Ada Cosme, psicóloga: “El bienestar emocional durante la maternidad no es negociable, también hay un bebé implicado”
El embarazo y el parto son momentos cruciales para la madre. Pero también lo es el posparto. Es un tiempo de transición y adaptación, fundamental para el desarrollo de todos. Dar la bienvenida a un nuevo bebé es una experiencia que cambia la vida, la llena de alegría y también de numerosos retos. El posparto puede resultar abrumador para la madre: su cuerpo se está recuperando, las hormonas están en constante cambio y el sueño escasea.
Por tanto, más allá de su recuperación física, también debe contemplarse la emocional. “Mientras los cambios corporales son visibles y el entorno reconoce el nuevo rol de la mamá, el plano emocional a menudo se invisibiliza”, reconoce Ada Cosme, psicóloga especializada en trauma, apego y procesos de maternidad.
Si bien la maternidad suele representarse como una experiencia alegre y plena, la realidad es mucho más compleja. Algunas madres luchan contra emociones abrumadoras y cierto agotamiento. Comprender qué es lo que está ocurriendo es fundamental, no solo para la madre, también para el bebé.
La transición posparto: qué esperar
Convertirse en madre marca una de las transiciones más profundas de la vida. El posparto trae consigo una inmensa alegría y también importantes desafíos en los que los ajustes emocionales y el exigente trabajo de cuidar a un recién nacido pueden generar una sensación de agobio y cansancio. Tanto es así que, según Cosme, “la salud mental de una mujer nunca será tan vulnerable en toda su vida como durante el primer año del posparto”.
Es posible que el periodo tras el parto conduzca a altibajos emocionales que traerán felicidad y, después, una sensación de melancolía. Sentimientos que vienen y desaparecen. ¿Qué hace que esta etapa sea tan exigente tanto física como mentalmente?
Para Cosme, “a nivel psicológico y físico se da una paradoja durísima: la madre se enfrenta de golpe a factores como la deprivación del sueño y el aislamiento social y, sostener esto en el día a día, mientras se transita con un cerebro hipersensibilizado a las necesidades del bebé y se forja la propia identidad como madre, es un desafío colosal que hace que la mujer desconfíe continuamente de sus capacidades”.
Y es que, emocionalmente, el posparto puede ser una montaña rusa. Las investigaciones muestran que hasta el 76% de las nuevas mamás experimentan cambios de humor en los días y semanas posteriores al parto. Y esto a menudo no se entiende muy bien, precisamente porque hay una cierta “presión implícita de que ‘todo está bien’ solo si la madre se muestra pletórica y feliz. Parece que las emociones negativas o la ambivalencia no tengan cabida, cuando la realidad emocional del posparto es mucho más compleja que esa expectativa idílica”, reconoce Cosme.
Comprender que estas experiencias son comunes y normales puede ayudar a afrontar esta etapa transformadora con mayor confianza. “Lo importante es saber que esto se puede reparar y trabajar”, admite la especialista.
Y es clave entender también que, aunque está claro que si la madre está bien, el bebé también lo estará, “es crucial transmitirlo sin el peso ni la obligación de ‘tener que ser la madre perfecta’, porque esto no existe, por que el bebé necesita una madre suficientemente buena, y esa sin lugar a dudas es su mamá siempre”, explica Cosme.
Los problemas que puedan surgir no son un signo ni de debilidad ni de fracaso. Pueden afectar a cualquier madre, independientemente del amor que sienta por su hijo, su preparación o su red de apoyo. Ya hemos visto que los cambios hormonales, la falta de sueño, incluso traumas pasados o la presión social por ser la madre ‘perfecta’, pueden contribuir a ello.
“El bienestar emocional de la madre no es negociable, es una prioridad absoluta porque, en el centro de todo este proceso, también hay un bebé implicado”, afirma Cosme. “No podemos convertir la salud mental de la madre en una tarea más de su lista de exigencias: cuidarla es la única vía para que ella pueda sostener y corregular a su bebé desde la calma, no desde la culpa o la máscara de que todo va bien” añade.
Las claves del cuidado emocional de la madre: construir una red de apoyo y flexibilizar expectativas
Dicho esto, la especialista también aclara que no es algo que afecte solo a las madres primerizas: “En consulta me encuentro a menudo con mujeres que me dicen: ‘Ada, ya tengo dos hijos, ¿por qué dudo ahora de si lo estoy haciendo bien? ¿Por qué a veces siento que no entiendo a mi bebé y me siento culpable por ello’?”.
Cada madre es un mundo, y no todas pasarán por el mismo proceso, ni siquiera si es el segundo o tercer hijo. Cada uno de ellos tiene sus propias circunstancias y particularidades que harán que el momento después del parto sea diferente y único. Lo que sí son comunes son algunas de las claves que pueden ayudar al cuidado emocional.
Para Cosme, estas dos recomendaciones resultan fundamentales:
- Contar con una red de apoyo: es una ayuda para favorecer el sueño y el descanso. Es muy importante “encontrar pequeños descansos a lo largo del día, que ayudarán mucho a que la mamá pueda regularse mejor y, en consecuencia, sintonizar y corregular mejor a su bebé”, reconoce Cosme.
- Flexibilizar expectativas: ya hemos visto que la maternidad no es perfecta, ni tiene por qué serlo. Sí podemos buscar “la maternidad suficientemente buena, en la que hay conciencia, errores y reparación. El bebé tiene a la mamá que necesita, con sus aciertos y errores”, matiza Cosme.
También es clave establecer prioridades: buscar momentos para expresar lo que se siente, hablarlo, llorarlo si es necesario (acompañar sin juzgar ni invalidar, sí escuchar y entender). La ayuda puede ser tan diversa como lo son las distintas madres. “Habrá mamás que necesiten separarse algún rato de su bebé, y está bien; pero otras no querrán hacerlo, y aquí la ayuda puede ser básica pero vital: las compras, las comidas o la limpieza de casa”, afirma Cosme.
Por último, pero no menos importante, es clave pedir ayuda cuando se siente que algo nos desborda. Si los recursos que se tienen “fallan o sentimos que no están ayudando, es importante acudir a un profesional”, aconseja Cosme.
Es importante prestar atención a “una tristeza profunda que no remite, una desconexión persistente con el bebé, ansiedad desbordante, culpa intrusiva o pensamientos obsesivos, y todo lo que es difícil de gestionar”, advierte la especialista, que explica que el posparto “no dura 40 días, por tanto, debemos disponer de tiempo para construir la nueva identidad”.
Al final, “lo que sí está claro es que no hay una única forma de maternar, pero todas merecen un lugar seguro donde sentirse vistas, comprendidas y acompañadas”, concluye Cosme.
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