todo el dinero extranjero, lo que provoca lo que ya se está definiendo como una nueva fuga de cerebros, con “muchos técnicos que se están instalando en México y en España”.

Se ha elaborado, además, una narrativa que también lanzó el diputado de Vox en el Congreso: que las películas argentinas no interesan y no tienen espectadores. Eso, para Fernando Salem, es “el argumento de Pirovano para no ejecutar el presupuesto del Fondo de Fomento”. “Como si se pudiera medir el éxito de un film por la cantidad de gente que la va a ver. Los realizadores y las realizadoras necesitan que el Estado les permita hacer sus primeras películas, que después son las que se visibilizan en festivales, y los directores y directoras terminan dirigiendo en Netflix, en Amazon. En cinco o seis años no vamos a tener una producción de películas nacionales”, augura con pesimismo.

“Antes se filmaban un promedio de 200 películas por año y ha bajado a 0 este año. En el primer año de este Gobierno se firmaron unas 24 películas y eran proyectos aprobados en gestiones anteriores. O sea, lo que sucede es que ya no hay industria del cine. No es una fuga de cerebros, lo que hay es una fuga laboral, o sea, gente dedicándose a otras cosas porque no hay trabajo. Las posibilidades de producción que antes ocurrían en Argentina se van a otros países”, zanja Ana García Blaya. Ellos vienen del futuro. Comenzaron oyendo amenazas como las de Vox, y ahora avisan sabiendo las consecuencias de colocar a la extrema derecha a gestionar el patrimonio cultural de un país.

Etiquetas
stats